Una simple
mirada, un roce casual o una voz penetrante, puede hacer saltar la chispa
del amor. Transpiración excesiva, palpitaciones cabalgantes o sonrojamiento
constante así nos lo hacen ver. Pero, ¿nunca te has preguntado por qué estas
manifestaciones son similares a las que tenemos cuando padecemos de estrés?
Pues los científicos sí se lo han planteado y han averiguado el porqué. Han
destripado la esencia del amor y con ella han eliminado toda visión
romántica, fortuita y casual de este sentimiento. Han reducido los temas del
corazón a meros números y ecuaciones bioquímicas, convirtiendo al cerebro en
el gran protagonista del amor.
Y es que ya lo decían nuestras abuelas: "Más vale tener cabeza para el amor
que corazón."
La dopamina, causante del enamoramiento
Investigadores de la Universidad de Rutgers, de Nueva
Jersey (Estados Unidos), han realizado recientemente un estudio sobre la
esencia del amor. Es decir, han determinado los mecanismos internos que se
desatan cuando nos enamoramos.
Para ello, se estudiaron los cerebros de 17 hombres y mujeres que se
encontraban en fase de enamoramiento. El experimento consistía en la muestra
de fotografías de los "seres amados". Después de distraerlos con varias
tareas, les mostraron imágenes de personas neutrales. ¿Resultados?:
. Se produjo un aumento en la actividad de las áreas del cerebro
relacionadas con la energía y la euforia, en el lado derecho, donde se
concentran niveles más altos de dopamina.
. La dopamina es la sustancia que produce sentimientos de satisfacción y de
placer y, por lo tanto, la causante del enamoramiento.
Otros investigadores, como Michael Liebowitz, autor de Chemistry of Love,
y Anthony Walsh, autor de Science of Love: Understanding Love and Its
Effects on Mind and Body, además de la dopamina también han identificado
otras dos sustancias químicas causantes del amor: feniletilamina y ocitocina.
Y es que, romanticismos fuera, el amor apasionado únicamente se reduce a la
producción de estas tres sustancias químicas del cerebro.
Las etapas químicas del amor
Reducido el amor a sustancias
químicas del cuerpo, la Dra. Helen Fisher, antropóloga de la Universidad de
Rutgers y autora del libro The Anatomy of Love, divide en tres las
etapas del amor:
. Lujuria. Predomina la testosterona, por lo que prima el deseo de
sexo.
. Atracción. Predomina la dopamina y la norepinefrina, con lo que
estamos en la etapa de euforia y de romance.
. Vínculo. Predomina la ocitocina y la vasopresina, por lo que se
evoluciona hacia una relación apacible, duradera y segura.
Mantenerse en las dos primera etapas del amor es el gran reto de cualquier
pareja.
Mujer emocional, hombre sexual
Que las mujeres somos diferentes a los hombres, eso no cabe la menor duda. Y
que en el amor sentimos de diferente forma, también lo sabemos. Pero, para
que no hubiera ninguna incertidumbre, los científicos nos lo han demostrado
empíricamente.
El estudio de Rutgers encontró que, mientras que los cerebros femeninos
mostraban respuestas más emocionales frente a los mismos estímulos, los
cerebros masculinos revelaban actividades en áreas más relacionadas con la
excitación sexual.
Y es que en ellos aún perduran con arraigo las conexiones primitivas que
condicionaban el enamoramiento a la necesidad de la reproducción.
Enfermos de amor.
Gracias (o por desgracia) a los científicos, la expresión becqueriana
"enfermo de amor" deja de ser un mero recurso metafórico para convertirse en
una realidad. La falta de apetito, el insomnio, las obsesiones, la falta de
concentración, etc. causadas por un amor obsesivo, nos vienen a demostrar
que algo no marcha bien en nuestro cuerpo.
Para la Dra. Donatella Marazziti, psiquiatra de la Universidad de Pisa
(Italia), las personas "enfermas de amor" realmente están enfermas.
¿Diagnóstico? La pasión tiene las mismas reacciones que el trastorno
obsesivo compulsivo. "Ambos estados están asociados a bajos niveles
cerebrales de serotonina, una sustancia química fabricada por el cuerpo que
nos ayuda a lidiar con situaciones estresantes", afirma la doctora.
La doctora va mucho más allá, afirmando que “las bebidas alcohólicas también
disminuyen los niveles de serotonina en el cerebro, creando la ilusión de
que la persona que se encuentra en la otra punta del bar es el amor de tu
vida”. Ahora entendemos por qué el príncipe de nuestros sueños que conocimos
en el bar de moda se convierte al día siguiente es una rana verrugosa.
Pasión con fecha de caducidad
Si se ha conseguido medir el amor a estos niveles, es fácil suponer cuándo
se acabará la pasión. Según la profesora Cindy Hazan, de la Universidad de
Cornell, en Nueva York (Estados Unidos), "los seres humanos se encuentran
biológicamente programados para sentirse apasionados entre 18 y 30 meses".
Después de entrevistar a 5.000 personas de 37 culturas diferentes, llegó a
la conclusión de que la pasión tiene fecha de caducidad. Biológicamente
hablando, “este tiempo de vida es lo suficientemente largo para que la
pareja se conozca, copule y tenga un niño”.
De nuevo, el culpable es el cerebro. Y es que desarrolla una tolerancia
especial a la feniletilamina, que hace que el estado de excitación y euforia
disminuya con el tiempo.
La locura de la pasión del primer momento se desvanece gradualmente en favor
de sentimientos más emocionales y afectivos, gracias a que aumenta el
protagonismo de otra sustancia química: la endorfina.
Parecida a la morfina, tiene la cualidad de generar una sensación de
seguridad, tranquilidad y paz. Y esto es lo que nos hace mantener relaciones
por largos años... quienes logren adecuarse a los nuevos cambios.
Más allá de la química
Pero, a pesar de todas estas investigaciones y descubrimientos, los
científicos todavía no han conseguido averiguar por qué se modificaron
nuestros genes. El momento de la evolución en el que el amor se dejó de
asociar con la procreación, y hombres y mujeres dejaron de verse como meros
instrumentos reproductores para adentrarse en los avatares del mundo del
corazón.
Y es que, por encima de tubos de ensayo, sofisticados laboratorios y
complejas reacciones químicas, hay algo más allá capaz de convertir el amor
en un sentimiento tan especial