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Infidelidad femenina en alza
Marina Artusa

Sexualidad Humana /
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. Más parecida a los hombres

De Emma Bovary a la actualidad
 

El engaño a la pareja no es una cuestión exclusiva de los hombres Hoy, según encuestas, las mujeres son más infieles que nunca - Clarín - 1004

 
 

 

Con el tiempo, el remordimiento fue dejando de pisarle el acelerador a las pulsaciones. Como quien cumple el paso a paso de un rito ancestral, al menos una vez por semana, se ahuyenta del cuerpo el sudor de la pasión mal habida, recoge su ropa desperdigada por el cuarto de turno y vuelve a casa serena. Los números en su vida dan cuenta de que, a los 34, lleva casi diez años en pareja con el mismo caballero al que engañó con otros seis. "Hubo de todo. Infidelidades de una vez y nunca más y otras que duraron meses -detalla ella, profesora de lengua en dos secundarios privados-. Hasta tuve una historia que duró más de un año." Militante activa del rubro prohibido, para esta chica menuda y nada alta la infidelidad nunca fue una revancha. "Jamás pensé por qué lo hacía. Creo que es sólo porque me gusta darme los gustos. No creo que las mujeres sean infieles en respuesta a un comportamiento machista. Tampoco sé si somos más infieles que antes. Sí creo que las chicas están más desinhibidas y bueno, tal vez ahora se animan a concretar los ratones que antes no salían de la cabeza", es su diagnóstico.

Según una encuesta realizada en la Ciudad de Buenos Aires en septiembre del año pasado por el Centro de Estudios para la Opinión Pública (CEOP), el 70 por ciento de la gente cree que hoy las mujeres son más infieles que antes. "A medida que se fueron produciendo cambios sociales importantes donde a la mujer se le fueron abriendo campos económicos y laborales, la situación se fue tornando de mayor paridad entre hombres y mujeres. Y lo mismo sucedió en el campo de la infidelidad", opina Daniel Waisbrot, psicoanalista y miembro titular de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo. "Pero tengamos en cuenta que la pareja monogámica es una imposición de la cultura, no es algo de la naturaleza, más allá de que esté naturalizada. La idea de la media naranja es un mito cultural y, por lo tanto, deja huecos todo el tiempo, insatisfacciones por donde una infidelidad puede aparecer", agrega Waisbrot.

Como sea, el 30 por ciento de las porteñas confesó haber sido alguna vez infiel, demostró otro estudio del CEOP.

La revista estadounidense Newsweek publicó en una de sus tapas del mes de julio una nota con el título La nueva infidelidad. Así bautizó Newsweek al engaño femenino cuyos porcentajes están alcanzando las cifras históricas que, desde siempre, se adjudicaron a las travesuras de los varones: se estima que entre el 30 y el 40 por ciento de las mujeres es infiel, mientras que entre los hombres, el porcentaje se mantiene en una meseta del 50 por ciento.

La investigación señala que hoy las mujeres tienen más oportunidades que nunca de dar el mal paso; que son más proclives a traicionar a sus parejas; que lo cuentan más a sus amigas y que, a su vez, prestan oídos más permisivos a escuchar historias de trampas tan secretas como ilícitas.

Según la sexóloga Susan Barash, en Estados Unidos, seis de cada diez mujeres casadas tienen al menos una experiencia sexual fuera del matrimonio. El camino de la infidelidad está pavimentado con expectativas insatisfechas sobre el sexo y el amor legal, aseguran los especialistas, y aunque ellas quisieran pasar décadas de buen sexo y citas románticas dentro del matrimonio, saben que el arrebato que emboba y nubla los sentidos tiene los minutos contados. Con 20 años de experiencia en terapias de pareja, Waisbrot opina que "es impresionante el descenso del deseo sexual en muchos hombres, por lo tanto la falta de satisfacción en el deseo de las mujeres se torna crucial. Si una mujer se siente insatisfecha, plantea sus reclamos, no obtiene respuesta y se genera una salida para otro lado, eso puede ser menos generador de culpa en la mujer infiel". La culpa, de todos modos, tiene que ver más con el valor social de la fidelidad. "Se espera fidelidad. El contrato es monogámico y la infidelidad es pecaminosa -dice el psiconalista-. Y la condena social es mayor en la mujer. Cuando es traicionado, el varón se siente más herido narcisísticamente que una mujer, pero lo padece por el consenso social de lo que debe ser un hombre".

Aunque no sea indicador de infidelidad, una encuesta de la consultora D´Alessio Irol señaló el año pasado que el 48 por ciento de los varones reconoció haber tenido sexo con más de 10 personas. Sólo el 26 por ciento de las mujeres afirmó lo mismo

Puede fallar

Todo indicaría que la teoría según la cual los machos aseguran la perpetuación de sus genes copulando con muchas hembras mientras que ellas eligen a un solo compañero que les garantice la inseminación en el momento preciso, se tambalea en los estantes del comportamiento humano. Si no, pregúntenle a ella, una abogada en tránsito por los cincuenta, con hijos grandes y sospechas bien fundadas de que su marido andaba en algo. Mientras él se lo negaba a muerte, ella, una señora de corte carré que asegura haber aumentado sólo dos talles desde los 20, bajó la guardia y se dejó llevar por el arrullo de ese pretendiente por el que nadie apostaba.

Así fue como un día de trampa, en el estacionamiento del albergue transitorio elegido para amar en secreto reconoció el auto de su marido. Nunca pudo decir la verdad. Argumentó que una amiga lo vio salir del albergue, hizo un escándalo y pidió la separación. El se fue de casa, rogó perdón y, al tiempo, volvió. Imperturbable, ella nunca suspendió las citas con su amante. Lo sigue viendo, en la casa de fin de semana.

"Muchas parejas que he atendido por infidelidades de él, atrás del lío hay ocultas infidelidades de ella", dice el psicoanalista Waisbrot. "Aparece mucho el ´vos también tuviste algo, ¿de qué te quejás?´", agrega el especialista que reconoce que las consultas en las terapias de pareja crecieron un 40 por ciento en los últimos tres años, aunque no siempre el motivo es la infidelidad.

¿Lo llevás en la sangre?

Desde su programa de media hora por el canal de cable Cosmopolitan, la sexóloga portorriqueña Alessandra Rampolla, se dedica a responder lo que usted alguna vez quiso saber y nunca se atrevió a preguntar. Según ella, las mujeres ahora se atreven más a confesar su infidelidad. "No sé si ha aumentado. No creo que no haya existido antes pero sí hay un poquito más de libertad. Hoy la gente lo habla con más facilidad que antes", dice Rampolla.

El diario londinense The Sunday Times publicó en junio un estudio según el cual la tendencia de algunas mujeres a ser infieles sería una cuestión hereditaria. La presencia de determinados genes aumentaría la posibilidad de que las mujeres traicionen a sus novios y maridos aunque, por ahora, el estudio no logró identificar al gen responsable de semejante irreverencia. No le vengan con cuestiones genéticas a ella, una ama de casa con poco margen para la coartada. Sin poder enrolarse en las inapelables reuniones de trabajo hasta tarde, cenas de despedida o congresos fuera del país, el único modo de llevar adelante sin riesgo alguno la historia que su marido ni imagina fue a través de Zcuza, una agencia que se encarga de tramar pruebas para traviesos que no quieren despertar sospechas. Por el pago de un arancel anual de 150 dólares más los gastos extras, el ama de casa logró que Zcuza infiltrara un falso amigo en el grupo de pesca de su marido durante tres meses.

Desde entonces, cada vez que él sale a pescar, ella queda en casa bien acompañada y sin la amenaza de que el temporal que se le pasó por alto al servicio meteorológico le arruine el plan: un ángel de la guarda la mantiene al tanto de los pasos de su marido

¿Yo señor? No señor

Hasta 1995, el adulterio fue considerado un delito: se castigaba con penas de entre un mes y un año de prisión al marido que "tuviere manceba dentro o fuera de la casa conyugal" o a la esposa que mantuviera una relación sexual con otro que no fuera el hombre con el que se había casado.

"Había una diferencia sustancial en la apreciación, una desventaja grande para la mujer -señala Nelly Minyersky, directora del Instituto de Derecho de Familia del Colegio Público de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires-. En mi experiencia profesional es más frecuente la infidelidad masculina aunque les es más difícil asumirla y enfrentarla. Observé en los pocos casos de infidelidad femenina una tendencia a no ocultarla. Una necesidad de comunicarla, aunque traiga aparejada una situación de mayor escándalo."

El surtido de tipos de pareja que conviven hoy -desde las tradicionales hasta los swingers-, sin embargo, no ha encontrado antídoto contra la infidelidad. "Hoy muchas parejas están juntas si lo que les pasa da para seguir juntos y eso crea un ámbito más propicio para salir hacia otros vínculos -dice el psicoanalista Waisbrot-. Pareciera tener menos sentido la infidelidad pero persiste. Es posible que no refleje un conflicto de pareja sino la crisis de la monogamia como ideal social."

Aunque más verbalizada que nunca, la traición con faldas no llegó por e-mail ni la bajaron de Internet por MP3. En la civilización hindú, unos 2.000 años antes de Cristo, a las infieles se las castigaba con la amputación de la nariz, mutilación que dio origen a los primeros cirujanos plásticos. Más próximo en espacio y tiempo, cuatro décadas atrás, el temerario comisario Luis Margaride, segundo de la Policía Federal durante el último gobierno de Perón, perseguía adúlteros por la ciudad de Buenos Aires. Hacía procedimientos en albergues transitorios -que entonces, en la Capital Federal se llamaban hoteles alojamiento-, sorprendía a parejas de amantes y los detenía de 24 a 48 horas. "No es cierto que enfrentamos a esposas y maridos adúlteros", había dicho Margaride, quien se hizo cargo de la Federal en 1974, después del asesinato del comisario Alberto Villar. Los detenidos, sin embargo, debían firmar un acta en la que reconocían que habían sido hallados en habitaciones de hotel. O arreglar con el comisario, como asegura que le ocurrió en tiempos de Onganía a ella, una mujer que hoy reposa en los sesenta. Lanzada a su primera aventura, un día dejó el albergue transitorio y entró a su casa aliviada porque su marido aún no había llegado. Pero sonó el timbre: Margaride, al tanto del romance por izquierda que ella escondía, la habría seguido desde el hotel. Ella, una mujer de clase media alta que prefiere no disimular las canas jura que pagó por el silencio del comisario.

Mucho cambió, de todos modos, desde que en el siglo XIX Emma Bovary prefirió ahogar su infidelidad en arsénico antes de convivir con su propio adulterio. ¿Será, tal vez, que hoy las chicas sólo quieren divertirse?

 

Más parecida a los hombres - Irene Meler

 

Fragmento de El cerrojo
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En las sociedades tradicionales, ya sean antiguas o contemporáneas, las mujeres son consideradas como propiedad de su marido y su infidelidad se castiga con crueldad. La larga historia de subordinación social femenina ha dejado hondas huellas en el psiquismo humano. Por ese motivo, aun en sectores modernizados, la infidelidad femenina es menos frecuente que la masculina. Sin embargo, a medida que las mujeres educadas y urbanas acumulan mayor poder y recursos económicos personales, su conducta se asemeja progresivamente al estilo masculino.

No existe entonces nada semejante a un eterno femenino; las mujeres no han sido fieles por convicción sino por temor. La dependencia y el miedo al desamparo o a las represalias, en muchas ocasiones se ha mistificado bajo la apariencia del amor. Por eso es difícil, incluso para las protagonistas, diferenciar en qué medida su modo de experimentar el compromiso amoroso es o no genuino.

Sin embargo, todavía es más frecuente que las mujeres aspiren a establecer una comunicación sincera y que sufran con las situaciones de duplicidad, que resultan naturalizadas para muchos hombres, al menos cuando se trata de la ética amorosa. ¿Cuáles son los motivos más frecuentes por los que una mujer se involucra en una relación paralela a su matrimonio? La decepción respecto de la imagen masculina idealizada fomenta el desencanto, cuando un varón de carne y hueso no logra asemejarse al modelo de la masculinidad. La venganza es otra fuente de infidelidades femeninas. Heridas por lo que experimentan como una traición, se mimetizan con la conducta masculina tradicional y pagan al infiel con su misma moneda.

Otra motivación deriva de la insatisfacción con la propia vida. Sedientas de aventuras, creen superar sus limitaciones a través del amor y el erotismo, por causa de su dificultad para ensayar otros caminos. En la Modernidad tardía, es posible repensar el acuerdo matrimonial y acordar términos menos posesivos para la relación. Pero cuando existe diferencia entre lo prometido y lo actuado, los conflictos estallan creando dolor y en muchos casos, destrucción del vínculo. Y eso ocurre especialmente cuando son ellas quienes se sustraen de su rol ancestral y se atreven a falsear el contrato

En la era del ADN

Sean
o no más infieles que antes, con frecuencia ellas conviven con el fantasma del ¿Será hijo mío? que ellos sugieren, a veces en broma, a veces no tanto. Según el laboratorio de Estudios Genéticos Aplicados (EGA) de la Universidad Nacional de Quilmes, el 30 por ciento de los estudios de ADN por paternidad dan negativo. Aunque el porcentaje no refleje los índices exactos de infidelidad femenina, las mujeres que transitan el carril del amor ilegal hallaron en el análisis genético un enemigo para temer. Si bien discretos, los pasillos del laboratorio guardan anécdotas de paternidad dudosa como la de una mujer que sonrió cuando le dijeron que el señor sentado a su lado no era el papá del nene. Qué raro, pensaron en el laboratorio. El hombre era su amante y no su marido,

 

El cerrojo - De Jean Honore Fragonard - Pintado en 1778 - Medidas 73 x 93 cm.
- Óleo sobre lienzo - Museo del Louvre Paris

 

 

 

 

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