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La infidelidad es vivida como una de las
peores traiciones que enfrenta la pareja
y en general se piensa que el infiel es el culpable, sin embargo, la
infidelidad es sólo el resultado de las crisis de pareja y ésta no es sólo
sexual pues el cónyuge infiel buscará aspectos que su pareja no le brinda y
estos pueden ser intelectuales, sexuales, físicos y emocionales.
Te invitamos a que leas el artículo a fin
de que te enteres acerca de las causas de estas conductas, pues francamente
es a lo que más tememos y a veces tomamos conductas destructivas que no nos
llevan a nada, y si en cambio a vivir tan tremendo evento.
Si no quieres leerlo todo, puedes ir a los
aspectos que te interesen:
Resumen - Introducción -
Hacia un concepto -
Factores predisponentes -
El conocimiento de la relación
- ¿Es la infidelidad índice de
salud? - Conclusión -
Bibliografía
RESUMENEn el presente artículo se analizan los
problemas que la infidelidad implica, se abordan varios autores, unos a
favor y otros en contra de la manifestación de dicha conducta; se indagan
los factores predisponentes de tal situación para cuestionar si la conducta
infiel puede tomarse como índice de salud o no, teniendo como marco a la
pareja.
ABSTRACT
In this work the problems caused for
infidelity in the partner was analized. Many authors were taken to argued
supporting or against this behavior. The predisponent factors were
considered to value if this behavior could be heallty or not, having like
background at the partner
INTRODUCCIÓN
El matrimonio como institución, ha sido
cuestionado de manera fuerte como una institución ideológica de control y de
coerción que permite la recreación del orden establecido. Al ser el
matrimonio una institución social es difícil que la familia pueda modificar
a la sociedad, más bien ocurre que lo social construye tanto a la intimidad
como a la privacidad.
El tema de la infidelidad, de los amantes
o de las relaciones extraconyugales es uno de los puntos de partida para
exaltar o desvirtuar a la familia y al matrimonio como el rector del
statu quo, ideal, sólido e invulnerable.
Hablar de la monogamia o de la poligamia
como la "naturaleza" dentro del matrimonio, además de falso -ya que no hay
naturaleza humana, sino que, utilizando la frase de I. Caruso, "el hombre es
por 'naturaleza' un ente cultural" - resulta la piedra de toque para abordar
el punto de vista intrapsíquico e interindividual de la pareja que si bien
es social, no deja también de contener fuertes relaciones psíquicas.
No podemos soslayar el hecho de que la
moralidad, junto con sus valores, costumbres, normas, etc. incitan al
individuo a normar su conducta, pero también, sería por demás arbitrario,
pretender "conocer" al individuo sólo desde afuera o desde el grupo sin
intentar siquiera apuntar hacia los factores inconscientes y/o
intrapsíquicos que desencadenan a la infidelidad.
Rougemont habla de la paradoja del
matrimonio ya que se le piden dos cosas opuestas: la pasión y el amor, es
decir, aquella llama de la pasión que rompe, mueve y enfrenta y aquel amor
de rutina hundido en la certeza de la monotonía.
El presente trabajo tiene como finalidad
abordar el tema de la infidelidad, analizándolo como un síntoma dentro de la
crisis de la pareja, para tal fin, se incluyen autores que están tanto a
favor como aquellos en contra de considerar las relaciones extramaritales
sanas, posteriormente, se revisan las consecuencias de cuando el cónyuge
engañado se entera, para intentar esclarecer si esto trae como consecuencia
la ruptura o la muerte de la pareja.
Finalmente, se analiza, a partir de los
datos anteriores, si este tipo de conducta puede ser considerado maduro o
saludable
Hacia un
concepto
Por infidelidad, relaciones
extraconyugales, amantes, etc, entendemos la relación fuera del lazo
conyugal que uno de los miembros establece con otra persona sea esta del
mismo sexo o del sexo opuesto, y con quien obtiene algún tipo de relación
amorosa -no solamente genital-, ésta puede ser a corto o a largo plazo.
El lazo conyugal alude no al hecho
jurídico de contraer matrimonio sino a la posibilidad de que la pareja haya
aceptado llevar una relación más o menos duradera, de manera voluntaria y
comprometiéndose moral y físicamente el uno con el otro.
El tema de la infidelidad, en este
sentido, no puede ser abordado como una entidad en sí misma, sino que tiene
que ser entendido como una de las crisis, una de las consecuencias de las
relaciones de pareja.
Las relaciones de pareja, igual que todo
tipo de relación contiene cargas ambivalentes de amor y odio, en donde, de
acuerdo con la teoría kleiniana, se van proyectando e introyectando partes
del objeto bueno/malo, de manera dialéctica, es decir continua e
ininterrumpidamente.
Apegándonos a la teoría de los impulsos de
vida y muerte, y considerando que actualmente el matrimonio en nuestro país,
es más o menos voluntario, vemos así que en la unión (instinto de vida) está
ya dada su muerte (thanatos) o separación por medio de toda la gama de
conductas agresivas y destructivas. Esto, evidentemente, replantea el
concepto vulgar y común de amor en donde se utilizan patrones maniqueístas
que hablan de una pureza y de una eternidad que en el hombre no pueden
darse, dada su condición finita.
Aunque no sería del todo exacto hablar de
las causas de la infidelidad, podemos intentar describir, de acuerdo con
Strean, Lemaire y Trodjman, aquellos factores o mecanismos predisponentes
para que este fenómeno ocurra; teniendo siempre presente que, como clínicos,
debemos observar las ganancias primarias y secundarias que tanto la víctima
como el victimario poseen, pues la pareja es un sistema que reaccionará a
cualquier tipo de modificación que afecte a algún miembro dentro de la
unidad total
Factores
predisponentes
Uno de los factores predisponentes de la
infidelidad se remite a la elección del compañero. De acuerdo con Lemaire
esta "decisión" está dada tanto por factores conscientes como inconscientes
y además, restringidos al habitat de cada individuo, es decir, la
elección no es al azar sino que está altamente determinada de acuerdo con
las actividades realizadas que nos permiten "conocer" o relacionarnos con
otras personas.
Si nos adecuamos a la teoría de la
"tendencia a la simetría de Newcomb" o de la "teoría del balance de Heider",
de los campos y atracciones sociales, es más fácil que las personas se
sientan atraídas hacia personas que realizan el mismo tipo de actividad o
comparten gustos similares que hacia aquellas personas con quienes no tienen
los mismos marcos de referencia.
Tampoco hay que desconocer la presión
ejercida en muchos medios sociales con los noviazgos largos o los noviazgos
en general, respecto a la "necesidad", socialmente establecida, de contraer
matrimonio. Como tampoco al hecho de "elegir un buen partido" que podría
interpretarse como "del gusto de la familia de origen o con éxito".
De acuerdo con Freud, la elección del
compañero puede hacerse por varios caminos:
1. El tipo narcisista puede amar:
a. lo que uno es (a sí mismo)
b. lo que uno fue
c. lo que uno quisiera ser
d. a la persona que fue parte de uno mismo
2. El tipo anaclítico puede amar:
a. a la mujer nutriz
b. al hombre protector
El esquema anterior explica
por qué existen elementos de amor y odio en las relaciones amorosas. Al
proyectar parte del yo en el otro y llegar a la frustración se desencadena
el odio. Ya que mediante el mecanismo de la proyección se supone que el otro
"debe" satisfacer mis necesidades; esto ocurre tanto a nivel consciente como
inconsciente.
La pareja necesita para su
supervivencia y para el desarrollo de cada uno de los integrantes, de
movilidad; así, el tipo de elección inicial puede ser modificada. Por
ejemplo, la pareja complementaria, en donde uno "manda" y es considerado
mejor, más capaz, etc., puede verse seriamente afectada cuando el miembro
"menor" obtiene una serie de logros que lo hacen salir del esquema anterior.
En este ejemplo, el miembro "débil", realiza una elección del tipo
anaclítico pero dados los logros, su relación se transforma en una de tipo
narcisista. La relación continúa siempre que la elección sea ratificada por
ambos miembros de la pareja.
Puede darse el caso de un
cónyuge de carácter oral o simbiótico que, en su afán de evitar la
depresión, haga una elección de tipo anaclítico y cuando descubra que por
medio de su compañero no solucionará sus fantasías, podrá entonces buscar
una relación extra.
Así es como a nivel
inconsciente, se puede elegir compañero por la idealización que se hace del
objeto, puesto que cuando la persona se relaciona con alguien a quien
considera valioso, se valorará mejor a sí misma; o bien, puede sentirse
apoyada de manera más sólida.
Hay que destacar que
también puede elegirse pareja para no relacionarse y evitar la fusión y
proximidad del otro.
Las situaciones anteriores,
hacen referencia a patologías, en la medida en que se hacen modos de
relación rígidas y estereotipadas y así, ante cualquier crisis o problema
"vital" de la pareja, resultarán las conductas inoperantes para resolver o
cuando menos llevar a buen término los problemas que la aquejan.
Sea cual sea el tipo de
elección que se haya realizado, los miembros de la pareja pueden sentirse
defraudados una vez terminado el período de luna de miel y entonces, las
expectativas sufrirán un golpe cuando se enfrenten a la pareja "real" y no a
la idealizada.
El desplazamiento del odio,
virtualmente operante, dentro de la "luna de miel", se torna ahora
ineficiente a pesar de la represión, que ante una crisis se resquebrajará de
tal suerte que un miembro de la pareja puede elegir como amante a una
persona diametralmente opuesta a su cónyuge, conservando a su pareja como
objeto bueno. Este mecanismo explica aquellos casos en donde se busca un
amante con el objeto de continuar idealizando la figura del cónyuge y
descargar así, lo negativo en el otro. Esto es frecuente, en personas que
comparan la relación sexual con actividades excretoras y pueden entonces
"desahogarse" con prostitutas, conservando en un buen concepto el nombre del
"cónyuge decente".
Aquí también podemos
encontrar, según Strean un tipo de masoquismo o sadismo encubierto. Ambos
tipos de patología, pueden ser "causa" de una relación extraconyugal, que
puede servir para castigarse mediante la autodenigración o bien, castigar y
denigrar al otro. Lo anterior remite a la satisfacción de la necesidad de
perder o de ganar que tienen algunas personas y que depende de lo que para
ellos implique la relación extraconyugal positiva o negativamente hablando.
En este sentido, hay que
mencionar otro tipo de relaciones extramaritales en donde la genitalidad no
es lo más importante tanto como la necesidad de sentirse escuchado y
atendido por otra persona.
Partiendo del supuesto de
que toda pareja necesita cierto grado de dependencia, dada la necesidad de
adecuar los roles; pueden encontrarse ciertas "desviaciones" respecto a la
dependencia como el caso de individuos que tienen amantes cuando sienten que
el cónyuge amenaza su independencia y autonomía y que tienen miedo a quedar
atrapados, en este sentido, se observan sujetos que una vez que el/la amante
inicia sus exigencias, buscarán nuevamente otra relación que los "salve"
tanto del cónyuge como del amante "devorador" o bien, pueden mantenerse así
para evitar ser absorbidos por ambas. Esta situación incluye el mito de "don
Juan" en quien cabría la interpretación psicoanalítica del "miedo a la
fusión" puesto que al relacionarse con muchas personas, la persona no puede
involucrarse con ninguna.
Respecto a los límites de
la pareja, es necesario que se establezca cierta independencia y autonomía
respecto a las familias de origen. Cuando esto no se logra, Strean menciona
que la búsqueda de un amante se inicia, con el objeto de saciar la necesidad
de encontrar imagos paternas. Esta conducta alude a una regresión de
tipo adolescente en donde, por medio del amante se evitan responsabilidades
tanto de dependencia como de apoyo hacia el cónyuge.
Puede suceder también, que
la infidelidad ocurra para satisfacer la necesidad del enamoramiento. Como
con el cónyuge la luna de miel llega a término, podemos encontrar sujetos
para quienes es necesario estar continuamente en la etapa de idealización y
de fusión para sentirse amados.
Tordjman menciona el factor
curiosidad como motor para la relación extraconyugal, sin embargo, esto es
tan amplio y tan ambigüo que no nos explica el por qué en personas
consideradas curiosas pueda no darse esta actitud, además de que sería
ingenuo desconocer el enganche que se establece, amantes o cónyuges, para
que una persona se relacione con otra.
También es importante
subrayar el hecho de que la infidelidad puede darse como consecuencia de la
desconfirmación del otro o como intento de "salvarse" de una relación
asfixiante.
Igual que el dinero, los
hijos, las propiedades, etc., manifestaciones del poder en la pareja, la
posibilidad de ser más atractivo y de tener mayores potencialidades sexuales
y atracción hacia el sexo opuesto, es otra ostentación de poder en la
pareja.
A partir de las supuestas
"causas" de la infidelidad, habrá que tener en cuenta el papel que desempeña
el otro. Hay situaciones en las que el cónyuge es quien, por problemas
sexuales, defensas, etc., estimula abierta o encubiertamente a su pareja
para que tenga relaciones extramaritales, en el caso de que a la pareja le
produzca angustia y rechazo.
Se pueden encontrar
infidelidades homosexuales o bien encubrirse una homosexualidad latente
permitiendo que el compañero tenga relaciones sexuales con otra persona.
El conocimiento de la relación
Abordamos ya, algunos
factores predisponentes para que la infidelidad ocurra, sin embargo,
intentaremos ahora elucidar las consecuencia que la infidelidad trae en la
pareja, pues contrariamente a lo que se piensa la infidelidad no es causa de
la ruptura de la pareja.
Independientemente de que
el cónyuge "engañado" se entere o no, y sin perder de vista que la confesión
suele llevar gran carga de hostilidad, aunado a las diferentes fases por las
que atraviesa el cónyuge, víctima de la infidelidad, después de "conocer la
verdad", este tema puede consolidar la relación siempre que se hable del por
qué y no del cómo, pues la pareja podrá estrechar aún más sus lazos. Es
necesario iniciar la meta comunicación y salir del estereotipo de engañado
contra engañador para superar la crisis.
En opinión de Rogers, la
infidelidad puede ser sólo una de tantas modalidades del matrimonio, él
describe parejas que están de acuerdo ya sea en cambios de parejas sexuales
o en aceptar el idilio del cónyuge con otra persona. Menciona diversos tipos
de reacción que van desde la indiferencia hasta la cólera más abrupta y la
consiguiente ruptura.
Aunque la infidelidad no es
el factor desencadenante para el divorcio, confirma lo dicho por Tordjman
respecto a que es una gran prueba para la educación tradicional a la que
estamos sometidos.
Sin embargo, Rogers
menciona que, a partir del conocimiento de las relaciones extraconyugales
del cónyuge, la satisfacción sexual puede aumentar debido a la gran carga
erótica que esta situación posee.
Por otro lado, las
relaciones extramaritales no siempre son duraderas. Hay aventuras que no
amenazan a la pareja pues se basan en el supuesto efímero de su existencia.
Caruso menciona que ningún
amante está psicológicamente preparado para enfrentar a la sociedad haciendo
de su amor ilícito algo público. Así, todos los amantes serán boicoteados
por su estructura super yoica que les prohíbe salirse de los cánones de las
morales establecidas.
Para Caruso, el amor de los
amantes está cargado, desde un inicio, del impulso de muerte, pues los
amantes aceptan que su relación es sacrificable, que tiene que ser dolorosa
y tormentosa, resignándose a gran dosis de dolor y muerte. Lo anterior
explica conductas suicidas de los amantes después del rompimiento.
De lo visto hasta ahora,
resultaría ingenuo pensar que el hombre tiende más hacia la infidelidad que
la mujer o bien que las mujeres que trabajan tienen mayor posibilidad de
relacionarse extraconyugalmente que aquellas que no trabajan pues pensando
así, perdemos de vista a la pareja; pues recordemos que también el otro toma
parte activa aún en la "pasividad" más exigua
¿Es la infidelidad índice de
salud?
Respecto al problema de si
un individuo adultero puede ser considerado sano o no, Strean supone que "un
matrimonio feliz consta de dos seres humanos felices", en este sentido, si
bien acepta que la relación íntima conyugal es un catalizador para que
surjan las patologías individuales, dada su múltiple necesidad de satisfacer
necesidades arcaicas, concluye que, desde el punto de vista psicoanalítico,
la patología y las necesidades de satisfacción infantil son las que hacen
propicia la relación extraconyugal. Considera que un individuo, para ser
feliz, no necesita de aventuras ni de la poligamia.
Hay que tener presente que
la fidelidad no es síntoma de felicidad, ni de salud; podría hablarse del
tipo de matrimonios simbióticos descritos por Scheffen, en donde las
relaciones bipersonales regresivas se tornan tan asfixiantes que un amante,
aunque utópico pensarlo en esas relaciones, resultaría deseable, por lo
menos para "movilizar" dicha simbiosis o bien el cerco de goma que muchas
familias poseen.
Tordjman considera al
adulterio "... una verdadera prueba de fuego de la pareja: destruye aquellas
en las que falta amor, y consolida las demás".
Así, más que buscar
patologías, habrá que pensar que la infidelidad puede ser un síntoma de la
larga serie de crisis por las que atraviesa la pareja y la funcionalidad, en
vez de morbosidad, estará dada por la manera en que la pareja pueda
comunicarse y superar la crisis.
Por otra parte, ¿qué hay de
los engañados que niegan o no ven lo que su mundo les presenta?, ¿cuántos
matrimonios existen en donde la infidelidad es lo acostumbrado?
En mi experiencia clínica,
he podido observar que las parejas reaccionan a la infidelidad con algún
tipo de conducta infiel (hablando con el ex novio, el ex marido, el
compañero de trabajo, o bien devuelven la infidelidad). La pareja siempre
subpercibe el engaño y la infidelidad pues se alteran ritmos, economía,
sexualidad y los hombres se muestran totalmente intolerantes ante la
"invasión" de la esposa a sus centros de trabajo.
En general, es muy tolerada
la infidelidad masculina pues existen creencias que la sostienen tales como
pensar al hombre más potente, con mayor necesidad sexual. He aquí una gran
paradoja, pues se utiliza un argumento biológico para sostener un mito
social, me refiero a aquello que el hombre debe ser: fuerte, racional,
mujeriego, con éxitos más sociales públicos que privados y que se justifique
su "sexualidad biológica".
La decencia del hombre no
se altera por ser adúltero, al contrario, si mantiene a la amante hace
alarde de su capacidad económica, sexual y social tradicional en cuanto al
rol de macho.
Contrariamente, si la mujer
es la infiel, son las mismas mujeres quienes atacan esta conducta, con
comportamientos como la segregación y la denuncia al "pobre cónyuge
engañado". Además que en las mujeres surge un autocastigo al ser infieles
pues es contrario a la imagen pública de ser decentes. También es una manera
de agredir pasivamente, de defenderse ante la devaluación de sus cónyuges
pues para las mujeres es muy importante ser bellas y deseables a los ojos
del otro.
La infidelidad a pesar de
ser "tan común" es un choque contra la integridad, todos tenemos una opinión
al respecto y si nunca la hemos padecido o la hemos percibido, pensamos que
pondremos fin a la relación. Sin embargo, una vez que se descubre viene el
choque emocional, el estallido de cólera, la humillación y la devaluación
del sujeto engañado. Pero la ruptura no aparece, entonces se forman dobles
mensajes. El infiel quien cae en el arrepentimiento primero se justifica y
después exige que se le respete su tiempo y su libertad.
Por su parte, el cónyuge
engañado se vuelve suspicaz y anda tras cualquier pista que le asegure que
la relación extramarital llegue al fin. Cae en un círculo vicioso pues
aumenta su dependencia en la medida en que su conducta depende por entero de
"descubrir la verdad", pero ésta nunca llega por más que llegue a haber
enfrentamientos con el/la amante.
El cónyuge engañado, se
compara con el/la amante en físico, poder, dinero, inteligencia y muchas
veces llega a identificar al amante mediante el teléfono, domicilio,
trabajo, etc.
Son devastadores los
efectos que estas pesquisas producen en el engañado pues éste se sitúa de
inmediato en un rol inferior y sin guía social alguna. Es notorio que no
existan soluciones o fórmulas sociales para enfrentarlo el conflicto y éste
sea llevado a la sombra de la sociedad, se piensa que eso no puede pasarnos
nunca, que las mujeres/hombres que lo padecen son unos tontos, que el amor
es para toda la vida o al menos hasta que la muerte los separe. Siempre es
al otro a quien le sucede pues es una especie de muerte.
Los engañados, por su parte
atraviesan situaciones inéditas como la duda entre lo prohibido, lo
permitido, lo bueno y lo malo. No hay guías satisfactorias acerca del plan
de acción, ya no resultan satisfactorios los modelos de las mujeres que
aguantaban al hombre "hasta que la muerte los separe", aunque continua
existiendo una marcada dependencia psíquica y social hacia el otro. En
hombres y en mujeres hay incertidumbre acerca del futuro, del dinero, de la
posición, de los ataques masculinos respecto a la renuncia del estatus
social actual.
Hago énfasis en el
sufrimiento de las mujeres porque muchas veces la infidelidad de los hombres
ocurre dentro de un gran contexto llamado violencia familiar, en donde "el
hombre fuerte" manipula a la "mujer débil" y una manera de hacerlo es
mediante la vejación de que su compañera tiene poco valor y utiliza las
aventuras extramaritales como una especie de derecho que el género le
otorga. En cambio, ante la menor sospecha de muchos hombres, de conductas de
supuesto coqueteo por parte de su pareja, viene el hostigamiento o los
golpes. Esta si es una situación social "tradicional", más común de lo que
se piensa y genera patologías en la medida en que ni el hombre ni la mujer
se desarrollan, más bien viven en un círculo vicioso, acrecentado por el
aislamiento, dadas las ligas estrechas entre ambos.
Otra causal de infidelidad
femenina es el abandono a que son sometidas las mujeres por sus cónyuges, ha
aumentado el número de esposos adictos al trabajo, que descuidan a su pareja
y que perpetúan y ponderan los éxitos laborales sobre los emocionales. Los
hombres, en su opinión son el apoyo de la familia, pero a veces sólo se
centran en lo económico y ante la demanda de la mujer, sostienen que ellos
llevan la carga más pesada "al enfrentarse al mundo".
Retomando a Rougemont,
habría que cuestionar la posibilidad de que el matrimonio en occidente
ofrezca alternativas ante la paradoja en la que se funda, observamos que es
la educación y el consiguiente prejuicio lo que impide todavía hablar de la
infidelidad como algo sino sano, al menos frecuente en muchas parejas y
hablarlo de manera abierta y responsable.
También creo que la
distinción hecha por Rougemont se basa más en una amor romántico que en el
"amor real". El amor real no es ni la felicidad, ni la pasión sino la
compañía y la colaboración entre dos géneros a fin de crecer (lo cual duele)
y de solucionar conflictos, incluida la infidelidad, lo anterior no siempre
se logra, pues existe el prejuicio que discutir es pelear, que la diferencia
es fricción y dificultad o bien enemistad y de que todos, hombres y mujeres
lo sabemos todo. (Aunque ellos un poco más).
El tipo de estudios que se
han realizado acerca de la infidelidad resultan limitados para la
complejidad del fenómeno que, como vimos es multicausal y, los datos
reportados en México, por el INEGI, son datos oficiales, dichos a una
autoridad legal, quien tiene preconcebidos los tipos de divorcio (necesario
y voluntario), aparte de no incluir a las parejas que viven en unión libre,
lo cual reduce de manera considerable los factores a ser estudiados, entre
ellos las emociones, la subjetividad, el aislamiento y la poca seriedad que
las autoridades oficiales dan a este problema, pues se subestima "a la vieja
loca" o se ignoran los terribles sufrimientos de la figura cómica del "cornudo"
incapaz de llevar los pantalones de su casa.
En síntesis, las pruebas
legales sobre la infidelidad en México resultan imposibles (se necesitan
fotografías de los amantes, realizando el coito) y no pasan de ser una nota
roja, o una nota rosa.
Por ello muchas personas
que tramitan el divorcio ni siquiera mencionan el dato, ya que podrían ser
acusados de difamación y en este sentido las estadísticas en la práctica
clínica, nos son de poca utilidad.
De acuerdo con Giusti, para
la ruptura del vínculo matrimonial, se puede considerar suficiente: la
pérdida de intensidad y calor emotivo, la insatisfacción sexual, la
desaparición del placer de estar juntos, la pérdida de comunicación y es
poco frecuente en cambio, que las parejas se disuelvan por culpa del amante,
a veces éste sólo vienen a reforzar la relación
En la infidelidad se
intenta obtener la satisfacción de carencias que no fueron satisfechas en el
matrimonio, sólo se asegura el fin real de la separación, de donde la
infidelidad pasa a ser el escape de un estado incierto e insatisfactorio,
más que una alternativa real a un matrimonio acabado.
CONCLUSIÓN
La infidelidad es uno de los tantos
síntomas que enfrenta la pareja en crisis y no puede explicársele desde un
punto de vista causalista.
Es un tema sujeto a
polémicas porque en él confluyen infinidad de valores, actitudes, prejuicios
y estereotipos.
Desde el punto de vista
"patológico", esta conducta lo será toda vez que sean conductas repetitivas
y estereotipadas que impidan el desarrollo de la pareja y/o de cada uno de
los cónyuges en su propia vida y en su relación. Sin embargo, no hay que
olvidar el hecho señalado por Lemaire de que es incierto pretender hablar de
la pareja o de la familia como el estado ideal, ya que existen personas que
necesitan estar solas o que así pueden funcionar mejor. Aunque aquí en
México es muy mal visto tanto hombres solteros (bajo sospecha de homosexual)
como de mujeres solteras (amargadas y quedadas, de poco valor).
Más que pretender hablar de
la "crisis de la pareja" porque este tipo de conducta afecta a lo
socialmente esperado, habría que concientizar a la población de que este
tipo de procesos son comunes durante las crisis a las que toda vida está
sujeta. A pesar de lo anterior, habría no obstante, que desempolvar las
ideas "caducas" del amor socialmente esperado. De acuerdo con Lemaire, a la
pareja, son cada vez más numerosas las tareas que se le encomiendan, desde
funciones económicas y sociales así como afectivas, en donde intervienen
muchas partes primitivas y arcaicas de la personalidad que no son siempre
placenteras para la convivencia. Así, el autor afirma que, efectivamente, la
pareja está en crisis, pero no una crisis en la que tienda a desaparecer
como institución, sino como una unidad que tiende a satisfacer mayor número
de exigencias dentro de un marco económico y social cada vez más
problemático que limita el tiempo de convivencia de la pareja.
Yo agregaría, respecto a la
crisis de la pareja actual, que hay una incertidumbre acerca de lo que
genéricamente el hombre debiera ser, pues éste se ha definido como lo
opuesto a la mujer y al existir mujeres en lugares públicos (antes limitados
a los hombres) son las mujeres muchas veces quienes sostienen a la familia,
quienes ganan más, las de mayor escolaridad, las de mayor vida social, etc.
Entonces la fuerte imagen del hombre preocupado por la vida pública y por
realizar "las labores más importantes" se ve debilitada.
Sin embargo, hay que ver a
la pareja como un sistema, en el cual de no cubrir las necesidades de sus
miembros en el plano sexual, económico, de roles, de comunicación, etc.,
podrá darse algún tipo de relación extramarital que ponga su vida en
peligro; pero, si a la inversa, vemos a la infidelidad como causa de una
ruptura, perdemos de vista a la pareja como totalidad, porque la no
satisfacción de los miembros puede traer como consecuencia no sólo la
infidelidad, sino también la rigidez de los roles, la falta de comunicación,
y lo más dañino, la violencia familiar.
Además, como ya se
mencionó, en la elección de compañero operan no sólo factores conscientes y
amorosos, sino también causas inconscientes y factores externos, los cuales
influyen de manera efectiva en la decisión de hacer vida en común la cual no
siempre puede ser tomada cuando la persona se haya consolidado como persona
adulta y madura en toda la extensión de la palabra.
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