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¡Conoce el sabor del amor!
Bebe la miel de su entrepierna

Sexualidad Humana /
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Fuente Nina y Machal

Si existieran cepillos para la limpieza genital, con seguridad se llamarían ‘oral–sex’, pero no serían tan necesarios y placenteros como el sexo oral; ¡sí!, porque no obstante los «fúchila» y «guácala» falsos de uno que otro reprimido, el chupar, besar, recorrer y reconocer la geografía de la pareja con la boca, es la única forma de probar el sabor del amor.

 
 

Lamer las partes genitales y no genitales de tu compañera hasta hacerla gemir de placer, resultaría un extraordinario regalo de cumpleaños... y de no cumpleaños, también.

Sexo oral no genital

Tras los deseos pedidos y las velitas apagadas, acércate a tu pareja, envuélvela entre tus brazos y empieza a degustar su cuerpo.

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Roza con tu boca la suya permitiendo que la lengua deje a su paso una vereda húmeda sobre sus labios y aunque éstos se abran, no caigas en la trampa, continúa deslizándote por su cuello... recórrelo poco a poco, gira alrededor de tu amante, quien seguramente se levantará la cabellera para que tus dientes escalen la nuca hasta llegar a su oreja... entonces llénala de besos hasta ocasionar movimientos involuntarios en su cuerpo, que provocarán que su trasero presione tu sexo momentáneamente.

Tus inquietas manos desabrochan su blusa y sostén para quitar cualquier obstáculo entre tu boca y su piel. Sus senos atraen tus dedos como un poderoso imán, los acaricias al tiempo de que tus labios se deslizan por los hombros, para después caer en su espalda. Al llegar a la cintura, asciendes por un costado hasta chocar con la naciente redondez de su pecho. Tu lengua recorre el contorno de sus senos escalándolos para depositar en sus erguidos pezones la humedad de tu ser. Mientras sus senos se pierden en tus dientes, su falda, medias y trusa, ceden ante los hábiles movimientos de tus dedos. Tus rodillas tocan el suelo para facilitar el descenso de los labios por su vientre y bajo vientre donde, mediante pequeñas mordidas, jalas los vellos de su sexo, besas sus muslos, rodillas y pantorrillas; al llegar a los pies, éstos están separados transformándose en una atenta invitación para ascender.

La lengua más rápida en sexo

Tu lengua escala las piernas de ella y mientras más cerca estás de la cueva oscura del placer, sus extremidades inferiores se alejan una de otra para permitirte un libre acceso. El músculo inquieto de tu boca se enreda en su cabellera púbica tratando de extraer la miel de sus entrañas. Ella se inclina hacia atrás recargando las manos en la mesa para que tu exploración sea más profunda; no obstante tu lengua sólo humedece la parte externa del sexo.

Atrapa su cintura con los brazos para cargarla y depositarla suavemente sobre el filo de la mesa; ella recarga sus codos sobre la madera, deja caer su cabeza hacia atrás, cierra los ojos dedicándose a disfrutar el recorrido de tu lengua por su entrepierna, donde pequeñas succiones le dicen en qué punto estás. Lames de abajo hacia arriba provocando temblorcitos en su ser; tus dedos separan sus labios mayores y menores permitiendo que la humedad de los dos se funda. Con las manos elevas sus nalgas y tu lengua desciende por su circunferencia. Ella coloca los pies en el respaldo de dos sillas para sostener la parte inferior de su cuerpo y permitir que tus manos no sostengan, sino separen sus glúteos dejando a tu boca libre el camino hacia su ano.

El cuerpo de tu pareja se calienta, mueve, suda y goza cuando llueves su trasero; de repente se incorpora, se inclina hacia el frente, te abraza e invita a ira la alcoba; la cargas, mientras caminas ella besa tu cuello y oídos; al estar frente a la cama la dejas caer sobre el mullido colchón, desde donde observa cómo quitas la ropa de tu cuerpo dejando al descubierto una monumental erección.

Acércate y gira su cuerpo para que se acueste boca abajo, lame su espalda y las esféricas formas situadas al final de ésta. Ella seguramente alzará un poco la cadera y conforme vayas explorando su trasero la altura será mayor. Recorre el camino existente entre sus nalgas y deslízate hasta arribar a su sexo: mójalo, disfrútalo, pero no olvides la cuevita de amor que ha quedado atrás, tus traviesos dedos sabrán cómo consentirla.

Parece que tu pensamiento es escuchado por ella, pues ahora se voltea quedando boca arriba; sus piernas separadas le permiten a tu boca navegar en la profundidad de su bajo vientre; tu mano derecha te ayuda abriendo los portales de su sexo, mientras la izquierda se deleita recorriendo sus turgentes senos y el endurecido pezón que los corona. Jalas a tu compañera al borde de la cama: ella sube los pies en tus hombros para que tu lengua no sólo navegue, sino se ahogue en su ardiente, excitado y húmedo ser.

 Quizá tu cuello esté un poco cansado, pero es imposible detener ahora la sesión amorosa... lo mejor será que te acuestes boca arriba y tu pareja se arrodille a horcajadas sobre tu rostro; lame sus muslos, la parte externa de su sexo, pero no olvides acariciar sus nalgas. Con movimientos de cadera ella te indicará la forma en que quiere ser amada. Sus manos en libertad te acarician hasta llegar a la erguida virilidad de tu ser... te recorres de arriba abajo compartiendo con ella el deseo de explotar.

Ella sabe que el placer es para compartir, por eso inclina el cuerpo hacia adelante mojando tu sediento pene, mientras sus manos juguetean con tus testículos. Sin cambiar de posición giran sus cuerpos para quedar sobre sus costados. Con movimiento sincronizado tu pareja y tú elevan una pierna para no interrumpir la exploración de sus bocas. Cada quien extrae de la entrepierna del otro el néctar del amor.

Su boca y tu boca lamiendo tu sexo y su sexo, respectivamente, en una perfecta conjunción donde el sudor, amor, pasión y deseo aumentan y crecen hasta estrellarse en los muros del placer máximo llamado orgasmo.
 

 

 

 

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