Epicuro consideró a la ataraxia,
la experiencia del alma que satisface la felicidad emocional, como el
objetivo moral de su filosofía. A este atractivo
estado de la mente se le suponía estar fuertemente arraigado en la
naturaleza. En nuestra era post-Darwiniana no es
difícil entender por qué. Las búsquedas conscientes
que han tenido una base histórica probada para avanzar en la supervivencia
genética son, de manera natural, experimentadas como recompensas
sicológicas—¿por qué otra razón alguien se sentiría motivado a
emprenderlas? Sin embargo, no hay actividad que indefinidamente se
experimente como placentera, de otra forma uno podría verse inspirado a
dedicar cada hora despierto a una sola tarea (como en el caso de los
experimentos con animales de laboratorio que interminablemente oprimen una
palanca para recibir estimulación intracraneal en los centros de placer de
sus cerebros a través de electrodos implantados—para mayores detalles
referirse al libro clásico de H. J. Campbell Las áreas del placer,
1973). Ciertamente, tal como Epicuro lo establece en
su octava doctrina principal:
Si todo
placer pudiera intensificarse a fin de que durase y de que influenciase
a todo el organismo o a las partes más esenciales de nuestra naturaleza,
los placeres nunca diferirían unos de otros.
Las limitaciones naturales para acceder a cualquier
fuente de placer nos motiva a buscar una variedad de actividades
placenteras—pero la variedad no es infinita. La
satisfacción emocional quizás se vea optimizada a través de una
rotación de las actividades vitales en una profundidad y amplitud
apropiadas para el nicho ecológico humano—por ejemplo, comer, juntarse,
aparearse, explorar, cazar, aprender, contemplar, innovar, y cualquier
otra cosa que consistentemente contribuya a la viabilidad de nuestra
especie
Probablemente, nuestros ancestros prehistóricos
alcanzaron la ataraxia como resultado de
su rutina, toda vez que su simple existencia era totalmente compatible con
los precedentes millones de años de condicionamiento genético que dieron
forma a los instintos humanos. Pero con el
advenimiento de civilizaciones sofisticadas, los estilos de vida humanos
llegaron a especializarse como “divisiones del trabajo” multiplicadas.
Los individuos que hacían muy bien sólo una cosa,
conectándose a través de eficientes sistemas de intercambio en el mercado,
crearon enormes brechas en la disponibilidad de recursos materiales.
Sin embargo, la explosión demográfica resultante no había borrado
de manera alguna un anhelo orgánico compartido de perseguir un estilo de
vida más “redondo”.
Por ello las recompensas de la especialización no
llegaron sin un costo emocional—pero esta concesión no quedó sin remedio.
Para mitigar el penoso trabajo diario, la humanidad simultáneamente
había concebido numerosas diversiones que colectivamente nosotros
observamos como escapes recreacionales: las vacaciones, las artes,
las aficiones, los deportes, los clubes, las fiestas, las citas, el salir
a comer o a bailar, y muchas otras facetas del tiempo libre.
Nosotros encontramos que estos pasatiempos son intrínsicamente
placenteros porque ellos incorporan atributos esenciales de los estilos de
vida prehistóricos. “Pasándolo bien” es como honramos
a nuestra herencia evolutiva.
El resaltar estos atributos invocaría un puzzle con
muchas variables posibles y con ninguna solución definitiva.
No obstante, una abstracción poco trabajada puede probar ser útil,
si es que ella puede guiarnos hacia lograr la ecuanimidad espiritual.
La siguiente matriz conceptual, compuesta de seis categorías, es el
producto de mi propio intento:
|
|
Espontáneo |
interactivo |
proactivo |
|
presentación |
sensación |
aventura |
misión |
|
representación |
imaginación |
comunicación |
especulación |
La partición lateral diferencia los ambientes de
experiencia externos versus los internos, mientras que las tres columnas
caracterizan diferentes intensidades del esfuerzo volitivo.
Las categorías resultantes— sensación, aventura,
misión, imaginación, comunicación, y especulación—podrían
ser consideradas como seis rutas fundamentales a placeres que vigorizan el
alma humana.
Por lo tanto, examinemos esta
perspectiva de seis pliegos en más detalle:
Presentaciones
espontáneas:
los placeres sensuales se
derivan de cualquier experiencia sensorial que nosotros consideremos
gratificante en y por sí misma. De esos placeres,
reprimir nuestros apetitos sexuales y estomacales es principalísimo en la
lista de las preocupaciones humanas. Pero más allá de
los obvios ejemplos referidos a los encuentros amorosos y a las comidas
deliciosas, recibimos los placeres sensoriales en muchas formas:
un abrazo de reunión con una compañía extraviada, un masaje de
relajación, una tina caliente, un baño de vapor, una bocanada de aire
fresco, el sabor de una bebida refrescante, el perfume efervescente de las
flores y el follaje, los sonidos melodiosos y rítmicos de la música y la
naturaleza, la visión de una mujer atractiva o de un hombre bien parecido,
una obra de arte bien elaborada, una vista panorámica de los contornos de
una ciudad o de la campiña, el mar, una puesta de sol, un cielo
estrellado.
No hay dudas de que por abogar Epicuro por una
filosofía del hedonismo es que la palabra moderna “epicúreo” llegó
a identificar a alguien que está dedicado a la sensualidad—aunque, los
visitantes de este sitio WEB ya deben darse cuenta de que el Epicureanismo
abarca un conjunto mucho más amplio de intereses. La
sensualidad, sin embargo, permanece como un componente medular de la forma
de vida epicúrea, según el mismo Epicuro lo clarifica en estas palabras:
Por mi
parte yo no encuentro significado alguno que pueda adjuntar a lo que se
denomina bueno, si le quito a ello los placeres obtenidos por el
gusto, si le retiro los placeres provenientes de escuchar música, si le
quito también el encanto obtenido por los ojos a partir de la visión de
las figuras danzantes, u otros placeres producidos por cualquiera de los
sentidos del hombre como un todo. …A menudo he consultado a los hombres
considerados sabios qué podían ellos retener como contenido de lo bueno
si ellos quitaran aquellas cosas que he mencionado.
A menos que ellos quisieran verter palabras vacías, yo no pude aprender
nada de ellos, y si ellos desean continuar balbuciendo sobre virtudes y
sabiduría, estarán hablando de nada excepto de la forma en que se
producen esos placeres que yo mencioné (de Cicerón en Controversias
Tusculanas, 3.41)
Presentaciones
interactivas: los
placeres aventureros son las
experiencias del goce cabal que recibimos de explorar lo desconocido.
Nosotros, los seres humanos, nos deleitamos en la revelación—desde
los trechos de tierra que quedan más allá del próximo horizonte hasta las
fronteras cibernéticas de la red mundial computacional (World Wide Web).
Encontramos similarmente gratificante descubrir la solución de
cualquier misterio, puzzle, problema o enigma. Los
juegos en que participamos— como actores o espectadores—también contienen
elementos de sorpresa, parte de lo que los convierte en entretenimiento es
cómo se desarrolla el giro de los acontecimientos. Y
estamos perpetuamente fascinados con las novedades—sean ellas nuevas
personas, lugares o cosas.
Presentaciones proactivas:
los
placeres orientados a la misión
son evocados por la excitación de la persecución.
Entre las más antiguas misiones humanas está, de seguro, la caza—y
aún si quedan pocos que acechen animales salvajes como medio de
supervivencia, la humanidad en su conjunto permanece perpetuamente
comprometida en perseguir objetivos que nos den un “sentido de propósito”.
Por ejemplo, aguzar una habilidad, planear un viaje, escoger un
lugar especial al que llamar hogar, comprar mercancías, buscar su pareja,
cultivar un jardín, desarrollar un negocio, criar los hijos, moldear un
oficio, labores artísticas en general y otros trabajos manuales,
procurarse una educación práctica, investigar un tópico esquivo, o ser
autor de un tratado, un poema, una página WEB o un programa para
computadores. Las entretenciones de todos los
tipos—desde juegos de cartas a juegos de tableros, desde juegos de video
hasta deportes al aire libre—invariablemente conllevan el logro de algún
objetivo—ya sean de tipo cooperativo o competitivo. La
vida misma puede ser jugada como el juego final—en tanto haya una meta
bien definida.
Representaciones
espontáneas: los
placeres imaginarios emanan del
reino de la fantasía. El hecho de que pasamos soñando
en nuestras horas dedicadas al dormir es suficiente prueba de que el
teatro de la imaginación juega un papel pivote en la psiquis humana—y no
menos dispuestos pasamos soñando muchas horas de vigilia.
Nuestros ensueños nos incitan con emoción, nos otorgan inspiración
y estimulan la innovación. El cine, las bellas artes y
la meditación pueden a menudo lograr resultados similares.
Por otra parte, la actuación de algún rol, sea éste en el
escenario, en el campo de juego, o en el trabajo, también puede hacernos
sentir parte integral de algo más grande que nosotros mismos.
Y de hecho muchos elementos de nuestras vidas pueden ser realizados
más entretenidamente si elegimos despertar al gran
soñador que hay dentro de nosotros, de
forma que el viaje en la hora de gran ajetreo se convierte en una pista de
carreras, el tambor colocado en el garaje parece como instalado en el
escenario del concierto, el dinero de juego en un tablero de apuestas se
convierte en un montón de riqueza, el tablero de ajedrez pasa a ser un
explosivo campo de batalla, o la pantalla del computador cobra el rol de
nuestra realidad virtual. Como niños, no encontramos
dificultad en sumergirnos en la fantasía, y no estamos en situación peor
si como adultos encontramos ocasiones apropiadas para hacer lo mismo.
Representaciones
interactivas:
los placeres comunicacionales se derivan de todas las facetas
de la experiencia compartida. La mayoría de las comunicaciones humanas se
desarrollan a través de un medio simbólico, el lenguaje, sea éste escrito,
hablado o vía señas. Disfrutamos muy fácilmente del intercambio libre de
ideas (brainstorming), del chismorreo y de otras formas relajadas de
conversación. La "confesión" también es reconocida como “buena para el
alma", especialmente cuando estamos confidenciándonos con nuestros amigos
de mayor confianza. La vía escrita, en cartas, y ahora en correo
electrónico (e-mail), son formas más estructuradas de comunicación
simbólica que potencialmente pueden proveer placeres similares a través de
cualquier brecha de espacio o tiempo. Por lo pronto, los medios
informativos a menudo sacan provecho de su descubrimiento de que su
audiencia confía en las “noticias” más como una forma de entretención que
como una fuente de información.
La comunicación también puede ser llevada a cabo por
medio del tocar y de la acción. Los
besos y caricias del amante a menudo son más que sólo un deleite sensual,
pues también son expresiones explícitas de afecto. La realización de las
artes constituye otra vía para emitir expresiones de gran significación,
más allá del uso de las palabras. Las destrezas
también pueden utilizarse como demostración para el esclarecimiento de los
demás, ya sea que la lección se refiera a cómo preparar una receta,
reparar una cañería rota, o golpear debidamente la bola con el palo de
golf—el ejemplo de mostrar con los movimientos físicos comunica mucho más
de lo que nunca podría permitir la narración verbal.
Representaciones
proactivas:
los placeres especulativos emergen de las predicciones sobre el
futuro. La aguda habilidad de la mente humana para modelar la realidad de
forma natural nos tienta a contemplar escenarios condicionales del tipo
"que-si" como preludio para la toma de decisiones. Las
instituciones dedicadas a la investigación y a los juegos de azar nos
permiten hacer apuestas sobre cuán precisamente se ajusta el resultado de
eventos reales a nuestras expectativas. Ganar, en
muchos tipos de juegos, depende a menudo de qué tan buenos somos en
anticiparnos a las decisiones de nuestros oponentes.
Las especulaciones también facilitan el avance del conocimiento, ya que al
iniciarlas colocamos los cimientos para el descubrimiento.
Además, una de las grandes fascinaciones humanas es la
pronosticación—incluso cuando se sabe que los métodos utilizados son
dudosos (tales como la astrología y otras formas de predicción).
Especular respecto del futuro, cualquiera sea el tipo de
especulaciones sobre el futuro, parece mejor que renunciar a cualquier
intento mental previo.
Según lo señalado, estas seis vías fundamentales
hacia el placer son suficientes para mantenernos felizmente ocupados a
perpetuidad. Siendo el equilibrio, y no la
intensidad, la clave. Para mantener una nutrición
apropiada se requiere simplemente de que todas las vitaminas esenciales
estén suficientemente presentes en nuestra dieta‑el mismo principio es
aplicable a la mantención de la vitalidad de nuestro espíritu: la
nutrición es maximizada por una dieta balanceada, y la felicidad es
maximizada por un régimen balanceado de actividades placenteras.
Cuando carecemos de una vitamina esencial, las mega‑dosis de otras
vitaminas no pueden compensar la deficiencia. De igual
manera, cuando descuidamos algunos aspectos de nuestra naturaleza no
podemos llenar ese vacío incrementando nuestra devoción por otros aspectos
de nuestra misma naturaleza.
Esta analogía aporta una pista al por
qué la búsqueda de la felicidad, para tantas personas, a menudo se aparta
del camino correcto. Es porque ellos se zambullen en
sus rutinas preferidas con una voracidad contra-productiva, de forma que
sus sensaciones se convierten en obsesiones, sus aventuras pasan a
ser desventuras, sus misiones derivan en cruzadas, su
imaginación se convierte en escapismo, su comunicación en clamor
y sus especulaciones en rumia. Se
descuida el equilibrio espiritual en favor de “vivir al límite”, lo que
deriva en agotamiento emocional en vez de satisfacción emocional.