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03 - Es preciso
saber que si bien toda mujer puede, con cierta experiencia, amor y
paciencia del compañero, ser multiorgásmica, casi todas quedan
profundamente satisfechas con un solo orgasmo por relación sexual.
Sobre todo si se ha pasado un tiempo suficiente de preludios de
juegos amorosos, donde han predominado la ternura, la comunicación y
la atención recíproca.
Lo cierto es que, probablemente, una de cada cinco mujeres se siente
realmente satisfecha después del segundo o tercer orgasmo. Hay
muchas mujeres que en circunstancias especiales de tranquilidad, de
alegría, de comodidad y de sintonía con su pareja, son capaces de
alcanzar cinco o seis o más orgasmos.
Pero aclaremos: estas mujeres alcanzan tal cantidad de orgasmos no
sólo con un pene introducido en su vagina, sino también por
excitación manual u oral. De allí la importancia del conocimiento y
la confianza mutua entre los amantes. Cuando se menciona el hecho de
que una mujer puede alcanzar una gran cantidad de orgasmos, no se
suele especificar cómo y en qué circunstancias estos orgasmos han
sido obtenidos.
La mujer puede tener uno o más orgasmos cuando aún está vestida, si
el compañero hace presión provocando el roce de la ropa interior con
el clítoris y la zona genital. Luego, cuando el período de
excitación avanza, se puede alcanzar otro orgasmo acariciando y
besando el cuerpo femenino semidesnudo o desnudo y colocando uno o
dos dedos sobre la zona del clítoris o introducidos en la cavidad
vaginal. La mujer, entre tanto, con sus movimientos de pelvis, va
buscando, “acomodando” los dedos de su compañero hacia zonas más
sensibles y puede alcanzar así uno o dos orgasmos más. Tal vez en
ese momento ambos decidan descansar. Si se continúa, el hombre puede
penetrarla y ambos alcanzar el orgasmo; si el hombre puede retardar
su eyaculación, la mujer quizá pueda tener más de un orgasmo en esta
etapa. Pero si él está muy excitado y eyacula rápidamente, ella
puede acompañarlo con movimientos, pero sin necesariamente tener un
orgasmo más.
Esto a su vez no impide que el hombre, luego de haber eyaculado,
siga excitando, besando a la compañera y provoque nuevas oleadas de
deseo y nuevos orgasmos.
Debe quedar bien claro que para provocar orgasmos múltiples el
hombre no necesita una erección eterna. Los orgasmos femeninos
pueden ser tenidos antes, durante o después de la eyaculación
masculina.
Casi siempre que una mujer consulta por problemas de intensidad del
deseo, porque se cree “frígida”, el problema radica en el escaso
tiempo dedicado a ella en los juegos amorosos previos. Hay hombres
que suelen atribuir a su “rapidez”, a su eyaculación precoz, tales
problemas de sus parejas. Hay, efectivamente, un problema de tiempos
pero de tiempos preparatorios, y no de duración de un pene erecto
dentro de la vagina.
Tirando manteca al techo
El clítoris se encuentra donde se unen los labios vulvares, casi
inmediatamente por debajo del pubis.
El clítoris es un órgano complejo. La mayor parte de él se encuentra
hundida dentro de la zona anterior y lateral de la entrada vaginal,
formando una especie de cúpula o arco.
Lo más importante es señalar que esta cúpula es una estructura
eréctil cuyos tejidos son como una esponja, capaces de llenarse de
sangre.
Por lo tanto, tocar suavemente el clítoris externo y/o rodear con
los dedos la parte externa de la vagina y sobre todo, su “techo”, es
decir la parte alta del arco, es fundamental para la excitación
sexual, una adecuada lubricación, y la satisfacción femenina.
Lo importante en el acto sexual en sí, durante la penetración (y
antes de ella, por supuesto), es que se rocen y se toquen las
diferentes partes del clítoris. El cuerpo peneano y el golpeteo del
pubis del hombre contra el pubis de la mujer ponen en intenso
contacto rítmico toda la entrada del conducto vaginal, los labios
mayores y menores y la pequeña parte del clítoris que asoma en la
unión de ambos labios.
Se penetre o no a la mujer, el placer se origina en el clítoris. Es
claro que algunas son más sensibles al toque exterior, otras al roce
intenso, otras a la penetración suave, otras a la penetración y
bombeo con “golpes” de ambos pubis en contacto con otras con
penetración y toque simultáneo con los dedos (propios o del
compañero) en la zona clitoridiana externa... ¡Pero todas éstas, y
otras muchas variaciones, rozan el clítoris!
Es necesaria en todos los casos una amplia, sostenida y profunda
caricia en la totalidad de la zona de los genitales. Cuanto más
tiempo se emplee, cuanto más flojo y “abandonado” esté el cuerpo,
cuanto menor importancia se le otorgue a que “si me tocan o me
penetran”, “si está prohibido o permitido”, “si me dañará o me
gustará”, “si lo hago bien o mal”, mucho más placer y satisfacción
obtendrán ambas partes.
Grande, Grafenberg
Es una zona vaginal descrita hace muchos años por un ginecólogo
llamado Ernest Grafenberg, de cuya inicial proviene su nombre.
Se localiza en la parte anterior de la vagina, algunos centímetros
dentro de ella, en su parte superior o techo.
Deslizando el dedo dentro del conducto vaginal, si se efectúa una
leve presión hacia arriba, se notará una pequeña rugosidad o
montañita, tanto más notoria cuanto más excitada está la mujer. Pero
atención: no en todas las mujeres puede ser hallado con facilidad,
no en todas tiene la misma sensibilidad.
Pero casi siempre se constata que: la zona es fácil de estimular, en
especial, con los dedos del compañero; su estímulo –acompañado de
todos los demás mencionados– puede ayudar a tener más satisfacción y
orgasmos más intensos; en algunas mujeres –no en todas– proporciona
una calidad de placer diferente.
Algunos investigadores afirman que por estímulo de este punto o zona
se produce una emisión de líquido por la uretra (lo que lleva a
algunos a pensar en una clase de eyaculación). Lo cierto, hasta el
momento, es que la zona corresponde a la estructura profunda del
clítoris.
Mil mesetas
El segundo nivel de excitación se denomina de “meseta”, porque la
excitación se mantiene en niveles altos, y tiende a no subir ni
descender.
Este es un período de intenso goce. La excitación llega con mucha
nitidez a la corteza cerebral y tanto la mujer como el hombre pueden
controlar todos sus actos.
Decimos que pueden controlar todos sus actos, porque, como
característica fundamental, el período o nivel siguiente, el
orgasmo, es incontrolable; es como un dique rebalsado de agua.
Para la mujer es bueno permanecer un prolongado lapso en la fase de
meseta. Y es bueno porque le permite un adecuado llenado de sangre
de toda la cavidad pélvica, donde están sus genitales. Este llenado
es fundamental para luego tener un orgasmo satisfactorio.
Muchísimas veces es necesario explicar a los compañeros la
diferencia de tiempo existente entre el período de excitación del
hombre y el mismo período en la mujer.
El hombre puede excitarse rápidamente. Por lo menos, más rápido que
su compañera. Y esto es debido, sin duda, a que para llenar sus
órganos genitales de sangre, es decir, asegurar la erección, se
necesitan apenas 20 a 30 centímetros cúbicos; en cambio la mujer
necesita el triple, por lo menos, para garantizar una excitación
constante y una buena lubricación. He aquí el gran secreto. Los
varones tienen que saber estimular a la mujer, pero tan importante
como ello es que conozcan el tiempo que ella necesita para alcanzar
un grado óptimo de excitación. Este tiempo, lógicamente, es muy
variable, y cambia de acuerdo con la persona, la circunstancia y la
edad: una joven de 20-25 años por lo general tiene un período de
excitación más rápido que una mujer de 50-60 años, aunque también es
cierto que si una joven está muy asustada en sus primeras relaciones
sexuales, el período de excitación se retrasará, y que si una mujer
de 50-60 años, se encuentra muy entusiasmada, alegre, con un
compañero atrayente y sumamente hábil en el juego amoroso, este
período puede acelerarse.
La mujer suele preferir las caricias genitales un poco más tarde que
el hombre. Esto es de suma importancia para su adecuada e intensa
estimulación. Generalmente, ella comienza a sensibilizarse en zonas
muy alejadas de los genitales; le agradan los roces y besos en la
cara, en la nuca, en el cuello, las orejas, la cintura, los pechos.
A casi ninguna mujer le agrada ser acariciada desde el comienzo en
la zona genital, y esto suele ser motivo de desencuentros
perjudiciales para el erotismo de ambos.
El equivalente a la erección en la mujer es el
humedecimiento intenso de sus genitales externos e internos.
Contrariamente a lo que a veces se cree, no es la erección del
clítoris el equivalente a la erección del pene, sino la secreción
concentrada en la entrada vaginal.
Ligera prohibición
Existen muchos hombres y mujeres con la costumbre de
desvestirse rápidamente en la suposición de que esto incrementa al
máximo la excitación sexual; si bien esta práctica en muchísimas
ocasiones es efectiva, en muchísimas otras, no. Hay numerosas
personas, de ambos sexos, que necesitan de un tiempo prolongado de
excitación estando vestidos, o aligerados de ropa pero no desnudos
totalmente. Puede que hayamos perdido la costumbre de acariciar y
besar en procura de “un poco de piel libre”, escondida tras una
blusa o un pantalón ajustado. Bruscamente nos desnudamos, pero algo
se perdió en el camino. Y hay muchas mujeres que necesitan –repito:
necesitan– recuperar ese clima de obstáculo y ligera prohibición de
acceso fácil al toque de un pecho o la caricia de la piel genital.
Juan Carlos Kusnetzoff
es Director del Programa de Sexología Clínica
y profesor en el Hospital de Clínicas de la UBA. Director de la
maestría en sexología clínica y del posgrado Clínica de las
Disfunciones Sexuales en la Fundación Universitaria René Favaloro.
Los textos publicados son anticipos de La mujer sexualmente feliz y
El hombre sexualmente feliz, de próxima aparición en reediciones
corregidas (Ed. Granica).
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