Altocalcifilia: intenso morbo
despertado por zapatos de tacón de aguja. El altocalcifílico suele
disfrutar chupando los tacones o siendo pisoteado por ellos y no siente
nada por los zapatos que no tengan un tacón muy alto.
Andromimetofilia: esta es un poco
rebuscada, pero más común de lo que parece. Se trata de la atracción
sexual por mujeres disfrazadas de hombres, transexuales en transición a
hombres o transexuales consumadas. El hombre, por su parte, adopta el
rol femenino y disfruta siendo penetrado analmente por la mujer.
Amaurofilia: atracción erótica por
personas ciegas o, en su defecto, con los ojos vendados.
Autocateterismo: (aviso: esta parafilia
puede herir la sensibilidad del lector masculino): es una variante de la
masturbación que consiste en introducir todo tipo de objetos en la
uretra. Se trata de una práctica arriesgada porque suele dar lugar a
infecciones.
Autofelación: hacerse una "mamada" a
uno mismo. Según el Informe
Kinsey, sólo dos o tres de cada mil hombres son capaces de
llevar a cabo esta proeza, para la que es necesario un pene largo y una
columna vertebral extremadamente flexible. Probablemente, es la
parafilia más antigua de las aquí recogidas, puesto que reputados
arqueólogos han encontrado jeroglíficos del Antiguo Egipto que muestran
hombres felando su propio pene. Dos variantes de esta parafilia son el
autocunnilingus (versión femenina de la autofelación,
es decir, cuando una mujer disfruta practicando sexo oral consigo misma)
y la autopederastia (que, dicho vulgarmente, viene a
ser el acto de "follarse a sí mismo", o sea, introducir el pene en el
propio ano doblándolo hacia atrás).
Autonepiofilia: placer derivado de usar
pañales, baberos o chupetes y ser tratado como un bebé por otros
adultos. Es una práctica con cientos de adeptos y foros en Internet, e
incluso existe un subgénero pornográfico dedicado a ella, como puede
comprobarse en páginas web como
Adult Baby Magazine.
Axilismo: utilización de la zona axilar
de la pareja para masturbarse. Los axilistas prefieren mujeres (u
hombres) que tengan esta zona sin depilar, es decir, llena de vello
axilar, y alcanzan el clímax oliendo, lamiendo y penetrando el sobaco,
que pasa a ser un sustituto de la vagina.
Lea:
Sexo y olor
Biastofilia: individuos que sienten un
impulso irresistible por secuestrar y violar a una persona que se
resiste. Estos seres se sienten excitados por el miedo ajeno y pierden
todo el morbo en cuanto la persona raptada cede o da muestras de placer.
Las víctimas imposibles de los biastófilos serían las
hibristófilas o personas que se excitan siendo violadas; y digo
imposibles porque, en el momento en el que mostraran placer, ya no
interesarían al violador.
Candaulismo: variante del voyeurismo en
el que intervienen tres personas, casi siempre una pareja y un
desconocido. El candaulista pone a su mujer a disposición de otro hombre
y observa la acción escondido, logrando la excitación al ver cómo otro
usa sexualmente a su señora.
Dendrofilia: amor por los árboles.
Cierto tipo de individuos sólo llegan al clímax cuando se frotan con el
tronco o de los árboles. Las raíces de esta parafilia se encuentran en
la infancia, cuando el niño descubre un inesperado placer sexual cada
vez que trepa a un árbol.
Dismorfofilia: pasión lúbrica por todo
tipo de seres deformes, desde jorobados hasta personas con partes del
cuerpo quemadas, pasando por mujeres mastectomizadas, víctimas de
desastres nucleares, "hombres elefante" y un largo etcétera.
Escopofilia o mixoscopía: variante del
voyeurismo en el que, en lugar de espiar una relación sexual escondido,
el mirón disfruta observando con absoluto descaro, obteniendo su
excitación al ser visto por los amantes sorprendidos en pleno acto
sexual.
Flatofilia: placer erótico derivado de
escuchar, oler y regodearse en los gases intestinales propios y ajenos.
Dentro de la colección de pornografía de la casa brasileña MF
Video, existen numerosos videos de esta disciplina, que cuenta
con un selecto club de seguidores.
Furtling: insólita variante de la
pornofilia que consiste en excitarse y eyacular única y exclusivamente
penetrando con el dedo la zona genital recortada en una foto o dibujo.
Gregomulcia: sentir placer sexual única
y exclusivamente manoseando personas desconocidas en una multitud.
Recientemente saltó a las secciones de sucesos de los medios de
comunicación una plaga de gregomulcia en las Ramblas barcelonesas, donde
decenas de jubilados (conocidos popularmente como "cebolletas") se
entretenían manoseando en tumultos a mujeres de todas las edades.
Lea:
Diccionario
de sexo
Hemotigolagnia: atracción erótica hacia
los tampones usados; es una especialización de la menstruofilia
o amor por la regla. Los amantes de las compresas, al parecer, todavía
no han sido bautizados.
Homiliofilia: placer sexual derivado de
predicar un determinado credo o religión a personas débiles, sencillas,
crédulas o inocentonas. Es una parafilia que lleva mucho tiempo siendo
practicada por sacerdotes de la Iglesia Católica.
Insuflación: es la mala costumbre de
soplar con fuerza en los orificios corporales ajenos. Y decimos mala
porque, en ciertas partes (como el pene o la vagina) el soplido puede
ser perjudicial para la salud, puesto que existe la posibilidad de que
el aire entre en el torrente sanguíneo y provoque una embolia.
Jactitafilia: intenso placer sexual
experimentado por personas que cuentan sus gestas sexuales a otras. Este
tipo de seres practican sexo con el único objetivo de contarlo después y
disfrutan de intensos orgasmos cuando relatan los hechos con pelos y
señales.
Latronudia: rama del exhibicionismo en
la que se incluyen a todas las personas que sólo se ponen calientes
desnudándose ante un médico. Normalmente, los adeptos a esta filia
fingen enfermedades para visitar o ser ingresados en hospitales y
convertir su fantasía en realidad.
Microgenilatismo: atracción sexual
hacia los penes pequeños. Cuanto más diminuto sea el falo, mayor será la
excitación. Las aficionadas y aficionados a esta parafilia buscan con
lupa micropenes en los foros y chats de Internet.
Misofilia: individuos que se calientan
con el olor, la visión o la manipulación de ropa sucia de otras
personas. Cuanto más guarras y fétidas sean las prendas, la excitación
será mayor. El sueño húmedo de todo misofílico es trabajar en una
lavandería.
Momificación: variante del bondage
que, en lugar de cuerdas utiliza vendas, para transformar a la persona
sumisa en una especie de momia viviente y mantener (o no) relaciones
sexuales con ella. Dentro de esta práctica hay, a su vez, una variante
llamada "shrinkwrap" que sustituye las vendas por
plástico adhesivo similar al utilizado para envolver comida.
Lea:
Yo te toco, tu me tocas: ¡Qué placer!
Moriafilia: excitación sexual que se
produce al escuchar y/o contar chistes verdes, independientemente de que
sean buenos o malos. Saben aquel que diu...
Nosolagnia: rama del sadismo que
consiste en ponerse a cien sólo al saber que la propia pareja padece una
enfermedad terminal. Para uso y disfrute de los nosolágnicos, hay
sumisos extremos dispuestos a contagiarse voluntariamente de este tipo
de enfermedades.
Oculofilia: atracción irresistible por
los ojos ajenos, que lleva al oculofílico a gozar lamiendo, tocando y a
veces incluso penetrando la zona ocular. Del mismo modo, existen figuras
pasivas que disfrutan cuando alguien "ama" sus ojos. Cuenta la leyenda
que existió una prostituta filipina que se quitaba su ojo de cristal
para que sus clientes penetraran su cuenca vacía.
Ofidiofilia: la padecen los zoófilos
que sólo sienten morbo o tienen relaciones sexuales con serpientes. La
mayoría de las parafilias se suelen dar con diez veces más frecuencia en
hombres que en mujeres, pero esta en concreto afecta en mayor medida al
sexo femenino.
Olfactofilia: personas que se excitan
con el aroma del sudor genital de sus amantes y consiguen llegar al
paroxismo utilizando únicamente su pituitaria, ya sea aplicándola
directamente sobre la entrepierna sudada o bien sobre prendas íntimas
usadas.
Picacismo: amantes del picoteo erótico,
es decir, que obtienen placer sexual introduciendo alimentos en sus
partes sexuales (principalmente orificios) para que el amante los recoja
con la boca, los mastique y los trague.
Pigmalionismo: atracción por estatuas,
maniquíes y todo tipo de figuras inertes desnudas. Si el objeto de
adoración sexual es una muñeca, la práctica se llama pediofilia
(no confundir con la pedofilia).
Psicrofilia: la padecen los seres que
sólo obtienen orgasmos sintiendo frío o observando a otras personas
temblando por las bajas temperaturas. Como es lógico, los psicrofílicos
odian el verano y acaban viviendo en los países más fríos del mundo,
lugares como Siberia, Groenlandia, La Antártida, Suecia o Canadá.
Tricofilia: pasión erótica por el
cabello humano. Cada tricofílico es un mundo: unos se excitan con
melenas largas, otros con un tipo de color de pelo, otros con un
peinado... Hay quien se onaniza mirando como otras personas se peinan y
hay quien necesita masturbarse enrollando una buena melena alrededor de
su pene. La horma de su zapato sería el tripsofílico,
que goza sintiendo cómo alguien masajea o lava su cuero cabelludo.
Somnofilia: atracción sexual por individuos dormidos y
desconocidos, a los cuales se pretende acariciar y amar mientras duermen
como angelitos. Mucho más fácil lo tiene el hipnofílico,
que se conforma con masturbarse mientras contempla a personas que están
en brazos de Morfeo.
Nota de Avizora
John William Money.
(8 de Julio 1921–7 Julio 2006) A su memoria -
María Pérez, Juanjo Borrás y Xud
Zubieta
14 de julio
de 2006.- Se ha muerto nuestro amigo John un día antes de cumplir 85
años. Él, quien desde hace años vivía "una vida regalada", como le
gustaba decir después de sufrir un cáncer de próstata. John Money fue
una figura polémica en el mundo de la sexología, especialmente en los
últimos años de su vida. Investigador arriesgado y brillante pensador,
fue profesor de pediatría y psicología médica en la Universidad John
Hopkins desde 1951.
Se adentró en los misterios del desarrollo psicosexual, aportando
conceptos como identidad de género y rol de género. Fue un
pionero en el estudio de las fantasías sexuales, parafilias y
un largo etcétera. El Profesor Money fue el primer miembro de honor de
la Asociación Española
de Sociedades de Sexología (AEES) y se ha propuesto que el premio de
investigación de la
Federación Española de Sociedades de Sexología (FESS) lleve su
nombre.
Neozelandés de origen, genuino 'Kiwi' −le gustaba decir haciendo
alusión, entre otras cosas, al pájaro nacional de Nueva Zelanda−. Su
espíritu libre le llevaba a tener en su casa un globo terráqueo donde su
país de origen estaba situado en el centro, cuestionando la arbitraria y
centralista ubicación ortodoxa.
John formaba parte de ese mundo de principios del siglo XX, donde los
viajes podían ser verdaderas aventuras y la antropología era la
colección de un cúmulo de rarezas. En el hospital John Hopkins, los
guerreros de tamaño natural −traídos de los mares del sur− recibían al
visitante envueltos en el verde de las plantas que cuidaba con esmero.
La frondosidad de las hojas y las tallas de madera daban un aire
tropical y exótico a su despacho.
En su casa de Baltimore te podías encontrar −al lado de una cabeza
reducida de jíbaro− el martillo y las herramientas de su padre −un
carpintero neozelandés, al que su hijo, fiel a sus orígenes, rendía
tributo−. Sus libros y más libros por doquier, en distintas ediciones.
También retratos de un atractivo John, que vivió plenamente la
revolución sexual y fue todo un seductor sin discriminar razas ni sexos.
Con él hemos tenido el privilegio de compartir muchas vivencias. Él fue
el conferenciante principal del Congreso Mundial de Sexología de
Valencia. Por su trayectoria y edad, se había convertido en persona de
culto en el mundo de la sexología. Había que verlo en los
congresos siendo requerido para posados fotográficos, como si
de un cantante de moda se tratara. Alguno de nuestros amigos sexólogos
ha bromeado sobre este hecho comentando: "He dormido en la misma cama
que John Money", cuando se han quedado a dormir en nuestra casa.
A John le encantaba el turrón de Jijona, que nosotros le descubrimos y
le llevábamos cuando nos encontrábamos en los congresos. Esta Navidad −y
cuánto lo sentimos− se quedó pendiente el envío del turrón. Aún la
semana pasada recordábamos la tarea pendiente de enviarle un paquete a
John para aliviar la triste soledad de la demencia, que cada vez le
engullía más. Él se aferraba desesperadamente a su lucidez para
estudiar la demencia desde dentro. Manteniéndose así fiel hasta
el final a ese afán investigador que marcó toda su vida.
In memoria de John Money -
English version -
Paco Cabello
14th July, 2006.- Our friend John Money has passed away, just a day
before his 85th birthday age. He, who has lived a “bonus life”, as he
was keen to insist, given he had a prostate cancer for some years. John
Money was a polemical celebrity in the world of sexology, especially in
the latter period of his life. He was a courageous researcher and a
brilliant thinker, a professor of pediatrics and medical psychology in
the John Hopkins University since 1951.
He immersed himself in the mysteries of psychosexuality, contributing
with concepts such as gender identity and roles. He was a pioneer in the
study of sexual fantasies, paraphilias and so on. Professor Money was
the first honor member of the Asociación Española de Sociedades de
Sexología (AEES) −Spanish Association of Sexology Societies−. We are
currently proposing to give his name to the Research Prize granted by
the Federación Española de Sociedades de Sexología (Fess) −Spanish
Federation of Sexology Societies−.
New Zealand was his country of origin and he was a genuine “kiwi”,
refering −among other things− to the national bird. His free spirit led
him to have in his house a globe with New Zealand in the most prominent
point, questioning thus the arbitrary and centralist orthodox location
of the continents.
John came from the world
of the beginning of the XX century, when journeys could be real
adventures and when Anthropology was the accumulation of rare items. In
the John Hopkins Hospital, the warriors of natural size −purchased in
the Southern Seas− welcomed visitors, together with all the green hues
produced by the plants that he relished to look after there. The
lushness of the leaves and the wooden figures gave a tropical and exotic
air to his office.
In his Baltimore house you could find −next to the Jibaro miniature head−
the hammer and the tools that belonged to his father −a carpenter from
New Zealand, to whom his son gave tribute in this fashion−. Books and
more books everywhere, in different editions... as well as photographs
of an attractive John, who lived the sexual revolution fully and was an
eager seducer, making no discrimination due to race or gender.
With him we had the privilege to share very many experiences. He was the
main speaker in the World Congress of Sexology of Valencia. Given his
background and age, he became a cult figure in the world of sexology. It
was interesting to see how his presence was required in congresses for
photo sessions, as if he were a pop star. Some sexologists friends of us
have joked saying: “I have slept in the same bed as John Money”. This is
when they had slept in our house.
John Money liked Jijona´s turrón that we introduced to him and that we
usually gave him in our encounters during congresses. We regret that
last Christmas we did not manage to send him his share of turrón (Spanish
sweet delicatessen). Even last week we commented that it was still
pending to be sent a pack of it to sweeten the loneliness produced by
the dementia that he suffered more and more. He desperately tried to
grasp to his lucidity in order to study the dementia from within. Even
during those tough days he thus tried to be faithful to his researching
spirit, the one that marked most of his life…
El viernes a las 12:05 daba su último suspiro John Money, después de
haber tenido hace unos días, al parecer, un accidente vasculocerebral.
Este gran maestro, padre del actual concepto de género, uno de los
primeros estudiosos de las fantasías sexuales y experto en el estudio de
las parafilias, al igual que todos los grandes, murió queriendo aportar
conocimientos para el mejor bienestar de la humanidad, de hecho, como
había entrado en demencia, aprovechaba los momento de lucidez para
escribir acerca de cómo se vive la demencia desde dentro.
Tuvo una vida intensa y en su vejez tuvo que asistir a las inmerecidas
críticas y falsos testimonios sobre su intervención con los famosos
gemelos. Sus colaboradores iniciales nunca pudieron perdonarle su
brillantez y, hasta el final, han estado machacándolo a pesar de haber
sido él una de esas pocas personas que “no se resignan a la fiesta del
engaño y la canalla que asola este inmerecido planeta”.
No quiso tener un funeral y su cuerpo lo cedió, cómo no, a la ciencia.
Qué en paz descanse el maestro.
Paco Cabello.
Presidente de Honor de la Federación Española de Sociedades de
Sexología. FESS