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Resumen y Notas:
Andrés A Luetich.
Fuente: Academia de
Ciencias Luventicus
Matrimonio y amor parecen ser dos cosas
estrechamente relacionadas. Pero esto sólo pasa desde que existe el
matrimonio de amor [...] un fenómeno relativamente reciente [...]. Cabe
decir, no obstante, que el amor es generalmente la condición y el
requisito de eso que se llama un matrimonio feliz. La cuestión es si la
felicidad basada en el amor es duradera. [...]
Ahora bien, ¿qué es el amor? ¿Es la simple y estricta sexualidad, como
creyó Sigmund Freud, susceptible únicamente de transformarse en una
sublimación de las energías sexuales? Tal es la tesis del reduccionismo,
que intenta convertir todo fenómeno en epifenómeno, haciéndolo derivar de
otros fenómenos. Pero el reduccionismo no se basa en datos empíricos, sino
en una visión del hombre que no formula de modo explícito: la presupone
sin más. [...]
Pero si no queremos someter un fenómeno como el amor al lecho de
Procusto de interpretaciones y adoctrinamientos arbitrarios y aspiramos a
aprehenderlo sin merma, no será suficiente una exégesis psicoanalista y
tendremos que recurrir a un análisis fenomenológico. En esta perspectiva
el amor aparece como un fenómeno antropológico de primer orden. El amor,
en efecto, se revela como uno de los dos aspectos de eso que yo llamo la
auto trascendencia de la existencia humana [...], el hecho antropológico
fundamental de que el ser humano remite siempre, más allá de sí mismo,
hacia algo que no es él: hacia algo o hacia alguien, hacia un sentido que
el hombre colma o hacia un semejante con el que se encuentra. Y el hombre
se realiza a sí mismo en la medida en que se trasciende: al servicio de
una causa o en el amor a otra persona. [...] El hombre sólo es plenamente
él mismo cuando se pasa por alto y se olvida de sí mismo. ¡Qué hermoso es
un niño cuando se le fotografía y él no se da cuenta, absorto como está en
el juego! (2)
Antes hablamos de encuentro: ¿Es que hay que definir el amor como
encuentro? El encuentro es una relación con un semejante en la que se
reconoce a éste como ser humano. [...] Hace a la actitud esencial del
hombre que el semejante nunca sea degradado a simple medio para un fin.
(3)
Ahora bien, parece que el amor supone un paso más respecto al
encuentro, ya que no se limita a acoger al semejante en su condición
humana, sino además en su unicidad y singularidad o, lo que es lo mismo,
como persona (4). Porque la persona no es un
ser humano como los otros (5), sino diferente
de los otros, y en esta diferencia resulta ser algo único y singular. Y
sólo cuando el amante acoge al amado en su unicidad y singularidad , éste
se convierte para él en un tú (6).
El primer aspecto de la auto trascendencia, la búsqueda y alcance de un
sentido, puede expresarse con un concepto [...] que yo suelo llamar "deseo
de sentido", [...] una motivación sui generis que, como tal, no se
reduce a otra motivación (reduccionismo), ni puede derivarse de ella.
Abraham H. Maslow llega a afirmar que el deseo de sentido es la
"motivación primaria", base de la conducta humana.
Pero actualmente podemos observar la constante frustración a que está
sometido este deseo de sentido, y los psiquiatras vemos cómo el
sentimiento del absurdo le arrebata la primacía como origen de la
neurosis, incluso en los países comunistas y en desarrollo, al sentimiento
de inferioridad descrito por
Alfred Adler (7).
Este sentimiento de absurdo va acompañado de una conciencia de vacío que
yo llamo "vacío existencial". Y en esta vacío existencial prolifera la
libido sexual. Sólo de este modo se puede explicar la inflación sexual que
ha producido en nuestro tiempo. Como toda inflación, incluida la del
mercado de dinero, conduce a una devaluación. La sexualidad [...] se va
desvalorizando en el curso de la inflación sexual a medida que se
deshumaniza. Porque la sexualidad humana es más que la mera sexualidad. Y
lo es en la medida en que viene a ser la expresión de una relación
amorosa.
Sin embargo, la afirmación de que la sexualidad humana es más que mera
sexualidad no es suficiente, porque también la sexualidad animal supera lo
meramente sexual. Irenäus Eibl-Eibesfeldt ha hecho notar [...] que “el
comportamiento sexual de los vertebrados está al servicio del grupo”,
especialmente en los primates. [...] “la unión sexual cumple en el ser
humano la doble finalidad de la procreación y la vinculación a la pareja.
Pero el hecho de que la sexualidad esté al servicio de la vinculación a la
pareja presupone una relación interhumana, es decir, el amor como unión
individualizada. El amor es una relación interhumana individualizada, y un
cambio constante de pareja está en contradicción con él.” [...] El ser
humano “muestra en este sentido una tendencia congénita a la relación
conyugal duradera”. [...] “Una desindividualización de la relación
sexual [...] significaría la muerte del amor”.
Es más: la "muerte del amor" acarrearía, a nuestro juicio, una
disminución del placer. [...] Cuando la sexualidad no es ya expresión del
amor, y pasa a ser un medio para la obtención de placer, este mismo placer
fracasa; [...] cuanto más se busca el placer, más se escapa éste. Mis
experiencias me dicen que la impotencia y la frigidez obedecen en la
mayoría de los casos a este mecanismo. [...]
Según esto, la optimización del goce sexual exige que no se aísle ni se
desintegre la sexualidad separándola del amor y deshumanizándola. Pero no
debemos olvidar que la sexualidad así deshumanizada no se humaniza de
pronto, sino que requiere un proceso. Tomemos, [...] para explicarlos, un
par de conceptos de
Sigmund Freud: la distinción entre objetivo y objeto
del instinto. Cuando empieza en la pubertad el desarrollo y la maduración
de la sexualidad en sentido propio se produce la descarga de tensiones
sexuales acumuladas -en el sentido de un objetivo del instinto-, una
descarga que no hay por qué concebir en forma de acto sexual: para esto
basta la masturbación. Sólo en una fase posterior del desarrollo y la
maduración sexual se agrega un objeto de instinto, aparece en el horizonte
una pareja idónea para el acto sexual, una pareja cualquiera: para esto
basta una prostituta.
Esto significa que la sexualidad no alcanza aún en esta fase el plano
propiamente humano, no está aún del todo humanizada, ya que en el plano
humano la pareja no pasa a ser objeto, sino que es sujeto y, sobre todo,
no puede ser utilizada como mero medio para un fin, el fin de la
satisfacción del instinto o de la obtención del placer. Lo cual no excluye
obviamente que el placer aparezca tanto más, cuanto menos el hombre se
preocupe por él.
¿Qué ocurre cuando el hombre, en su desarrollo y maduración, se estanca
en la primera o en la segunda fase, o "regresa" a una de las dos fases?
Mientras el individuo se encuentra en la primera fase y cree poder
realizar el acto sexual sin el objeto del instinto [...] necesita de la
pornografía. Pero si no ha pasado más hallá de la segunda fase, esta
"fijación" se manifiesta en la promiscuidad, y en todo caso ya le basta la
prostitución.
Resulta así que tanto el consumo de pornografía como la necesidad de
prostitución, incluida la necesidad de promiscuidad, son síntomas de
retraso psicosexual. [...] Pero la industria del placer sexual tiene buen
cuidado de glorificarlos sublimándolos como "progresistas". La industria
de la "ilustración sexual" contribuye a ello denunciando la hipocresía,
pero procediendo a su vez hipócritamente al clamar por la "libertad de
expresión", con lo que quiere decir "libertad para el negocio y el lucro".
El resultado de todo esto es una presión de consumo sexual que genera
trastornos de potencia. Estos trastornos [...] suelen producirse cuando
el paciente tiene la impresión de que la potencia es un "rendimiento" que
se espera de él, que se le exige y reclama, sobre todo cuando la exigencia
procede de su pareja. [...]
He dicho que la sexualidad humana se deshumaniza cuando queda degradada
en simple medio para la obtención de placer. Pero también es un abuso
considerar la sexualidad como mero medio para la reproducción en lugar de
dejarla ser lo que es: expresión del amor. Y precisamente una religión que
define a Dios como amor debía haber evitado definir ex cathedra
que el matrimonio y el amor sólo tienen sentido si se ordenan a la
procreación. En todo caso, esto se proclamó en una época en la que no sólo
el casamiento por amor era una excepción, sino que lo normal era una gran
mortalidad infantil. Hoy nos encontramos, en cambio, con el problema
contrario: la explosión demográfica. Y tenemos "la píldora" a nuestra
disposición. Pero la píldora sólo puede contribuir a humanizar la
sexualidad si ésta se emancipa: la sexualidad sólo pasará a ser la
culminación del amor si se pone voluntariamente y temporalmente, y no
forzosamente, al servicio de la procreación.
BIBLIOGRAFÍA
-
Frankl, V. 1994 El
hombre doliente.
Barcelona: Herder
-
Luetich, A. 2002 Beata
y Sofía.
Rosario: Edición del Autor
NOTAS
(1) Contribución del
autor a una obra colectiva japonesa y a otra obra similar danesa de 1973.
(2) Encuentro una
gran cercanía entre estas palabras de Frankl y la expresión de Jesús
respecto de que quien quiera ingresar al Reino de los cielos deberá ser
como un "niño". Por el contrario, considero esta imagen muy alejada del
espíritu que se transforma en "niño", según el Zaratustra de
Nietzsche (De las tres transformaciones del espíritu). Tanto en
Frankl como en el evangelio, se destaca del niño su capacidad de
concentrarse y contemplar con asombro las maravillas que lo rodean. El
niño de Nietzsche es, por el contrario, creador que genera nuevos mundos
sin el peso de la responsabilidad por sus actos.
(3) Frankl hace aquí
una explícita alusión a la "segunda versión del imperativo categórico de
Immanuel
Kant".
(4) Al señalar que
no toda relación humana es una relación personal, Frankl se suma al
planteo de Gabriel Marcel, quien denomina justamente a las relaciones
personales "relaciones intersubjetivas" o "relaciones de amor".
(5) El Principito de
Saint-Exupéry les dijo a las rosas que encontró un día en el jardín, y que
por fuera se parecían a su rosa: “No sois en absoluto parecidas a mi
rosa; no sois nada aún.”
(6) Si profundizamos
la línea de reflexión que iniciara
Feuerbach y continuara entre otros Buber sobre la "relación yo-tú",
deberíamos concluir que, como el "yo" surge sólo allí donde hay un "tú", y
el "tú" sólo se da en la relación personal o de amor, no hay "yo" sino a
partir de una relación de amor fundante.
(7) En la segunda
mitad del siglo XIX, Nietzsche anunció con crudeza la llegada del
nihilismmo y señaló como esencial al hombre la "voluntad de poder". Tanto
Frankl como Adler, cada uno a su manera, prosiguieron la reflexión
nietzscheana. Adler centra su atención en la "voluntad de poder" y Frankl
en la "voluntad de sentido". En este pasaje, Frankl señala que el
nihilismo o "sentimiento de absurdo", que atenta contra la "voluntad de
sentido", es un generador de neurosis mayor que el "sentimiento de
inferioridad", que atenta contra la voluntad de poder. Con ello pretende
mostrar que la supuesta primacía de los instintos más bajos —proclamada
por los "reduccionismos" con sus explicaciones ab inferiori del
placer (Freud) y del poder (Adler)— no es más que mera suposición y que
los datos de la experiencia clínica muestran a la voluntad de sentido como
una fuerza tanto o más primaria (básica) que aquellos.
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