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Fuente:
Hombres por la igualdad
El modelo sexual
masculino esta en crisis y no acaban de aparecer alternativas
igualitarias.
Sin cuestionar la heterosexualidad,
el coito vaginal ni las metas, se esta produciendo un cambio
importante. Cada vez son más los hombres que relajan su protagonismo
en el encuentro sexual y se muestran dispuestos a servir de
complemento a sus parejas para facilitar su iniciativa y con ella su
excitación y su orgasmo.
Es un cambio contradictorio que
ayuda a los hombres a sentirse eficaces sin tener que conocer la
respuesta sexual de su pareja mejor que ella misma, al tiempo que
favorece la expresión de algunas facetas de la sexualidad de las
mujeres.
Este proceso de autonomía sexual de
las mujeres las convierte en protagonistas y responsables de su propia
satisfacción sexual. Un cambio que asusta a muchos hombres pese a ser
la condición que les permitirá dejar de vivir cada encuentro sexual
como un examen.
Se trata de tentativas, formulas
provisionales que admiten lecturas menos igualitarias, al tiempo que
evidencian la necesidad de una teoría sexual que legitime la
diversidad de orientaciones, favorezca los experimentos y los cambios,
legitime todas las conductas y prácticas que no impliquen
coacción o imposición. Una teoría
que permita vivir el deseo como algo positivo y lo potencie como forma
de obtener y compartir el máximo de placer.
Los seres humanos somos sexuados
gracias al deseo y no cabe duda que la obtención del placer lo
estimula al tiempo que nos ayuda a conocernos. No podemos decir que la
sexualidad es buena y limitar su disfrute a determinadas prácticas o
edades, por eso quiero romper una lanza a favor de recuperar la
normalización de la masturbación y la libertad sexual de la infancia o
la juventud.
La bata negra de los curas ha sido
sustituida por la blanca de la medicina o la ciencia en el mensaje
del miedo, antaño a la degradación moral y al infierno, hoy a los
embarazos no deseados, las ETS y el SIDA.
Ni las familias ni las instituciones
ven con buenos ojos la sexualidad de la juventud pero saben que no
pueden impedirla y tratan de retrasarla o limitarla con mensajes
disuasorios que ponen el énfasis en los problemas y peligros asociados
a ciertas a ciertas prácticas y conductas.
Cuando se dice que la homosexualidad
conlleva sufrimiento se esta ocultando que y cuando se defiende que la
monogamia es el único método seguro frente a las infecciones se nos
olvida que la gente no suele contar a su pareja las “canitas al aire”
ni usar preservativo si no es su método habitual.
Se dice que los padres quieren lo
mejor para sus hij@s pero parece que este deseo no incluye la
sexualidad, como se deduce de lo poco que hacen para educarlos en el
placer y de lo poco que presionan para que la escuela asuma esta
tarea, condenándolos con esta actitud a tener aprender de sus propios
errores.
En estas condiciones esperar de la
juventud una responsabilidad anticonceptiva y profiláctica que la
mayoría de sus mayores no tuvieron ni tienen y considerarla por ello
inmadura resulta cuanto menos cínico.
Una educación sexual de calidad
puede acabar con la dificultades como la masculina para controlar la
eyaculación o la femenina para conseguir el orgasmo, ayudándonos a
vivir las relaciones sexuales como una experiencia que tenemos cuando
coincidimos en el deseo con nuestra pareja y no cuando nos las
proponen o nos apetecen.
Con una buena educación sexual el
orgasmo de la mujer puede ser un acontecimiento tan grato como
previsible, que depende de su voluntad y dejar de ser vivido por la
mayoría de los hombres heterosexuales como:
-
Medida del éxito o fracaso de la
experiencia.
-
Responsabilidad que convierte el
encuentro en un examen.
-
Meta que supone el final de la
relación y provoca sensación de fracaso si no se consigue.
-
Experiencia asociada al coito que
con frecuencia lo dificulta e impide desarrollar otras
posibilidades.
Es difícil ser feliz sin conocernos
ni aprender a normalizar y expresar los propios sentimientos afectivo
sexuales, sin sentirnos aceptados tal como somos, sin libertad para
expresar nuestras preferencias, si nos sentimos cuestionados por no
ajustarnos a las expectativas de la gente.
El cambio hacia unas relaciones
saludables y no discriminatorias nos plantea el problema de la
solidaridad entre los hombres que cuestionamos el modelo tradicional,
en especial la necesidad de apoyar a aquellos colectivos que como los
homosexuales y las mujeres nos allanan tantos caminos. Necesitamos
profundizar en lo privado sin olvidar que lo personal es político y
necesita de cambios sociales para consolidarse.
No tendría que resultarnos difícil
ver la libertad de las mujeres, los homosexuales y otros colectivos
discriminados con la misma naturalidad que la nuestra, y apostar por
unas relaciones sexuales donde los papeles activo y pasivo,
protagonista o complemento, sean junto a la responsabilidad,
compatibles e intercambiables.
En nuestras relaciones, los hombres
tenemos que decidirnos entre colaborar o competir, ser competentes o
competitivos, hacer amigos o intentar triunfar. En las relaciones con
las mujeres lo mismo.
Solo compartiendo las dificultades y
los esfuerzos seremos eficaces en la denuncia de las fisuras del
modelo masculino tradicional y la búsqueda de alternativas. Podemos
empezar señalando y rechazando lo que no nos gusta y experimentar con
todo lo que nuestras vivencias y nuestra imaginación nos sugieran.
La crisis del modelo heterosexual
plantea la necesidad de:
-
Desacralizar el coito y
relativizar la importancia de la genitalidad, sin cuestionar la que
tenga para cada cual.
-
Incorporar la afectividad y el
conjunto del cuerpo a la experiencia sexual, aprendiendo a fundir
las sensaciones físicas y emocionales.
-
Conciliar las fantasías con la
vida cotidiana.
-
Responsabilizar a los hombres de
la necesidad de incorporar el condón a sus relaciones cotidianas.
El control de la eyaculación es tan
importante como expectativas dependan del mismo. Es fácil conseguir un
grado de control razonable que permita no sentirse hipotecados
biológicamente, disfrutar relajados de ciertas prácticas o elegir
entre una relación lenta u otra pasional y compulsiva. Aunque conviene
aclara que nunca esta asegurado en situaciones extraordinarias (largo
periodo de abstinencia, la primera vez con, etc).
Con frecuencia se olvida el carácter
fluctuante del deseo y que las tensiones de la vida son los grandes
verdugos del erotismo y la perdida de la excitación o la erección es
vivida como problema de la respuesta sexual cuando es un síntoma de su
buena salud.
El periodo refractario, consecuencia
(al parecer) no tanto del orgasmo como de la eyaculación, nos permite,
sin renunciar al sueño, aprender a disfrutar de unas caricias y un
encuentro libres de la ansiedad que provoca la excitación.
Quienes vivimos o hemos vivido en
pareja sabemos que su sexualidad es un reflejo de cómo va la relación,
que en una pareja estable sin problemas sexuales significativos la
frecuencia y el nivel de bienestar forman parte de esa buena amistad
con momentos eróticos.
El coito y otras prácticas como la
felación nos plantean el problema de la responsabilidad y la
prevención de embarazos no deseados, las ETS y el SIDA. El
preservativo o condón es la única alternativa fiable ante estas
amenazas para la salud, la sexualidad y la vida. Su uso mide el grado
de responsabilidad y compromiso masculino en su prevención y
erradicación. No usarlo implica delegar nuestra seguridad en manos de
ajenas. Cada embarazo no deseado y cada infección son la consecuencia
de la actitud de un hombre que ha delegado en alguien, que no es capaz
de cuidar de si misma, su salud y su vida. Un eslogan clave “Si no te
proteges no eres de fiar”.
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