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Avizora - Atajo Google

Disfunciones Sexuales
No Orgánicas. Parte 1
Viviana Hernández. Carolina Reyes

Sexualidad Humana /
Human Sexuality

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Parte 1 / Parte 2

INTRODUCCIÓN


La sexualidad es un tema que concierne a todos, desde un niño a un adulto, profesionales de la salud mental o cualquiera otra persona, hombres y mujeres; sin embargo, el conocimiento real, generalizado con el que se cuenta es escaso, debido a muchos factores entre los cuales está la negativa a hablar de temas que son considerados "tabúes" o secretos, demasiado íntimos, una educación muy mitificada y restrictiva en los temas eróticos, etc. Por todo esto, a pesar de que la sexualidad es de vital importancia en la vida una pareja y por tanto de una persona, los trastornos sexuales son casi completamente desconocidos por la mayoría de las personas, y están relacionados a ciertos mitos, la sociedad exige tanto a hombres como a mujeres una vida sexual sin quejas, pero no es capaz de entregar herramientas para ello.
 

Dentro de lo que se clasifica como trastornos sexuales las disfunciones sexuales constituyen la categoría diagnóstica más importante de los trastornos psicosexuales, están caracterizados por una alteración en alguna de las fases de la respuesta sexual humana que se especificarán más adelante. Las disfunciones sexuales pueden definirse como "todos aquellos trastornos en los que problemas fisiológicos o psicológicos dificultan la participación o la satisfacción en las actividades sexuales. En general, existe una disfunción sexual cuando alguna de las respuestas psicofiológicas implicadas en el ciclo de la respuesta sexual, o la totalidad de ellas, no se producen o solamente se producen de manera parcial" (Kaplan, 1975).

La mayoría de las disfunciones sexuales son de tipo "no orgánico", los conflictos personales o de pareja son los más comúnmente presentados como causa de la disfunción, generalmente asociados a ansiedad, presiones o al estrés de la vida diaria, cualquiera sea la situación, es vital comprender que las disfunciones sexuales nunca tienen una sola causa, normalmente obedecen a múltiples razones. Por ejemplo, algunas disfunciones, como la inhibición del deseo sexual aparece más asociado con presiones, exigencias irreales y sentimientos negativos hacia el otro, en cambio, en el caso de la eyaculación precoz, es otro el conflicto de pareja. Cualquiera sea el caso, las disfunciones sexuales pueden llegar a producir distintos grados de conflictos en el tratamiento en la pareja, según el significado o importancia que cada miembro de la pareja atribuye a la sexualidad.

La importancia de un desarrollo sexual sano, radica en el lugar privilegiado en el que se encuentra la sexualidad en la vida de una pareja, la relación entre la satisfacción sexual y la satisfacción en las relaciones constituye un fuerte lazo. El interés sexual y la sensibilidad sexual de una persona, están directamente relacionados con la satisfacción sexual de su pareja, a sí como también con la propia imagen.

El crecimiento de los medios de comunicación masiva, ha permitido un acceso al material relativo a lo sexual sin precedentes, las personas están más abiertas y menos temerosas, discuten las creencias que antes se admitían sin cuestionamiento. Aún así existe un gran desconocimiento en lo que se refiere a sexualidad, y todavía es escaso en el conocimiento general, lo que puede ser considerado anormal o no, los problemas que puede acarrear la falta de comunicación, etc. Y, es por esto, que es fundamental el estudio en profundidad por parte de profesionales que puedan orientar respecto a una mayor comunicación y educación para lograr una vida sexual realmente más sana y placentera.

No se conoce con exactitud la prevalencia de estos trastornos en la población general pero los datos existentes apuntan a que un porcentaje elevado de hombres y mujeres padece a lo largo de su vida alguna disfunción sexual, de hecho hay datos que señalan que cerca del 30% de las personas normales sufren alguna disfunción sexual durante su vida. Se señala también que solo cerca de un 10% de personas con problemas sexuales acude a un especialista.

Master y Johnson manejan cifras en torno al 50% de las parejas heterosexuales, el 40% de los hombres en matrimonios relativamente felices informaba de haber padecido de enfermedades eyaculatorias o de la erección en algún momento de su vida, y el 63% de las mujeres indicó la existencia de disfunciones orgásmicas o del deseo sexual.

Los distintos trastornos que se incluyen dentro de las disfunciones sexuales no orgánicas, han sido estudiados con distinta profundidad entre ellos. Así en estudios presentados en Estados Unidos en 1987 se indicó que el 8% de los hombres presenta trastornos de la erección, cerca de un 30% eyaculación precoz, y se estima que aproximadamente un 30% de la población femenina sufre de deseo sexual hipo activo. A continuación se presentan los resultados de una investigación hecha en España en 1990 por Vásquez et al.

Frecuencia de las disfunciones sexuales en la población en general. (Vásquez et. al. 1990)
 

Disfunciones sexuales femeninas

En porcentaje

Deseo sexual inhibido

1 - 35

Disfunción orgásmica

5 - 40

Vaginismo / Dispareunia

4

Disfunciones sexuales masculinas

 

Deseo sexual inhibido

1 - 15

Disfunción orgásmica

 

Trastorno de la erección

7 - 20

Eyaculación precoz.

3 - 13

Frecuencia de las disfunciones sexuales sobre el total de personas que solicita ayuda por problemas sexuales. (Vasquez et al 1990)

Disfunciones sexuales femeninas

En porcentaje

Deseo sexual inhibido

40

Disfunción orgásmica

30

Vaginismo / Dispareunia

14

Otros

16

Disfunciones sexuales masculinas

 

Deseo sexual inhibido

 

Trastorno de la erección

42

Eyaculación precoz

31

Impotencia

7

Otros

14


Ciclo de la respuesta sexual.

En el estudio del comportamiento, específicamente de la sexualidad humana, no se ha establecido un patrón de "normalidad" por diversos motivos, entre los cuales está el hecho de que la conducta en este sentido cambia constantemente, debido a:

  • El contexto social y cultural en el que se desenvuelve el sujeto.

  • El criterio personal del sujeto varía según su cultura, las distintas sociedades, la religión y la época histórica, de tal modo que lo que era normal en una época pasa a ser considerado anormal o incluso patológico en otra.

  • Además, la ciencia ha contribuido al cambio del comportamiento sexual con inventos, como por ejemplo los anticonceptivos orales en los años ’70.

Debido a que la definición de la sexualidad por parte de la población en general a cambiado con el tiempo, se ha incrementado el número de investigaciones sobre este tema, iniciándose con el informe Kinsey (1948), en el que se llevó a cabo una amplia encuesta acerca de los hábitos sexuales de los norteamericanos, y la investigación de Master y Jonhson (1966), donde se observaron y describieron con detalle los aspectos psicológicos y fisiológicos de la respuesta sexual humana.

En los últimos 30 años los cambios sociales han facilitado el desarrollo de investigaciones en esta área en general, y se ha avanzado considerablemente en aspectos como la aceptación y preocupación por la sexualidad femenina, mayor libertad en relación a la conducta sexual, mayor información y de más fácil acceso, y se ha despertado un mayor conocimiento científico en el área. A pesar de esto, el conocimiento general sobre temas sexuales es en base a mitos, leyendas, tabúes.

Se ha descrito, con el fin de entender la conducta sexual, un ciclo, que supondría una cierta "normalidad". A continuación definiremos las fases de la respuesta sexual consideradas en el DSM-IV.

  1. Fase de deseo: Es la primera fase, que consiste en la presencia de pensamientos y fantasías sexuales, deseo de actividad sexual y posibles cambios hormonales tanto en hombres como en mujeres.

  2. Fase de excitación: En esta fase se inician los cambios fisiológicos causados por la excitación sexual, ya sea de tipo físico o psicológico. En la mujer se produce el inicio de la lubricación vaginal (controlada por el sistema parasimpático), dilatación de la parte superior de la vagina, aumento del tamaño del clítoris y los senos por vasocongestión. En el hombre comienza la erección (controlada por el Sistema Nervioso Parasimpático), aumenta la tensión en el escroto, se elevan los testículos y existen contracciones irregulares del recto. También se producen cambios comunes para ambos sexos, como el rubor sexual, aumenta la tasa cardiaca y la presión arterial.

  3. Fase orgásmica: Esta fase consiste en el punto culminante del placer sexual, con la eliminación de la tensión sexual que se produce en forma voluntaria y repentina, cuando esta estimulación alcanza la máxima intensidad. Es el clímax de la respuesta sexual, en esta fase se producen los cambios fisiológicos más importantes, constituye desde el punto de vista psicológico el momento más placentero. En la mujer el orgasmo consiste en contracciones rítmicas de 0.8 segundos de duración entre 5-12 veces de la musculatura vaginal y perineal y de la plataforma orgásmica, produciéndose además contracciones involuntarias del esfínter anal y de otros músculos. En el hombre las contracciones de la uretra y de los músculos pélvicos hacen que el pene experimente contracciones que provocan la eyaculación del fluido seminal, que es percibido como el orgasmo propiamente dicho. Como en la mujer estas contracciones también son acompañadas de contracciones del recto. En esta fase en ambos sexos continúan los incrementos iniciados en las fases anteriores de la tasa cardiaca, presión arterial y tasa respiratoria.

  4. Fase de resolución: Se produce una pérdida progresiva de la tensión sexual y la vuelta gradual del organismo al estado previo a la fase de excitación. Todo esto en un tiempo aproximado de 15 a 30 minutos. Los hombres entran en un periodo refractario durante el cual es difícil que puedan conseguir la erección y obtener otro orgasmo, la duración de esta es variable aumentando su duración con la edad (minutos, horas). Las mujeres nunca son refractarias al orgasmo por lo que son capaces de experimentar orgasmos múltiples o repetidos en un periodo corto.

La división de la respuesta sexual en estas fases, tiene un fin netamente funcional e informativo, ya que la respuesta puede tener variaciones de un individuo a otro, es así como otros autores como Master y Johnson describen otra fase entre la de excitación y la de orgasmo, llamada "fase de meseta" que consiste en una aceleración de la fase de excitación, en el hombre el pene llega a la erección máxima, en la mujeres produce la contracción de las paredes vaginales formándose la plataforma orgásmica. Además otros autores como Carrobles señalan la existencia de una fase posterior llamada "fase de satisfacción" en la cual hay sensación de relajación y bienestar subjetivo.

Cambios fisiológicos en las 4 fases de la respuesta sexual (Master y Johnson, 1966; Labrador, 1994)

.

Fases

Hombre

Mujer

Del deseo

  • presencia de pensamientos o fantasías sexuales.

  • Deseo de actividad sexual

  • Posibles cambios hormonales.

  • presencia de pensamientos o fantasías sexuales.

  • Deseo de actividad sexual. - Posibles cambios hormonales.

  • De excitación

    • Erección rápida del pene

    • Elevación del escroto y los testículos.

    • Contracciones musculares involuntarias

    • Incremento de la tasa cardiaca.

    • Incremento de la presión arterial.

  • Lubricación vaginal rápida.

  • Aumento de tamaño y elevación del útero y cuello uterino con aparición de contracciones rápidas e irregulares.

  • Aumento del tamaño del clítoris.

  • Aumento del tamaño de los pechos.

  • Hinchazón areolar.

  • Rubor sexual que se extiende desde el esternón y la zona superior del abdomen al pecho.

  • Aumento de la tensión muscular.

  • Contracción muscular involuntaria.

  • Incremento de la tasa cardiaca.

  • Incremento de la presión arterial.

  • Orgasmo.

    • Inevitabilidad eyaculatoria.

    • Contracciones de uretra y pene en la eyaculación.

    • Contracciones musculares de la región pélvica.

    • Aumento de la tasa cardiaca hasta 180 latidos por minuto.

    • Aumento de la presión arterial.

    • Aumento de la frecuencia respiratoria.

  • Contracciones del tercio externo de la vagina.

  • Contracciones del útero.

  • Contracciones del esfínter anal.

  • El clítoris permanece retraído y oculto.

  • Máximo desarrollo del rubor sexual.

  • Contracciones musculares involuntarias.

  • Aumento de la tasa cardiaca hasta 180 latidos por minuto.

  • Aumento de la presión arterial.

  • Aumento de la frecuencia respiratoria.

  • Resolución.

    • Rápida desaparición de la erección.

    • Reducción del tamaño y descenso de los testículos.

    • Rápida desaparición del rubor sexual.

    • Rápida desaparición de la tensión muscular.

    • Disminución de la tasa cardiaca.

    • Disminución de la presión arterial.

    • Disminución de la frecuencia respiratoria.

    • Sudoración.

  • Desaparición de la lubrificación y la distensión vaginal.

  • Desaparición de la coloración de los labios menores y vuelta a su tamaño normal.

  • El clítoris vuelve a su posición.

  • Disminución del tamaño y descenso del útero.

  • Rápida desaparición del rubor sexual.

  • Rápida disminución de la hinchazón de las areolas y reducción de la erección de los pezones.

  • Progresiva disminución del tamaño de los pechos.

  • Rápida desaparición de de la tensión muscular.

  • Disminución de la tasa cardiaca.

  • Disminución de la presión arterial.

  • Disminución de la frecuencia respiratoria.

  • Sudoración

  • A raíz de estas fases se han podido clasificar las disfunciones sexuales dependiendo de la fase en la que se presenta.

    Las disfunciones sexuales se clasifican en orgánicas y no orgánicas.

    1. Disfunciones sexuales de tipo orgánico: La eficiencia sexual requiere de un sistema reproductor sano y libre de defectos vasculares, hormonales y neurológicos. Esto significa que pueden haber factores orgánicos que comprometan la función sexual. Es importante destacar que los neurolépticos pueden provocar impotencia, los antidepresivos, el litio y el haloperidol provocan problemas tanto de la excitabilidad como del orgasmo, Los andrógenos suelen incrementar el deseo sexual. Finalmente el alcohol, las anfetaminas, la cocaína y la marihuana en dosis pequeñas aumentan el deseo, pero dificultan, a veces, la excitación.

    2. Disfunciones sexuales no orgánicas: Las causas no orgánicas se diferencian en: causas remotas, inmediatas y derivadas de conflictos de pareja.
       

      1. Causas remotas :

        • La crianza y el desarrollo en una atmósfera cultural religiosa, social y familiar inhibitoria y represiva de lo erótico, que creó un sistema de valores sexuales negativos, puede ser la base de la impotencia primaria, disfunción orgásmica femenina o incapacidad eyaculatoria.

        • Experiencia traumática o de fracaso en los primeros contactos sexuales puede provocar impotencia, disfunción orgásmica y vaginismo. Así también, primeras experiencias en condiciones inadecuadas pueden ocasionar una eyaculación precoz.

        • Atmósfera de relaciones interpersonales destructivas que bloquea el desarrollo de relaciones gratificadoras.

        • Aspectos de personalidad neurótica como depresiones crónicas, pasividad, inseguridad, histeria, obsesiones, ansiedad, competitividad con el otro sexo, etc.

      2. Causas inmediatas: Cualquier fracaso sexual ocasional puede generar angustia, rendimiento y rol de espectador que bloquee el desempeño. El temor al fracaso, la exigencia de un buen desempeño, la necesidad exclusiva de complacer al compañero, crean una ansiedad destructora de la eficiencia sexual y dificulta la percepción de los estímulos eróticos. Lo mismo ocurre con la vergüenza o la culpa.

      3. Causas basadas en los conflictos de pareja: Cualquier conflicto de pareja, crónico o circunstancial puede estar a la base de una disfunción sexual. Celos, infidelidad, rechazo, resentimiento y envidia, competitividad, mala comunicación, conflicto de roles, desacuerdos en manejos económicos y crianza de los hijos, narcisismo, homosexualidad, etc, crean discordancia, falta de confianza, agresividad o desprecio que obstruyen un funcionamiento sexual óptimo y gratificante.

    Entre las causas psicológicas Master y Johnson propone distinguirlas entre factores personales e interpersonales:

    1. Factores personales:

      • Falta de información sobre sexualidad.

      • Aceptación de mitos culturales irracionales.

      • Miedo anticipado a la relación sexual.

      • Miedo al embarazo.

      • Miedo a las enfermedades venéreas.

      • Miedo al rechazo.

      • Miedo a la pérdida del control.

      • Miedo al dolor.

      • Miedo a la intimidad.
         

    2. Factores interpersonales:

      • Deficiente comunicación.

      • Luchas de poder en la pareja.

      • Hostilidad hacia la pareja.

      • Desconfianza.

      • Falta de atracción física.

      • Diferencias en actitudes hacia el sexo o preferencias sexuales.

    Además en 1988 Hawton distingue las causas psicológicas según el momento en el que actúan, y así las señala como factores que predisponen, precipitan y mantienen la disfunción:

    1. Factores que predisponen:

      • Educación moral y religiosa restrictiva.

      • Relaciones entre padres deterioradas.

      • Inadecuada educación sexual.

      • Experiencias traumáticas durante la infancia.

      • Inseguridad en el rol psicosexual durante los primeros años.
         

    2. Factores que precipitan:

      • Parto.

      • Problemas generales en la relación de pareja.

      • Infidelidad.

      • Expectativas poco razonables.

      • Disfunción en la pareja con la que se interacciona.

      • Algún fallo esporádico.

      • Reacción a algún trastorno orgánico.

      • Edad (por el cambio de las respuestas debido a estas).

      • Depresión y ansiedad.

      • Experiencias sexuales traumáticas.
         

    3. Factores que mantienen la disfunción:

      • Ansiedad ante la interacción sexual.

      • Anticipación de fallo o fracaso.

      • Sentimientos de culpabilidad.

      • Falta de atracción entre los miembros de la pareja.

      • Comunicación pobre entre los miembros de la pareja.

      • Problemas generales en la relación de pareja.

      • Miedo a la intimidad.

      • Deterioro de la auto imagen.

      • Información sexual inadecuada.

      • Escaso tiempo dedicado al galanteo o caricias antes de pasar al coito.

      • Trastornos comportamentales (depresión, alcoholismo, anorexia, ansiedad, etc.)

    Caben destacar los siguientes factores en la mayor parte de las disfunciones sexuales:

    • Ansiedad o angustia asociada a las interacciones sexuales.

    • Falta de habilidades y conocimientos sexuales propios y de la pareja.

    • Adopción del "rol del espectador" en el que la persona está constantemente evaluando su desempeño durante el coito.

    • Inadecuada información sexual.

    • La inadecuada educación sexual hace que los padres no informen de manera adecuada a sus hijos, por propio desconocimiento o por no saber como hacerlo.

    Categorías diagnósticas

    Existen diferentes sistemas de clasificación para las disfunciones sexuales. Comenzando en 1970 con Master y Johnson que reducían la clasificación a un listado de problemas especificando sólo lo estrictamente biológico dejando de lado el componente psicológico de las disfunciones sexuales. Luego, la clasificación de Kaplan, entre 1974 y 1979, intenta organizar una clasificación en función de la fase del ciclo sexual en el que aparece el problema.

    Estas clasificaciones tradicionales dificultan muchas veces la categorización de una disfunción sexual concreta. Dado que estos trastornos pueden ser consecuencia de distintos factores tanto orgánicos como funcionales. Una solución a esta problemática es el sistema de clasificación tipológico funcional de Carrobles y Sanz (1991), el cual combina el análisis funcional de la conducta con las clasificaciones tipológicas tradicionales (Master y Johnson, Kaplan, etc), aprovechando así las ventajas que presentan cada uno de estos sistemas. Esta clasificación está basada en la respuesta sexual integrada por fases que presentan dos características importantes, por un lado muestra un paralelo entre disfunciones sexuales del hombre y la mujer, y otro, en cada disfunción se tienen en cuenta diferentes dimensiones:

    1. Temporal: Es primaria si la disfunción se da desde siempre, o secundaria si aparece a partir de un determinado momento.

    2. Situacional: Se considera general si está presente en todas situaciones, o situacional si aparece en situaciones concretas.

    3. Grado de severidad: Total si la afectación se da en su máximo nivel o parcial cuando la alteración es total.

    4. Etiológica: Orgánica o funcional dependiendo de las causas que están provocando la disfunción.

    Clases de trastornos

    En las disfunciones sexuales se incluye una gran variedad de trastornos sexuales con una característica común: de tener lugar o afectar a las relaciones sexuales entre parejas, ya sean heterosexuales u homosexuales, y referidas a actividades sexuales que son consideradas normales, actividades usualmente practicadas por las parejas, dejando fuera de esta lista las parafilias y los trastornos de identidad sexual.

    Se indica que para diagnosticar una disfunción sexual, esta debe llevar más de seis meses, y debe provocar malestar subjetivo en la persona o la pareja.

    TRASTORNOS DEL DESEO SEXUAL

    El deseo sexual es el componente de la actividad sexual cuya definición entraña más dificultades, principalmente por el protagonismo que tienen en el deseo sexual los componentes psicológicos, mucho más que en las otras fases como la excitación, orgasmo o resolución para cuya definición se recurre a elementos mucho más empíricos , objetivos y de naturaleza orgánica fisiológica.

    La variedad de los problemas que se incluyen en esta categoría son muchas, entre las cuales se incluyen el deseo sexual inhibido o hipoactivo caracterizado por un déficit en las fantasía sexuales y en el deseo de actividad sexual, el trastorno por aversión al sexo que supone una aversión extrema donde se evita todos o casi todos los contactos genitales con una pareja sexual. Además el CIE- 10 se agrega en esta categoría el impulso sexual excesivo.

    Deseo sexual hipoactivo o inhibido:

    Características diagnósticas:

    Recibe también las denominaciones de apatía sexual, falta de deseo sexual o falta de interés por el sexo, donde la característica general en todos ellos es la ausencia o deficiencia de fantasías sexuales y deseo de actividad sexual de forma persistente o recurrente, es decir, son aquellas personas que no tienen apetito sexual, no se sienten atraídas por el sexo y por la posibilidad de llevar a cabo relaciones o conductas sexuales en general. Este interés anormalmente bajo por el sexo, hace que el sujeto no busque la gratificación sexual aunque se encuentre disponible y tenga intacta la capacidad para realizar el acto sexual. La alteración provoca malestar acusado o dificultades en las relaciones interpersonales.

    La apatía no solo tiene que ver con la carencia subjetiva de desinterés por realizar el coito, incluye también el desinterés por toda conducta sexual como la masturbación, la falta de pensamientos, ensoñaciones y fantasías sexuales, la falta de atención al material erótico, la no percepción del atractivo de la persona en especial de aquellas que pueden ser compañeras sexuales, y la falta de sensación de frustración si no se puede dar rienda suelta a la sexualidad. Generalmente estas personas no inician casi nunca la relación sexual y solo la llevan a cabo a regañadientes, cuando es la pareja la que lo decide. A pesar que la frecuencia de experiencias sexuales es habitualmente baja, la presión que ejerce la pareja o las necesidades de tipo no sexual pueden incrementar la tasa de relaciones sexuales.

    La disminución del deseo sexual de un miembro de la pareja puede reflejar un aumento excesivo del deseo sexual en el otro, dentro del margen de la normalidad pero en polos opuestos.

    En la práctica clínica las personas que acuden a la consulta por problemas de deseo sexual lo hacen porque otra persona, su pareja sexual, no está satisfecha con su interés por el sexo y por los problemas que ello ocasiona en la relación.

    El deseo sexual inhibido presenta variaciones importantes, desde personas que manifiestan una ausencia de interés por el sexo, pero son capaces de atender a los estímulos de la pareja y experimentan excitación y orgasmo, hasta las que están desinteresadas en iniciar la actividad sexual y además rechazan las aproximaciones sexuales de su pareja. Las reacciones de las personas que presentan esta disfunción también son diferentes. En unos casos, la persona con deseo sexual inhibido se presta e incluso incita a su pareja a llevar a cabo relaciones sexuales (recordando que en este trastorno el funcionamiento sexual no suele estar alterado), aunque no le atraigan en absoluto. Otro tipo de gratificaciones como el placer que se observa en la pareja, o la intimidad, el estrecho contacto, parecen compensarla. En otros casos las personas toleran o soportan el contacto corporal como recurso para mantener la pareja, este suele ser frecuente en la mujer recurriendo con frecuencia a distraerse durante el coito utilizando su cuerpo mecánicamente de manera que su compañero pueda eyacular de forma rápida y así terminar el coito. Este tipo de solución puede llevar a un fuerte antagonismo respecto al sexo y hostilidad de las personas afectadas por el trastorno contra el miembro el miembro de la pareja que disfruta. Por último, algunas personas con deseo sexual inhibido experimentan un rechazo completo por el deseo sexual haciendo todo lo posible por evitar las relaciones sexuales, lo que dificulta las relaciones con su pareja.

    Las reacciones de la pareja del que sufre de deseo sexual inhibido son muy variadas, algunas parejas interpretan el problema como un cuestionamiento de su capacidad sexual y amatoria, entendiendo el deseo sexual inhibido como un rechazo personal, en otros casos, en especial cuando es la mujer la que experimenta el deseo sexual inhibido, el hombre puede llegar a considerarlo normal, pues con frecuencia su inadecuada educación lo llevara a pensar que la mujer no es capaz de disfrutar en estar relaciones, o que "lo que debe hacer es proporcionar placer al hombre".

    Lo más frecuente es que el deseo es que el deseo sexual inhibido se haya desarrollado a partir de ciertas experiencias, como la impotencia, trastorno anorgásmico, etc. Por ellos es importante determinar si el deseo sexual inhibido es el problema principal o si es la consecuencia de otro problema sexual que le acompaña.

    Subtipos:

    Se pueden distinguir entre deseo sexual inhibido general, donde existe una falta general de apetito sexual. Deseo sexual selectivo, donde la falta de interés está restringida a una (s) sola persona (s) pero no a otra (s) o un tipo de actividad sexual determinada como el coito pero no la masturbación.

    Otra distinción se hace entre deseo sexual primario (de toda la vida), cuando la falta de interés sexual ha estado presente en la persona siempre; o deseo sexual inhibido secundario (adquirido), cuando esta falta de interés se ha desarrollado aún cuando en momentos anteriores este interés estaba presente, este última se da más frecuentemente que el primario.

    Y por último se distinguen entre factores etiológicos, como factores psicológicos como una crianza represiva de lo erótico, y factores combinados donde se presenta el trastorno a partir de causas psicológicas y orgánicas.

    Curso:

    La edad de inicio para el deseo sexual inhibido de toda la vida es la pubertad, además, con frecuencia, se presenta en la vida adulta, después de haber tenido interés sexual normal, tiene relación con un malestar psicológico, con acontecimientos estresantes o problemas interpersonales. Esta pérdida del deseo sexual puede ser continua o episódica, según los factores psicológicos o de relaciones de pareja. En algunos casos aparece un patrón fijo de falta de deseo sexual, cada vez que se debe hacer frente a problemas relacionados tanto con la intimidad como con los compromisos.

    Síntomas o trastornos asociados:

    Las causas de este trastorno van generalmente asociadas a problemas de excitación sexual o a dificultades para llegar al orgasmo. El deseo sexual inhibido puede ser la disfunción más importante o la consecuencia del malestar emocional producido por las alteraciones de la excitación y el orgasmo. Sin embargo, existen individuos con deseo sexual inhibido que conservan la capacidad de experimentar una excitación y un orgasmo normal en respuesta a la estimulación sexual. También es importantes en este trastorno encontrar causas orgánicas como trastornos endocrinos, insuficiencia renal, diabetes, etc, o consumo de ciertas sustancias como fármacos antihipertensivos, psicotropos, antidepresivos, alcohol, opiáceos, etc. Estas enfermedades médicas pueden producir un efecto nocivo no específico sobre el deseo sexual, debido a: debilidad o dolor.

    Causas:

    Las causas más importantes en la presencia de este trastorno, son las causas psicológicas y psicosociales, en las que se mencionan los estados depresivos, el bajo nivel de autoestima, un pobre concepto de la propia imagen corporal y en especial la ansiedad, las que pueden manifestarse como miedo a las relaciones sexuales; a causa de una educación rígida, en las que el sexo tiene un carácter sucio y degradante. Otra manifestación es la pérdida de intimidad y ansiedad ante el embarazo. De la misma manera, el deseo sexual inhibido puede ser resultado de dificultades en la relación de pareja, como también de situaciones de carácter aversivas relacionadas con el sexo como violaciones, embarazos no deseados, desengaños amorosos, etc. También es frecuente que una persona con una disfunción sexual, por ejemplo impotencia acabe desarrollando un problema de deseo sexual inhibido asociado a esta disfunción. Por último existen otras causas que pueden contribuir a la aparición de este trastorno como el aburrimiento sexual provocado por la reiteración y la rutina en las conductas y hábitos sexuales. Esta reiteración sexual se da por el gran peso a consideraciones culturales incorrectas, tales como que el marido es el que debe comenzar la relación o, que solo hay una forma normal de llevar a cabo la relación sexual, entre muchas otras.

    Prevalencia:

    El deseo sexual hipo activo o deseo sexual inhibido constituye un problema cuya frecuencia crece aparentemente de forma progresiva en la población general, manejándose cifras globales de alrededor de un 10% para los hombres y entre un 40 y 50% para las mujeres.

    El deseo sexual inhibido es más frecuente en las mujeres y es una de las causas por las que principalmente acuden a la consulta, siendo menos frecuente en los hombres quienes además muy rara vez acuden a consulta por este problema. Una de las causas de esto puede ser que el varón está educado en un medio social que da por supuesto que el hombre siempre ha de estar dispuesto a desarrollar conductas sexuales pudiendo encontrar doloroso e incluso humillante reconocer su falta de interés sexual.

    Diagnóstico diferencial:

    El deseo sexual inhibido debe diferenciarse con:

    Trastorno sexual debido a una enfermedad médica. Cuando el trastorno es causado exclusivamente por efectos fisiológicos de una enfermedad médica, como las alteraciones neurológicas, hormonales y metabólicas que pueden alterar los sustratos fisiológicos del impulso sexual. Cuando hay deseo sexual inhibido y enfermedad médica, pero se sabe que el trastorno sexual no se debe exclusivamente a los efectos fisiológicos directos de este trastorno, es necesario efectuar el diagnóstico de deseo sexual hipoactivo debido a la combinación de factores.

    Trastorno sexual inducido por sustancias. Este trastorno se produce por los efectos directos de una sustancia, mencionadas anteriormente. Cuando se observa un deseo sexual inhibido junto a consumo de sustancias se diagnostica como trastorno por factores combinados.

    No es necesario efectuar el diagnóstico de deseo sexual hipoactivo si la disminución del deseo sexual se explica mejor por la presencia de otros trastornos, como el trastorno depresivo mayor, trastorno obsesivo compulsivo, trastorno por estrés post traumático, entre otros.

    Los problemas eventuales del deseo sexual que no son recurrentes o que no se acompañan de malestar, o dificultades de relaciones interpersonales no se consideran deseo sexual inhibido.

    Trastorno por aversión al sexo:

    Características diagnósticas:

    La característica principal de este trastorno es la evitación de manera activa de todo contacto genital con la pareja, este problema se cataloga a veces como fobia al sexo, ya que, al igual que en las fobias, en el trastorno por aversión al sexo se producen intensas reacciones corporales como incremento de la tasa cardiaca, sudoración intensa, aumento de la tensión muscular, tan solo con imaginar alguna actividad sexual.

    Esta alteración provoca gran malestar o dificultades en las relaciones interpersonales, el individuo sufre ansiedad, miedo o aversión a la hora de intentar una relación sexual con otra persona.

    Existen aversiones al contacto genital específicas, como por ejemplo, aversión a la secreción vaginal o a la penetración vaginal, además, algunos individuos muestran repugnancia por todos los tipos de conducta sexual, incluso los besos y los contactos superficiales.

    La intensidad de la reacción del sujeto frente al estímulo aversivo puede ir desde una ansiedad moderada y una ausencia del placer, hasta un malestar psicológico extremo.

    Subtipos:

    Se pueden distinguir entre trastornos por aversión al sexo:

    1. De toda la vida o adquirido.

    2. En contextos generales o situacionales.

    3. Por causas psicológicas o por factores combinados.

    Síntomas y trastornos asociados:

    Existen individuos, como mencionamos en las características diagnósticas, que presentan formas graves de este trastorno que, ante una situación de tipo sexual pueden sufrir crisis de angustia, con ansiedad extrema, terror, desmayos, nauseas y palpitaciones, mareos y dificultades para respirar.

    Estas personas pueden evitar las situaciones de tipo sexual o los compañeros sexuales mediante estrategias de distinto tipo, como por ejemplo acostándose pronto, viajando, descuidando la imagen externa, tomando sustancias o volcándose excesivamente en actividades familiares, sociales o laborales.

    Causas:

    Las causas más frecuentes de la aversión sexual tienen relación con actitudes negativas hacia la sexualidad debida a una educación rígida e inadecuada, las experiencias previas de violencia sexual, a presiones constantes por parte de la pareja sexual para realizar algún tipo de actividad sexual no deseada, o experiencias sexuales desagradables, además se puede presentar a causa de problemas en la identidad de género.

    Prevalencia:

    Se puede afirmar, en base a la experiencia clínica, que se trata de un problema infrecuente, especialmente en sus versiones extremas y de mucho menor prevalencia que los problemas de deseo sexual inhibido. Pero se puede afirmar que las mujeres parecen presentar este problema con mayor frecuencia que los hombres.

    Diagnóstico diferencial:

    Este trastorno puede estar asociado con otras disfunciones, como la dispareunia, cuando esto se produce debe indicarse la presencia de los dos trastornos. No se efectúa un diagnóstico de trastorno por aversión al sexo si la aversión se explica de mejor manera por la presencia de otros trastornos, como por ejemplo, la depresión, el trastorno de estrés post traumático y el obsesivo compulsivo, entre otros.

    A pesar de que este trastorno puede cumplir con el criterio de la fobia específica, o debe efectuarse este diagnostico adicional.

    La aversión sexual ocasional que no va acompañada de malestar acusado o dificultad en las relaciones interpersonales no se considera trastorno por aversión al sexo.

    Impulso sexual excesivo:

    Características diagnósticas:

    Tanto en los varones (satiriasis), como en las mujeres (ninfomanía) puede existir una queja ocasional de un impulso sexual excesivo como un problema en sí mismo. Consiste en una demostración excesiva de deseo y necesidad de realizar el coito.

    Curso:

    Este impulso se produce generalmente durante el final de la adolescencia y el comienzo de la edad adulta.

    Diagnóstico diferencial:

    Cuando el impulso sexual excesivo es secundario a un trastorno del humor se diagnóstico como impulso sexual excesivo.

    Cuando este trastorno aparece en los estadios iniciales de la demencia también se debe diagnosticar como impulso sexual excesivo.

    TRASTORNOS DE LA EXCITACIÓN.

    La excitación sexual constituye una de las fases centrales dentro de la respuesta sexual humana, y se caracteriza por la aparición de un conjunto de cambios orgánico fisiológicos junto a la experiencia subjetiva de excitación sexual en los sujetos. Estos cambios son claramente observables a través del registro de los mismos, son reacciones muy variadas y pueden tener lugar a nivel de órganos genitales como extragenitalmente.

    El grupo de los trastornos de la excitación sexual abarcan los trastornos de la excitación en la mujer, y trastornos de la erección en el hombre.

    Trastorno de la excitación sexual en la mujer (fracaso de la respuesta genital)

    Características diagnósticas:

    Este trastornos está definido como la incapacidad persistente, parcial o completa de obtener o mantener la respuesta de lubricación propia de la excitación sexual hasta la terminación de la actividad sexual, o bien, como la carencia de una sensación subjetiva de excitación sexual y de placer durante la actividad sexual.

    La alteración provoca malestar acusado y dificultades en las relaciones interpersonales; no se explica mejor por la presencia de otros trastornos a excepción de otra disfunción sexual y no se debe a los efectos fisiológicos directos de una sustancia, incluso fármacos o una enfermedad médica.

    Subtipos:

    El trastorno de la excitación sexual en la mujer se clasifica en los siguientes tipos.

    1. Toda la vida o adquirido.

    2. En contextos generales o situacionales.

    3. Por causas psicológicas o por factores combinados.

    Síntomas y trastornos asociados:

    Algunas investigaciones sugieren que el trastorno de la excitación sexual en la mujer se acompañan a menudo de trastornos del deseo sexual y de trastorno orgásmico femenino.

    La mujer que sufre este trastorno puede tener poca o nula sensación subjetiva de excitación sexual. El trastorno puede provocar dolor durante el coito, evitación sexual, y alteraciones de las relaciones interpersonales y motivacionales.

    Diagnostico diferencial.

    Trastorno sexual debido a una enfermedad médica. Se diagnostica de esta manera siempre que el trastorno este producido exclusivamente por los efectos fisiológicos de este trastorno, por ejemplo, disminución de niveles de estrógeno durante la menopausia, etc. Como también se ha descrito una reducción de la lubricación durante el periodo de lactancia. Si coexiste el trastorno de la excitación sexual en la mujer y una enfermedad médica, pero el trastorno sexual no es debido exclusivamente a los efectos fisiológicos directos de esta última debe efectuarse entonces el diagnostico de trastorno de la excitación sexual en la mujer es debido a: factores combinados.

    Trastorno sexual inducido por sustancias. El trastorno se debe solo a los efectos fisiológicos directos del consumo de la sustancia, por ejemplo, lubricación disminuida producida por antihipertensivos o antihistamínicos. Si coexisten el trastorno de excitación sexual en la mujer y el consumo de sustancias, debe establecerse entonces el diagnostico de trastorno de la excitación en la mujer debido a factores combinados.

    El trastorno de excitación sexual en la mujer puede presentarse junto con otros trastornos sexuales como el trastorno orgásmico femenino. Si esto ocurre deben anotarse ambos trastornos.

    Los trastornos ocasionales de la excitación sexual no persistentes y que no se acompañan de malestar acusado y de dificultad en las relaciones interpersonales no se considera trastorno de la excitación sexual en la mujer. Tampoco es correcto efectuar un diagnostico de este trastorno si la alteración de la excitación se debe a una estimulación sexual no apropiada en cuanto a objeto, intensidad y duración.

    Trastorno de erección o disfunción erectiva, impotencia, fracaso de la respuesta genital.

    Características diagnósticas:

    A partir del vocablo latino impotencia (falta de poder o fuerza), se ha denominado tradicionalmente como impotencia a la incapacidad para realizar el acto sexual por no alcanzar o mantener la suficiente erección del pene para introducirlo o mantenerlo introducido en la vagina durante el tiempo normal del coito, también puede ser debido a la falta de sensaciones subjetivas de excitación sexual y placer durante la actividad sexual.

    Esta alteración provoca dificultades en las relaciones interpersonales.

    Existen distintos patrones de trastorno eréctil. Algunos individuos explican la incapacidad para obtener la erección en el inicio de la relación sexual; otros, en cambio, consiguen una erección normal pero la pierden al intentar la penetración; otros pueden obtener una erección suficiente para la penetración pero la pierden durante los movimientos coitales; también existen personas que son capaces de presentar erecciones solo durante la masturbación o por las mañanas al levantarse.

    Subtipos:

    El trastorno eréctil puede clasificarse en:

    1. Toda la vida o adquirido.

    2. En contextos generales o situacionales.

    3. Por causas psicológicas o por factores combinados.

    Causas:

    Este trastorno se asocia a las siguientes causas:

    1. Causas Psicológicas:

      • Ansiedad por el rendimiento.

      • Exigencias ante la realización del acto.

      • Duelo por fallecimiento de seres queridos.

      • Crisis vitales como separaciones, divorcios o nacimientos.

      • Conflictos psicológicos post quirúrgicos.

      • Anticipación del fracaso,

      • Temor al compromiso.

    2. Causas inmediatas:

      • Ansiedad ante el acto o temor al fracaso sexual.

      • Presión desmedida por exceso de la demanda por parte de la mujer.

      • Necesidad o deseo excesivo de complacer a la pareja.

      • Incapacidad para dejarse llevar por los sentimientos eróticos.

    3. Causas Psiquiatricas:

      • Cuadros depresivos.

      • Cuadros psicóticos, esquizofrenia, bipolares.

      • Trastorno obsesivo compulsivo.

      • Temor al fracaso.

      • Trastornos de ansiedad.

      • Fobias.

      • Estrés agudo o crónico.

      • Factores medicamentosos derivados del tratamiento de estos pacientes: antidepresivos, antisicóticos, tranquilizantes mayores, litio.

    4. Causas diádicas o de pareja:

      • Conflictos de pareja.

      • Medio ambiente antierótico.

      • Lucha por el poder.

      • Problemas de comunicación.

      • Falta de estímulos adecuados.

      • Vínculos agresivos.

      • Discordia y peleas maritales.

    5. Causas situacionales:

      • Desinformación (analfabetismo sexual).

      • Inadecuación a una etapa de la vida.

      • Falsas expectativas.

      • Temor al embarazo de la pareja.

      • Antecedentes de eyaculación precoz.

      • Antecedentes de bajo deseo sexual.

    Curso:

    Las distintas formas de este trastorno presentan diferentes cursos y la edad de inicio varia de manera sustancial. Existen estudios que indican que hay mayor probabilidad de tener impotencia a medida que aumenta la edad, por ejemplo, mientras que en la población general solo se observa alrededor de un 20% de problemas de erección en hombres de 60 años, la cifra se dispara hasta 75% en caso de hombres de más de 80 años, siendo muy infrecuentes los casos de impotencia en hombres de edades comprendidas entre los 20 y los 50 años, y cuando se dan son debido normalmente a causas casi exclusivamente psicológicas.

    Los pocos individuos que nunca han sido capaces de tener una erección de intensidad suficiente como para llevar a cabo el acto sexual completo padecen un trastorno crónico. Los casos que son adquiridos remiten espontáneamente en un 15 al 30% de las veces.

    Es necesario indicar que para diagnosticar la impotencia este problema ha de presentarse en al menos el 25% de las relaciones o intentos de relación sexual.

    Los casos de tipo situacional pueden depender del tipo de compañero o de la intensidad o calidad de la relación y son de tipo episódico, con recurrencias frecuentes.

    Diagnóstico diferencial:

    El trastorno de erección en el varón debe diferenciarse del trastorno sexual debido a enfermedad médica, ya que, en trastorno sexual es debido exclusivamente a los efectos fisiológicos de una enfermedad médica, por ejemplo, diabetes mellitus. Cuando se produce un trastorno de la erección en el varón junto a una enfermedad médica, pero se sabe que la disfunción eréctil no es debida a los efectos fisiológicos directos de este trastorno, debe efectuarse entonces el diagnóstico de trastorno de la erección en el varón debido a factores combinados.

    El trastorno sexual inducido por sustancias, donde el trastorno es debido exclusivamente a los efectos fisiológicos directos de una sustancia como los antidepresivos, hormonas, tranquilizantes mayores, etc. Cuando el trastornos de la erección no se debe exclusivamente a efectos fisiológicos de esta sustancia, debe efectuarse, el diagnóstico de trastorno de la erección en el varón debido a factores combinados.

    El trastorno de la erección puede presentarse junto a otro trastorno sexual como por ejemplo la eyaculación precoz. En este caso deben anotarse ambos trastornos. No debe hacerse el diagnóstico aparte de este trastorno si el trastorno sexual se explica mejor por la presencia de otro trastorno, como por ejemplo los dichos en las causas psiquiátricas de la impotencia.

    El trastorno erectivo ocasional, que no es persistente y no se acompaña de dificultades en las relaciones interpersonales no se considera trastorno de la erección en el varón, como tampoco es correcto diagnosticar esta alteración si el trastorno eréctil es debido a una estimulación sexual inapropiada en cuanto a objeto, intensidad y duración.

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