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Introducción
La
masturbación es uno de los tabúes más acendrados en nuestra
cultura; la palabra quizás provenga del vocablo latino manus
stuprare, algo así como cometer
estupro contra uno mismo utilizando las manos. Si tenemos
presente que el término estupro
conlleva una acción vergonzosa o infamante, queda a la vista la
censura que la palabra masturbación lleva implícita. Ya que nos
referimos al origen de los términos, podría citarse una curiosidad
relacionada con la palabra onanismo
que, como se sabe, es otra manera de nominarla. Deriva de Onán,
personaje bíblico que, a la muerte de su hermano, le fue
ordenado por mandato divino copular con la viuda. Para no
embarazarla, el desdichado Onán,
eyaculó fuera de la vagina de su cuñada; tras lo cual, por la pérdida
de simiente y la desobediencia de la ley
de Levirato, fue castigado por Yahvé
(1) (2) (3) .
Podrá
observarse que, en realidad, más que un acto masturbatorio fue el
primer caso consignado de un método anticonceptivo -el coitus
interruptus- que, como nos dice el historiador francés
Philippe Ariès: “entre
toda la panoplia de pócimas, de fundas fálicas, de tampones
vaginales, de dispositivos y demás prácticas, sólo el coitus
interruptus -el “crimen de Onán”- era responsable de la
formidable inversión de la demografía contemporánea, de ese
descenso de la natalidad” (4).
Algo de
historia
En la
Biblia no aparece una prohibición expresa de su práctica, pero sí
en forma elíptica y alegórica como en el caso de la trasgresión
de Onán, ya que todo
acto sexual no destinado a la procreación era castigado, pues el
objetivo principal era el crecimiento y supervivencia del pueblo judío
(“creced y multiplicaos” dice
el precepto del Génesis) (2)
(5) (6) .
En sociedades desarrolladas como la egipcia y la grecorromana existía
–al menos entre las clases dominantes- un alto grado de
liberalidad sexual: hay referencias a cultos fálicos y a
masturbaciones en grupos en las fiestas (como las Saturnales
romanas) (3) (4) (7) . Entre las
civilizaciones precolombinas es difícil encontrar datos fehacientes
sobre el tema, pero por ciertas producciones artístico-ornamentales
(de neto corte fálico) cuando no educacionales, como es el caso de
los huacos eróticos
–vasijas- de Perú, y por las costumbres de algunos grupos indígenas
de la actualidad, que guardan similitud con sus antecesores en la
zona, puede inferirse que la masturbación era tolerada. En
algunas poblaciones indígenas de Colombia aún se acostumbra que,
cuando llega un invitado de otro lugar, sólo es aceptado como huésped
si se deja estimular los genitales en forma manual por un miembro
varón de la tribu (7).
La
represión de la masturbación
En los
comienzos del siglo XVIII, un monje inglés edita un panfleto donde
profiere terroríficas advertencias contra la masturbación y la
rebautiza onanismo. En
apariencia la primera obra médica dirigida contra la masturbación
apareció en 1710 y su autor fue un médico inglés llamado Becker,
quien publicó Onania, en
clara alusión bíblica (2).
La idea de que es un acto pecaminoso, contra
natura, comienza a transmitirse de generación en generación,
hasta que en 1758 este delito de confesionario pasa a ser aceptado
por la medicina de la época. Un médico suizo llamado Tissot
se convierte en su abanderado y llega a afirmar que la masturbación
era la más mortífera y
siniestra de las prácticas sexuales. Como producto del
contubernio religión-medicina comienza a desplegarse, de allí en más,
un amplio catálogo de enfermedades. Tissot
no sólo le atribuyó a la masturbación –en su propio tratado
llamado Onanismo y
advertencia al público en general con respecto a su salud- ser
la causa de agotamiento,
nerviosismo y locura, sino que llegó a sostener que al
daño físico y psíquico sobrevenía un daño moral con el castigo
divino consiguiente (2) (7). Allí también
afirmaba que la pérdida de
una onza de semen por vía masturbatoria era tan debilitante como la
pérdida de 40 onzas de sangre (2). Para ese médico
y sus seguidores el onanismo producía:
A lo
enumerado habría que agregarle las afirmaciones de la mitología
popular de que la práctica masturbatoria hace
aparecer pecas en la
cara, pelos en la palma de las manos, acné, descalcificación ósea,
crecimiento de verrugas; lleva a que se sequen los testículos, o se
caiga el clítoris (en el caso de las mujeres), o se reblandezca el
cerebro (1). Un educador alemán aconsejaba a
sus colegas que enfrentaran ante un espejo a un adolescente
sorprendido en actitud masturbatoria y le dijeran : “Ësta
es tu imagen de la muerte, el vicio te llevará a la tumba” (2).
Con razón
Michel
Foucault postulaba que “el
sexo del colegial llegó a ser un problema público durante el siglo
XVIII” (8). Así nace el concepto, en las ciencias
médicas, de locura
masturbatoria, definida académicamente por el psiquiatra alemán
Krafft-Ebbing (1886),
quien difundió la idea de que, en la base de ciertos cuadros psicóticos,
estaba la práctica masturbatoria (2).
La masturbación, definida como la autoestimulación genital a
solas, responde a una pulsión, a una necesidad de
reconocimiento corporal o de satisfacción del deseo a través de
caricias en los genitales. No me refiero solamente a la etapa
puberal: también la vemos en los niños muy pequeños, que incluyen
el hecho de tocarse entre
sus juegos más recurrentes. Hay quienes piensan que esta actividad
en los pequeños debería reprimirse, pero el castigo del toqueteo
o de la autoestimulación genital no tiene ninguna utilidad ni
resultado positivo: en la práctica no resulta. En este sentido podría
citar una infinidad de recursos aberrantes que se probaron con esa
finalidad represiva:
-
Atarlos
con sogas y cadena
-
Evitar
camas mullidas y habitaciones calefaccionadas
-
Quemarles
las manos con ladrillos calientes
-
Sujetar
el pene con unos bragueros o atarles campanillas
-
Cinturones
de castidad
-
Jaulas
con clavos, rodeando el pene, que lastimaban al erectar
-
Operaciones
mutilantes y castratorias
-
Clitoridectomía
-extirpación del clítoris- en la mujer
-
Cauterización
de la médula dorsal para desensibilizar los genitales (1)
(3) (7)
Otros
afirmaron que la eyaculación precoz es causada por la masturbación
pero no existe una relación lineal entre una y la otra. A lo sumo
podría decirse que muchos son eyaculadores precoces no por
masturbarse sino por masturbarse
incorrectamente. Esto quiere decir que muchos varones, cuando se
autoestimulaban, lo hacían sin solución de continuidad hasta
eyacular, sin interrupciones ni demoras. Otros, en cambio, con
intención de prolongar sus sensaciones placenteras, interrumpían
sus caricias o masajes cerca del momento límite, preorgásmico, y
luego volvían a comenzar, varias veces, hasta eyacular. Los
primeros responden al modelo masturbatorio del eyaculador precoz;
los que practicaron espontáneamente el parar
y arrancar no tuvieron, en la mayor parte de los casos, ese
problema.
Un
cambio de mentalidad
Recién
a fines del siglo XIX comienza a producirse un cambio de mentalidad
y a considerarse que la masturbación no era causa, sino que podía,
en los casos compulsivos, ser consecuencia de disturbios mentales.
Entre 1911 y 1912, en la Sociedad Psicoanalítica de Viena, hubo un Simposio
sobre el onanismo. Allí,
Freud habla de un retorno
terapéutico del onanismo; en el mismo encuentro,
Wilhelm Reich
llegará a decir que “si un
paciente logra su primer orgasmo, por lo menos masturbatoriamente,
es un logro en camino hacia la mejoría”. También sostenía
que los padres intentaban suprimir la sexualidad infantil para
facilitar la sumisión de los hijos al poder de la autoridad paterna
(3) (9).
Los aportes del médico vienés se dieron a conocer con el nombre de
Contribuciones para un debate
sobre el onanismo. En un párrafo Freud decía: “También
puede hablarse de un retorno terapéutico del onanismo. Muchos de
ustedes ya habrán hecho, como yo, la experiencia de que es un libre
progreso que el paciente ose de nuevo practicar el onanismo en el
curso del tratamiento” (10).
Para hablar de cifras, en 1953, el Informe
Kinsey consigna que un 92% de los varones y un 63 % de las
mujeres afirmaban haberse masturbado alguna vez (11). Es
interesante señalar que, en nuevas encuestas (Informe
Hite y otras) esta
diferencia entre los sexos tiende a reducirse cada vez más.
Como digresión literaria citaremos algunos escritores que en sus
obras comienzan a desdramatizar, cuando no a elogiar, esta práctica,
como es en los casos del norteamericano Henry Miller; la portuguesa
Anaïs Nin; Phillip Roth que, en su Lamento
de Portnoy, describe con lujo de detalles las prácticas
onanistas del personaje; la obra de Charles Bukowsky y
Woody Allen
(tanto en sus textos como en sus films); más cerca nuestro, Julio
Cortázar en su Libro de
Manuel, nos describe el caso de Lonstein,
un cultor del sexo a solas,
que ha llegado a perfeccionar la técnica requerida para disfrutarlo
al máximo y nos propone un auténtico Manual
del onanista consumado y feliz. O como en el caso de varios
personajes de mi novela La
cara de Dios que viven atrapados en una constante dualidad:
atemorizados por el anatema religioso y la vigilancia familiar,
tanto como tentados por los deseos de conocerse sexual y
genitalmente a través de la masturbación y de las fantasías
adolescentes. La lista sería larga e interminable mas deberíamos
rendirle tributo a nuestros geniales antecesores que se burlaron con
talento y exquisitez de los sectores conservadores y retardatarios: Bocaccio
y Aretino, Chaucer y Sterne, Petronio y Alphonse Donatien –el
divino marqués-, el colega Rabelais y
Voltaire, Vatsyáyána con su
Kamasutra.
Puede ocurrir que la masturbación responda a causas no eróticas
como estados obsesivo-compulsivos o como forma de calmar momentos de
angustia. Es aquella que se hace sin placer, como un ritual,
impulsivamente, o a la que se recurre frente a una situación
tensionante, a veces sin importar el lugar, el momento o el entorno.
Cualquier estado de angustia que provoque displacer, lleva a una
masturbación como manera de vivenciar, aunque efímera e
ilusoriamente, una sensación placentera pero no suele ser eficaz
para resolver ningún conflicto. Si un chico se estimula sus
genitales es parte de su desarrollo psicosexual, pero si lo hace en
público, en la escuela o de una manera irrefrenable, no es que
tenga un problema causado por la masturbación sino que se masturba
como consecuencia de una dificultad a la que no encuentra solución.
Otro sería el caso de aquellas personas que se masturban de manera
excluyente y no entablan relaciones con ningún sexo. Podría
encubrir personalidades esquizoides, introvertidas o fóbicas, o
aquellos con aversión sexual que temen el contacto con los otros y
prefieren refugiarse en un mundo de fantasías por temor a la
realidad.
Es bastante común que las parejas practiquen juegos de estimulación
manual-genital, pero a esto yo no lo llamaría masturbación (que, sensu
estricto, significa
estimulación sexual por uno mismo, a solas) ya que es un juego
erótico de estimulación compartida. Una variante sería
masturbarse mirando a la compañera; otra serían aquellos que
necesitan de la estimulación directa para poder concretar el acto
sexual. Por ejemplo, en los varones que han cruzado la barrera de
los 50, puede ser un recurso que utilicen ellos mismos frente a sus
parejas.
En otro orden de cosas, hay eyaculadores precoces que la utilizan
previamente para hacer más prolongado el coito, pero es un pésimo
recurso porque a medida que pasan los años, el período refractario
es más largo, la capacidad de recuperación disminuye y conseguir
una erección y, más aún, un segundo orgasmo, ya no resulta tan
sencillo como a los 20 o 30.
En los adolescentes se da con mayor frecuencia debido a la irrupción
de un intenso impulso sexual por la llegada de hormonas al torrente
sanguíneo, lo que produce una intensificación de la libido
(energía sexual). Los jóvenes pueden hacerlo una, dos o más
veces al día, sin que los afecte en nada, porque ese flujo hormonal
les otorga una pulsión sexual que necesitan canalizar y que su
plena vitalidad permite sin consecuencias ulteriores. Si bien es
cierto que disminuyen la frecuencia masturbatoria cuando comienzan a
hacer el amor con las chicas, suelen coexistir ambas prácticas (1).
No todos los varones se masturban igual: si es con la mano, hay
diferentes formas de frotar el pene. Está quien utiliza toda su
mano y aprieta fuerte el miembro y aquel que sólo utiliza el dedo
pulgar e índice a modo de anillo. Muchos, varones o mujeres, no
recurren a sus manos y se frotan contra el colchón o una almohada,
pero en algunos de estos casos donde se evidenció un rechazo a
tocarse podíamos ver, a posteriori, cuadros de eyaculación
retardada o ausente y anorgasmias o fobias sexuales. También
ciertas personas se excitan adicionando un estímulo anal o
acariciando partes de su cuerpo, otras disfrutan frotándose con
cremas, viendo películas pornográficas o mirando fotos de
desnudos.
En determinados casos podríamos detectar comportamientos patológicos,
como aquellos que se dan fuera de contexto. Si un individuo en vez
de hacerlo en su intimidad se masturba públicamente mirando
parejas, es evidente que estaría encuadrado en una parafilia
-cuando se necesitan de actos inusuales o extravagantes para
lograr la excitación- : en este caso son exhibicionistas
o voyeuristas (es interesante ver que es una parafilia
detectable, casi de manera excluyente, entre los varones). Otro
rasgo que podría denotar cierta distorsión de la norma es cuando
se vuelve un modo exclusivo de obtener placer. Habría que revisar
en estos casos qué es lo que impide relacionarse sexualmente con
otras personas porque, evidentemente, algo no está funcionando
adaptativamente en su estructura psicológica, hecho frecuente en
las aversiones y fobias sexuales.
La masturbación femenina ha sido más reprimida y censurada
culturalmente que la masculina. Si bien los varones, con o sin
culpa, lo hacen, muchas mujeres han inhibido tal posibilidad. Aunque
algunas de ellas no reconocen una masturbación directa, al
interrogarlas recuerdan ciertos juegos que son evidentemente sucedáneos
de ella, como por ejemplo colocarse las manos o un almohada entre
los muslos o frotarse contra la cama o algún borde. Si bien hay
mujeres que disfrutan de su sexualidad sin haber pasado por la etapa
de autoestimulación, observamos con gran frecuencia, en aquellas
que nos consultan por anorgasmia, que en sus antecedentes sexuales
no registran el haberse masturbado, lo que permite avizorar una
falta de permiso para explorarse y reconocerse genitalmente y esto
frecuentemente se liga con la dificultad de llegar al orgasmo (5).
De
un tabú a un arma terapéutica
En
Sexología hablamos de la posibilidad del empleo de la
autoestimulación con fines terapéuticos, siempre y cuando el
paciente lo acepte, para revertir casos de eyaculación precoz y
retardada, anorgasmias o disfunciones erectivas. Si bien excede los
marcos de este trabajo una detallada descripción del uso de la
autoestimulación en el marco de las Terapias Sexuales podemos decir
que es un instrumento técnico de primer orden (como es el caso de
las técnicas de parada-arranque,
a realizar fuera de la consulta, o el método de Semans)
en programas de tratamientos para eyaculación precoz, anorgasmias,
disfunción eréctil (7) (12)y fobias sexuales del varón
y la mujer. El objetivo inicial consiste en la eliminación de
tantos factores de inhibición como sea posible ya que muchas veces
la presencia de otra persona ejerce un efecto inhibidor importante,
hecho observable en las fobias sexuales. Se intenta reducir la
ansiedad y exigencias de rendimiento del paciente, dándole –a
través de técnicas conductuales, cognitivas o gestálticas- un
cierto “permiso” para
lograr el orgasmo o la erección (7) (12). Tendría que
destacar que las Terapias Sexuales suelen ser de mayor efectividad
cuando el tratamiento se hace en conjunto con la pareja. En el caso
del eyaculador precoz se intenta que sepa reconocer las sensaciones
preorgásmicas y detenerse a tiempo, cosa de lo que no tiene un
claro registro, para reeducar los tiempos internos del individuo en
aras de prepararse para sus encuentros sexuales posteriores (13).
Es dable observar que en muchos casos de eyaculación retardada o de
aneyaculación se detecta –amén de denotar una cierta estructura
obsesiva y controladora de las emociones-, que este tipo de
pacientes no se han tocado los genitales ni se masturbaron, salvo
por frotamiento en la cama, sin intervención de las manos y de una
manera ritualista. En estos casos, en los inicios de la terapia, se
intenta que logren autoestimularse tocándose los genitales y que
puedan eyacular –en algunos por primera vez en su vida- por vía
masturbatoria.
Algo similar ocurre con las mujeres anorgásmicas: hay una
cierta correlación entre su dificultad y la represión de
experiencias masturbatorias, incluso en su adolescencia (5)
(12). Es bastante común observar que en las anorgasmias
primarias se nota una ausencia de historia de autoestimulación
(incluso muchas veces refieren que ni se han mirado sus genitales:
hecho común en las fobias a la penetración, el vaginismo y el
matrimonio no consumado).
Por último quisiera señalar que la autoestimulación junto al estímulo
visual fue utilizada, en varones con disfunción eréctil de
variadas etiologías, en algunos trabajos de investigación con el
citrato de sildenafil -inhibidor selectivo de la fosfodiesterasa V-
y en estudios abiertos, naturalísticos, en pruebas de seguridad y
eficacia con este efectivo y novedoso fármaco (14) (15) (16)
(17) (18) (19) (20).
Conclusiones
La
masturbación puede acompañar a varones y mujeres hasta sus últimos
días y ser un elemento terapéutico en el abordaje de las
disfunciones sexuales. Insisto en la idea de que se trata de una práctica
íntima, privada, que puede asociarse o no con la relación que se
tenga con los otros. Es una manera de mantener activo el erotismo y
muchas personas recurren a la autoestimulación en momentos donde no
pueden, por circunstancias especiales, tener relaciones sexuales con
sus compañeros; por insatisfacción; por soledad o como una
variante más en el infinito marco de posibilidades que permite el
encuentro amoroso. La Sexología moderna no afirma que hay
que masturbarse de manera obligada ni que el que no lo hace es un
reprimido como tampoco creo que la masturbación deba ser
realizada, aconsejada y hasta tecnificada terapéuticamente de una
manera generalizada y unívoca.
Las creencias religiosas y los valores (concepto axiológico)
tienen vigor y, por otro lado, muchas personas no necesitan hacerlo
porque se encuentran sexualmente satisfechas. Pero también es
cierto que se debiera aceptar que, aquel que lo desee, por
insatisfacción, necesidad o alternativa, pueda masturbarse sin
culpa, censura, castigos ni temores (7).
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Fuente:
Sexo Vida -
http://www.sexovida.com
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