¿Qué
es?
El
diccionario de la RAE, define eyacular como “Lanzar con rapidez y
fuerza el contenido de un órgano, cavidad o depósito, en
particular el semen del hombre o de los animales”[1]
y precoz como “Proceso que aparece antes de lo habitual”[2].
Existen
varias expresiones sinónimas de eyaculación precoz, tales como
eyaculación prematura, eyaculación rápida, eyaculación
inoportuna, falta de control de la eyaculación, y control
eyaculatorio inadecuado o pobre.
Hasta
antes de las investigaciones de Kinsey (1948), en occidente el
hombre no se había preocupado por su tiempo de duración coital ni
por la velocidad de su eyaculación. Con anterioridad a la década
de los setenta, la eyaculación precoz era considerada como un
subtipo de impotencia, la que era definida como “la imposibilidad
de practicar normalmente el coito vaginal. Comprende trastornos de
la erección y de la eyaculación”[3].
Mientras que para otros autores “la impotencia psíquica puede
afectar... los actos preparatorios, la erección (que puede ser
incompleta o estar ausente), la eyaculación (que puede ser
retardada, selectiva o precoz) y los trastornos del orgasmo (que
pueden ser totales o parciales).” [4]
Con
posterioridad a los estudios de Masters y Johnson en los años
sesenta y setenta, la eyaculación precoz es reconocida como un
problema independiente de la impotencia, sin embargo, surge la
dificultad de definirla con precisión.
A
lo largo de la historia, se la definió acorde a diversos criterios,
que apuntaban al tiempo de duración coital (30 segundos), al número
de movimientos peneanos intravaginales, o al porcentaje de orgasmos
alcanzado por su pareja.
Para
algunos autores, la eyaculación precoz es aquella que se produce
antes de la penetración, siendo eyaculado el semen fuera de la
vagina. Es así como Kusnetzoff, hace una distinción entre
eyaculación precoz y rápida. “La eyaculación puede suceder
antes de la introducción vaginal (eyaculación precoz verdadera) o
casi inmediatamente después de introducir (eyaculación rápida)”[5].
Sin embargo, para otros autores, se trataría de una eyaculación
ultraprecoz.
Existe
una línea teórica que entiende como precoz a aquella eyaculación
que se produce fuera de la vagina o a los pocos instantes de la
penetración. Gindin y Huguet establecen una diferencia entre lo que
denominan eyaculación ante
portas (“antes de la puerta”) o inter
femora (“entre las piernas”) que “comprende los casos de
eyaculación cuando se está por introducir el pene. El eyaculado se
produce entre las piernas o nalgas de la pareja”[6],
con la eyaculación precoz, donde lo más común es que la eyaculación
y el orgasmo tengan lugar al poco tiempo después de la introducción
del pene, en menos de veinte segundos y con no más de diez a quince
movimientos. Sin embargo, lo esencial y característico es la
imposibilidad de decidir el momento para eyacular o de tener control
voluntario y no el tiempo o el número de movimientos.
Otra
línea teórica [7],
se centra en el tema del control del reflejo eyaculatorio por parte
del hombre. Entre los principales autores que siguen esta línea, se
encuentran:
Helen
Kaplan, la cual afirma que un hombre con problemas en la fase orgásmica
no tiene control sobre el orgasmo. “El aspecto crucial de la
precocidad es más bien la ausencia
de control voluntario sobre el reflejo eyaculador, independiente
de si esto se da después de dos impulsos o cinco, de si ocurre
antes de que la mujer alcance el orgasmo. Podemos decir, pues, que
existe eyaculación precoz cuando el orgasmo se da de una manera
refleja, esto es, cuando se halla fuera del control voluntario del
individuo una vez alcanzado un intenso nivel de excitación
sexual” [8].
Masters,
Johnson y Kolodny siguen esta línea teórica cuando definen a la
eyaculación precoz como una “eyaculación incontrolada durante
los escarceos amorosos, o bien cuando el hombre intenta la penetración,
o al poco de iniciado el acto sexual” [9].
Sin
embargo, para otros autores, la esencia del diagnóstico, de la
definición y de la calificación de precoz de la eyaculación, se
encuentra en la opinión “subjetiva” de al menos uno de los
miembros de la pareja:
Es
así como para Alex Comfort, denomina precoz “a la eyaculación
que se produce antes de lo que desean ambos componentes de la
pareja”[10].
Una
definición más completa de esta línea es la que da la American
Psychiatric Association (APA) en el DSM-IV, donde se refiere a la
eyaculación precoz diciendo que “la característica esencial de
la eyaculación precoz consiste en la aparición de un orgasmo y
eyaculación persistente o recurrente en respuesta a una estimulación
sexual mínima antes, durante o poco tiempo después de la penetración
y antes de que la persona lo desee”[11].
Masters,
Johnson y Kolodny distinguen acorde a la intensidad del problema, a
los casos más graves, donde la eyaculación sobreviene de modo
invariable antes de la introducción del pene en la vagina; a los
casos menos extremos donde la eyaculación se produce cuando se
intenta la penetración o a los pocos segundos después de la misma;
mientras que la forma más leve es aquella en la que los hombres
consiguen contenerse hasta que ya están practicando el coito, pero
pierden el control tras unos cuantos movimientos peneales
intravaginales.
Los
temas del control y de la subjetividad se pueden observar en la
definición que dan Gindin y Huguet, al calificar a la eyaculación
como precoz cuando “se presenta mucho antes de lo que el sujeto
desea. Se define por la ausencia de su control voluntario.”[12].
Según
Masters, Johnson y Kolodny, “tener una pauta prolongada de
eyaculaciones claramente rápidas es el distintivo de la eyaculación
precoz. Por este motivo, los hombres que tienen problemas para
controlar la rapidez de sus eyaculaciones sólo en determinadas
circunstancias no sufren realmente esta disfunción”[13].
No
estoy totalmente de acuerdo con ninguna de las definiciones
anteriormente mencionadas por considerarlas parciales. Respecto a
las que se centran en el tiempo, coincido con Masters, Johnson y
Kolodny, quienes afirman que considerar como criterio determinante
de la eyaculación precoz el que ésta ocurra “poco después de la
penetración es algo sometido a debate. Algunas parejas piensan que
el coito supuestamente debe acabar en unos diez a veinte segundos y
están perfectamente contentas con esa situación, mientras que
otras parejas se sienten angustiadas o decepcionadas si el varón no
es capaz de aguantar quince minutos de vigorosas acrobacias coitales”[14].
En relación al control voluntario absoluto, estos autores critican
la parte que se refiere a que la eyaculación ocurre antes
de que lo quiera la persona, ya que para ellos la eyaculación
es “al fin y al cabo una reacción refleja que habitualmente no
está sujeta a un estricto control de la voluntad, razón por la
cual, a pesar de que muchos hombres desean tener un mayor poder de
contención en sus relaciones sexuales, en este caso el deseo o
voluntad no hacen mucho para definir si existe un problema”[15].
Consideraré
para una adecuada definición de eyaculación precoz los tres
aspectos esenciales de los postulados de la gran mayoría de los
autores antes mencionados, pero de manera interrelacionada. Es
decir, encontrándose involucrada una combinación de los aspectos
relativos a la subjetividad de la pareja, al tiempo de duración del
coito intravaginal y al control, pero éste último respecto del
grado de excitación y no del reflejo eyaculatorio en sí.
De
acuerdo a lo anterior, consideraremos
como precoz a aquella eyaculación anterior a la penetración o en
lo que la pareja considere un breve tiempo después de ésta, en
donde el hombre no posee un control de voluntario del nivel de
excitación previo al momento de inevitabildad del reflejo
eyaculatorio y que al menos uno de los miembros lo experimente como
un problema.
Tipos
La
eyaculación precoz puede ser clasificada desde dos criterios, uno
de índole temporal (primaria o secundaria) y otro descriptivo
(transitoria o permanente, ocasional, situacional, esporádica,
selectiva, etc.).
¿Cuántos
son?
“A
pesar de que no hay estadísticas exactas sobre la frecuencia de
este problema, existe consenso en considerarla como la más común
de las disfunciones sexuales masculinas”[16].
Las
investigaciones respecto a la prevalencia de esta disfunción han
dado diversos resultados según la definición de base utilizada y
al tipo de muestreo. Es así como los porcentajes varían indicando,
los extremos, que entre un 15 y un 75%[17]
de los hombres padecen de
eyaculación precoz.
Sin
embargo, la gran mayoría de los estudios [18]
estiman que los problemas de eyaculación precoz se encuentran
presentes entre el 35% y 40% de los hombres, aunque los más
actuales [19]
dan cifras del orden de entre un 15 y un 20%.
¿Quiénes
son?
Las
investigaciones de Kaplan así como las de Masters y Johnson, y el
informe Hunt no encontraron diferencias relevantes en las duraciones
medias de los coitos de los diversos niveles educacionales y
ocupacionales, mientras que las diferencias debidas a otros factores
demográficos y socioeconómicos eran estadísticamente
insignificantes. Mientras que, de acuerdo con Gindin y Huguet
(1993), para el CETIS, la eyaculación precoz afecta más a los jóvenes,
y se presenta en orden decreciente en las siguientes actividades:
estudiantes, profesionales, ejecutivos, empleados y obreros, y,
finalmente, trabajadores del ámbito de la computación.
¿Cómo
son?
Roberto
Rosenzvaig clasifica a los eyaculadores precoces, de acuerdo a su
grado de consciencia del problema, en tres grupos:
1.
Integrado por los egosintónicos,
que son aquellos que se consideran a sí mismos como sujetos
"normales" y no poseen ningún tipo de conflicto ni con su
estilo, ni con su desempeño sexual. “Para ellos, la mujer
equivale a un objeto sexual más o menos pasivo con el cual se
satisfacen rápidamente, dando por terminada la relación con la
eyaculación. Correlativamente a esta actitud machista, existe un
tipo de mujer que acepta jugar ese papel dependiente y completa la
escena sin fisuras. Suele fingir el orgasmo o simplemente acepta ser
un mero receptáculo que participa de la relación genital sin mayor
placer”.[20]
2.
Integrado por hombres que están conscientes
de su incapacidad de control y la explican como una reacción
personal insatisfactoria pero inevitable. Es muy probable que los
hombres de este grupo desarrollen actividades sexuales
compensatorias tales como mayor estimulación oral o manual a su
pareja antes y después del coito, o coitos repetidos.
3.
Integrado por los egodistónicos
que “detectan adecuadamente el síntoma y lo consideran un
problema, asimilándolo como un elemento perturbador de las
relaciones de pareja”.[21]
¿Cómo
puede ser explicada?
Según
la teoría psicoanalítica, la eyaculación precoz puede ser
considerada como un síntoma con inscripción en el inconsciente y
“se trataría de hostilidad sádica hacia las mujeres,
representantes, en última instancia, de la madre. El intento
inconsciente del eyaculador precoz, según esta construcción teórica,
es degradar a la mujer y negarle placer”[22].
De esa manera, el síntoma le permite cumplir su objetivo y mantener
inconsciente el conflicto. Dentro de esta postura, otros hablan,
asimismo, de rebelión contra una madre controladora.
De
acuerdo con autores de la teoría sistémica, la eyaculación precoz
sería una transacción entre los distintos sistemas de la pareja,
encontrándose al servicio de las luchas de poder entre los miembros
de la pareja. Para otros autores de esta corriente, sería una
expresión metafórica de otros conflictos de los cónyuges;
consideran a la eyaculación precoz como un síntoma sexual de un
padecimiento más profundo, que les resulta inexpresable o sumamente
doloroso de enfrentar.
Para
Ana María Cirio, en la eyaculación precoz hay un círculo vicioso
que determina una respuesta fría por parte de la mujer, y que, al
mismo tiempo, dicha respuesta de ella facilita la manifestación de
la eyaculación precoz. Es así como la compañera, afectada por
este problema, interviene provocando o manteniendo el síntoma.
“Es frecuente el enojo de las mujeres frente a la rapidez de la
eyaculación, pues la consideran desconsideración y egoísmo. En la
pareja se establece un círculo de culpa y enojo que dista mucho del
disfrute de la relación sexual... Este concepto nos lleva a
considerar a la eyaculación precoz (como a otros problemas
sexuales) un síntoma de una pareja sometida a tensión por
problemas personales, de pareja, familiares, sociales o
culturales... Como terapeutas sistémicos hacemos hincapié en la
interacción de la pareja respecto de las pautas disfuncionales que
se repiten en la relación, y que juegan un importante papel en el
mantenimiento del problema sexual”[23].
Algunas
líneas teóricas de la terapia de pareja sostienen que la eyaculación
precoz es el producto de agresiones inconscientes y de luchas por el
poder de la pareja, y se sostiene por la persistencia de situaciones
conflictivas. El no manejo del sistema agresión-peleas determina
que el síntoma subsista y no se modifique. Gindin y Huguet (1993),
no se muestran de acuerdo, pues creen que estos esquemas terapéuticos
olvidan que la eyaculación precoz es un problema que el sujeto
tiene o tuvo con todas las mujeres que lo acompañaron sexualmente.
De
acuerdo con las llamadas teorías del sentido común, la eyaculación
prematura se debería a una excesiva sensibilidad de percepciones eróticas,
aunque para la mayoría de los autores, esta afirmación es
absolutamente falsa.
Causas
Hasta
la fecha, no hay certeza respecto de la o las causas de la eyaculación
precoz. Sin embargo, es posible afirmar que “el 99% de las
eyaculaciones precoces son puramente psicógenas.”[24]
Siendo muy escasos los casos de eyaculadores precoces en los cuales
el origen de su problema es somático.
Acorde
con lo anterior, podemos mencionar como las causas orgánicas más
comunes a las afecciones urogenitales de la uretra posterior y de la
próstata, alteraciones de tipo neurológico, trastornos
degenerativos, alteraciones vasculares, fármacos (antidepresivos,
antihipertensivos, estimulantes), desequilibrios hormonales y
enfermedades que alteran los mecanismos reflejos de la eyaculación.
Siendo
las más frecuentes las causas psicológicas, la causa inmediata
siempre presente en la eyaculación precoz es un déficit perceptivo
de las sensaciones sexuales. Otras causas mencionadas comúnmente
pueden ser: mensajes antisexuales en la infancia, falta de información
sexual, presión por parte de la pareja, ambiente familiar problemático,
ansiedad, estrés, miedo al fracaso, dificultad en controlar los estímulos.
Para
Gindin y Huguet, “las causas reales de la eyaculación precoz son
básicamente dos: ansiedad y mal aprendizaje. Ambas interactúan y
se refuerzan mutuamente”[25].
A su vez, Masters, Johnson y Kolodny concuerdan con dicha afirmación,
sugiriendo que los elementos más importantes en el desarrollo de la
eyaculación prematura son "(1) experiencias sexuales tempranas
que condicionaron una respuesta rápida, o (2) ansiedad que se ve
activada por situaciones de naturaleza sexual”[26].
Estos
últimos autores, sostienen que dado que la primera experiencia
eyaculatoria para la mayoría de los hombres fue resultado de la
masturbación o de las poluciones nocturnas, no les dio ninguna razón
para retardar el ritmo de sus primeros encuentros sexuales para
acomodarse a su pareja. Esta suerte de condicionamiento de
eyaculaciones rápidas continúa en muchos casos durante la
adolescencia o en los primeros encuentros sexuales con compañeros,
en los cuales el juego sexual no coital daba también gran
importancia a la eyaculación veloz, y lo mismo ocurre en las
primeras experiencias coitales que tienden a repetir ese esquema:
“muchos adolescentes intentan por primera vez la penetración en
circunstancias apresuradas (por ejemplo, en el asiento trasero de un
coche), donde tienen miedo de ser descubiertos y donde la ansiedad,
la culpa y la expectación se combinan para hacer que la eyaculación
rápida sea algo muy corriente”[27].
Es así como Masters, Johnson y Kolodny concluyen que, al parecer,
un condicionamiento temprano de este tipo es una de las formas
principales en que evoluciona un esquema de eyaculación precoz de
toda una vida.
El
papel de la ansiedad también puede ser importante en la eyaculación
precoz. Joseph Wolpe estableció que la ansiedad ocasiona cambios de
tipo eléctrico y químico en el sistema nervioso, que acelerarían
el reflejo eyaculatorio. Al mismo tiempo, la ansiedad de actuación
o por el desempeño, se combina con los esfuerzos tendientes a
contener la sensación de urgencia eyaculatoria, los cuales por lo
general terminan siendo vanos, puesto que en realidad la ansiedad
agrava la pérdida de control.
Un
círculo vicioso puede apreciarse en ciertos casos de eyaculación
precoz, donde las presiones de actuación y el temor anticipatorio
al fracaso, no sólo se autor refuerzan y aumentan en gravedad, sino
que con frecuencia evolucionan hasta llegar a una impotencia
secundaria. También puede ocurrir que al utilizar inútiles técnicas[28]
para distraerse, de manera de intentar retardar la eyaculación, se
exponen o a perder el control sobre las sensaciones previas al
reflejo eyaculatorio o a frenar el apremio de la eyaculación y
perder la erección. “Este patrón de ansiedad por la ejecución
conduce a un espiral de miedo al fracaso, y fracaso, y mayor
ansiedad por la ejecución y fracaso permanente de la erección.”[29]
Es
así como de acuerdo con varios autores, la principal causa de la rápida
respuesta eyaculatoria se debe a la manera en la que se desarrolla
la primera relación sexual del hombre, ya sea por ansiedad,
incomodidad, falta de experiencia, desconocimiento o miedo. El hecho
de no cumplir en la primera relación con las expectativas sociales
y las suyas propias, genera ansiedad por el desempeño en ocasiones
futuras. Situación que le hace olvidar, en la mayoría de los
casos, que se trata de un tema en donde el ensayo, el error y el
acierto son requisitos indispensables y para el cual no ha tenido
experiencias y aprendizajes previos.
Para
Gindin y Huguet, el varón trata de “manejar la ansiedad que le
despierta la sexualidad levantando defensas contra la percepción de
las sensaciones eróticas intensas que preceden al orgasmo”[30].
No percibiéndose las señales que anuncian la eyaculación y
produciéndose una descarga involuntaria. El origen de esta inhibición
de la percepción de la inevitabilidad de la eyaculación, también
puede estar en la falta o el exceso de preocupación por el goce de
la mujer.
Según
estos mismos autores, la primera relación sexual representa una
experiencia crucial para el hombre, donde la penetración
desencadenaría un programa gestual instintivo que, seguido de 10 a
15 movimientos rápidos, llevan a la eyaculación. Concluyen que
cuanto más rápida sea esta primera experiencia, mayor es la
posibilidad de que este síntoma permanezca estable en la vida del
sujeto.
Asimismo,
afirman que la gran frecuencia de observaciones de eyaculación
precoz, particularmente en hombres jóvenes, evidencia la aparición
de una fase crítica de
aprendizaje en el varón: “más del 80% de los consultantes
estudiados por nosotros -sean eyaculadores precoces o no lo sean-
refieren que el primer coito fue con eyaculación precoz, con menos
de 15 movimientos coitales. Pareciera que hay una marca genética
que permite esta posibilidad, después modificable con el tiempo y
el aprendizaje del sujeto”[31].
Para
Semans lo esencial de la eyaculación precoz es la presencia de un
mecanismo reflejo demasiado rápido. Es así que, para tratar esta
disfunción, su objetivo principal consiste en prolongar el
mecanismo reflejo neuromuscular de la eyaculación.
Para
Helen Kaplan la eyaculación precoz es la consecuencia de un mal
aprendizaje de los hombres que presentan este trastorno, ya que
“no prestan atención a sus emociones sexuales, porque se distraen
con la duda sobre su capacidad, con una preocupación excesiva por
su compañera, o porque sienten ansiedad cuando el placer de la
excitación sexual es demasiado intenso”.[32]
“Estos hombres excesivamente excitados, ansiosos o culpables se
concentran en sus sentimientos negativos y se desconectan de sus
sensaciones eróticas. Evitan los períodos de excitación
prolongada, y no llegan nunca a familiarizarse o a encontrarse a
gusto, o a permitirse disfrutar verdaderamente de las sensaciones
naturales de intenso placer erótico que aparece inmediatamente
antes del clímax sexual.”[33]
Por esto, ella señala que para aprender a controlar el reflejo
eyaculatorio, es necesario aprender a concentrarse en las propias
sensaciones al momento de un encuentro sexual.
Muchos
eyaculadores precoces sienten culpa o vergüenza de su placer sexual
producto de mensajes recibidos en la infancia que le indicaban que
el sexo es ofensivo, pecaminoso y dañino. Estas creencias pueden
acompañar a una persona a lo largo de su vida a pesar que
intelectualmente esté consciente de que son erróneas o incluso
cuando no es completamente inconsciente de estos sentimientos y
creencias.
A
pesar que la mayoría de los eyaculadores precoces lo son con todas
sus parejas, existe un grupo que sólo pierde el control
eyaculatorio con determinados tipos de pareja. Dentro de este grupo,
están los que eyaculan rápidamente ante una mujer exigente o ante
una mujer que estiman. Por otro lado están los que controlan la
eyaculación frente a mujeres sexualmente pasivas, desconocidas o a
las cuales consideran inferiores. Sólo unos pocos, con tendencias sádicas,
tienen un control mejor y disfrutan más del sexo cuando hacen daño
o dominan a su pareja.
Masters,
Johnson y Kolodny afirman que “es muy corriente que un hombre que
tiene poca o ninguna dificultad para mantener el control
eyaculatorio con su pareja habitual eyacule a una velocidad casi
vertiginosa con una nueva”[34].
Esto se debería a que la mayor excitación psicológica de estar
con una persona nueva contribuye sin duda a una reacción
precipitada, donde el aumento de la ansiedad de actuación suele
desempeñar también un papel en este caso. Otro ejemplo similar se
produce cuando un hombre intenta la penetración por primera vez
después de no haber tenido actividad sexual ninguna durante un
largo período de tiempo.
Una
hipótesis interesante es la que plantea Segú, para él "los
eyaculadores precoces utilizan fantasías tipo fotografía al
masturbarse, y no realizan pausa. En cambio, las personas con un
buen control eyaculatorio usan fantasía tipo película y realizan
pausas durante la masturbación"[35]
Strassberg,
Kelly, Carroll y Kircher, citados por Wincze y Carey[36],
determinaron que mientras los eyaculadores precoces se masturbaban
en 3 1/2 minutos y tenían una actividad coital intravaginal de
menos de 2 minutos, los sujetos control se masturban en 9 y realizan
un coito de 12 minutos.
¿Qué
hacen?
El
hecho de que la pareja reconozca la existencia del problema es un
paso fundamental, pues esta situación muchas veces causa estragos
en su relación. Los requerimientos, las dudas, la búsqueda de quién
o qué tiene la culpa de los fracasos repetitivos es permanente.
Un
hombre que presenta eyaculación precoz, por lo general no tendrá
problemas con la erección, la cual muchas veces será
extremadamente rápida; y sus preliminares serán cortos por temor a
perder dicha erección, lo cual hace que la mujer no pueda alcanzar
un estado elevado de excitación y, por tanto, que no pueda llegar
al orgasmo a través de la penetración.
Producto
del rol estereotipado sexual, muchas veces el hombre no querrá
razonar y entender que la causa por la que su mujer no llega al
orgasmo, es su propia ineficacia eyaculatoria. Es más, en muchos
casos, el hombre no solamente no reconoce su cuota de
responsabilidad en la insatisfacción de su pareja, sino que además
le echa la culpa, diciéndole que ella “no es normal, está
enferma”. En esta misma línea, algunos hasta llegan a convencer a
sus mujeres de que el acto sexual fallido es por causa de ellas, ya
que les dicen que deben tratarse, porque ellos funcionan
perfectamente con otras mujeres.
A
muchos de los hombres les cuesta asumir su responsabilidad en este
problema. Por lo que no es de extrañar que algunos eyaculadores
precoces lleguen a la consulta después de haber desarrollado
complicaciones más importantes como consecuencia de la eyaculación
precoz, tales como la aparición de problemas de tipo erectivo, o
bien sus parejas hayan buscado su solución orgásmica en otras
relaciones sexuales.
La
esposa, pareja o compañera del hombre con eyaculación precoz puede
tener problemas para la consecución de un orgasmo, y tras la
eyaculación prematura del varón “queda con ganas” de que el
acto sexual continúe. Algunos, tras eyacular, recurren a la
estimulación digital u oral de la zona clitoridiana, como conducta
compensatoria y tras la excusa de que su mujer es "demasiado
lenta", pero la mayoría, escudándose en el mito de que la
sexualidad debe ser espontánea y en antiguas concepciones psicológicas
que consideraban como válido y maduro únicamente al orgasmo
vaginal, no se preocupan de que su pareja tenga un orgasmo. Esta
situación deja tensa a la mujer, nerviosa e irritable,
especialmente hacia su marido, el cual es visto como "egoísta".
En estas mujeres, es posible de observar, con el paso del tiempo, la
aparición de una inhibición en el orgasmo y un deseo sexual
inhibido.
Las
mujeres se sienten usadas cuando un eyaculador precoz se les acerca,
palpa sus senos y nalgas, apenas tiene una erección las penetra,
eyacula casi inmediatamente, y se da vuelta a dormir. Por ello,
algunas mujeres se sienten terriblemente dolidas, rechazadas y
deprimidas por la falta de control eyaculatorio de su pareja.
Por
su parte, el hombre también queda frustrado, con una sensación de
fracaso, inseguro, con un sentimiento general de ineptitud y de
culpabilidad, ansioso, y sintiendo su propio placer como limitado y
demasiado breve. Especialmente si se trata de eyaculadores precoces
"ad portas".
Con
posterioridad desarrollan una anticipación al fracaso en coitos
venideros, mostrándose a la defensiva, culpabilizándose en exceso
y llegando a la evitación de las relaciones sexuales. De ese modo,
empiezan a dudar de su eficacia como amantes, de su desempeño
sexual, de su propia masculinidad y con el tiempo, si no recurren a
un especialista, aumenta este déficit de credibilidad en sí
mismos, llegando a desarrollar, en casos extremos una disfunción
erectiva.
Muchos
hombres con eyaculación precoz se resisten a la eyaculación,
pudiendo ellos estropear, de muchas maneras, aún más el acto
sexual. Primero, tensamente separan su cuerpo del de su amante
durante los preliminares y el juego erótico, porque temen excitarse
demasiado y eyacular extravaginalmente; por lo que la reciprocidad
sexual de la pareja se entorpece, pierde naturalidad y se mecaniza.
Mientras que la mujer, que muchas veces no sabe el motivo de la
frialdad y distancia de su pareja, se siente rechazada.
Otros
hombres, por su parte, se concentran tanto en evitar su eyaculación
que les resulta imposible disfrutar ellos mismos o dar placer a sus
parejas. Muchos de estos hombres no permiten que su mujer les toque,
acaricie o bese sus genitales, lo que produce una inhibición en la
experiencia sexual. Los movimientos de penetración sexual son
torpes y tensos, lo cual hace fracasar la relación.
“Dos
preocupaciones se tornan casi obsesivas en el caso del varón: la
primera es la de dar satisfacción a su pareja, lo que lo lleva a
depender en exceso del orgasmo femenino, que pasa a constituir el
parámetro del ‘buen sexo’. La segunda consiste en el monitoreo
constante del rendimiento durante la relación sexual, lo que
produce el efecto inverso al deseado: en lugar de prolongar la
duración del coito la reduce, ante todo porque así el juego sexual
contempla muy escasas posibilidades e innovaciones, aparte de la
auto observación, de rasgos verdaderamente obsesivos”.[37]
"El
hombre con problemas sexuales, ya sean eyaculatorios o eréctiles,
no puede abandonarse, aflojarse, disponerse a disfrutar de la
experiencia. Posee una intensa preocupación que le ‘roba’ prácticamente
toda la atención que su compañera necesita. Algunas esposas,
sumamente sensibles y con muchos años de conocimiento del esposo,
describen esto muy claramente: se sienten abandonadas, tienen un
sentimiento de estar compartiendo la cama con dos personas; una;
el marido propiamente dicho, el otro, ‘el problema’ con el cual
el marido está más íntimamente conectado que con ella”[38].
A
veces el hombre, se ha culpabilizado tanto de su eyaculación
precoz, que empieza a evitar la relación sexual con su mujer y
viceversa. De manera que las actividades sexuales se vuelven esporádicas,
y como consecuencia el círculo vicioso para la próxima relación
será más profundo. Ambos estarán más tensos, más ansiosos y,
por consiguiente, la eyaculación viene más rápidamente, incrementándose
cada vez más el problema.
El
papel de la pareja radica en que tanto el hombre como la mujer deben
evaluar la rapidez eyaculatoria del hombre. Si bien algunas mujeres
tardan poco en obtener un orgasmo, es casi imposible para la mujer
llegar al mismo, con tiempos de penetración de muy corta duración
de parte de su pareja.
La
ayuda y colaboración de la pareja es esencial para solucionar el
problema de la eyaculación precoz. La mujer debe hacer notar al
hombre la situación, el cual debe asumirla. En cualquier problemática
sexual, lo más trascendente e importante, es que la pareja asuma la
existencia de un problema y de los pasos necesarios para
resolverlos. Por otro lado, la participación de la pareja en el
proceso terapéutico es tan importante que se convierte en un
instrumento esencial para aumentar el éxito del tratamiento.
Gindin
y Huguet (1993) esbozan los distintos caminos de evolución natural
que puede seguir la eyaculación precoz:
-
Mantenerse
por toda la vida, sin más consecuencias que relaciones sexuales
breves, ansiosas y poco placenteras para ambos miembros de la
pareja.
-
Causar
crisis en la pareja, apareciendo un conflicto marital producto
del reclamo de la mujer para obtener placer sexual.
-
Provocar
otras disfunciones, tales como disfunción erectiva por
ansiedad.
-
Que
uno o ambos miembros de la pareja eludan las relaciones
sexuales.
-
Mejoría
de la eyaculación precoz por el mero transcurrir del tiempo.
-
Búsqueda
de uno o de ambos miembros de una relación simultánea.
Una
ventaja
Hay
ocasiones, sin embargo, en que la eyaculación precoz es funcional a
la pareja, ya sea que se encuentren teniendo relaciones sexuales en
sitios "inapropiados" (como los tan fantaseados
ascensores) o que se trate de parejas en donde la mujer considera a
la sexualidad como una obligación o como una carga. En ambas
situaciones, sin duda, mientras más breve, mejor.
Notas
al Pié
[1]
Real Academia Española. “Diccionario de la lengua española”.
21ª edición, 1992.
[2]
Real Academia Española. Op Cit.
[3]
Lavieu, J. en Nicholson, R. “Soluciones médicas y psicológicas
de los problemas del matrimonio” p161.
[4]
Nicholson, R. Op. Cit. p352.
[5]
Kusnetzoff. J.C. (1993) “Síndrome eyaculatorio precoz. Tipologías
de pareja. Su aplicación clínica en sexología”. Colaboración
en: Gindin, L.; Huguet, M. “La eyaculación precoz. Un problema
con solución”. p187.
[6]
Gindin, L.; Huguet, M. Op. Cit. p278.
[7]
CUAS. “Eyaculación precoz”.
Oraá, R. “Boletín de información sexológica” Nº 20, Mayo de
1996. Internet.
[8]
Kaplan, H. (1974) “La nueva terapia sexual” p405.
[9]
Masters, W.; Johnson, V.; Kolodny, R. “La sexualidad humana”.
p740.
[10]
Comfort, A. “La alegría del sexo”. p209.
[11]
American Psychiatric Association. “DSM IV”, p522.
[12]
Gindin, L.; Huguet, M. Op. Cit. p278.
[13]
Masters, W.; Johnson, V.; Kolodny, R. Op. Cit. p117.
[14]
Masters, W.; Johnson, V.; Kolodny, R. Op. Cit. p116.
[15]
Masters, W.; Johnson, V.; Kolodny, R. Op. Cit. pp116-117.
[16]
Masters, W.; Johnson, V.; Kolodny, R. “Op. Cit. p115.
[17]
Kinsey, A; Pomeroy, W; Martin, C.
[18]
Frank, E.; Anderson, C.; Rubenstein, D. 36%; Nettelbladt, P.;
Uddenberg, G. 38%; Zilbergeld, B. 39%; Pietropinto, A.; Simenauer,
J. 15%; Hite, S. 40%; Labrador, F. 1994. 36-38%
[19]
Masters y Johnson entre 15 y 20%; Gindin, L.; Huguet, M.18, 89%
[20]
Rosenzvaig, R. “La pareja al desnudo”. p136.
[21]
Rosenzvaig, R. Op. Cit. p136.
[22]
Gindin, L.; Huguet, M. Op. Cit. p112.
[23]
Cirio, A.M.. ”No olvidar en el tratamiento a la pareja del
eyaculador precoz”. Colaboración en: Gindin, L.; Huguet, M. Op.
Cit. p235.
[24]
Kaplan, H. (1989) “La eyaculación precoz.” p47.
[25]
Gindin, L.; Huguet, M. Op. Cit. p43.
[26]
Masters, W.; Johnson, V.; Kolodny, R. Op. Cit. p119.
[27]
Masters, W.; Johnson, V.; Kolodny, R. Op. Cit p119.
[28]
Recordar partidos de fútbol o alineaciones de equipos, pensar en
las cosas que se deben de hacer, o en cosas desagradables como que
se está teniendo relaciones con una muerta, etc. Todo bajo la hipótesis,
mientras más me distraigo o más desagradable es lo que pienso, más
tiempo duro, lo cual no es así.
[29]
Helen S. Kaplan. (1989) Op. Cit. p26.
[30]
Gindin, L.; Huguet, M. Op. Cit. p44.
[31]
Gindin, L.; Huguet, M. Op. Cit p132.
[32]
Kaplan, H. (1979) “El sentido del sexo.” p126.
[33]
Kaplan, H. (1989) Op. Cit. p54.
[34]
Masters, W.; Johnson, V.; Kolodny, R. Op. Cit. p117.
[35]
Segú, H. "Conductas sexuales inadecuadas". p128.
[36]
Wincze, J; Carey, M. "Sexual Dysfunction", p53.
[37]
Rosenzvaig, R. Op. Cit. p137.
[38]Kusnetzoff.
J.C. (1986) “El hombre sexualmente feliz” pp34-35.
BIBLIOGRAFÍA
1. ACKERMAN, M; ATTILIO, J;
ANTHONY, M. “Reporte de un paciente con disfunción eréctil: un
estudio de validación longitudinal”. Archives of Sexual Behaviour,
vol 22, iss 6, 1993, pp603-618.
2. AHUMADA, M; CARVAJAL, C; CITTADINI, M; MOLTEDO, A. (1998)
"La Eyaculación Precoz". Inédito.
3. AMERICAN PSYCHIATRIC ASSOCIATION. (1995) “Manual Diagnóstico y
Estadístico de los Trastornos Mentales. DSM-IV”. Masson, 1ª
edición.
4. ARD, B. (1977) "Sex in Lasting Marriages: A Longitudinal
Study". Journal of Sex Research, 13, pp274-285.
5. BERNSTEIN, D; NIETZEL, M. (1980) "Introduction to Clinical
Psychology". McGraw-Hill, 1ª edición.
6. CARROBLES, J. (1981) "Evaluación de las Disfunciones
Sexuales". En: FERNANDEZ-BALLESTEROS, R; CARROBLES, J.
"Evaluación Conductual". Pirámide, 3ª edición, 1987.
pp490-523.
7. CARROBLES, J. (1985) "Disfunciones Sexuales". En
CARROBLES, J. "Análisis y Modificación de la Conducta
II". UNED, 1ª edición.
8. CARROBLES, J; SANZ, A. (1991) "Terapia Sexual". Fundación
Universidad-Empresa, 1ª edición.
9. COLE, M; DRYDEN, L. (1988) "Sex Therapy in Britain".
Filadelfia: Open University Press, 1ª edición.
10. COMFORT, A. (1977) “El Placer de Amar. More Joy of Sex”.
Blume. 2ª reimpresión, 1996.
11. COMFORT, A. (1993) “La Alegría del Sexo”. Grijalbo. 1ª
edición, 1996.
12. COOKLIN, A; GORELL BARNES, G. (1988) "Sessualità e Intimità,
Coppia e Lavoro". En: ANDOLFI, M; ANGELO, C; SACCU, C (eds).
"La Coppia in Crisi". Istituto di Terapia Familiare. 1ª
edición, 1988. p277-294.
13. DESPRATS-PÉQUIGNOT, C. (1992) "La Psicopatología de la
Vida Sexual". Amorrortu, 1ª edición, 1994.
14. DICKS, H. (1970) "Tensiones Matrimoniales", Hormé, 1ª
edición.
15. DIEZ, M. (1991) "Vida en Pareja y Patología Sexual".
Edamex, 1ª edición.
16. FEIXAS, G; MIRÓ, M. (1993) "Aproximaciones a la
Psicoterapia". Paidós, 1ª Edición.
17. FERNANDEZ-BALLESTEROS, R; CARROBLES, J. (1981) "Evaluación
Conductual". Pirámide, 3ª edición, 1987.
18. FISHER, S. (1973) “The Female Orgasm”. Basic Books, 1ª
edición.
19. FLORES COLOMBINO, A. (1995) "Cuadernos de Sexología"
(13 volúmenes). Humanitas, 1ª edición.
20. FRANK, E; ANDERSON, C; RUBENSTEIN, D. (1978) “Frecuency of
sexual disfunction in ‘normal’ couples”. New England Journal
of Medicine. Nº 299.
21. FRIEDMAN, J; WEILER, S; LOPICCOLO, J; HOGAN, D. (1983)
"Sexual Disfunctions and their Treatment". En: BELLACK, A;
HERSEN, M; KAZDIN, A. (Eds) International Handbook of Behaviour
Modification and Behaviour Therapy". Plenum, 1ª edición.
22. GARDE, K; LUNDE, I. (1980) "Female Sexual Behaviour: A
Study in a Random Sample of 40-Year-Old Women". Maturitas, n°
2, pp225-240.
23. GINDIN, L. (1987) "La Nueva Sexualidad del Varón".
Paidós, 2ª edición, 1991.
24. GINDIN, L. (1996) "El Rugido. Potencia Masculina: Mitos,
Problemas y Soluciones". Planeta, 1ª edición.
25. GINDIN, L.; HUGUET, M. (1993) “Eyaculación Precoz. Un
Problema con Solución”. Paidós. 1ª reimpresión, 1996.
26. HEATH, S. (1982) “La Revolución Sexual”. Gedisa, 1ª edición,
1984.
27. HEIMAN, J. (1996) "Pérdida del Deseo, Deseo Temido y Deseo
Nunca Nombrado”. Journal of Sex Research. Vol 33, Iss 4, pp
332-333.
28. HITE, S. (1981) “El informe Hite sobre la Sexualidad
Masculina”. Plaza & Janés. 1ª edición, 1992.
29. HUGUET, M. (1995) "Eyaculación Precoz: un Problema con
Solución" Revista: Psiquiatría Forense Sexología Praxis. Año
2 Vol 2 N° 2.
30. HUNT, M. (1974) “Sexual Behavior in the 1970’s”. Dell, 1ª
edición.
31. HURTADO, F. (1997) "Sexualidad: Funcionamiento Normal,
Trastornos y Tratamientos". Promolibro. 1ª edición.
32. KAPLAN, H. (1974) “La Nueva Terapia Sexual”. Alianza, 7ª
reimpresión 1986.
33. KAPLAN, H. (1975) “Manual Ilustrado de Terapia Sexual”.
Grijalbo, 7ª reimpresión, 1991.
34. KAPLAN, H. (1979) “El Sentido del Sexo”. Grijalbo, 2ª edición,
1995.
35. KAPLAN, H. (1989) “La Eyaculación Precoz. Cómo Reconocerla,
Tratarla y Superarla”. Grijalbo, 1ª edición, 1990.
36. KINSEY, A.; POMEROY, W.; MARTIN, C. (1948) “La Conducta Sexual
del Hombre”. Siglo Veinte. 1ª Edición, 1967.
37. KOLODNY, R; MASTERS, W; JOHNSON, V. (1979) "Tratado de
Medicina Sexual". Salvat, 1ª reimpresión, 1985.
38. KUSNETZOFF, J. (1986) “El Hombre Sexualmente Feliz”. Javier
Vergara, 1ª edición.
39. KUSNETZOFF, J. (1992) “Sexuario”. Javier Vergara Editor. 1ª
edición.
40. KUSNETZOFF, J. (1993) “Síndrome Eyaculatorio Precoz. Tipologías
de Pareja. Su Aplicación Clínica en Sexología”. Colaboración
en: Gindin, L.; Huguet, M. “La Eyaculación Precoz. Un problema
con solución”, Paidós, 1ª reimpresión, 1996. pp187-198.
41. LABRADOR, F. (1987) "Tratamiento Psicológico de las
Disfunciones Sexuales". En: Echeburúa, E. (Ed.) "Parejas
en Conflicto: Estrategias Psicológicas de Intervención".
Universidad del País Vasco, 1ª edición.
42. LABRADOR, F. (1994) "Disfunciones Sexuales".
Universidad-Empresa, 1ª edición.
43. LABRADOR, F. (1995) “Guía de la Sexualidad”. Espasa Calpe,
1ª edición.
44. MASTERS, W.; JOHNSON, V. (1966) “Respuesta Sexual Humana”.
Inter-Médica. 1ª reimpresión, 1978.
45. MASTERS, W.; JOHNSON, V. (1970) "Incompatibilidad Sexual
Humana" Inter-Médica, 2ª edición, 1981.
46. MASTER, W; JOHNSON, V. (1974) “El Vínculo del Placer”.
Grijalbo, 14ª edición, 1994.
47. MASTERS, W; JOHNSON, V; KOLODNY, R. (1982) “La Sexualidad
Humana”. Grijalbo. 7° edición, 1987.
48. MASTERS, W.; JOHNSON, V.; KOLODNY, R. (1994) “Eros. Los Mundos
de la Sexualidad”. Grijalbo. 1ª edición, 1996.
49. McCARY, J. (1982) "Sexualidad Humana". Manual Moderno,
5ª edición, 1996.
50. NATHAM, S. (1986) "The Epidemiology of the DSM- III
Psychosexual Dysfunction". Journal of Sex and Marital Therapy,
n° 12, pp267-281.
51. NETTELBLADT, P.; UDDENBERG, G. (1979) “Sexual Dysfunction and
Sexual Satisfaction in 58 Married Swedish Men”. Journal of
Psychosomatic Medicine. Nº 23.
52. OFFIT, A. (1975) “ El Yo Sexual”. Grijalbo. 2ª edición,
1979.
53. ORAÁ, R. (1996) “Boletín de información sexológica” nº
20, www.arrakis.es/-taxto/a-may96.html.
54. PIETROPINTO, A.; SIMENAUER, J. (1979) “El Mito Masculino”.
Plaza y Janés, 1ª edición.
55. REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. “Diccionario de la lengua española”.
RAE, 21ª edición, 1992.
56. ROSENZVAIG; R. (1994) “La Pareja al Desnudo”. Sudamericana,
1ª edición.
57. ROSENZVAIG; R. (1996) “Los Fantasmas del Amor. De las
Infidelidades y Otras Transgresiones”. Sudamericana, 1ª edición.
58. SAPETTI, A. (1996) "Los Varones que Saben Amar".
Galerna, 1ª edición.
59. SAPETTI, A; KAPLAN, M. (1986) "La Sexualidad
Masculina". Galerna, 3ª edición, 1987.
60. SAPETTI, A; KAPLAN, M. (1990) "Manual de Sexualidad
Masculina". Galerna, 2ª edición, 1994.
61. SCHOVER, L. (1982) "The Multi-axial Problem-oriented
Diagnostic System for the Sexual Dysfunction: an Alternative to DSM-III".
Archives of General Psychiatryc, 39: pp614-619.
62. SHARPE, L; KURLANSKY; O´CONNER. (1976) "A Preliminary
Classification of Human Functional Sexual Disorders". Journal
of Sex and Marital Therapy, n° 2. pp106-114.
63. SEGÚ, H. (1992) "Hacia una Sexología Humanizada. Concepto
de Sexualidad Según el Pensamiento de Víktor Frankl". Lumen
Humanitas, 2ª edición, 1996.
64. SEGÚ, H. (1996) "Conductas Sexuales Inadecuadas".
Lumen Humanitas, 1ª edición.
65. SIERRA, J. (1993) "Disfunciones Sexuales: Etiología,
Evaluación y Tratamiento", pp91-106. En: SIMÓN, M. "Psicología
de la Salud". Pirámide, 1ª edición, 1980.
66. WINCZE, J; CAREY, M. (1981) "Sexual Dysfunction.
A guide for assesment and treatment". Guilford Press, 1ª edición.
67. ZILBERGELD, B. (1972) "Male Sexuality".
Brown Co, 2ª edición, 1978.
68. ZILBERGELD, B. (1999) “The New Male Sexuality.
Revised Edition” Bantam Books, 1ª edición
(*)
Por el Licenciado Andrés Moltedo Perfetti, Psicólogo egresado de
la Universidad Católica de Valparaíso y del Posgrado en Sexualidad
Humana de la Universidad Diego Portales (Santiago de Chile). Miembro
de la Sociedad Chilena de Sexualidad Humana.
Fuente:
Sexo Vida