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Parte 1 / Parte 2
Fuente:
GAEDSUN
Parafilias
-
José Luis Sureda
- http://users.movinet.com.uy/~suredajl/temas.htm
Parafilias en la sexología moderna es sinónimo de
desviaciones sexuales que fueron llamadas aberraciones y perversiones
por la psiquiatría clásica y el psicoanálisis.
Para la persona la imaginación o los actos
inusuales o extravagantes son necesarios para la excitación sexual, la
que alcanza en forma exclusiva de esta manera.
Hasta hace no poco tiempo se consideraba desviado
todo acto sexual que no fuera la penetración del pene en la vagina. La
liberación sexual de los años sesenta y los adelantos de la sexología
han contribuido a enmarcar en este concepto a situaciones mas
concretas y delimitadas.
Gran aporte en este campo ha realizado la
Asociación Norteamericana de Psiquiatría en el DSM, ese listado en
donde se actualiza permanentemente la lista de los considerados
trastornos psicológicos, a la luz de las últimas investigaciones y
progresos en este campo.
Entre los actos y situaciones que han dejado de
considerarse desviados podemos destacar la masturbación (mejor llamada
auto estimulación) , la homosexualidad, la gerontofilia (
relacionamiento con adultos mayores, hoy considerada una auténtica
discriminación, basada en que la sexualidad desaparece con los años )
y la transexualidad, que se trata de un trastorno de la identidad
sexual.
Para una mejor comprensión presentamos la
clasificación de las parafilias del DSM:
TÍPICAS: fetichismo, exhibicionismo, travestismo,
voyeurismo, zoofilia, masoquismo sexual, paidofilia y sadismo sexual.
ATÍPICAS: coprofilia, necrofilia, frotteurismo,
escatología telefónica, clismafilia y urofilia.
Existen otras pero dada su poca incidencia no
aparecen en las clasificaciones.
Vamos a explicitar aquellas menos conocidas o que
requieren una mejor explicación.
Parafilias típicas
Travestismo
Parafilia en que una persona necesita vestirse con
ropas del sexo opuesto para lograr el placer sexual.
No debe confundirse con el travestismo homosexual
para ejercer la prostitución, en este caso es un uniforme de trabajo,
tampoco con el uso de ropas de mujer por parte de hombres para
caracterizar papeles femeninos en el teatro, la televisión o el cine.
Tampoco se considera como trastorno en el caso del
transexual, lo que hace en realidad es adecuar su vestido con su
identidad de género.
Sadismo
El placer sexual se logra a través de actos que
causen dolor físico o humillación y degradación. Hay una sustitución
del coito por estas acciones. Es independiente de que la pareja
consienta o no, es una parafilia muy grave que puede llevar a delitos
sexuales como la violación y la tortura.
Masoquismo
Al igual que en el sadismo el placer sexual se
obtiene por sustitución del coito por actos que causen dolor y hasta
lesiones físicas y humillación y degradación moral.
A diferencia del sadismo la persona provoca
intencionalmente estas situaciones.
Fetichismo
En esta parafilia la persona, casi exclusivamente
hombres, necesitan de objetos no vivos ( ropa, cabellos, uñas ) o
parte de la persona (pies, cola, manos) deseada para lograr la
excitación sexual, la masturbación y el coito.
Para terminar con las parafilias típicas daremos
una definición breve de las restantes: la zoofilia ( sexo con animales
), paidofilia ( con niños ), exhibicionismo ( el clásico paseante de
los parques en las películas que al divisar una víctima abre de golpe
su sobretodo para mostrar su desnudez, o necesitar ser visto para
llevar a cabo el coito ) y el voyeurista ( el caso contrario al
exhibicionista, necesita ver ).
Parafilias atípicas
Coprofilia y urofilia
Relacionadas ambas con los esfínteres, en la
coprofilia el placer sexual se da a través de las materias fecales, en
la urofilia por la orina.
Frotteurismo
Es el conocido caso del que aprovechando lugares
muy congestionados, como ómnibus o colas obtiene placer refregando sus
genitales contra las personas.
Clismafilia
El placer sexual se logra por la realización de
enemas.
Necrofilia
En este caso se trata de una parafilia en que la
relación sexual se realiza solo con cadáveres.
Escatología telefónica
Quien no ha recibido mas de una vez alguna llamada
con fuerte contenido erótico, quien llamó sufre de esta parafilia.
Para concluir debemos aclarar que rasgos de algunas
de las parafilias explicadas se dan en una relación sexual normal.
En los juegos previos a la relación se puede dar un
strep-tease, algunos mordiscos o juegos de dominación, pero lo que
determina la parafilia es la necesidad de realizar repetidamente y
exclusivamente estos actos para lograr el placer sexual.
Las parafilias: importancia
médico-legal
- Prof. Dr. Juan Carlos Romi
Introducción
Para los fines de esta comunicación nos interesa
delimitar conceptualmente el concepto sexológico de parafilia (DSM-IV)
como perturbación sexual cualitativa, dadas las dificultades que aún
presenta para su interpretación en el campo de la Salud Mental y de la
Medicina Forense.
Llamada por el CIE-10 OMS desviación sexual,
todavía no es clara para muchos su delimitación psicopatológica, ya
que se la confunde con denominaciones de vieja raigambre de escuelas
psicológicas tradicionales.
Clasificación de las perturbaciones
sexuales
En nuestra tesis doctoral Delimitación conceptual
de las perturbaciones sexuales, Facultad de Medicina, UBA, 1980,
dividimos las perturbaciones sexuales en general en cuantitativas
(disfunciones sexuales) y cualitativas (desviaciones sexuales o
parafilias).
Las disfunciones sexuales (tanto para el CIE-10 de
la OMS como para el DSM-IV) son perturbaciones sexuales cuantitativas
por desequilibrio en más o en menos del deseo o apetito sexual (erotización)
y de la capacidad funcional o rendimiento coital (sexogenitalización).
El rasgo esencial es la exaltación o inhibición de
los deseos eróticos (más frecuentemente el bloqueo) y/o los cambios
psicofisiológicos durante el coito, que caracterizan el ciclo completo
de la respuesta sexual.
Las desviaciones sexuales (CIE-10 OMS) o parafilias
(DSM-IV) son perturbaciones sexuales cualitativas (como veremos) cuyas
manifestaciones sexuales se caracterizan por la deformación de la
imagen de la pareja (DIP) o por la deformación del acto sexual (DAS)
es decir, anomalías del fin sexual.
Definición de parafilia
Se configura la parafilia cuando se necesita
sustituir la finalidad sexual biopsicosocial en circunstancias en que
ésta es posible, por cualquier otro tipo de expresión sexual que
determina la única manera de poder excitarse en forma sistemática y
preferencial.
De modo que los medios se convierten en fines, en
forma repetitiva, configurando un patrón de conducta rígido que
adquiere carácter opresivo (pérdida de libertad) e impidiendo tener
opciones libres entre alternativas.
Por lo tanto lo que configura la parafilia no es el
"qué" de la expresión sexual, sino el "cómo" se instrumenta.
Es necesario hacer un diagnóstico de personalidad
para establecer la genuinidad de la manifestación sexual (egosintonía)
o su sintomaticidad (egodistonía).
Concepto de parafilia
De acuerdo con las definiciones precedentes, las
parafilias se caracterizan por la excitación sexual como respuesta a
objetos o situaciones sexuales que no forman parte de los estímulos
adecuados o normativos o convencionales y que en diversos grados
pueden interferir con la capacidad para una actividad sexual afectiva
recíproca.
El término "parafilia" subraya concretamente que la
desviación (para) se encuentra en aquello por lo que el individuo se
siente atraído (filia), fijando un patrón de conducta regular
sistemática preferencial y a veces único. La imaginación o los actos
inusuales o extravagantes son necesarios para la excitación sexual.
Tales imágenes o actos tienen que ser insistentes e involuntarios y
por lo general suponen:
_ La preferencia por el uso de objetos no humanos
para la excitación sexual.
_ La actividad sexual repetida con humanos en la
que hay sufrimiento.
_ La actividad sexual repetida con parejas que no
consienten o no son partidarias de ese tipo de expresión sexual, hecho
que puede tener significación psicopatológica y/o psicojurídica.
Los individuos que presentan estas alteraciones
tienden a no considerarse a sí mismos como perturbados sexuales
Grado de manifestación de las parafilias
Pueden expresarse con distinta intensidad y con
diferente modalidad. Así se observan las siguientes formas:
Mínima: expresión erótica fantaseada (imágenes,
pensamientos, recuerdos) o actuada, reconocida como placentera por el
individuo y que aparecen espontáneamente sin perturbar las actividades
sexuales convencionales; pueden aparecer en forma espontanea,
reiterada o persistente.
Acentuada: expresión erótica fantaseada o actuada
reconocida como placentera por el individuo y que se busca
insistentemente para lograr satisfacer las actividades sexuales
convencionales.
Predilecta o dependiente: expresión erótica que
interfiere manifiestamente la actividad sexual convencional
reemplazándola en forma electiva (selectiva) preferencial (prevalente)
o única (exclusiva).
Características semiológicas
Interesa fundamentalmente la forma predilecta o
dependiente, que se caracteriza por la excitación sexual como
respuesta a objetos o situaciones sexuales que no forman parte de los
estímulos convencionales y que en diversos grados interfieren con la
reciprocidad afectiva, fijando un patrón de conducta regular,
sistemático, preferencial y a veces único.
Las características semiológicas son:
Carácter opresor: pérdida de libertad para tener
una opción libre entre alternativas. No puede dejar de actuar así.
Carácter rígido: la excitación sexual es tributaria
sólo de determinadas situaciones y circunstancias, estableciéndose un
patrón de conducta.
Carácter impulsivo: necesidad de repetir la
experiencia, ya que lo único que "calma" la excitación sexual es la
ejecución de ese tipo de opción.
En nuestra experiencia sólo tienen relativa
posibilidad de modificar su conducta los egodistónicos, que son muy
pocos y en la inmensa mayoría son sintomáticos de una alteración
psiquiátrica de base.
La sexualidad y su incidencia en el
crimen
Al analizar al agresor sexual dentro del Código
Penal Argentino se debe partir de los siguientes presupuestos:
1) Para comprender los delitos sexuales se debe
estudiar la conducta sexual de cada individuo;
2) Estos delitos puede ser cometidos por individuos
considerados "normales" y la conducta sexual delictiva puede estar
ligada a una circunstancia:
_ Personal (biografía, personalidad previa,
etcétera) o
_ Ambiental momentánea (consumo de drogas y/o
alcohol, situación desencadenante, etcétera).
3) Las perturbaciones sexuales "per se" no son
delictivas si no están tipificadas como tales por el CP.
4) No es lo habitual que los delitos sexuales sean
cometidos por perturbados sexuales (disfuncionales y/o parafílicos o
desviados).
5) En la dinámica de las conductas sexuales
delictivas se encuentran dos elementos de importancia:
_ La particular sexualidad individual del
victimario, y
_ El comportamiento eventual de la víctima (tiene
mucha importancia).
6) Los delitos sexuales más comunes son la
violación, el abuso deshonesto, el estupro, el abuso sexual con
menores, el exhibicionismo, la prostitución, el crimen sádico,
etcétera.
Con respecto a la sexualidad y su incidencia en el
crimen se pueden realizar las siguientes reflexiones:
1) Las conductas sexuales que configuran delito son
una realidad de observación cotidiana y se utilizan todas las
manifestaciones sexuales que el ser humano puede imaginar.
2) Algunos autores sostienen que detrás de todo
delito sexual se esconde un problema de perturbación sexual. Si bien
esta afirmación es evidentemente excesiva, es cierto no obstante que
la sexualidad perturbada (disfuncional y/o desviada) es potencialmente
generadora de conductas desadaptativas que pueden desembocar en
conductas delictivas.
3) De manera que es importante estar en condiciones
de entender las conductas sexuales humanas y si estas se dan o no en
el marco de una personalidad con perturbaciones psicosexuales y/o
psicopatías sexuales.
Psicogénesis de la conducta sexual delictiva
En la psicogénesis de la conducta delictiva se
observa que:
1) El individuo que delinque, cualquiera sea su
forma, tiene una personalidad, por lo tanto el estudio de la conducta
sexual delictiva debe hacerse en función de ésta y en el marco de su
contexto social.
2) El individuo en sus continuas tentativas de
adaptación al mundo en que vive; las conductas adquieren una
significación y una intencionalidad que constituyen un todo organizado
(portador de un sentido) y están dirigidas a un fin.
3) Así, la conducta sexual delictiva es una
conducta concreta del victimario, expresión de su relación con la
víctima en un lugar (espacio) y en una fecha (tiempo) determinados.
4) La dificultad del delincuente para aceptar la
ley implica dificultades en el desarrollo de su personalidad, ya que
significa una alteración, violación o transgresión de la norma
establecida.
5) Es tarea de la sexología y la psiquiatría
forenses establecer los aspectos de la personalidad de cada
delincuente sexual y diferenciar con la mayor exactitud posible la
génesis y dinámica del fenómeno criminal en cada caso particular.
Importancia del diagnóstico de
personalidad en las perturbaciones sexuales
Para poder analizar este punto debemos saber si
tras una perturbación sexual se esconde básicamente una alteración de
la personalidad. La sexualidad no escapa al ser humano, por lo tanto
cuando nos encontramos ante una perturbación sexual, cualquiera sea su
nombre, lo primero que tenemos que preguntarnos es qué alteración de
la personalidad presenta el individuo a investigar. Para hacer
comprensible esta postura es necesario enunciar algunos conceptos
básicos de cómo llegar a la delimitación de la personalidad.
Comenzaremos con el concepto de individuo. Se
entiende por tal todo ejemplar concreto de una especie cualquiera de
seres vivos. Esto supone cierto grado de unidad y organización
interna. Así "individuum" es unificado en sí mismo, por consiguiente
distinto del resto. Es decir, el individuo tiene una individualidad y
está organizado en forma tal, que tiene un organismo y un psiquismo
intrínsecamente unificado, siendo el hombre el que ha alcanzado el más
alto nivel de perfección.
Todo individuo interacciona en un medio. En éste se
distingue un ambiente objetivable físicamente (por ejemplo el habitat)
y un mundo psíquicamente subjetivo (por ejemplo las vivencias y
experiencias, etcétera).
De la interacción hombre-medio surge en el
individuo la posibilidad de adquirir el rango de persona, ya que es el
único ser vivo que está capacitado para desarrollar dotes de ser
racional (es el único ser vivo que puede pensar que piensa) y autónomo
(puede escapar del determinismo biológico y hacer uso libre de lo
pulsional), por lo que podemos decir que "personalidad" es a la
persona lo que individualidad es al individuo en un nivel más
jerarquizado. Se entiende por personalidad el estilo de vida común a
todas las conductas o de un número predominante de ellas que hacen
identificable a una persona de otra. Por lo tanto, en una personalidad
bien integrada se advierte "un estilo propio", un sello particular que
la diferencia de la otra. Se reconoce en la personalidad una parte
estática o aptitud, dada por lo biológico del ser, y una parte
dinámica o actitud dada por lo psicosocial. La personalidad se expresa
por conductas ya sean implícitas o explícitas. La personalidad
interacciona permanentemente con el medio, en este caso a través de un
micromundo, la familia, y un macromundo, la sociedad, generando un
proceso de retroalimentación entre dos polos: la asimilación y la
transmisión. La personalidad "asimila" lo exocultural haciéndolo
endocultural, es decir, la sociedad que le preexiste le "trasmite" al
hombre a través de las generaciones su carga cultural, su mensaje
codificado por pautas que éste debe asimilar aprendiéndolas y
aprehendiéndolas. Por lo tanto, la personalidad se desarrolla
históricamente en base a su propia capacidad y la interacción con lo
sociocultural. De ello dependerá el grado de adaptación o adecuación a
las pautas normativas y el grado de valoración judicativa y ética que
la personalidad asuma.
El proceso de sexuación. La motivación
de la conducta sexual
A través del área biológica del SS se expresa el
dimorfismo sexual a nivel cerebral, genital, etcétera, configurando el
sexo del individuo, es decir, lo que genéricamente "es": macho o
hembra. Se manifiesta explícitamente a través del sexo morfológico o
genital.
A nivel social del SS se expresa el papel sexual,
es decir, el rol de género que le asigna al individuo el medio, de
acuerdo con las pautas de la cultura (familia, sociedad) a la que
pertenece (expresión pública), de manera que el individuo debe
aprender desde su nacimiento a identificarse con la sexualidad que se
le asigna. Es lo que "se espera que sea": que adopte roles masculinos
o femeninos.
A nivel psicológico del SS se expresa la identidad
de género, es decir la convicción a edad temprana (alrededor de los
tres años de edad) de que se es niño o niña. Es la internalización
psicológica como experiencia privada de los roles de género asignados
culturalmente como expresión pública, tomando el niño o la niña
conciencia de su masculinidad o feminidad. Los "moldeadores"
ambientales (aprendizaje-educación) normatizan las funciones que el
individuo debe "actuar" (sexualidad de asignación).
De la mayor o menor concordancia entre el sexo
morfológico o genital (área biológica) y la sexualidad de asignación
(área psicosocial) del SS surgirá la identidad sexual, que es un
sentimiento íntimo y personal de pertenecer a tal o cual sexo y la
factibilidad de concordar con las expectativas que la cultura a la que
pertenece espera de él. Si existe indefinición, surgirá un sentimiento
confuso de ambivalencia, conflicto que deberá enfrentar y/o esclarecer
en el decurso de su guión personal (desarrollo de la personalidad). La
identidad sexual posibilita que el individuo "se sienta" varón o
mujer.
El proceso de sexuación de una persona no depende
de la edad cronológica, sino de la posibilidad de sortear los
diferentes obstáculos ambientales que se le van presentando en el
trascurso de su historia vital.
Así se reconocen distintos momentos en su evolución
psicosexual. Se describen una etapa autofílica (obtener placer consigo
mismo), una etapa isofílica (identificación placentera con el mismo
sexo) y una etapa heterofílica (placer puesto en el otro sexo).
El desarrollo de la personalidad sexual se
establece por un guión personal, es decir, la motivación interna que
acompaña históricamente al individuo, a través de la cual obtiene su
orientación sexual, que es la capacidad de sentir atracción erótica
por objetos sexuales. La interacción entre el guión con el deseo
sexual despierta la relación con "el otro".
Los objetos sexuales pueden ser vivientes o no
vivientes. Los vivientes pueden ser humanos o no humanos. Dentro de
los humanos se reconocen distintas alternativas que despiertan
atracción a un sujeto: el mismo sujeto-objeto (orientación autosexual),
una persona del mismo sexo (orientación homosexual), una persona del
otro sexo (orientación heterosexual) o indistinta.
El delito parafílico
Se debe tener en cuenta que:
1) No se trata de justificar los comportamientos
parafílicos y menos aun las psicopatías sexuales, pero la condenación
por el hecho de tenerlos, si no transgreden pautas legales, si se
viven en la privacidad y no perjudican a terceros, es una intolerancia
social.
2) Todo consiste en hacer que el sujeto tome
conciencia de que debe vivir su sexualidad parafílica con los mismos
criterios de responsabilidad que los que presiden el ejercicio de la
sexualidad convencional. Nadie es responsable de sus tendencias: sólo
es responsable de las formas cómo las vive.
3) La parafilia no es una elección, sino un
destino, pero, al igual que la sexualidad convencional, debe ajustarse
a las pautas normativas de convivencia en el respeto por el otro.
Así, por ejemplo, si un sadomasoquista con su
comportamiento sexual daña el cuerpo o la salud de otro o distorsiona
la sexualidad de un menor, aunque medie consentimiento de quien lo
sufre, constituye un delito, ya que la producción de lesiones está
contemplado en los arts. 89, 90 y 91 del CP.
4) El llamado crimen sádico (parafilia como móvil
del homicidio) está contemplado en el art. 80 inc. 4º del CP
(homicidio por placer), ya que la causa y la razón del hecho tiene un
origen sexual. El código dice: "...quien mata por placer y al hacerlo:
a) Experimenta una sensación agradable;
b) Encuentra en ello satisfacción o;
c) Se regocija perversamente al destruir la
vida..."
Es decir, el acto sádico (placer) que lleva al
homicidio (por causa y razón sexual), configura un homicidio agravado
por el placer y puede ser:
a) Si el actor mata para provocar su sexualidad
(simbolismo sexual homicida);
b) Si mata para lograr el objeto que le provoca
placer (fetichismo);
c) Si mata para profanar el cadáver (homicidio
necrofílico);
d) Si mata a otro para saciar su deseo ya
despertado por una tercera persona (celos y envidia) (homicidio
"justiciero y reivindicador");
e) Si mata por estar decepcionado por el
comportamiento que presenta la víctima, opuesto al "esperado y
fantaseado por el actor" (placer en la expiación de una actividad
sexual "impura");
Quedan descartados aquellos en que la muerte es el
resultado de una violación (ocultación del delito, art. 81 inc. 7º, CP)
y la actividad necrofílica (si no hay homicidio, no hay delito).
5) La necrofilia (el muerto es una cosa) es una
parafilia que "per se" no configura delito si el actor no mató a la
víctima previamente para realizar la actividad necrofílica.
El resto de las llamadas "parafilias" quedan en el
estricto problema de lo íntimo de cada persona y no suelen ser ni
frecuentes ni generadoras de importantes conductas delictivas.
Otras manifestaciones sexuales
Dentro del amplio campo de las perturbaciones
sexuales sobre todo cualitativas (desviaciones y/o parafilias) sólo
enumeraremos aquí a aquellos comportamientos sexuales parafílicos o no
que con relativa frecuencia se observan en el quehacer médico-legal:
1) El fetichista que roba el objeto fetiche puede
ser causa de examen pericial (diferenciar de la cleptomanía o robo
compulsivo). Éste es un robo de clara base sexual para obtener el
objeto deseado y gozar con su colección u obtener placer orgásmico
solitario con su presencia.
2) Los mironistas, los escoptofílicos, los
exhibicionistas y los frotadores suelen crear conflictos sociales que
terminan en problemas judiciales, si bien comparados con los sádicos
son los delincuentes menores de la sexualidad y suelen mover a
irritación o sorna. No obstante, a veces suele observarse en la
escalada de las personalidades con parafilias múltiples que comienzan
como mirones, luego como exhibicionistas, siguen como paidofílicos y
así progresivamente frotadores, acosadores, abusadores y por último
violadores sádicos, etcétera.
3) La homosexualidad y el trasvestismo no
constituyen "per se" delitos, ya que el CPA no los tipifica como
delito, por lo tanto no debe considerarse al homosexual o al
trasvestista como delincuentes por el solo hecho de ser tales.
Existen homosexuales que cometen delitos al igual
que los heterosexuales. Las conductas sexuales de algunos homosexuales
(tal vez debido a la marginación social o a que muchos presentan
trastornos psíquicos) pueden ser consideradas socialmente peligrosas o
por la estructura de su personalidad ser portadores de un estado
peligroso predelictual.
En estos casos a nivel criminógeno el homosexual
frente al CP puede situarse en una doble actitud antijurídica:
1) Por un lado mediante la comisión directa de
delitos motivados por su frecuente estructura emocional inestable; así
se observa en los casos de homicidios o lesiones entre homosexuales por celos
o venganza, que en la mayoría de los casos presentan la peculiaridad
de ser más violentos y sangrientos que los denominados "pasionales"
cometidos por heterosexuales. Según los criminólogos, los "celos"
entre homosexuales juegan como un elemento de máxima peligrosidad, y
2) Por otro lado los homosexuales pueden delinquir
(igual que los heterosexuales) para satisfacer sus necesidades y/o
apetencias sexuales; tal es el caso de la corrupción, el abuso
deshonesto, el exhibicionismo, etcétera, sobre todo cuando tienen una
estructura psicopática, al igual que algunos heterosexuales.
Los homosexuales prostitutos (por lo general
bisexuales), por ejemplo algunos de los llamados "taxi boys", a veces
generan conflictos sociales y conductas delictivas, ya que suelen
algunos extorsionar a los homosexuales que abonan sus servicios, robar
y hasta matar cuando no logran sus objetivos.
Se han observado casos de "homosexuales latentes"
que temen por sus inclinaciones eróticas y que matan en serie a otros
homosexuales como una actitud "reivindicatoria social" y como
reaseguro frente a su virilidad cuestionada.
Los trasvestistas son personas que siendo
inequívocamente de un sexo se visten con ropas del otro sexo
acompañando este hecho a veces con la utilización de hormonas para
desarrollar caracteres morfológicos externos sexuales similares a los
del otro sexo, por ejemplo el desarrollo de las mamas.
No necesariamente son todos homosexuales ni suelen
tener tendencias transexuales (intento de cambio quirúrgico de sus
genitales externos). Muchos de ellos presentan conductas delictivas,
ejercen la prostitución o son detenidos por transgresiones a las
normas jurídicas, pero no por su conducta sexual si es ejercida en
privado.
La estructura psicopática sexual
La psicopatía sexual no debe definirse como el
carácter perturbado del comportamiento sexual, como habitualmente se
hace, pues esto supondría la colocación abusiva de una etiqueta
peyorativa sobre toda actitud no conformista. Ya hemos visto que las
perturbaciones sexuales cualitativas se denominan "parafilias" o
"desviaciones sexuales", no siendo obligatoriamente estas psicopatías
sexuales, es decir, los comportamientos parafílicos son modos de vida
sexual simplemente desviados, sin alcanzar en la inmensa mayoría de
las veces el grado de verdaderas sexopatías. Por lo tanto los
comportamientos sexopáticos no deben limitarse a conductas sexuales
parafílicas; la sexualidad más ortodoxa puede ser vivida en forma
psicopática.
Hay muchas maneras de vivir la psicopatía sexual;
por ese motivo resulta difícil generalizar el concepto de estructura
sexopática. La psicopatía sexual está configurada cuando la actividad
sexual convencional o desviada se da en el marco de un comportamiento
psicopático.
Desde el punto de vista semiológico se describen
cinco elementos que nos permiten avalar la estructura psicopática
sexual:
1) Transgresión: es una conducta antisocial,
voluntaria, consciente y erotizada; realizada como búsqueda de placer
sexual (objeto sexual).
2) Malignidad: al desviado sexual no sexópata le es
indiferente la idea de mal
dad, no valora su desviación porque ella genere daño. El sexópata goza
con el mal, le produce placer el dañar a los demás.
3) Justificación: la contradicción del sexópata es
que al tiempo que busca el placer a través de la transgresión y la
maldad, se pretende justo; es decir, siempre encuentra la
justificación del hecho que comete, no logrando nunca la autocrítica.
4) Proselitismo: el sexópata no tiene escrúpulos
frente al otro, lo reduce a objeto, lo destruye moralmente a través
del escándalo, la mentira, la degradación, etcétera. Es decir, monta
la escena erótica, el juego prevalece sobre las vivencias, por eso
prevalece la destrucción psíquica sobre la física. Luego pretende
reducir a su objeto sexual en cómplice. Es decir, pretende ampliar la
nómina de perturbados de la que forma parte, justificando "no soy el
único".
5) Refractariedad: ningún sexópata intenta
modificar su comportamiento; sus tendencias le satisfacen y son una
razón para vivir. A veces se ponen en manos de un terapeuta para
paliar algún problema con la justicia, pero en el fondo no tienen
intención de tratamiento, y una vez solucionado el asunto (bien o mal)
desaparecen. Hay desviados, a diferencia de los sexópatas, que sufren
por sus tendencias (egodistónicos), siendo ésta una indicación de
terapia, aunque ello no asegura el éxito. Los sexópatas, desviados o
no, son siempre egosintónicos, por lo tanto refractarios a cualquier
tipo de cambio a través de un tratamiento. Por último debemos recordar
que desde el punto de vista médico, el ejercer presión sobre una
persona al margen de su voluntad para realizar un tratamiento, nunca
llega a buen término.
La criminalidad sexual y el art. 34 inc. 1º del CPA
En la relación existente entre la criminalidad
sexual y el art. 34, inc 1º del CP se debe tener en cuenta que:
1) La valoración médico-legal de los delitos de
origen sexual supone relacionar el tipo de delito cometido con la
personalidad del delincuente, valorando, como ya es habitual, si en el
momento del hecho que se le imputa el actor ha tenido capacidad de
comprensión y la voluntad para dirigir su acciones o estuvo impedido
de ello como consecuencia de padecer una alteración morbosa de las
facultades, un estado de inconsciencia o de insuficiencia de las
mismas (art. 34 inc. 1º CP).
2) La comprensión suele estar conservada en todos
los trastornos psicosexuales, salvo el caso de algunos oligofrénicos,
en demencias con trastornos orgánicos de la personalidad y ocasionales
cuadros psicóticos. También debe valorarse la situación del
conocimiento bajo la influencia de sustancias tóxicas, preferentemente
el alcohol y/o drogas. En general lo único que hacen los tóxicos es
aflorar la patología de base.
3) En el estudio de la voluntariedad de los sujetos
que llevados por su trastorno psicosexual llegan a la comisión de un
delito es frecuente observar que se los pretenda encuadrar en
situación de una ideación obsesivante patológica, es decir un estado
de "compulsión automatizada" que le haya impedido dirigir sus
acciones. Si bien no se puede descartar que esta situación podría
eventualmente darse, podemos afirmar que esta posibilidad es un hecho
excepcional.
Debemos hacer notar que cuando se habla actualmente
de un trastorno obsesivo compulsivo (no "impulsivo") y se utilizan
ambos términos, se está haciendo referencia a los pensamientos
(obsesivos) y las conductas (compulsivas) que caracterizan a esta
neurosis.
4) Las obsesiones son definidas como ideas,
pensamientos, imágenes o deseos persistentes o recurrentes que son
ajenas al Yo (reiteración sobre un tema o problema), es decir que no
se experimentan como algo producido voluntariamente, sino más bien
como ideas que invaden el campo de la conciencia. El individuo por lo
tanto realiza intentos por ignorarlas o suprimirlas sin éxito
(ideación parasitaria), hecho que lo angustia.
5) Las compulsiones son conductas que se
experimentan no como el resultado de la volición del individuo, sino
que van acompañadas tanto de una sensación de impulso irracional a
efectuar alguna forma de acción, como por una lucha o deseo a
resistirse. Sin embargo, el impulso permanece como impulso y no es
ejecutado por el individuo, ya que este teme "perder el control" de su
conducta.
Estos impulsos, aunque no conducen a la acción,
provocan gran ansiedad en el individuo y le obligan a tratar de evitar
la situación o el objeto que le provoca el impulso. Por ejemplo no
querer asomarse a un balcón por temor a sentir el impulso de tirarse
al vacío.
En ocasiones la conducta compulsiva se vuelve muy
elaborada y repetitivamente esterotipada, haciendo el neurótico lo que
denomina "rituales compulsivos", por ejemplo lavarse las manos tres
veces o comenzar a caminar con el pie derecho ante el temor a las
infecciones o a caerse en la calle, etcétera.
A veces estos rituales se vuelven tan complejos,
que llevan a interferir casi todas las actividades diarias del
paciente.
Tanto las obsesiones como las compulsiones son
egodistónicas (ajenas al Yo) para el individuo. Sólo en forma
excepcional se han observado que las obsesiones bajo la forma de un
deseo imperativo de realizar actos disvaliosos (reñidos con los
principios del individuo y su manera de ser) se cumplan en la acción y
sólo luego de luchas internas (compulsiones) que pueden llevar hasta
al agotamiento al individuo. Ejemplo de ello son los a veces
intrascendentes actos de cleptomanía o los no tan intrascendentes
episodios de piromanía u homicidios.
Para que ello se configure como una idea
obsesivante patológica tiene que aparecer como una conducta repentina
e imposible de controlar y ejecutada sin prevención o cálculo
premeditado y a veces frente a la presencia de terceros testigos, ya
que la impulsión es tan fuerte que el individuo no puede evitar,
controlar o postergar la acción temida de ejecución para una
circunstancia más propicia o menos comprometida. Luego de un momento
de un gran alivio por la ejecución del hecho tensionante, el
individuo, como no lo quería hacer (conciencia clara de la ilicitud),
siente un gran remordimiento y necesita expiar la culpa que su
accionar le ha generado; no olvidemos que es una conducta neurótica y
no psicopática.
En estos casos excepcionales la conducta sexual
perturbada se expresa como un patrón de comportamiento que se reitera
y se sistematiza frente a los estímulos sexuales que "detonan" la
compulsión, tornándolos reincidentes y particularmente peligrosos por
su impulsión irrefrenable.
Dicha situación de inimputabilidad es excepcional;
lo habitual no son estas "neurosis obsesivas compulsivas
automatizadas", sino las impulsiones psicopáticas conscientes y
premeditadas.
6) Los impulsos o pulsiones, a diferencia de lo que
hemos descripto, se observan con frecuencia en las conductas
psicopáticas (acting out) y se dan en los trastornos antisociales de
la personalidad, en las personalidades psicopáticas o psicopatías
clásicas, y corresponden a un tipo rígido de estructura que se
caracterizan por presentar:
_ Una manifestación instintiva ya sea global
(nutricional, sexual y social) o exclusivamente sexual (ya sea
implícita o explícita);
_ Una base psicopática, es decir un individuo no
alienado (ausencia de delirios, alucinaciones, etcétera) que obtiene
gratificación o placer en la transgresión de las pautas éticas,
sociales o jurídicas;
_ Una actuación (acting out) impulsiva, reiterada,
egocéntrica y placentera;
_ Una actitud posterior al acto; presenta falta de
arrepentimiento o culpa, no le interesa aprender con la experiencia y
expresa promesas (falsas) de cambio como medio de sortear la situación
policial o penal en la que se halla involucrado.
Cuando en estos trastornos de la personalidad se
observan conductas sexuales perturbadas o delictivas como un
componente intrínseco (egosintónico) de la personalidad anómala
estamos ante una psicopatía sexual (como ya hemos visto).
7) Por lo expuesto, las conductas delictivas
sexuales que suelen ejecutar estos individuos corresponden a un hecho
que el actor premedita, anticipa y ejecuta en forma coordinada hacia
un objetivo que responde a sus necesidades placenteras utilizando
conscientemente el ardid o el engaño para lograr su finalidad, de
manera que lo realiza con clara valoración de la ilicitud (por eso
engaña) y se toma el tiempo necesario que las circunstancias le
requieren (no es un hecho compulsivo, irrefrenable, reflejo o
automático que responde a una ideación obsesiva patológica, como ya
vimos)
Semiología de la conducta delictiva
Que tal comportamiento pueda adquirir
características de habitualidad y ser el producto de una situación
histórica (biografía de la personalidad anómala) que explique
psicológicamente su conducta, tal accionar no puede ser justificado
médico-legalmente si el actor no presenta alguna perturbación mental
de las contempladas como eximentes en el art. 34 de CP y que por ende
le hayan impedido en el momento del hecho comprender la criminalidad
del acto y/o dirigir sus acciones.
8) Por otra parte, si al actor presenta un perfil
de personalidad mal estructurado, producto de una historia vital
(desarrollo de personalidad) donde interviene:
_ Su aptitud (modo de ser), carga genética
constitucional o terreno predisponente y
_ Su actitud (modo de actuar) consecutivo a su
biografía, sus vivencias infantiles, la matriz educacional, su modo o
estilo de vida o conductas anómalamente aprendidas como forma de
gratificación de sus necesidades sexuales primarias, que configuran
sus rasgos de carácter o condición disposicional para la realización
de comportamientos sexuales delictivos como los ya descriptos, debemos
tener en claro que no es resorte médico legal (queda a criterio del
Tribunal) discernir sobre su imputabilidad o la existencia de algún
tipo de atenuación de la pena si a criterio del magistrado el actor ha
presentado (como consecuencia de su biografía) algún tipo de
disminución o minusvalía de su capacidad mental frente al delito.
9) Por lo tanto podemos decir en general que en la
mayoría de los casos observados el agresor sexual conoce lo que
realiza y el valor antijurídico de su conducta y realiza lo que quiere
o desea intencionalmente.
La imagen del sexópata agresivo e impulsivo,
insaciable en su necesidad de ultrajar y/o asesinar a sus víctimas, no
es un hecho habitual o común dentro de la delincuencia sexual.
La mayoría de los agresores sexuales no matan a sus
víctimas, solamente disfrutan o gozan con el placer que le determina
su conducta sexual perturbada.
10) Se debe saber diferenciar las perturbaciones
sexuales sintomáticas dadas en una personalidad psicótica (alienada) o
con disturbios mentales graves (oligofrénicos, trastornos de la
personalidad con las distintas variantes psicopáticas, la estructura
borderline y los episodios o reacciones vivenciales anormales) de los
perturbados sexuales genuinos cuya disfunción y/o desviación o
parafilia configura un patrón sexual impulsivo o una estructura
sexopática de difícil modificación.
Grados de peligrosidad
La tarea de predicción de la peligrosidad de un
delincuente sexual ha de tener en consideración la gravedad y la
frecuencia de las agresiones sexuales mostradas en la carrera
delictiva. La presencia de los siguientes indicadores está asociada a
un riesgo elevado de reincidencia:
1) Si el delito incluyó la violencia y puso en
riesgo físico a la víctima;
2) Si hubo acciones excéntricas y/o la presencia de
rituales;
3) Si es reincidente (no cambia su comportamiento
ni aprende con la experiencia);
4) Si ha existido evidencia de alteraciones
psicopatológicas graves;
5) Si el sujeto no reconoce el delito o lo
racionaliza y no concientiza la idea de ser ayudado terapéuticamente.
6) Si no le interesa controlar su conducta sexual y
se mueve con impulsión sexual gratificante;
7) Si vive en un medio sociocultural adverso;
8) Si su comportamiento es vivido en forma
egosintónica.
La peritación sexológica
El modelo a utilizar en la peritación sexológica
dependerá de tres elementos: el caso, el actor y el perito. En
términos generales se debe tener en cuenta tres momentos clínicos que
deben responderse como interrogantes: ¿Por qué? = Etiopatogenia; ¿Qué?
= Diagnóstico; ¿Para qué? = Conclusiones.
Los pasos del examen pericial de acuerdo con todo
lo expuesto deberán cumplir cuatro momentos:
1) Diagnóstico psicopatológico de la personalidad
del actor y su relación con su contexto sociocultural;
2) Diagnóstico de la perturbación sexual;
3) Investigación semiológica de la conducta
delictiva;
4) Nexo psiquiátrico-forense.
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Perversiones
Debido a la variada utilización popular y profesional, el término
perversión presenta interminables dificultades. En particular porque
se relacionó (erróneamente) con supuestas "desviaciones" sexuales.
Concepción desechada en la actualidad. En este sentido la psiquiatría
y psicología adoptaron para las situaciones relacionadas con lo sexual
"disfunciones" o directamente "parafilias". En este sentido los
manuales de diagnóstico de los trastornos mentales (DSM-IV y CIE 10))
desechan la denominación de perversión
El caso del psicoanálisis se
convierte en una lectura particular, porque desde la perspectiva del
psicoanálisis, la perversión se aleja de las parafilias y toma valor
como una de las tres grandes estructuras nosográficas: psicosis,
neurosis y perversión. Cabe diferenciar al psicoanálisis francés de
otras posturas, por ejemplo de aquellas que sostienen una linealidad
continuada de patologías de las cuales es posible entrar o salir. En
el caso psicoanalítico se plantea una seriación de las estructuras,
por lo que la constitución subjetiva de un sujeto no es modificable en
ese sentido. Esto da lugar a muchas confusiones porque el
psicoanálisis no sostiene entonces la salida de estas estructuraciones
básicas sino diferentes maneras de situarse en estas relaciones
subjetivas. Se trata entonces de los modos que una persona encuentra
de ubicarse frente al Otro, frente a la significación y la
constitución subjetiva del mismo. Para entender esto es preciso
distinguir que la psicología tradicional realiza sus diagnósticos a
partir de sucesos fenomenológicos observables, como por ejemplo
mediante una descripción de comportamientos al modo de los manuales
diagnósticos. El psicoanálisis parte de una base organizativa mayor
por lo que los rasgos sintomáticos no bastan para definir una
estructura. Por otra parte el psicoanálisis cuestiona la distinción
tradicional normalidad – enfermedad por considerarla dependiente de la
connotación médica, debido a que bajo una lectura psicoanalítica,
todas las personas presentarían un posicionamiento en alguna de las
tres grandes categorías.
Se parte así de un origen
lógico en relación a la dinámica edípica, y una fuerte concepción
teórica pero de difícil apreciación por parte de aquellas personas
(profesionales o no) que no se encuentran familiarizadas con la lógica
teórica ni con la terminología característica del psicoanálisis.
Las estructuras básicas
dependen de una relación simbólica en la dialéctica también simbólica
del paso edípico del ser al tener. Cobra importancia el significante
en relación a la falta y la completud del Otro (significante fálico).
Planteado así, se parte de momentos lógicos cruciales y determinantes
en la constitución del sujeto, y de diferentes maneras según las
cuales un sujeto se relaciona o no con lo simbólico de estas
apreciaciones. Así cobra importancia la posible intervención del
significante llamado paterno (no del padre real) y su intervención en
la dialéctica.
En este sentido los tres
grandes caminos posibles:
En la neurosis se reprime la
significación primordial, reservándose entonces el término utilizado
por Freud característico de la estructuración neurótica Verdrängung
(Represión). Esta estructura esta Basada en inscripción de la función
significante como punto de origen. La neurosis se describe en relación
a la función simbólica relacionada con la instancia de demarcación de
una legalidad en relación a la triangulación edípica (significante
nombre del padre). En este punto es necesario aclarar que el
psicoanálisis plantea diferenciar la estructura perversa de los rasgos
perversos en la neurosis
Para la psicosis el término
utilizado es Verwerfung (Forclusión), a diferencia de la neurosis
donde se reprime la significación, en este caso se la expulsa del
aparato psíquico
Para la perversión el
término utilizado por Freud es Verleugnung (renegación), aquí la
significación del significante primordial se mantiene, pero no se deja
de renegar contra ella. Así el perverso queda capturado en la
dialéctica del ser y el tener, donde la terceridad será reconocida
pero solo para no dejar de impugnarla (desafío y trasgresión). En
términos psicoanalíticos: Se cree en la castración y a la vez se
reniega de ella, es decir se sabe concientemente de la falta
estructural que remite simbólicamente a la falta de pene en la mujer,
aunque en rigor nada le falte. Lo que ocurre es una manera particular
de significar el hecho evitando la angustia. Así la significación de
la ley se mantiene, porque la madre (funcional) del perverso no es una
madre fuera de la ley, sino que es una madre fálica, porque el
perverso mantiene en el horizonte una madre referida a la
significación paterna, de otro modo se hablaría de psicosis. En la
perversión el discurso materno se hace el representante o
intermediario de esta terceridad (significante paterno), que no
interviene de manera significante más que fallidamente.
Parte 1 / Parte 2
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