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En Gran Bretaña, la emisora pública BBC remozó
sus instalaciones y volvió a transmitir imágenes a mediados de
1946. A este nuevo comienzo le siguió un desarrollo lento y
constante: sólo en 1960 se completó la cobertura de todos los rincones de
las islas, y en 1962 se contabilizaron cerca de 12 millones de
televisores.
En Francia, si bien las tropas de ocupación nazis
pusieron nuevamente en funcionamiento los estudios parisinos hacia 1943,
los pocos telespectadores franceses de entonces pudieron disfrutar de doce
horas semanales de programación regular del primer canal público recién en
el otoño de 1947; con anterioridad, las fuerzas políticas
francesas habían promulgado la nacionalización de radiodifusión gala.
En el lado occidental y capitalista de una Alemania
derrotada y dividida en dos, los Aliados impusieron a la radio y
televisión alemana la descentralización por länder, dando lugar a
uno de los sistemas federales más complejos del mundo. En diciembre de
1952, la Nordwest Deutscher Rundfunk
fue la emisora pionera de este nuevo comienzo.
Del otro lado de “la cortina de hierro”, los estudios de Moscú
volvieron a poner imágenes en el aire de forma irregular a partir de mayo
de 1945 para, finalmente, regularizar las transmisiones a partir de
1948.
En los EEUU el crecimiento económico de posguerra tuvo su
correlato en el crecimiento del número de emisoras, horas de programación
y televisores en los hogares. Algunos de los programas creados en ese
entonces se revelarían clásicos con el paso de los años (por ejemplo,
El show de Sullivan o Martín Kane, detective privado). Por su parte,
la FCC, estableció en 1947 la normalización
técnica de todas las emisiones televisivas, lo cual dio lugar al
reinicio de la expansión del medio por todo el país.
A medida que los servicios de televisión se regularizaron fueron ganando
fervorosos televidentes allí donde comenzaban las emisoras y estableciendo
un novedoso equilibrio en relación a los otros medios de
comunicación de masas (prensa, cine y radio). Asimismo se perfilaron dos
modos diferenciados de entender la televisión en Occidente:
mientras que en los EEUU, y luego en Iberoamérica, la industria televisiva
se asentó en redes de empresas privadas y comerciales en
competencia (cuyas cabeceras eran la ABC, la NBC y la CBS), en la
Europa del Oeste de posguerra la reconstrucción implicó la construcción de
fuertes sistemas públicos y nacionales de radio y
televisión
La
"colorida" expansión mundial
Los
años 50 han sido calificados por muchos analistas como aquellos
del “gran salto de la televisión en el mundo”, puesto que
es entonces cuando los servicios regulares de televisión
se extendieron gradualmente por las grandes urbes del mundo.
Así, por ejemplo, México y Brasil contaron con una programación regular a
partir de 1950; Holanda y Argentina, al año siguiente; Italia, Alemania
Oriental y Venezuela, hacia 1952; Bélgica, Dinamarca, Polonia,
Checoslovaquia y Canadá, en 1953; Austria, Luxemburgo y Mónaco, en 1955;
España y Suecia, en 1956; Portugal, un
año más tarde; y, Suiza, Finlandia, Yugoslavia, Hungría, Rumania y China,
en 1958.
En la gran mayoría de los casos la cobertura geográfica
de las televisiones era muy pequeña (de carácter local
diríamos hoy día), y eran pocas las horas del día en que se transmitían
imágenes. Asimismo, la presencia del televisor en los hogares no estaba
extendida; a cambio, distintos lugares públicos -como los
bares- servían de escenario de encuentro a los telespectadores.
Frente a este panorama, gobiernos y empresarios dedicaron esfuerzo e
imaginación, a construir redes nacionales de televisión hertziana.
Para ello se instalaron nuevas emisoras, postes repetidores y líneas de
cables. Las grandes distancias y los accidentes topográficos debían
rendirse ante un sistema planificado.
Por ejemplo, en Francia, el Gobierno lanzó, en 1954, un
plan nacional quinquenal que contempló el emplazamiento
de 45 transmisores de televisión. El plan tuvo su razón de ser en el bajo
porcentaje de hogares con televisor (en 1953, sólo 60.000 aparatos) y en
la falta de cobertura de todas las regiones del “hexágono”.
Sin embargo, un país se destaca por la conformación de una poderosa
industria televisiva: EEUU. Hacia 1952 se calcula que
unas 108 emisoras estadounidenses alimentaban las pantallas de unos 21
millones de televisores.
Al ritmo que crecía el número de emisoras y televisores se disparaba la
publicidad que explotaba este nuevo medio. Las cifras son
reveladoras: de una inversión publicitaria de un poco más de 10 millones
dólares, en 1950, se pasó a 1.500 millones, en 1960. A
comienzos de los años ’50 la diferencia entre los EEUU y el resto de los
países desarrollados era notoria. Durante los primeros meses de 1952, en
Gran Bretaña sólo se habían vendido 1,2 millones de televisores, en
Francia cerca de 10.558, y en la entonces Alemania Federal apenas se
contabilizaban tan sólo 300 aparatos.
El encanto de la televisión comenzaba a causar furor en otras culturas. En
Japón, la televisión pública, la NHK (Japan
Broadcasting Corporation), comenzó a operar en 1953
y al año siguiente hizo lo propio la primera estación comercial.
Un importante avance técnico registrado fue la incorporación del
color a las transmisiones televisivas. Las grandes compañías
estadounidenses fueron las primeras en proponer un sistema de televisión
color: el NTSC. Con la aprobación de la FCC, EEUU
se convirtió, en 1953, en el primer país en contar con
televisión color. Hoy el NTSC está en funcionamiento en los EEUU, Canadá y
Japón, entre otros países.
Posteriormente en Europa se puso en marcha una serie de investigaciones
para perfeccionar el sistema estadounidense. Los resultados de éstas
dieron lugar a dos sistemas de televisión color. En 1959,
el Gobierno galo puso en marcha un sistema denominado SECAM;
mientras que en Alemania Telefunken- ideó el sistema PAL
(en 1963. Así las cosas, como indican Albert y Tudesq (2001), “en los años
1962-1965, los países de Europa no supieron elegir un sistema único y hoy
en día, si el PAL ha ganado el mercado de los principales países europeos
occidentales, el SECAM se ha impuesto en los países del Este, en numerosos
países del cercano Oriente, en algunos países de América Latina y en
África francófona”
Una
televisión internacional
La
internacionalización de los programas es una tendencia observable a lo
largo de la historia de la televisión.
La Europa de posguerra, un continente partido en dos, fue el escenario
donde surgieron dos grandes redes de cooperación técnica e intercambio de
información y programas. Por un lado, Eurovisión,
creada por la Unión Europea de Radiodifusión (UER)
a mediados de los años ’50. Por otro, Intervisión, en parte, una
respuesta de la comunista Organización Internacional de Radio y
Televisión (OIRT) a la apuesta de la UER. Años más tarde, en 1993, el
cambio de las relaciones políticas y la desintegración del bloque
soviético propiciarían la fusión de la OIRT con la UER.
Por su parte, en el continente americano venía funcionando, desde 1946, la
Asociación Interamericana de Radiodifusión (AIR).
En el resto de las regiones se fueron conformando asociaciones similares:
la URTNA africana (1962), la ABU asiática (1964), la ASBU para los países
árabes (1969), la CBU caribeña (1970), etcétera.
Gran parte de los intercambios entre países y entre organismos
internacionales se basa en la difusión de programas a través de los
satélites de comunicaciones. Así, desde el lanzamiento
del primer satélite sputnik, en 1957,
y de satélites cada vez más perfeccionados, estadounidenses, rusos, luego
europeos, japoneses, etc., los intercambios de informaciones y de
programas se multiplican (Flichy, 1993).
Con el correr de los años la relación televisión-satélite fue dando fruto
a una escalera de hitos históricos. En julio de 1962, el
Telstar I, permitió “viajar” a una imagen televisiva entre
EEUU y Europa. Un año después, el primer satélite geoestacionario, el
Syncom III, permitió a estadounidenses y europeos
seguir los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964. Años más tarde,
tuvo lugar la publicitada “primera transmisión planetaria”:
el programa Nuestro Mundo se difundió en simultáneo para 31 países.
Ante estos avances, los gobiernos vieron la necesidad de crear una red
mundial de satélites de comunicaciones. El Early Bird,
puesto en órbita en 1965 por el consorcio privado internacional Intelsat,
fue el primer satélite que tuvo esa finalidad..
También por esos años hicieron su aparición los satélites de
difusión directa (DBS, Direct Broadcast Satellite), los cuales
permitían la difusión de una decena de señales de televisión hasta antenas
parabólicas “domésticas” y de éstas al televisor.
Hacia 1989, la fusión del decano de los satélites europeos de televisión,
Sky Channel, con el consorcio British Satellite
Broadcasting, dando nacimiento a BskyB (hoy, Sky
Digital), dio el pistoletazo para la segunda generación de
operadores televisivos vía satélite. En poco tiempo la creación de
diversas plataformas multicanales vía satélite en todos los países fue un
hecho.
Un paso más se dará cuando las plataformas satelitales se digitalicen
totalmente. Así, en EEUU se lanza, a mediados de 1994, Direct TV.
Mientras que en la UE, Canal Satellite Numérique, filial de
Canal Plus (Francia), se convertirá en la primera plataforma digital
europea.
Al finalizar el 2000 un informe auspiciado por Eutelsat indicaba
que en los países de la UE se contaba con 15 millones de receptores de
televisión por satélite; siendo los británicos (cinco millones), los
franceses (tres millones), y los italianos y españoles (dos millones cada
uno) sus principales usuarios
La
televisión en Latinoamérica
Desde que
la televisión irrumpe en la vida de las sociedades iberoamericanas, se ha
ido consolidando como el principal medio de difusión de masas. Como
características comunes debemos señalar el carácter comercial
del medio y la estrecha relación que históricamente ha guardado con los
gobiernos de turno, tanto civiles como militares. Hoy como ayer, son
millones los latinoamericanos que encienden, día tras día, sus televisores
para entretenerse e informarse.
En sintonía con el investigador australiano John Sinclair (2000),
constatamos que si bien cada país tiene su propia historia del desarrollo
de la televisión, en el caso de América Latina, es
posible observar tres etapas comunes a todos las
naciones. A saber:
Primera etapa: correspondiente al período de
implantación de la televisión durante las décadas de 1950
y 1960. Esta fase se caracterizó por el “apoyo” prestado por las
redes de radiotelevisión estadounidenses (NBC, ABC y CBS) a la
consolidación del nuevo medio bajo el modelo comercial. Asimismo, la
influencia de las empresas norteamericanas en el Centro y
el Sur del continente americano se hizo notar en la exportación de
programas y en la inversión de capitales para la creación de emisoras (la
presencia del consorcio Time-Life en el grupo O Globo de Brasil,
por ejemplo) y en productoras de televisión (como sucedió en Argentina).
Segunda etapa: caracterizada por la madurez
de la industria televisiva, tiene lugar en los años 70 y 80.
Se trata de mercados nacionales consolidados con una importante
producción propia de programas que en algunos géneros, como las
telenovelas, se exportan de una manera generalizada..
Tercera etapa: Las emisiones televisivas vía
satélite llegan hasta los hogares más remotos. Asimismo, la
distribución de señales de televisión por cable alcanza en algunos países
(por ejemplo, Argentina) cuotas de penetración altas.
En este nuevo escenario los grandes productores latinoamericanos están
formando alianzas con empresas globales, por ejemplo
Televisa (México) y Globo (Brasil) con la compañía de Rupert
Murdock, News Corporation y Sky Latin America en DTH (Televisión
Directa al Hogar). En consecuencia, las audiencias se internacionalizan y,
al mismo tiempo, se fragmentan.
Como singularidad del continente puede decirse que grandes mercados de la
región están dominados por cadenas de televisión que poseen un doble rol
de productoras-emisoras de programas.
Dentro de la producción televisiva de los países que componen el mosaico
iberoamericano, cabe destacar un género propio de formato televisivo que
los países productores de América Latina exportan hoy a todos los
continentes y por los que la televisión latinoamericana es conocida:
la telenovela. Según el investigador mexicano Guillermo
Orozco (2002), se trata del “producto más distinguido” de
la programación latinoamericana puesto que, la telenovela, “además de
reflejar rasgos de identidad, aglutina grandes audiencias frente a los
televisores, provocando distintos sentimientos y evocando diversas
aspiraciones”.
La
televisión por cable
Los
comienzos de la televisión distribuida a través de sistemas de
cables tuvo su origen hacia finales de la década de 1940
en EEUU. El objetivo inicial era hacer llegar las imágenes
televisivas a aquellas localidades que por cuestiones topográficas
quedaban “a la sombra” de la difusión de las estaciones hertzianas.
En la televisión por cable es el televidente quien paga por la instalación
del sistema, además de abonar una cuota mensual por el acceso al servicio.
Dicho abono se incrementa si el suscriptor desea recibir otras señales
catalogadas como premium (por ejemplo, películas
de estreno, espectáculos deportivos o musicales, etc).
Se suelen distinguir tres fases en el desarrollo de la
televisión por cable:
Primera fase: el cable coaxial se utiliza como
prolongación y mejora de las emisiones hertzianas de televisión;
varía cronológicamente según los países pero genéricamente llega hasta
finales de la década de 1960. Se trata de operadores unidireccionales,
emplazados en áreas rurales y ciudades pequeñas, que garantizan la
recepción de algunas señales de televisión.
Segunda fase: iniciada durante los primeros años de la
década de los 70, se caracterizó por la especialización de la
oferta (largometrajes, música, noticias, etc.) y porque las
emisoras de cable se ven obligadas a producir programación propia (en los
EEUU) y a pagar derechos de transmisión de los programas de televisiones
internacionales (Europa). Paulatinamente el cable va expandiéndose entre
ciudades densamente pobladas.
Un cambio de singular importancia en la historia del desarrollo de la
televisión por cable se produjo en septiembre de 1975 cuando Home Box
Office (HBO), alquiló una conexión con el satélite Satcom I,
lo que indirectamente permitió dejar de pensar en el cable como parte de
la iniciativa local de televisión y comenzar a hablar de una
“Nación cableada”. Mediante esta operación HBO se colocó a la
altura de las tres grandes cadenas estadounidenses y se convirtió en el
modelo a seguir por otras compañías.
En Europa, desde los orígenes de los años sesenta Holanda, Suiza y sobre
todo Bélgica han estado a la cabeza del cable del Viejo Continente. En
Bélgica, el Estado obligó a que cada operadora, además de canales
estrictamente locales, incorpore en su oferta canales de libre acceso de
los ciudadanos así como otros de televisión internacional tales como
televisión francesa y de Radio Tele Luxemburgo (en alemán) e
incluso españolas.
Tercera fase: desde mediados de los años ochenta hasta la
actualidad, la relación entre emisoras, a través de su oferta
de programas y servicios, y audiencias se está volviendo cada vez
más interactiva (acceso de banda ancha a Internet,
elección de idiomas, etc.). Esta novedosa relación es posible
gracias a la digitalización, parcial o total de la red, en gran
parte posible a partir de la incorporación del cableado con fibra óptica.
Asimismo, se produce una complementariedad, ya presente en la etapa
anterior, y, en algunos casos, una simbiosis entre los operadores de
televisión por cable y los operadores de televisión por satélite.
Actualmente, en EEUU hay unos 73 millones de hogares abonados a empresas
de televisión (un 70 por ciento de los hogares estadounidenses). Por su
parte, Japón cuenta con unos 15 millones de suscriptores, una penetración
sobre el 30 por ciento de los hogares. Mientras que en la UE son más de 50
millones los abonados, con penetraciones en los respectivos mercados que
van desde cifras cercanas o superiores al 90 por ciento en países como
Bélgica, Holanda o Luxemburgo, a presencias meramente testimoniales de un
4 como España e Italia
La
televisiones locales
Una de las
tendencias observables en las últimas dos décadas es la consolidación de
sistemas televisivos regionales y locales.
Éste tipo de emisoras, de un alcance menor que las estaciones de cobertura
estatal, forman parte de un fenómeno que comienza a darse, en primer
lugar, en EEUU. Por su parte, en la Europa de los años 70, tiempo en el
que algunos países que ya contaban con sistemas nacionales de televisión
consolidados, como por ejemplo Francia, comenzó a ser corriente la emisión
desconectada de programas regionales y locales por un canal de televisión
nacional dando lugar a la “televisión de proximidad”. Con
el correr de los años esta manifestación temprana de descentralización de
la televisión se profundizará y se volverá más compleja.
Los investigadores españoles Moragas Spà, Garitaonandía y López (1999) al
estudiar las experiencias de descentralización de la televisión en Europa
señalan una serie de factores que han contribuido a su realización:
-
Factores políticos: paralelismo entre regionalización
político-administrativa de los Estados y la descentralización
televisiva; la influencia de grupos y partidos políticos; el predominio
de la iniciativa pública.
-
Factores culturales (y lingüísticos): estrechamente vinculados
a los factores políticos, en mucha televisiones regionales el factor
lingüístico ha sido motor principal para su creación.
-
Factores tecnológicos: los avances en el terreno de las
tecnologías de producción (vídeo, cámaras ligeras, equipos ENG) no
hubiese sido posible la creación de las emisoras locales o regionales.
Asimismo,
y a partir de la combinación e influencia recíproca de estos factores,
pueden distinguirse cuatro fases en el desarrollo histórico
de la descentralización televisiva europea:
-
Finales de los años 60 y década de 1970:
las televisiones
públicas crean los segundos y terceros canales; las
grandes emisoras nacionales crean sus estructuras regionales (centros en
las principales ciudades que cumplen un papel secundario actuando como
corresponsalías). En España, es el caso principalmente de Barcelona y
Canarias
-
De mediados de los años 70 a mediados de los 80: corriente que
critica la estructura centralista de los monopolios de la televisión
pública. Surgen las primeras televisiones locales, en
muchas ocasiones ilegales o piratas. Se refuerzan las estructuras
regionales existentes (creación de terceros canales de base regional en
Francia e Italia). En España, a pesar de que no se crea un tercer canal,
surgen las televisiones de las Comunidades Autónomas en País Vasco,
Cataluña y Galicia.
-
De mitad de los años 80 a principio de los 90: ante un nuevo
panorama marcado por la competencia entre las televisiones públicas y
las nuevas cadenas nacionales privadas, se congelan o reducen las
actividades descentralizadas. En países como España, las emisoras
locales se constituyen a partir de pequeños empresarios.
-
Actualmente: las desconexiones regionales
recobran protagonismo; nuevas experiencias de ámbito regional, local o
micro-urbanas (ej., ciudades o medios de transporte –metros,
aeropuertos, autobuses, etc.- que cuentan con televisiones propias).
La
televisión digital terrestre
La
generalización de los satélites de difusión directa (DBS)
y de la televisión por cable (CATV) en vastas regiones
del mundo, unida a la digitalización de las señales y de los servicios
ofrecidos por ambos soportes, ha producido un nuevo escenario televisivo
con posibilidades no imaginadas años atrás: la multiplicación
exponencial de señales, la fragmentación de audiencias
y el surgimiento de nuevas formas de financiación, como
el abono mensual o el pago por visión, por ejemplo.
A este nuevo escenario se vino añadir, desde la segunda mitad de los años
90, el debate acerca de los cambios que traería aparejados la denominada
televisión digital hertziana o televisión digital terrestre (TDT). Son
numerosos los investigadores que coinciden en señalar que actualmente la
televisión se encuentra ante el proceso de transición tecnológica
más importante desde sus comienzos hace algo más de medio siglo, puesto
que a partir de la digitalización total de los sistemas de
televisión (producción, emisión y recepción de programas) emerge una serie
de posibilidades que puede llegar a terminar con la televisión hasta hoy
conocida.
La digitalización permite ofrecer una amplia gama de
posibilidades que va desde la difusión de televisión de alta definición
-el formato que ofrece la mejor calidad de imagen hasta hoy conocida-
hasta la interactividad. En apretada síntesis podemos decir que la
televisión digital terrestre permitirá, entre otras cosas:
-
incrementar notablemente el número de programas,
servicios y señales actualmente disponibles
-
mejorar la calidad de las imágenes y del sonido de las
transmisiones y de las recepciones televisivas
-
establecer servicios personalizados e interactivos
(relación empresa televisiva-audiencia) de radiodifusión y
telecomunicaciones
-
facilitar la convergencia entre el sector audiovisual,
las telecomunicaciones y la informática.
A
comienzos del siglo XXI, ya son varios los países que han comenzado a
implementar planes de migración de la televisión
analógica a la televisión digital. Sin embargo, esta
migración exige tanto una compleja coordinación entre programadores,
fabricantes de equipos receptores y operadores de redes, como cuantiosas
inversiones tanto de la industria como del público televidente.
Actualmente se encuentran en juego tres normas de transmisión de
televisión digital terrestre. Elaboradas por empresas estadounidenses,
japonesas y europeas, estas normas -como ocurriera décadas atrás con los
sistemas de televisión color concebidos en EEUU, Francia y Alemania-
compiten entre sí con la finalidad de captar la mayor cantidad de mercados
posibles (Albornoz y otros, 2000).
Si bien la mayor parte de los planes gubernamentales sitúa como fecha
límite para que tenga lugar el “apagón analógico”, según
los países, entre los años 2006 y 2012, un importante grupo de analistas
del sector televisivo califica a estas estimaciones demasiado optimistas y
considera que la realización efectiva del “apagón” demandará un plazo
mínimo de entre 15 y 20 años (Bustamante, 2003)
Televisión e Internet
Desde
finales de la década de 1990 asistimos a la creciente relación que
establecen los sistemas de televisión digital en sus
diferentes soportes (ondas hertzianas, vía satélite y cable) con la
denominada red de redes, Internet. Se trata de una
relación de ida y vuelta -la televisión en Internet e Internet en la
televisión- que se desarrolla, día tras día, dando lugar a más de una
polémica. Según el investigador español Enrique Bustamante (2003), el
panorama previsible de los servicios interactivos en la televisión digital
se centrará durante mucho tiempo, además de los servicios vinculados a la
programación televisiva ya contemplados en todos los soportes en las
mezclas y vinculaciones diversas con Internet.
En el marco de esta relación los televidentes se
convierten cada vez con más frecuencia en usuarios-consumidores
que pagan distintos servicios interactivos; entre éstos, actualmente, los
más importantes son el video on demand (vídeo
bajo demanda: la posibilidad de ver una determinada película cuando el
usuario lo desea), los videojuegos en red y la telecompra.
Si nos detenemos a observar que es lo que hoy está ocurriendo con la
televisión en Internet, tenemos que miles de emisoras de televisión y
productoras de todo el mundo se han volcado a crear sitios web en
la Red. Por el momento, existe una gran variedad de tipos de sitios que
van desde simples páginas institucionales donde, por
ejemplo, se presenta información acerca de la empresa emisora y su
programación (rejilla, sinopsis de programas, etc.) hasta sitios a partir
de los cuales se puede acceder a la emisión en vivo a la
emisión o a determinados programas de archivo. En estos últimos casos, un
ancho de banda adecuado sumado a las tecnologías
streamming (transmisión de flujos de datos a través de Internet) de
audio y video, posibilitan la oferta de contenidos televisivos en la Red.
Asimismo, entre el gran número de emisoras que emiten a través de Internet
se encuentran las denominadas bitcasters,
emisoras sólo existentes en la Red, que en muchas ocasiones se valen
únicamente de webcams para difundir en directo los más variados
contenidos.
En el marco de una Red que se ha ido expandiendo y comercializando
rápidamente en los últimos años, las empresas de televisión y las del
mundo puntocom se han ido relacionando a través de alianzas y
fusiones; así, en 1998 la cadena estadounidense ABC compró la
mayoría de Infoseek o la NBC se alió con la empresa del
magnate Bill Gates, Microsoft, conformando MSNBC...
Por otro lado, es posible observar cómo algunas televisiones o plataformas
digitales de televisión enriquecen sus canales y servicios con elementos
interactivos limitados, tomados o simulados del mundo Internet, utilizando
a la Red como complemento y vía para mantener a los usuarios ante la
televisión; por ejemplo los SMS, mensajes de teléfonos móviles, a
programas que son incorporados en el desarrollo del mismo..
Algunas empresas de televisión están ofertando una suerte de
Intranet a la cual se accede a través del mando a distancia y la
pantalla del televisor. Un ejemplo de lo señalado, y al margen de
experiencias españolas de éxito limitado, nos lo da la empresa
estadounidense AOL, que con más de 23 millones de abonados en
Internet comenzó su trasvase a la televisión digital (1.500 hogares) a
mediados de 2002 ofertando servicios como el envío y recepción de correo
electrónico o chats. |