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H
Hábeas Corpus,
s. Recurso judicial que permite sacar a un hombre de la cárcel cuando lo
han encerrado por el delito que no cometió, y no por los que realmente
cometió.
Hábitos sacerdotales,
s. p. l. Traje abigarrado que usan los payasos de la Corte Celestial.
Hablar, v. i.
Ser indiscreto sin ser tentado, a partir de un impulso sin propósito.
Hada, s. Ser de
formas diversas y variados dones que habitaba antiguamente los prados y
los bosques. Tenía hábitos nocturnos y era afecta a la danza y al robo
de niños. Los naturalistas sostienen que las hadas se han extinguido en
la actualidad, aunque un clérigo anglicano vio tres en las proximidades
de Colchester, en 1855, al atravesar un parque después de cenar con el
dueño de un castillo. El espectáculo lo sobresaltó de tal modo, que sólo
pudo dar un relato incoherente. En 1807, una banda de hadas visitó un
bosque, cerca de Aix, y se llevó a la hija de un campesino que había
entrado allí con un atado de ropas. Por la misma época desapareció el
hijo de un adinerado burgués, aunque más tarde regresó. Había
presenciado el rapto y perseguido a las hadas. Justinian Gaux, escritor
del siglo XIV, asegura que el poder de transformación de las hadas es
tan grande que en cierta oportunidad observó cómo una de ellas se
convertía en dos ejércitos rivales que libraban una sangrienta batalla;
al día siguiente, cuando el hada recuperó su forma original y se marchó,
quedaron sobre el terreno setecientos cadáveres que debieron enterrar
los campesinos. No aclara si alguno de los heridos sobrevivió. En tiempo
de Enrique III de Inglaterra, se promulgó una ley que condenaba a muerte
a quien "matare, hiriere o mutilare" un hada. Esa ley fue universalmente
acatada.
Hades, s. El
mundo interior; residencia de los espíritus difuntos; lugar donde viven
los muertos. Entre los antiguos, el Hades no era sinónimo del Infierno,
y algunos de los hombres más respetables de la antigüedad residían allí
muy cómodamente. En rigor, los propios campos Elíseos eran parte del
Hades, aunque más tarde se trasladaron a París. Cuando la versión
jacobina del Nuevo Testamento estaba en proceso de evolución, la mayoría
de los piadosos sabios ocupados en la obra, insistieron en traducir la
palabra griega Aidns como "Infierno"; pero un concienzudo miembro de la
minoría se apoderó secretamente de las actas y tachó la objetable
palabra donde quiera la encontró. En la próxima reunión, el obispo de
Salisbury, revisando la obra, se paró de un salto y exclamó, muy
excitado: "¡Señores, alguien ha abolido el infierno!" Años despues el
prelado pudo morir en paz reflexionando que (con la ayuda de la
Providencia) había realizado un aporte útil e inmortal al inglés
cotidiano.
Halo, s. En
sentido lato, anillo luminoso que rodea un cuerpo astronómico;
frecuentemente se lo confunde con la "aureola" o "nimbo", fenómeno
bastante similar que usan a modo de tocado los santos y las divinidades.
El halo es una ilusión puramente óptica, producida, como el arcoiris,
por la humedad del aire; mientras que la aureola es conferida como signo
de extraordinaria santidad, del mismo modo que la mitra de un obispo o
la tiara del papa. En el cuadro La Natividad de Szedgkin, piadoso
artista de Pesth, aparecen con el nimbo no sólo la Virgen y el Niño,
sino un asno que come heno del pesebre sagrado y que, dicho sea en su
perdurable honor, parece sobrellevar la insólita distinción con toda la
gracia de un santo.
Harmonistas, s.
Secta de protestantes, ahora extinguidos, que llegaron de Europa a
comienzos del siglo XVIII y se distinguieron por la ferocidad de sus
controversias y disensiones internas.
Hibernar, v. i.
Pasar el invierno en reclusión doméstica. Las creencias populares sobre
la hibernación de distintos animales son numerosas y raras. Muchos creen
que el oso hiberna todo el invierno y subsiste lamiéndose mecánicamente
las zarpas. Se admite que en la primavera sale de su retiro, tan flaco,
que tiene que probar dos veces antes de proyectar una sombra. Hace tres
o cuatro siglos, en Inglaterra, se daba por sentado que las golondrinas
pasan el invierno entre el lado del fondo de los arroyos, agrupadas en
masas globulares. La suciedad de ese medio, al parecer, las ha hecho
desistir de semejante costumbre. En Asia Central, Sotus Escobius
descubrió toda una tribu que practica la hibernación. Algunos
investigadores creen que el ayuno de cuaresma fue originariamente una
forma de hibernación a la que la Iglesia dio significado religioso.
Híbrido, s.
Diferencia conciliada.
Hidra, s.
Animal que en los antiguos catálogos figura bajo muchos encabezamientos.
Hiena, s.
Bestia reverenciada por algunos pueblos orientales, gracias a su
costumbre de saquear los cementerios. Lo mismo hacen los estudiantes de
medicina.
Hígado, s.
Órgano rojo, de gran tamaño, que la naturaleza nos da previsoramente
para permitirnos ser biliosos. Los sentimientos y emociones que asientan
en el corazón --como sabe ahora todo anatomista literario-- infestaban
el hígado según creencias más antiguas; e inclusive Gascoygne, hablando
del costado emocional de la naturaleza humana, lo llama "nuestra parte
hepática". En una época se le consideró la sede de la vida; de ahí su
nombre (en ingles "liver", vividor). Para el ganso, el hígado es un don
del cielo; sin él no podría suministrarnos el "paté de foie".
Hilo, s. Tela
cuya fabricación, cuando está hecha de cáñamo, acarrea un gran
desperdicio de cáñamo.
Hipogrifo, s.
Animal, ahora extinguido, que era mitad caballo y mitad grifo. El grifo
en sí era un animal compuesto, mitad león y mitad águila. El hipogrifo,
pues, sólo era un cuarto de águila, o sea dos dólares con cincuenta
céntimos en oro. El estudio de la zoología está lleno de sorpresas.
Hipócrita, s.
El que profesando virtudes que no respeta se asegura la ventaja de
parecer lo que desprecia.
Historia, s.
Relato casi siempre falso de hechos casi siempre nimios producidos por
gobernantes casi siempre pillos o por militares casi siempre necios.
Historiador, s.
Chismoso de trocha ancha.
Hogar, amargo hogar.
Hombre, s.
Animal tan sumergido en la extática contemplación de lo que cree ser,
que olvida lo que indudablemente debería ser. Su principal ocupación es
el exterminio de otros animales y de su propia especie que, a pesar de
eso, se multiplica con tanta rapidez que ha infestado todo el mundo
habitable, además del Canadá.
Homeópata, s.
Humorista de la medicina.
Homeopatía, s.
Escuela de medicina que está a mitad de camino entre la alopatía y la
Ciencia Cristiana. Esta última es muy superior a todas las otras, pues
puede curar enfermedades imaginarias, cosa que resulta imposible a las
demás.
Homicidio, s.
Muerte de un ser humano por otro ser humano.
Hay cuatro clases de homicidio: felón, excusable,
justificable y encomiable, aunque al muerto no le importa mucho si lo
han incluido en una o en otra; la distinción es para uso de abogados.
Honorable, adj.
Dícese de lo que está afligido por un impedimento en su capacidad
general. En las cámaras legislativas se acostumbra dar el título de
"honorable" a todos los miembros. V.g.: "El honorable diputado es un
perro sarnoso".
Hospitalidad,
s. Virtud que nos induce a alojar y alimentar a personas que no
necesitan alojamiento ni alimento.
Hostilidad, s.
Sentimiento exacerbado de la superpoblación terrestre. Puede ser activa
o pasiva. Es activa, por ejemplo, la hostilidad de una mujer hacia sus
amigas; y pasiva, la que alberga hacia todas las demás mujeres.
Huérfano, s.
Persona a quien la muerte ha privado de la posibilidad de ingratitud
filial, privación que toca con singular elocuencia todas las cuerdas de
la simpatía humana. Cuando es joven, el huérfano es enviado a un asilo,
donde cultivando cuidadosamente su rudimentario sentido de la ubicación,
se le enseña a conservar su lugar. Luego se lo instruye en las artes de
la dependencia y el servilismo y finalmente se lo suelta para que vaya a
vengarse del mundo convertido en lustrabotas o en sirvienta.
Humanidad, s.
La raza humana, colectivamente, con exclusión de los poetas antropoides.
Humildad, s.
Paciencia inusitada para planear una venganza que valga la pena.
Humillación, s.
Actitud mental decente y habitual en presencia del dinero o el poder.
Peculiarmente apropiada en un empleado cuando se dirige a su patrón.
Humorista, s.
Plaga que habría ablandado la gélida rudeza de corazón del Faraón,
incitándolo a liberar a los hijos de Israel y a mandarlos rápidamente a
su país, con sus mejores deseos.
Huracán, s.
Manifestación atmosférica antes muy común, pero que hoy es reemplazada
generalmente por el tornado y el ciclón. El huracán goza todavía de
preferencia popular en las Indias Occidentales, y algunos marinos
anticuados lo prefieren. Se usa también para construir la cubierta
superior de los vapores, pero en términos generales puede decirse que la
utilidad del huracán ha sobrevivido al huracán mismo.
Hurí, s.
Atractiva señora que habita el paraíso mahometano, alegrando las horas
del buen musulmán, cuya creencia en las huríes es síntoma de un noble
descontento con su esposa terrestre que, según él, no tiene alma. Se
dice que las esposas no aprecian a las huríes.
I
I I. Primera
letra del alfabeto, primera palabra del idioma, primer pensamiento de la
mente, primer objeto del afecto; en gramática inglesa, es el pronombre
"yo". Se dice que su plural es "nosotros", pero cómo puede existir más
de un yo, es algo que resulta más claro a los 72 gramáticos que al autor
de este incomparable diccionario. La concepción de dos yoes es difícil,
pero magnífica. El uso franco aunque elegante del "yo" distingue a un
buen escritor de uno malo; éste lo asume como un ladrón que quiere
esconder el botín bajo la capa.
Idiota, s.
Miembro de una vasta y poderosa tribu cuya influencia en los asuntos
humanos ha sido siempre dominante. La actividad del Idiota no se limita
a ningún campo especial de pensamiento o acción, sino que "satura y
regula el todo". Siempre tiene la última palabra; su decisión es
inapelable. Establece las modas de la opinión y el gusto, dicta las
limitaciones del lenguaje, fija las normas de la conducta.
Ignorante, s.
Persona desprovista de ciertos conocimientos que usted posee, y sabedora
de otras cosas que usted ignora.
Ilusión, s.
Madre de una respetabilísima familia, que incluye al Entusiasmo, el
Afecto, la Abnegación, la Fe, la Esperanza, la Caridad y muchos otros
vástagos igualmente virtuosos.
Ilustre, adj.
Favorablemente situado para recibir las flechas de la malicia, la
envidia y la calumnia.
Imaginación, s.
Depósito de mercaderías que poseen en común los poetas y los mentirosos.
Imbecilidad, s.
Especie de inspiración divina o fuego sagrado que anima a los
detractores de este diccionario.
Imparcial, adj.
Incapaz de percibir promesa de ventaja personal en la adhesión a uno de
los bandos de una controversia, o en la adopción de una entre dos ideas
en conflicto.
Impenitencia,
s. Estado de ánimo intermedio, en el tiempo, entre el pecado y el
castigo.
Impiedad, s.
Irreverencia del prójimo hacia mis dioses.
Imposición, s.
Acto de bendecir o consagrar imponiendo las manos: ceremonia común a
muchos sistemas eclesiásticos, pero que es realizada con máxima
sinceridad por la secta de los Ladrones.
Impostor, s.
Rival que también aspira a los honores públicos.
Imprevisión, s.
Satisfacción de las necesidades de hoy con las rentas de mañana.
Impunidad, s.
Riqueza.
Inadmisible,
adj. Que no merece ser considerado. Dícese de ciertos testimonios que
los jurados son incapaces de apreciar, y que en consecuencia los jueces
rechazan, aun en procedimientos de los que son los únicos árbitros. La
evidencia de oídas es inadmisible, porque la persona a quien se cita no
ha prestado juramento y no puede ser interrogada por el tribunal; no
obstante, la evidencia de oídas sirve diariamente de fundamento a las
más importantes acciones, militares, políticas, comerciales y de
cualquier otra clase. No existe en el mundo una
religión que no se funde en la evidencia de oídas. La revelación es
evidencia de oídas; que las Escrituras sean la palabra de Dios, es cosa
que sabemos solamente por el testimonio de hombres muertos hace mucho
tiempo, cuya identidad no está claramente establecida y que no prestaron
ningún tipo de juramento. Según las reglas de la evidencia judicial
ninguna de las afirmaciones de la Biblia sería admisible ante un
tribunal. Tampoco podría probarse que la batalla de Blenheim se libró,
que existió Julio César, que hubo un imperio asirio. En
cambio, y puesto que los archivos judiciales constituyen evidencia
admisible, puede probarse fácilmente que han existido poderosos y
perversos magos que fueron un azote para la humanidad. La evidencia
(confesiones inclusive) que sirvió para condenar y ejecutar por
hechiceras a ciertas mujeres, no tenía fallas; aun hoy es inatacable.
Las decisiones judiciales fundadas en ella eran justas dentro de la
lógica y la ley. Nada está mejor probado ante un tribunal que los cargos
de brujería que llevaron a tantos a su muerte. Si las
brujas no existieran, el testimonio humano y la razón humana carecerían
igualmente de valor.
Inauspiciosamente,
adv. De manera poco promisoria, por ser desfavorables los auspicios.
Antes de emprender cualquier acción importante, los romanos
acostumbraban obtener de los augures algún dato sobre el probable
resultado; uno de los métodos de adivinación más dignos de confianza
consistía en observar el vuelo de las aves, y los pronósticos que de ahí
surgían se llamaban auspicios. Periodistas y algunos lexicógrafos dan a
la palabra el sentido de "patrocinio" o "dirección", verbigracia: "Las
celebraciones se realizaron bajo los auspicios de la Antigua y Venerable
Orden de Ladrones de Cadáveres" o "Los festejos fueron auspiciados por
los Caballeros del Hambre".
Incompatibilidad,
s. En el matrimonio, semejanza de gustos, en particular el gusto por la
dominación. La incompatibilidad, sin embargo, puede asumir la forma de
una pacífica madre de familia que vive a la vuelta de la esquina. Se
conocen algunas incompatibilidades con bigote.
Incompatible,
adj. Incapaz de existir en presencia de otra cosa. Dos cosas son
incompatibles cuando el mundo del ser tiene espacio suficiente para una,
pero no para las dos: por ejemplo, la poesía de Walt Whitman y la
misericordia de Dios con el hombre. Las palabras "Señor, somos
incompatibles" reemplazan con ventaja a la vulgar expresión "Vaya a
bañarse; si lo veo de nuevo, lo mato".
Inconducta, s.
Infracción de la ley que posee menos dignidad que la felonía y no
autoriza el ingreso en la mejor sociedad criminal.
Incubo, s.
Miembro de una raza de demonios extraordinariamente impúdicos que,
aunque no del todo extinguidos, han conocido mejores noches. Para una
descripción completa de los "incubi" y los "succubi" (y también de las
"incubae" y las "succubae"), consultar el Liber Demonorum de Protassus
(Paris, 1328), donde hay muchas informaciones curiosas que estarían
fuera de lugar en un diccionario destinado a servir de texto en las
escuelas públicas. Víctor Hugo relata que en las Islas del Canal de la
Mancha, el propio Satanás (sin duda tentado más que en otros sitios por
la belleza de las mujeres) suele hacerse el íncubo, con gran alarma y
escándalo de las buenas señoras que, en términos generales, quieren ser
fieles a sus votos matrimoniales. Cierta dama acudió al párroco para
averiguar cómo podría, en la oscuridad, distinguir al osado intruso de
su marido. El santo varón le aconsejó tocarle la frente para ver si
llevaba cuernos; Hugo es lo bastante descortés como para insinuar sus
dudas sobre la eficacia del método.
Indice, s. Dedo
que se usa generalmente para señalar a los malechores.
Indecisión, s.
Factor principal del éxito, porque como dice Sir Thomas Brewbold, "sólo
hay una manera de no hacer nada, y muchas maneras de hacer algo, y entre
estas una sola es la correcta; de ahí que el indeciso que se queda
quieto tiene menos probabilidades de equivocarse que quien se lanza a la
acción". --Su rápida decisión de atacar --le dijo cierta vez el general
Grant al general Gordon Granger-- fue admirable. Sólo tuvo usted cinco
minutos para decidirse. --Si, señor --respondió el victorioso
subordinado--, es importante saber lo que debe hacerse en una
emergencia. Cuando no sé si atacar o retirarme, jamás vacilo: tiro al
aire una moneda. --¿Quiere decir que eso es lo que acaba de hacer?-- Si,
mi general, pero le ruego no reprenderme. Desobedecí a la moneda.
Indefenso, adj.
Incapaz de atacar.
Independiente,
adj. En política, enfermo de autorrespeto. Es término despectivo.
Indigestión, s.
Enfermedad que el paciente y sus amigos suelen tomar por profunda
convicción religiosa e interés en la salvación de la humanidad. Como
dijo el sencillo Piel Roja del desierto: "Yo bien no reza; gran dolor
barriga, mucho Dios".
Indiscreción,
s. Culpa de las mujeres.
Indultar, v. t.
Remitir una pena y devolver al acusado a una vida criminal. Agregar a la
fascinación del crimen la tentación de la ingratitud.
Ineficaz, adj.
Dícese de lo que no está calculado para favorecer nuestros intereses.
Infiel, adj. y
s. Dícese, en New York, del que no cree en la religión cristiana; en
Constantinopla, del que cree. Especie de pillo que no reverencia
adecuadamente ni mantiene a teólogos, eclesiásticos, papas, pastores,
canónigos, monjes, mollahs, vudús, hierofantes, prelados, obíes, abates,
monjas, misioneros, exhortadores, diáconos, frailes, hadjis, altos
sacerdotes, muecines, brahamanes, hechiceros, confesores, eminencias,
presbíteros, primados, prebendarios, peregrinos, profetas, imanes,
beneficiarios, clérigos, vicarios, arzobispos, obispos,
priores, predicadores, padres, abadesas, calógeros, monjes mendicantes,
curas, patriarcas, bonzos, santones, canonesas, residenciarios,
diocesanos, diáconos, subdiáconos, diáconos rurales, abdalas, vendedores
de hechizos, archidiáconos, jerarcas, beneficiarios, capitularios,
sheiks, talapoins, postulantes, escribas, gurús, chantres, bedeles,
fakires, sacristanes, reverendos, revivalistas, cenobitas, capellanes,
mudjoes, lectores, novicios, vicarios, pastores, rabís, ulemas, lamas,
derviches, rectores, cardenales, prioresas,
sufragantes, acólitos, párrocos, sulíes, muftis y pumpums.
Infralapsario,
s. El que se atreve a creer que Adán no tenía necesidad de pecar, si no
quería; por oposición a los supralapsarios que sostienen que su caída
estaba decretada desde el comienzo. A los infralapsarios se les llama a
veces supralapsarios, sin que ello altere la importancia o lucidez de
sus opiniones sobre Adán.
Injusticia, s.
De todas las cargas que soportamos o imponemos a los demás, la
injusticia es la que pesa menos en las manos y más en la espalda.
Inferiae, s
(latín). Entre los griegos y los romanos, sacrificios propiciatorios de
los Dei Manes, o almas de los héroes muertos. Los piadosos antiguos no
pudieron inventar dioses suficientes para satisfacer sus necesidades
espirituales, y debieron recurrir a un número de deidades de relleno que
fabricaban con los materiales menos promisorios. Fue mientras
sacrificaba un buey al espíritu de Agamenón que Laiaides, sacerdote de
Áulide, se vio favorecido por la aparición del espectro de ese ilustre
guerrero, quien le narró proféticamente el nacimiento de Cristo y el
triunfo del cristianismo, dándole además una reseña rápida, pero
pasablemente completa, de los acontecimientos hasta el reinado de San
Luis. El relato terminó abruptamente en ese punto, debido al
desconsiderado canto de un gallo, que obligó al espectral Rey de Hombres
a volver al trote al Hades. Esta historia tiene 78 un delicado sabor
medieval, y como no se ha podido rastrear su origen más allá del padre
Brateille, piadoso aunque oscuro escritor de la Corte de San Luis,
probablemente no nos equivocaremos si la consideramos apócrifa, aunque
monseñor Capel piense otra cosa.
Influencia, s.
En política, un quo ilusorio que se da a cambio de un quid sustancial.
Infortunio, s.
Especie de fortuna que siempre llega.
Ingenio, s. Sal
con que el humorista americano arruina su cocina intelectual, al
omitirla.
Ingenuidad, s.
Seductora cualidad que alcanzan las mujeres mediante largo estudio e
intensa práctica con sus admiradores varones, que de buena gana la
confunden con el sencillo candor de sus hijos.
Ingrato, s. El
que recibe un beneficio de otro, o es objeto de una caridad cualquiera.
Injuria, s.
Ofensa que sigue en gravedad a un desdén.
Inmigrante, s.
Persona inculta que piensa que un país es mejor que otro.
Inmoral, adj.
Impráctico. Todo lo que resulta poco práctico para los hombres, llega a
ser considerado perverso e inmoral. Si las nociones humanas del bien y
del mal tuvieran otra base que la utilidad; si se originaran, o pudieran
originarse, de otro modo; si las acciones tuvieran en sí mismas un
carácter moral independiente de sus consecuencias; entonces toda la
filosofía sería una mentira, y la razón una enfermedad de la mente.
Innato, adj.
Natural, inherente, como las ideas innatas, que poseemos al nacer,
porque nos fueron dadas antes de venir al mundo. La doctrina de las
ideas innatas es una de las más admirables creencias de la filosofía,
siendo ella misma una idea innata y por lo tanto irrefutable, aunque
Locke neciamente creyó "ponerle un ojo en compota". Al número de las
ideas innatas ya clasificadas, debemos agregar la creencia en nuestra
capacidad para dirigir un diario, en la grandeza de nuestro país, en la
superioridad de nuestra civilización, en la importancia de nuestros
asuntos personales y en el interés que nuestras enfermedades presentan
para los demás.
Inscripción, s.
Una cosa escrita sobre otra cosa. Hay muchas clases de inscripciones,
pero en general están destinadas a conmemorar la fama de alguna persona
ilustre y transmitir a épocas distantes el recuerdo de sus servicios y
virtudes. A esta clase de inscripciones, pertenece el nombre de John
Smith, escrito a lápiz sobre el monumento a Washington. He aquí algunos
ejemplos de inscripciones recordatorias en lápidas (ver Epitafio). Mi
cuerpo yace en el suelo Mas el alma subió al cielo; Pero el Día llegará
Y mi cuerpo se alzará Para que del cielo goce. 1812. Ella sufrió sin
queja su dolencia Fue inútil el auxilio de la ciencia; La muerte de
pesares la libró; Con su esposo en el Cielo se reunió. "Aquí yace
Jeremías Arbol. Fue abatido el 9 de mayo de 1862 a los 27 años, 4 meses
y 12 días. Indígena."
Insensible,
adj. Dotado de gran fortaleza para soportar los males que aquejan a los
demás. Cuando le dijeron a Zenón que uno de sus enemigos había muerto,
se lo vio profundamente conmovido. --¡Qué! --exclamó uno de sus
discípulos-- ¿Lloras la muerte de un enemigo?--Ah, es cierto --repuso el
gran estoico-- Pero deberías verme sonreír ante la muerte de un amigo.
Insignias, s.
Distintivos, joyas y trajes de órdenes antiguas y venerables como: los
Caballeros de Adán; los Visionarios del Divino Blablá; la Antigua Orden
de los Modernos Trogloditas; la Liga de la Santa Farsa; la Dorada
Falange de los Falangistas Marsupiales; la Gentil Sociedad de Vagabundos
Expurgados; la Mística Alianza de Exquisitos Regalianos; las Damas y
Caballeros del Perro Amarillo; la Oriental Orden de los Hijos de
Occidente; La Orfandad de los Insufribles; los Guerreros de Arco Largo;
los Guardianes de la Gran Cuchara de Cuerno; la Banda de Bestias; la
Impenitente Orden de Azotadores de Esposas; la Sublime Legión de
Conspicuos Rimbombantes; los Adoradores del Santuario Galvanoplástico;
los Inaccesibles Resplandecientes; los Jenízaros del Pavorreal; la Gran
Cábala de Sedentarios; la Fraternidad de los Verrugosos; la Cooperativa
del Candelero; los Discípulos Militantes de la Fe Oculta; los Caballeros
Defensores del Perro Doméstico; los Guardianes de la Letrina Mística; la
Misteriosa Orden del Manuscrito Indescifrable; Los Monarcas del Mérito y
el Hambre; los Prelados de la Bañera y la Espada.
Insurrección,
s. Revolución fallida. Fracaso de opositores que pretenden reemplazar un
gobierno malo por otro desastroso.
Intemperie, s.
Lugar donde ningún gobierno ha podido cobrar impuestos. Su función
principal es inspirar a los poetas.
Intención, s.
Conciencia del predominio que un grupo de influencias ejerce en nuestro
espíritu sobre otro grupo de influencias. Efecto cuya causa es la
inminencia, real o supuesta, de un acto involuntario.
Intérprete, s.
El que permite a dos personas de distinto idioma comprenderse,
repitiendo a cada una lo que convendría al intérprete que dijera la
otra.
Interregno, s.
Período durante el cual una monarquía es gobernada por un lugar aún
tibio en el almohadón de un trono. La experiencia de permitir que ese
lugar se enfríe ha dado generalmente malos resultados, en virtud del
entusiasmo que despliegan, para volver a calentarlo, numerosas personas
dignas.
Intimidad, s.
Relación a que son providencialmente arrastrados los necios a fin de
destruirse.
Inventor, s.
Persona que construye un ingenioso ordenamiento de ruedas, palancas, y
resortes, y cree que eso es civilización.
Ira, s. Enojo
de grado y cualidad superiores que corresponde a personajes encumbrados
y a ocasiones importantes: como "la ira de Dios", "los días de ira",
etc. Los antiguos consideraban sagrada la ira de los reyes y de los
sacerdotes, porque generalmente podía manifestarse a través de un dios.
Los griegos frente a Troya fueron tan hostigados por Apolo, que saltaron
de la sartén de la ira de Crises al fuego de la cólera de Aquiles,
aunque Agamenón, el único ofensor, no resultó asado ni quemado.
Inmunidad parecida gozó David cuando incurrió en la cólera de Yahveh por
censar a su pueblo, del que setenta mil pagaron la pena con sus vidas.
En la actualidad Dios es Amor y los censistas pueden cumplir su trabajo
sin temor al desastre.
Irreligión, s.
La más importante entre las grandes creencias de este mundo.
J
J. una
consonante en ingles, pero algunas naciones la usan como vocal, lo que
es el colmo del absurdo. Su forma original, que ha sido apenas
modificada, era la de la cola de un perro apaleado; en realidad, no era
una letra, sino un signo que representaba al verbo latino "jacere",
"tirar", porque la cola de perro asume esa forma cuando le tiran una
piedra. Tal es el origen de esta letra, según lo ha explicado el
prestigioso Dr. Jocolpus Bumer, de la Universidad de Belgrado, quien
divulgó sus conclusiones sobre el tema en una obra de tres volúmenes en
cuarto y se suicidó al enterarse de que en el alfabeto romano la J no
tenía cola.
Jábega, s. Red
barredera. Para atrapar peces se hace con una malla gruesa y ruda; las
mujeres se atrapan más fácilmente mediante un tejido singularmente
delicado que lleva, a modo de plomada, pequeñas piedras talladas.
Jineta, s. En
el ejército, insignia que permite distinguir a un oficial del enemigo; o
sea, del oficial de grado inmediatamente inferior que ascendería gracias
a su muerte.
Juramento, s.
En derecho, solemne promesa ante Dios, que la conciencia debe cumplir so
pena de perjurio.
Justicia, s.
Artículo más o menos adulterado que el Estado vende al ciudadano a
cambio de su lealtad, sus impuestos y sus servicios personales.
Juventud, s.
Período de lo Posible, cuando Arquímedes encuentra un punto de apoyo.
Casandra tiene quien la escuche y siete ciudades compiten por el honor
de mantener a un Homero viviente.
K
Kilt, s. Traje
que suelen usar los escoceses en Norteamérica y los norteamericanos en
Escocia.
Korán, s. Libro
que los mahometanos, neciamente, creen escrito por inspiración divina,
pero que los cristianos consideran una perversa impostura, contraria a
las Sagradas Escrituras.
L
Ladrón, s.
Comerciante candoroso. Se cuenta de Voltaire que una noche se alojó, con
algunos compañeros de viaje, en una posada del camino. Después de cenar,
empezaron a contar historias de ladrones. Cuando le llegó el turno a
Voltaire dijo:--Hubo una vez un Recaudador General de Impuestos --y se
calló. Como los demás lo alentaron a proseguir, añadió:--Ese es el
cuento.
Ladrón de cadáveres,
s. El que despoja de gusanos los sepulcros. El que provee a los médicos
jóvenes lo que los médicos viejos han provisto al enterrador. La hiena.
Lamentable,
adj. Estado de un enemigo o adversario después de un encuentro
imaginario con uno mismo.
Laocoonte, s.
Famosa escultura antigua que representa a un sacerdote de ese nombre y a
sus dos hijos entre los anillos de dos monstruosas serpientes. El arte y
diligencia con que el anciano y sus muchachos sostienen a las serpientes
y las obligan a realizar su tarea constituyen una de las más nobles
ilustraciones artísticas del dominio de la inteligencia humana sobre la
inercia bruta.
Lástima, s.
Sensación de inmunidad, inspirada por el contraste.
Legal, adj.
Compatible con la voluntad del juez competente.
Lenguaje, s.
Música con que encantamos las serpientes que custodian el tesoro ajeno.
Lexicógrafo, s.
Individuo pestilente que so pretexto de registrar un determinado estadio
en el desarrollo de una lengua, hace lo que puede para detener su
crecimiento, quitarle flexibilidad y mecanizar sus métodos. El
lexicógrafo, después de escribir su diccionario, se convierte en
"autoridad", cuando su función es simplemente hacer una recopilación y
no dictar una ley. El natural servilismo de la inteligencia humana, al
investirlo de un poder judicial, renuncia a su derecho a la razón y se
somete a una mera crónica como si fuera un estatuto legal. Basta, por
ejemplo, que el diccionario catalogue a una palabra de buena ley como
"obsoleta" u "obsolescente", para que pocos hombres se atrevan a usarla
en adelante, por mucho que la necesiten y por conveniente que sea. De
este modo el empobrecimiento se acelera y el idioma decae. Por el
contrario, el escritor audaz y cultivado que sabe que el idioma crece
por innovación --cuando crece--, y fabrica nuevas palabras o usa las
viejas en un sentido poco familiar, encuentra pocos adeptos. Enseguida
le señalan agriamente que "eso no está en el diccionario", aunque antes
de aparecer el primer lexicógrafo (¡que Dios lo perdone!) nadie había
usado una palabra que estuviera en el diccionario. En la época de oro
del idioma inglés, cuando de labios de los grandes isabelinos brotaban
palabras que formaban su propio significado, evidente en su sonido
mismo, cuando eran posibles un Shakespeare y un Bacon, y el idioma, que
hoy muere rápidamente por una punta y se renueva despacio por la otra,
crecía vigoroso y se conservaba dulce como la miel y fuerte como un
león, el lexicógrafo era una persona desconocida, y el diccionario una
obra para cuya creación el Creador no lo había creado.
Libertad, s.
Uno de los bienes más preciosos de la Imaginación, que permite eludir
cinco o seis entre los infinitos métodos de coerción con que se ejerce
la autoridad. Condición política de la que cada nación cree tener un
virtual monopolio. Independencia. La distinción entre libertad e
independencia es más bien vaga, los naturalistas no han encontrado
especímenes vivos de ninguna de las dos.
Libertino, s.
El que ha corrido tras el placer con tanto ardor, que tuvo la desgracia
de pasarlo de largo.
Libro de recortes,
s. Libro editado por un tonto con las tonterías que se dicen sobre él.
Ligas, s.
Bandas elásticas destinadas a impedir que una mujer salga de sus medias
y devaste el país.
Lío, s. Salario
de la coherencia.
Lira, s.
Antiguo instrumento de tortura. Hoy la palabra se usa figuradamente con
el sentido de facultad poética.
Litigante, s.
Persona que está por entregar la piel con la esperanza de conservar los
huesos.
Lobisón, s.
Lobo que fue una vez, o es a veces, un hombre. Todos los lobisones
tienen un carácter maligno, pues han asumido una forma bestial para
gratificar un apetito bestial; pero algunos, transformados por artes de
brujería, son tan humanos como lo permite su gusto adquirido por la
carne humana. En cierta oportunidad, unos campesinos bávaros capturaron
un lobo, lo ataron por la cola a un poste y como era de noche, se fueron
a dormir. A la mañana siguiente, el lobo había desaparecido. Muy
perplejos, consultaron al cura local, quien les dijo que el cautivo era
indudablemente un lobisón, y que había reasumido su forma humana durante
la noche. --La próxima vez que atrapéis un lobo --dijo el buen hombre--
encadenadlo por la pata, y a la mañana siguiente encontraréis un
luterano.
Loco, adj.
Dícese de quien está afectado de un alto nivel de independencia
intelectual; del que no se conforma a las normas de pensamiento,
lenguaje y acción que los conformantes han establecido observándose a sí
mismos; del que no está de acuerdo con la mayoría; en suma, de todo lo
que es inusitado. Vale la pena señalar que una persona es declarada loca
por funcionarios carentes de pruebas de su propia cordura. Por ejemplo,
el ilustre autor de este Diccionario no se siente más convencido de su
salud mental que cualquier internado en un manicomio, y --salvo
demostración en contrario-- es posible que en vez de la sublime
ocupación a que cree dedicar sus facultades, esté golpeando los puños
contra los barrotes de un asilo y afirmando ser Noé Webster, (autor del
diccionario Webster) ante la inocente delectación de muchos espectadores
desprevenidos.
Locuacidad, s.
Dolencia que vuelve al paciente incapaz de contener la lengua cuando uno
quiere hablar.
Locura, s. Ese
"don y divina facultad" cuya energía creadora y ordenadora inspira el
espíritu del hombre, guía sus actos y adorna su vida.
Locomaquia, s.
Guerra en que las armas son palabras y las heridas, pinchazos en la
vejiga natatoria de la autoestima; especie de lucha en que al vencedor
se le niega la recompensa de la victoria porque el vencido es
inconsciente de su derrota.
Longevidad, s.
Prolongación poco común del temor a la muerte.
Lord, s. En la
sociedad norteamericana, turista inglés de rango superior al de un
viajante de comercio. La palabra "Lord", que significa Señor, se usa
también a veces como título del Supremo Hacedor; pero en esto prima la
lisonja sobre la reverencia.
Luminaria, s.
El que arroja luz sobre un tema; verbigracia, un secretario de redacción
cuando no escribe sobre ese tema.
Lunario, s.
Habitante de la luna. No debe confundirse con el lunático, que es
habitado por la luna. Los lunarios han sido descritos por Luciano, Locke
y otros observadores, que no se han puesto mayormente de acuerdo.
Bragellos, por ejemplo, afirma que son anatómicamente idénticos al
hombre, mientras que el profesor Newcomb asegura que se parecen más a
los tribeños de Vermont.
Lunes, s. En
los países cristianos, el día que sigue al partido de béisbol.
LL.D. ras que
designan el título de "Legumastuciorum Doctor", o sea erudito en leyes,
provisto de astucia legal.( significa, en realidad, "Legum Doctor",
doctor en Leyes.). Pero esta derivación resulta sospechosa si se tiene
en cuenta que antiguamente el título se abreviaba ££.d. (Libras y
peniques) , y era conferido solamente a caballeros adinerados.
Actualmente, la Universidad de Columbia considera la posibilidad de
crear otro título para clérigos, en lugar del antiguo D.D. (significa
"Divinitatis Doctor", doctor en teología) o "Damnator Diaboli". El nuevo
honor será conocido como "Sanctorum Custus", y se escribirá $$ cts. El
reverendo John Satán ha sido propuesto como primer destinatario del
título.
Lógica, s. Arte
de pensar y razonar en estricta concordancia con los límites e
incapacidades de la incomprensión humana. La base lógica es el
silogismo, que consiste en una premisa mayor, una menor y una
conclusión, por ejemplo: "Mayor": Sesenta hombres pueden realizar un
trabajo sesenta veces más rápido que un solo hombre. ."Menor": Un hombre
puede cavar un pozo para un poste en sesenta segundos. "Conclusión":
Sesenta hombres pueden cavar un pozo para un poste en un segundo. Esto
es lo que puede llamarse el silogismo matemático, con el cual,
combinando lógica y matemática, obtenemos una doble certeza y somos dos
veces benditos.
M
Macho, s.
Miembro del sexo insignificante. El macho de la especie humana es
generalmente conocido (por la mujer) como Simple Hombre. El género tiene
dos variedades: buenos proveedores y malos proveedores.
Macrobiano, s.
Olvidado de los dioses que alcanza una edad muy avanzada. La historia
nos da numerosos ejemplos, desde Matusalén hasta el Old Parr, pero
algunos casos notables de longevidad son menos conocidos. Un campesino
calabrés llamado Coloni vivió tanto que llegó a tener un vislumbre de la
paz universal. Scanavius dice que conoció a un obispo tan viejo que era
capaz de recordar una época en que colgarlo hubiera sido una injusticia.
En 1566, un tejedor de Bristol, Inglaterra, declaró que había vivido
quinientos años, y que en todo ese tiempo jamás había dicho una mentira.
En nuestro país también hay un caso de longevidad (macrobiosis). El
senador Chauncey Depew es tan viejo que se ha vuelto inteligente. El
Director de The American, periódico neoyorquino, tiene una memoria que
se remonta a la época en que era un pillo, aunque no se remonta al hecho
mismo de que era un pillo. El presidente de los Estados Unidos nació
hace tanto tiempo que muchos de los amigos de su juventud han escalado
altas posiciones políticas y militares sin el concurso de méritos
personales.
Magia, s. Arte
de convertir la superstición en moneda contante y sonante. Hay otras
artes que sirven al mismo fin, pero el discreto lexicógrafo no las
nombra.
Magnético, adj.
Dícese de lo que sufre la influencia del magnetismo.
Magnetismo, s.
Lo que ejerce influencia sobre algo magnético. Estas dos definiciones
están condensadas de la obra de un millar de eminentes hombres de
ciencia, que han arrojado sobre el tema una luz deslumbrante, con
indecible progreso del conocimiento humano
Magnífico, adj.
Dotado de esplendor o grandeza superiores a los que el espectador está
habituado; por ejemplo, las orejas de un asno para un conejo, o la
gloria de una luciérnaga para un simple gusano.
Magnitud, s.
Tamaño. Como la magnitud es puramente relativa, nada es grande y nada es
pequeño. Si todo lo que compone el universo aumentara su tamaño en un
millar de diámetros, nada sería más grande que antes, pero si una sola
cosa permaneciera igual, todas las otras serían más grandes de lo que
fueron. Para un intelecto familiarizado con la relatividad de la
magnitud y la distancia, los espacios y las masas del astrónomo no
serían más impresionantes que las del microscopista. Al fin y al cabo,
nadie nos asegura que el universo visible no sea una pequeña parte de un
átomo, con sus iones componentes, flotando en el fluido vital (o en el
éter luminífero) de un vasto animal. Posible mente las menudas criaturas
que pueblan los corpúsculos de nuestra propia sangre experimenten la
emoción debida al contemplar las impensables distancias que los separan.
Majestad, s.
Condición y titulo de rey, considerados con justo desprecio por los Muy
Eminentes Grandes Maestres, Grandes Cancilleres, e lmperiales Potentados
de las antiguas y honorables órdenes de la América republicana.
Malechor, s. El
principal factor en el progreso de la raza humana.
Malthusiano,
adj. Relativo a Malthus y sus doctrinas. Malthus creía en la necesidad
de limitar artificialmente la población, pero descubrió que eso no podía
hacerse hablando. Uno de los exponentes más prácticos del malthusianismo
fue Herodes de Judea, aunque todos los militares famosos han participado
de esas ideas.
Malla (de baile).
prenda del vestuario teatral destinada a reforzar con una
particular publicidad el entusiasmo general del agente de prensa.
Durante algún tiempo, la atención del público se desvió de esta prenda
para concentrarse en la negativa de Miss Lillian Russell a usarla. Se
hicieron muchas conjeturas sobre sus motivos, hasta que una actriz
rival, Pauline Hall, sugirió --dando muestras de notable ingenio y
reflexión-- que la naturaleza no había dotado a Miss Russell de bellas
piernas. El intelecto masculino no pudo aceptar esa teoría, pero la mera
idea de que existiera una pierna femenina defectuosa era tan
prodigiosamente original que figuró entre las mayores hazañas de la
especulación filosófica. Es extraño que en toda esta controversia nadie
haya pensado en atribuir a "pudor" la actitud de Miss Russell. La
naturaleza de ese sentimiento no es muy bien comprendida en la
actualidad, e incluso es difícil decir con el vocabulario que nos queda,
de qué se trata. Recientemente, sin embargo, ha resucitado el estudio de
las artes perdidas, y algunas de ellas se han recuperado. Esta es una
época de renacimientos, y cabe esperar que el primitivo "rubor" sea
rescatado de su escondite entre las tumbas de la antigüedad y devuelto
al escenario en alas de un silbido.
Mamíferos, s.
Familia de vertebrados cuyas hembras, en estado natural, amamantan a su
cría, pero cuando se vuelven civilizadas e inteligentes la dan a la
nodriza o usan el biberón.
Mamón, s. Dios
de la religión que predomina en el mundo. Su templo principal se halla
en la santa ciudad de Nueva York.
Maná, s.
Alimento dado milagrosamente a los israelitas en el desierto. Cuando no
lo recibieron más, se afincaron y labraron la tierra, fertilizándola,
por regla general, con los cadáveres de sus primitivos ocupantes.
Manes, s.
Partes inmortales de los griegos y romanos que morían.
Experimentaban un sordo malestar hasta que los cuerpos
de donde habían exhalado se quemaban y enterraban. Después de esto,
tampoco lograban sentirse particularmente felices.
Maniqueísmo, s.
Antigua doctrina persa según la cual hay guerra incesante entre el Bien
y el Mal. Cuando el Bien abandonó la lucha, los persas se pasaron a la
oposición victoriosa.
Mano, s.
Instrumento singular que se usa al extremo de un brazo humano, y que por
lo general se encuentra metida en un bolsillo ajeno.
Maquinación, s.
Método empleado por nuestros enemigos para anular nuestro declarado y
honroso esfuerzo por hacer lo justo.
Marido, s. El
que después de cenar debe encargarse de lavar el plato.
Mártir, s.
Alguien que avanza hacia una muerte deseada siguiendo el camino de la
menor repugnancia.
Más, adj. Grado
comparativo de demasiado.
Masonería, s.
Orden de ritual secreto, grotescas ceremonias y extravagantes ropas, a
la que, tras su fundación por los artesanos de Londres bajo el reinado
de Carlos II, han adherido los muertos de los pasados siglos, en
incesante retroceso. Actualmente abarca todas las generaciones del
hombre, de Adán acá, y está reclutando distinguidos adeptos entre los
habitantes precreacionales del Caos y del Vacío. Informe. La orden fue
creada en diferentes épocas por Carlomagno, Julio César, Ciro, Salomón,
Zoroastro, Confucio, Thotmés y Buda. Sus emblemas y
símbolos se han encontrado en las catacumbas de París y Roma, en las
piedras del Partenón y la Gran Muralla China, entre los templos de
Karnak y Palmira, y en las pirámides egipcias. El descubridor fue
siempre un masón.
Matar, v. t.
Crear una vacante sin designar un sucesor.
Matrimonio, s.
Condición o estado de una comunidad formada por un amo, un ama y dos
esclavos, todos los cuales suman dos.
Mausoleo, s. La
última y más divertida locura de los ricos.
Mayonesa, s.
Uno de los aderezos que usan los franceses en lugar de la religión del
estado.
Maza, s. Bastón
que en la función pública denota autoridad. Su forma, que es la de un
pesado garrote, indica su propósito primitivo, que era calmar a los
disidentes.
Meandro, s.
Curva sinuosa. Toma su nombre de un río situado unas ciento cincuenta
millas al sur de Troya, que cambia de curso para no oír a griegos y
troyanos jactarse de sus hazañas.
Medalla, s.
Pequeño disco de metal que se da en premio de virtudes, hazañas o
servicios más o menos auténticos. A Bismarck le dieron una medalla por
rescatar valerosamente a una persona que se ahogaba. Cuando le
preguntaron el significado de la medalla, respondió: "A veces salvo
vidas". Otras veces hacía lo contrario.
Médico, s.
Alguien a quien lanzamos nuestras súplicas cuando estamos enfermos, y
nuestros perros cuando nos hemos curado.
Mendaz, adj.
Aficionado a la retórica.
Mendigar, v. t.
Pedir algo con intensidad proporcional a la creencia de que no será
otorgado.
Mendigo, s. El
que ha confiado en la ayuda de los amigos.
Menor, adj.
Menos objetable.
Mente, s.
Misteriosa forma de la materia segregada por el cerebro. Su principal
actividad parece consistir en el esfuerzo por determinar su propia
naturaleza, tentativa que parece fútil, puesto que la mente, para
conocerse, no dispone de otra cosa que sí misma.
Metralla, s.
Argumento que el futuro prepara en respuesta a las demandas del
socialismo americano.
Metrópoli, s.
Baluarte del provincialismo.
Mesmerismo, s.
Nombre dado al Hipnotismo antes que empezara a vestir con elegancia,
tuviera carruaje e invitara a cenar a la Incredulidad.
Mi, n. Caso
objetable del pronombre personal de primera persona, que tiene tres
casos: dominativo, objetable y opresivo. Cada uno de ellos es los otros
dos.
Milagro, s.
Acontecimiento inexplicable y extraño al orden natural, como ganar con
un póker de ases y un rey contra un póker de reyes y un as.
Milenio, s.
Feriado de mil años a cuyo término se clavará la tapa, con todos los
reformistas adentro.
Ministro, s.
Agente de un poder superior con una responsabilidad inferior. En
diplomacia, funcionario enviado a un país extranjero como encarnación
visible de la hostilidad de su soberano por ese país. El principal
requisito para ser ministro es un grado de plausibilidad en la mentira
apenas inferior al de un embajador.
Mío, adj. Lo
que me pertenece, siempre que pueda apropiármelo.
Misericordia,
s. Daga que en la guerra medieval usaba el infante para recordar a un
caballero desmontado por su cabalgadura que él también era mortal.
Misericordia,
s. Virtud que aman los delincuentes sorprendidos.
Miss, s. Título
con que marcamos a las mujeres solteras para indicar que están
disponibles en el mercado. Miss, Misses (Mrs.), y Mister (Mr.) me
parecen las tres palabras más desagradables de la lengua inglesa, tanto
por su sonido como por su sentido. Las dos primeras son una corrupción
de "Mistress" y la tercera de "Master". Mientras los demás títulos han
sido abolidos en nuestro país, estos sobreviven para complicarnos la
vida. Si fuera indispensable conservarlos, deberíamos ser coherentes y
encontrar uno que designe al hombre soltero. Me atrevo
a sugerir la palabra Mush ( abreviada Mh., (Mush significa harina de
maíz).
Mitad, s. Una
de las dos partes en que una cosa puede dividirse o considerarse
dividida. En el siglo XIV teólogos y filósofos discutieron
acaloradamente si la Omnisciencia podía partir un objeto en tres
mitades; y el piadoso padre Aldrovinus rogó públicamente en la catedral
de Rouen porque Dios demostrara la afirmativa de la proposición en
alguna forma notable e inconfundible (preferiblemente, si le pluguiera,
en el cuerpo de ese empedernido blasfemador, Manutius Procinus, quien
sostenía la negativa). Procinus, sin embargo, fue
preservado para morir de una mordedura de serpiente.
Mitología, s.
Conjunto de creencias de un pueblo primitivo relativas a su origen,
héroes y dioses, por oposición a la historia verdadera, que inventa más
tarde.
Moda, s.
Déspota a quien los sabios ridiculizan y obedecen.
Mojigata, s.
Celestina que se oculta a espaldas de su conducta.
Molécula, s.
Ultima e indivisible unidad de la materia. Se distingue del corpúsculo,
que también es la última e indivisible unidad de la materia, por una
semejanza más estrecha con el átomo que es, asimismo, la última e
indivisible unidad de la materia. Las tres grandes teorías científicas
de la estructura del universo son la molecular, la corpuscular y la
atómica. Una cuarta postula, con Haeckel, la condensación o
precipitación de la materia a partir del éter, cuya existencia es
probada por esa condensación o precipitación. La corriente actual del
pensamiento científico se inclina hacia la teoría de los iones. El ión
difiere de la molécula, el corpúsculo y el átomo en el hecho de ser un
ión. Una quinta teoría es sostenida por los idiotas, pero es dudoso que
ellos sepan algo más sobre la materia que los otros.
Momia, s.
Egipcio antiguo, usado antaño como remedio en todas las naciones
civilizadas y que ahora provee al arte de un excelente pigmento. También
resulta cómoda en los museos para satisfacer la vulgar curiosidad que
distingue al hombre de los animales inferiores.
Mónada, s.
Ultima e indivisible unidad de la materia (ver Molécula). Según Leibniz,
y en la medida en que él parece dispuesto a ser comprendido, la mónada
tiene cuerpo sin volumen, y mente sin manifestación; Leibniz la reconoce
gracias a la facultad innata de la reflexión y ha fundado sobre la
mónada una teoría del universo, que ella soporta sin resentimiento,
porque es una dama. Pequeña como es, la mónada contiene todas las
potencialidades necesarias para convertirse en un filósofo alemán de
primera categoría. No confundir la mónada con el microbio o el bacilo;
pertenece a una especie muy diferente, como lo demuestra un buen
microscopio al no poder detectarla.
Monarca, s.
Persona que se ocupa de reinar. Antiguamente el monarca era el único
amo, como lo indica la etimología de la palabra y como aprendieron, a
costa de sí mismos, muchos súbditos. En Rusia y Oriente el Monarca
retiene todavía una considerable influencia en los asuntos públicos y en
el destino final de las cabezas humanas, pero en Europa Occidental la
administración pública corre por cuenta de los ministros, mientras el
monarca reflexiona sobre el destino de su propia cabeza.
Mono, s. Animal
arbóreo que se instala en los árboles genealógicos.
Monosilábico,
adj. Dícese del idioma compuesto de palabras de una sola sílaba, para
uso de bebes literarios que nunca se cansan de expresar, mediante un
adecuado gugu, el placer que les causa ese alimento insípido. Las
palabras monosilábicas son por lo común sajonas, es decir el idioma de
un pueblo bárbaro, desprovisto de ideas que sólo puede experimentar
sentimientos y emociones elementales.
Monseñor, s.
Alto título eclesiástico, en cuyas ventajas no reparó el fundador de
nuestra religión.
Monumento, s.
Estructura destinada a conmemorar algo que no necesita conmemoración o
no puede ser conmemorado. Como dijo el poeta. "Los huesos de Agamenón
son ofrecidos en espectáculo, mientras su regio monumento yace en
ruinas". Pero la fama de Agamenón no es afectada por eso. La costumbre
monumentaria alcanza sus "reductiones ad absurdum" en los monumentos "a
los muertos desconocidos", que perpetúan la memoria de aquellos que no
han dejado memoria.
Moral, adj.
Conforme a una norma de derecho local y mudable. Cómodo.
Dícese que existe en el Este una cadena de montañas y
que a un lado de ella ciertas conductas son inmorales, pero que del otro
lado son tenidas en alta estima; esto resulta muy ventajoso para el
montañés, porque puede bajar ora de un lado, ora del otro, y hacer lo
que le plazca, sin ofensa.
("Meditaciones de Gooke").
Muerto, adj.
Dícese de lo que ha concluido el trabajo de respirar; de lo que ha
acabado para todo el mundo; de lo que ha llevado hasta el fin una
enloquecida carrera; y de lo que al alcanzar la meta de oro, ha
descubierto que era un simple agujero.
Mujer, s.
Animal que suele vivir en la vecindad del Hombre, que tiene una
rudimentaria aptitud para la domesticación. Algunos de los zoólogos más
viejos le atribuyen cierta docilidad vestigial adquirida en una antigua
época de reclusión, pero los naturalistas del postfeminismo, que no
saben nada de esa reclusión, niegan semejante virtud y declaran que la
mujer no ha cambiado desde el principio de los tiempos. La especie es la
más ampliamente distribuida de todas las bestias de presa; infecta todas
las partes habitables del globo, desde las dulces montañas de
Groenlandia hasta las virtuosas playas de la India. El nombre que se le
da popularmente (mujer lobo) es incorrecto, porque pertenece a la
especie de los gatos. La mujer es flexible y grácil en sus movimientos,
especialmente Ia variedad norteamericana (Felis pugnans), es omnívora, y
puede enseñársele a callar.
Mulato, s. Hijo
de dos razas, que se avergüenza de ambas.
Multitud, s.
Muchedumbre. Fuente de sabiduría y virtud políticas. En una república,
objeto de adoración del estadista. "En una multitud de consejeros está
la sabiduría", dice el proverbio. Si muchos hombres de igual sabiduría
individual resultan más sabios que cualquiera de ellos, debe ser que
adquieren ese exceso de sabiduría por el simple hecho de reunirse. ¿De
dónde viene? Evidentemente, de ninguna parte. Lo mismo valdría decir que
una cadena de montañas es más alta que las montañas individuales que la
componen. Una multitud es tan sabia como el más sabio
de sus miembros, siempre que éste sea obedecido; de lo contrario es tan
necia como el más necio entre ellos.
Murmurar, v. t.
Decir cómo encuentra uno a otro cuando el otro no puede encontrarlo a
uno.
Mustang, s.
Caballo indócil de las planicies occidentales. En la sociedad británica,
esposa norteamericana de un noble inglés.
N
Nacimiento, s.
Primero y más terrible de todos los desastres. Sobre su naturaleza, hay
distintas opiniones. Cástor y Pólux nacieron de un huevo. Pallas, de un
cráneo. Galatea, de un bloque de piedra, Peresilis, autor del siglo X,
asegura que brotó del suelo donde un sacerdote había derramado agua
bendita. Es sabido que Arimaxus surgió de un agujero hecho por un rayo
en la tierra. Leucomedón era hijo de una caverna en el Monte Etna, y yo
personalmente he visto a un hombre salir de una bodega.
Nariz, s.
Ultimo puesto avanzado de la cara. Getius, cuyos escritos son anteriores
a la era del humor, observó que todos los grandes conquistadores tienen
grandes narices, y pensó que la nariz era el órgano de la sujeción. Se
ha observado que la nariz de alguien nunca se siente tan feliz como
cuando está metida en los asuntos de otro; de aquí infieren algunos
fisiólogos que la nariz carece del sentido del olfato.
Néctar, s.
Bebida que consumían los dioses en los banquetes olímpicos. El secreto
de su preparación se ha perdido, pero los modernos habitantes de
Kentucky creen saber cuál era su ingrediente principal.
Negativa, s.
Acción de no dar lo que se pide; verbigracia, cuando una anciana
solterona niega su mano a un pretendiente rico y buen mozo; un concejal,
una concesión importante a una corporación; un sacerdote, la absolución
a un rey impenitente; etcétera. Las negativas se gradúan en una escala
descendente de finalidad, a saber: 1a negativa absoluta, la negativa
condicional, la negativa de sondeo y la negativa femenina, que algunos
casuistas llaman negativa afirmativa.
Negro, s.
"Piece de résistance" en el problema político norteamericano. Los
republicanos lo representan por la letra n y llegan a la siguiente
ecuación: "Supongamos que n = hombre blanco". La fórmula, sin embargo,
parece dar un resultado insatisfactorio.
Nepotismo, s.
Práctica que consiste en designar a la propia abuela para un cargo
público, por el bien del partido.
Newtoniano,
adj. Perteneciente a la filosofía del universo inventada por Newton,
quien descubrió que una manzana siempre termina por caer al suelo,
aunque no pudo explicar por qué. Sus sucesores y discípulos han
progresado tanto que son capaces de decir cuándo.
Nihilista, s.
Ruso que niega la existencia de todo, menos de Tolstoi. El jefe de esta
escuela es Tolstoi.
Niñez, s.
Período de la vida humana intermedio entre la idiotez de la primera
infancia y la locura de la juventud, a dos pasos del pecado de la
adultez, y a tres del remordimiento de la ancianidad.
Nirvana, s. En
la religión budista, estado de aniquilamiento agradable, otorgado a los
sabios, particularmente a los que son lo bastante sabios para
comprenderlo.
Noble, s.
Invención provista por la naturaleza para que las doncellas
norteamericanas adineradas y ambiciosas puedan incurrir en distinción
social y padecer la "high life".
No Combatiente,
s. Un cuáquero muerto.
Notoriedad, s.
Fama de nuestro adversario en la lucha por un cargo público. El tipo de
renombre más accesible y aceptable para la mediocridad. Escala de jacob
que conduce a un escenario de vodevil, con ángeles que suben y bajan.
Noúmeno, s. Lo
que existe, por oposición a lo que, meramente pareciendo existir, recibe
el nombre de fenómeno. El noúmeno es bastante difícil de localizar; sólo
puede ser aprehendido mediante un proceso de razonamiento... que es un
fenómeno. No obstante, el descubrimiento y exposición del noúmeno abre
un amplio campo para lo que llama Lewis "la interminable variedad y
excitación del pensamiento filosófico". ¡Viva pues el noúmeno!
Novela, s. (En
inglés, romance, novela de aventuras más o menos fantásticas. por
oposición a "novel", novela realista ). Cuento inflado. Especie de
composición que guarda con la literatura la misma relación que el
panorama guarda con el arte. Como es demasiado larga para leer de un
tirón, las impresiones producidas por sus partes sucesivas son
sucesivamente borradas, como en un panorama. La unidad, la totalidad del
efecto, es imposible porque aparte de las escasas páginas que se leen al
final, todo lo que queda en la mente es el simple argumento de lo
ocurrido antes. La novela realista es al relato fantástico lo que la
fotografía es a la pintura. Su principio básico, la verosimilitud,
corresponde a la realidad literal de la fotografía, y la ubica dentro
del periodismo; mientras que la libertad del relato fantástico no tiene
más límites que la imaginación del narrador. Los tres principios
esenciales del arte literario son imaginación, imaginación e
imaginación. El arte de escribir novelas, en la medida en que pudo
llamarse arte, ha muerto hace mucho en todo el mundo, salvo en Rusia,
donde es nuevo. Paz tengan sus cenizas... algunas de las cuales aún se
venden mucho.
Novela fantástica,
s. Obra de ficción que no rinde pleitesía al Dios de las Cosas que Son.
En la novela, el pensamiento del escritor está atado a la verosimilitud,
como un caballo al palenque, pero en la novela fantástica se pasea a
voluntad por todo el reino de la imaginación, libre, sin ley, sin rienda
ni freno. Nuestro novelista es una pobre criatura (como diría Carlyle),
un simple reportero. Puede inventar los personajes y la trama, pero no
imaginar algo que no pueda ocurrir, aunque toda su narración sea una
candorosa mentira. Por qué se impone esta dura condición y "arrastra a
cada paso una cadena cada vez más larga", que él mismo ha forjado, es
algo que tratará de explicarnos en diez volúmenes, sin iluminar en
absoluto su negra y absoluta ignorancia en la materia. Hay grandes
novelas, porque grandes escritores han desperdiciado su talento para
escribirlas, pero lo cierto es que la ficción más fascinante que existe
sigue siendo "Las mil y Una Noches".
Noviembre, s.
Décimoprimer duodécimo del tedio.
O
O bien,modo,
adv. O mal.
Observatorio,
s. Lugar donde los astrónomos disuelven en conjeturas las adivinanzas de
sus predecesores.
Obsoleto, adj.
Lo que ya no usan los tímidos. Se aplica principalmente a las palabras.
La palabra que cualquier diccionario califica como obsoleta se convierte
en objeto de terror para el escritor necio, pero si es una palabra buena
y no tiene equivalente moderno igualmente bueno, la usará el buen
escritor. En realidad, la actitud de un escritor hacia las palabras
"obsoletas" es un índice de su capacidad literaria tan bueno como
cualquier otro, salvo el carácter de su obra.
Obstinado, adj.
Inaccesible a la verdad, tal como se manifiesta en el esplendor y la
fuerza de nuestras creencias. El prototipo popular de la obstinación es
la mula, animal muy inteligente.
Ocasional, adj.
Dícese de lo que nos aflige con mayor o menor frecuencia. No es el caso
de los "versos ocasionales", que nos afligen con regularidad --y con más
crueldad que otras clases de versos-- en los aniversarios y otras
celebraciones.
Occidente, s.
Parte del mundo situada al oeste (o al este) de Oriente. Está habitada
principalmente por Cristianos, poderosa subtribu de los Hipócritas,
cuyas principales industrias son el asesinato y la estafa, que disfrazan
con los nombres de "guerra" y "comercio". Esas son también las
principales industrias de Oriente.
Océano, s.
Extensión acuática que ocupa dos tercios del mundo hecho para el hombre,
que casualmente carece de branquias.
Ociosidad, s.
Granja modelo donde el diablo experimenta las semillas de nuevos pecados
y promueve el crecimiento de los vicios básicos.
Odio, s.
Sentimiento cuya intensidad es proporcional a la superioridad que lo
provoca.
Ofensivo, adj.
Lo que produce emociones o sensaciones desagradables, como el avance de
un ejército hacia su enemigo.
--¿Usted cree que el enemigo ha usado una táctica
ofensiva? -- preguntó el rey.
--¡Por cierto!--replicó el general defraudado-- ¡Los
malditos no han querido salir de su trinchera!
Oleaginoso,
adj. Aceitoso, resbaladizo, escurridizo. Disraeli en cierta oportunidad
describió los modales del obispo Wilberforce como "untuosos,
oleaginosos, saponíficos". A partir de entonces el buen prelado fue
conocido como Sam el Jabonoso. Para cada hombre, existe en el
vocabulario una palabra capaz de pegársele como una segunda piel. Sus
enemigos no tienen más que encontrarla.
Olímpico, adj.
Relativo a una montaña de Tesalia, antaño habitada por los dioses, y
ahora depósito de diarios amarillos, botellas de cerveza y destripadas
latas de sardinas que atestiguan la presencia del turista y de su
apetito.
Olvido, s.
Estado en que los malos cesan de luchar y los tristes reposan. Eterno
basurero de la fama. Cámara fría de las más altas esperanzas.. Lugar
donde los autores ambiciosos reencuentran sus obras sin orgullo, y a sus
superiores sin envidia. Dormitorio desprovisto de reloj despertador.
Ópera, s.
Espectáculo que representa la vida en otro mundo cuyos habitantes no
tienen más idioma que el canto, más movimiento que el ademán y más
postura que la actitud. Toda actuación teatral es simulación y la
palabra simulación deriva de simio, o mono; pero en la ópera el actor
toma por modelo al Simia audibilis (o Pithecanthropos stentor), es decir
al mono que aúlla.
Opio, s. Puerta
que no está cerrada con llave en la prisión de la Identidad. Conduce al
patio de la cárcel.
Oponer, v.
Ayudar con obstrucciones y objeciones.
Oportunidad, s.
Ocasión favorable para atrapar un desengaño.
Oposición, s.
En política, el partido que impide que el gobierno se desenfrene,
desjarretándolo. El rey de Ghargarou, que había estado en el extranjero
para estudiar la ciencia del gobierno, designó a un centenar de sus
súbditos más gordos miembros de un parlamento que debía legislar sobre
la recaudación de impuestos. A cuarenta de ellos los nombró Partido de
la Oposición y dispuso que su Primer Ministro los instruyera
cuidadosamente en la tarea de oponerse a toda iniciativa regia. Sin
embargo, el primer proyecto puesto a votación fue
aprobado por unanimidad. Muy descontento, el rey lo vetó, informando a
los miembros de la Oposición que si volvían a hacer eso, pagarían con la
cabeza. En el acto, los cuarenta opositores se hicieron el harakiri.
--¿Y ahora? --preguntó el rey-- Es imposible mantener
las instituciones liberales sin un partido de Oposición.
--Esplendor del Universo --replicó el Primer
Ministro--, es cierto que esos perros de las tinieblas ya no tienen sus
credenciales, pero no todo está perdido. Confía el asunto a este gusano
del polvo. Seguidamente el Primer Ministro hizo embalsamar y rellenar de
paja los cadáveres de los opositores de Su Majestad y los clavó a las
bancas legislativas. En lo sucesivo, cada ley fue aprobada con cuarenta
votos en contra, y la nación prosperó. Pero un día el ejecutivo remitió
un proyecto de impuesto a las verrugas y fue derrotado, porque
a nadie se le había ocurrido clavar también a sus bancas a los
legisladores oficialistas... Esto enfureció tanto al rey, que el Primer
Ministro fue ejecutado, el parlamento disuelto con una batería de
artillería, y el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo
desapareció de Ghargarou para siempre.
Optimismo, s.
Doctrina o creencia de que todo es hermoso, inclusive lo que es feo;
todo es bueno, especialmente lo malo; y todo está bien dentro de lo que
está mal. Es sostenida con la mayor tenacidad por los más acostumbrados
a una suerte adversa. La forma más aceptable de exponerla es con una
mueca que simula una sonrisa. Siendo una fe ciega, no percibe la luz de
la refutación. Enfermedad intelectual, no cede a ningún tratamiento,
salvo la muerte. Es hereditaria, pero afortunadamente no es contagiosa.
Optimista, s.
Partidario de la doctrina de que lo negro es blanco. En cierta
oportunidad un pesimista pidió auxilio a Dios. Ah --dijo Dios--, tú
quieres que yo te devuelva la esperanza, la alegría.
--No --replicó el pesimista--. Me bastaría si crearas
algo que las justificara.
--El mundo ya está todo creado --repuso Dios--, pero
te olvidas de algo: la mortalidad del optimista.
Oratoria, s.
Conspiración entre el lenguaje y la acción para defraudar al
entendimiento. Tiranía atenuada por la taquigrafía.
Ordenado, adj.
Sujeto al orden, como un sedicioso colgado de un farol.
Ostra, s.
Molusco viscoso que los hombres civilizados tienen la audacia de comer
sin quitarle las entrañas. Las valvas suelen darse a los pobres.
A/F - G/O
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P/Z |