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Pólvora, s. Medio que emplean las
naciones civilizadas para arreglar disputas que podrían volverse
molestas si no se las resolviera. La mayoría de los autores atribuyen la
invención de la pólvora a los chinos, aunque sin pruebas convincentes.
Milton dice que fue inventada por el diablo para dispersar a los
ángeles, y esta opinión parece sustentada por la escasez de ángeles.
Además, cuenta con la entusiasta aprobación del Honorable James Wilson,
secretario de Agricultura. El secretario Wilson se interesó en la
pólvora a raíz de un incidente que ocurrió en la granja experimental del
gobierno en el distrito de Columbia. Un dia, hace varios años, un
miserable que no tenía el menor respeto por las grandes dotes personales
del secretario, le regaló un saquito de pólvora, diciéndole que eran
semillas de "Stridosus Instantaneus", cereal patagónico de gran valor
comercial y admirablemente adaptado a ese clima, y aconsejándole
sembrarlo a lo largo de un surco. El buen secretario puso manos a la
obra, y ya había trazado un continuo reguero a lo largo de un campo de
diez acres, cuando le hizo volver la cabeza un grito del generoso
donante que, acto seguido, dejó caer una cerilla sobre el extremo del
reguero. El contacto con la tierra había humedecido algo la pólvora,
pero aun así el asombrado funcionario se vio perseguido por una alta
columna de fuego y humo que avanzaba ferozmente. Se quedó un momento
paralizado y mudo, pero en seguida recordó una cita previa y, dejando
todo, se ausentó con celeridad tan sorprendente que quienes lo vieron lo
tomaron por un rayo que atravesaba siete aldeas, negándose a detenerse
bajo ningún pretexto.
--Santo Dios, ¿qué es eso? --exclamó el ayudante de un
agrimensor, haciendo visera con una mano y contemplando aquel bólido
agrícola que bisecaba el horizonte visible.
--Eso --dijo el agrimensor observando
despreocupadamente el fenómeno y volviendo a centrar la atención en su
teodolito-- es el meridiano de Washington.
Populista, s.
Patriota fósil del primitivo período agrícola, que suele encontrarse en
los antiguos yacimientos de piedra jabón rojiza, en el estado de Kansas;
caracterizado por una envergadura poco común de las orejas que, según
algunos naturalistas, le permitían volar, aunque los profesores Morse y
Whitney observan ingeniosamente que, en ese caso, habría ido a otra
parte. En el pintoresco idioma de la época, del que nos han llegado
algunos fragmentos, era conocido como "el problema de Kansas. (El
populismo de origen campesino tuvo cierta fuerza en
Kansas a fines del siglo pasado.)
Portátil, adj.
Expuesto a propiedad mutable merced a vicisitudes de la posesión.
Portugueses, s.
Especie de gansos nativos de Portugal. Prácticamente carecen de plumas y
no son muy comestibles, aun aderezados con ajo.
Poseso, adj.
Trastornado por un espíritu maligno, como los cerdos de Gadarene y otros
críticos. La posesión demoníaca era antaño más frecuente que ahora.
Arasthus nos habla de un campesino que era ocupado por un demonio
diferente cada día de la semana, y el domingo por dos. Se los veía a
menudo, siempre caminando a su sombra, pero finalmente fueron expulsados
por el notario de la aldea, que era un santo varón; cierto es que con
ellos desapareció también el campesino, pues se lo llevaron. Un demonio
expulsado de una mujer por el Arzobispo de Rheims
corrió por las calles, perseguido por un centenar de personas hasta
llegar a campo abierto donde dio un brinco más alto que el campanario de
una iglesia y escapó convertido en pájaro. Un capellán del ejército de
Cromwell exorcisó a un soldado arrojándolo al agua, donde su demonio
salió a la superficie. No ocurrió lo mismo, infortunadamente, con el
soldado.
Positivismo, s.
Filosofía que niega nuestro conocimiento de lo Real y afirma nuestra
ignorancia de lo Aparente. Su exponente más largo es Comte; el más
ancho, Mill, y el más espeso, Spencer.
Posteridad, s.
Tribunal de apelaciones que anula el juicio de los contemporáneos de un
autor popular, a iniciativa del más oscuro de sus competidores.
Potable, s.
Apto para beber. Se dice que el agua es potable, y algunos llegan a
declararla nuestra bebida natural, aunque sólo la encuentren agradable
cuando padecen de esa dolencia recurrente llamada sed que se cura con el
agua. En todas las épocas y países (salvo los menos civilizados) el
hombre ha desplegado el máximo de ingenio en la invención de sustitutos
del agua. Sostener que esta aversión general por ella no se basa en el
instinto de conservación de la raza, es ser poco científico, y sin la
ciencia somos como las culebras y los sapos.
Potro (de tormento).Implemento
argumentativo muy usado antaño para inducir a los devotos de un credo
falso a que abrazaran la fe viviente. El potro nunca tuvo mucha eficacia
como señuelo de infieles y actualmente ha caído en el desprestigio
popular.
Preadánico, s.
Miembro de una raza experimental y aparentemente insatisfactoria que
precedió a la Creación y vivió en condiciones difíciles de concebir.
Melsius cree que habitaban el "Vacío" y que estuvieron a mitad de camino
entre los peces y las aves. Poco se sabe de ellos salvo que proveyeron a
Caín de una esposa y a los teólogos de una controversia.
Precedente, s.
En jurisprudencia decisión, regla o práctica previas que en ausencia de
una ley definida cobran el vigor y la autoridad que al juez se le ocurra
darles, cosa que simplifica grandemente su tarea de hacer lo que le
plazca. Como hay precedentes para todo le bastará ignorar los que
contrarían su interés y acentuar los que favorecen su deseo. La
invención del precedente eleva el proceso del nivel inferior de una
ordalía fortuita a la noble condición de un arbitraje caprichoso.
Precio, s.
Valor más una suma razonable por el desgaste que sufre la conciencia al
exigirlo.
Precipitación,
s. Prisa de los torpes.
Predestinación,
s. Doctrina de que todo ocurre según un programa. No debe confundirse
con la doctrina de la predeterminación que dice que todas las cosas
están programadas pero no afirma que ocurran, pues eso está apenas
implicado en otras doctrinas de las que ésta deriva. La diferencia es lo
bastante grande como para haber inundado a la Cristiandad de tinta y no
hablemos de sangre. Si uno distingue perfectamente entre ambas doctrinas
y cree con fervor en las dos puede llegar a salvarse, salvo que ocurra
lo contrario.
Predeterminación,
s. Esta palabra parece fácil de definir, pero cuando pienso que piadosos
y eruditos teólogos se han pasado largas vidas explicándola y han
escrito bibliotecas enteras para explicar sus explicaciones; cuando
recuerdo que la diferencia entre predeterminación y predestinación
dividió a las naciones y originó sangrientas batallas; que se han
gastado caudales millonarios para probar y refutar su compatibilidad con
el libre albedrío y con la eficacia de la oración y de la vida
religiosa; cuando contemplo esos hechos atroces en la historia del
mundo, me quedo abrumado ante el formidable problema de esta definición,
bajo los ojos espirituales temiendo contemplar su portentosa magnitud,
me descubro reverentemente, y con toda humildad remito al lector a Su
Eminencia el Cardenal Gibbons y su Ilustrísima el obispo Potter.
Predilección,
s. Etapa preparatoria del desengaño.
Preexistencia,
s. Factor no tenido en cuenta en la creación.
Preferencia, s.
Sentimiento o estado de ánimo inducido por la creencia errónea de que
una cosa es mejor que otra.
Un filósofo antiguo estaba convencido de que la vida
no es mejor que la muerte. Un discípulo le preguntó por qué, entonces,
no se suicidaba.
--Porque la muerte no es mejor que la vida --respondió
el filósofo-- Pero es más larga.
Prehistórico,
adj. Perteneciente a un período primitivo y a un museo. Anterior al arte
y práctica de perpetuar falsedades.
Prejuicio, s.
Opinión vagabunda sin medios visibles de sostén.
Prelado, s.
Dignatario eclesiástico dotado de un grado superior de santidad y de un
gordo estipendio. Miembro de la aristocracia celestial. Caballero de
Dios.
Prerrogativa,
s. Derecho de un soberano a obrar mal.
Presagio, s.
Señal de que algo ocurrirá si no ocurre nada.
Presbiteriano,
s. Alguien convencido de que todas las autoridades de la Iglesia
deberían llamarse presbíteros.
Presentable, s.
Abominablemente ataviado según la moda del lugar y la época. En
Boorioboola Gha un hombre está presentable en ocasiones de gala si lleva
el abdomen pintado de azul brillante y usa una cola de vaca; en Nueva
York puede, si lo desea, prescindir de la pintura, pero al caer la noche
debe llevar dos colas hechas de lana de oveja y teñidas de negro.
Presentación,
s. Ceremonia social inventada por el demonio para gratificar a sus
siervos y atormentar a sus enemigos. La presentación alcanza su
desarrollo más perverso en los Estados Unidos y, de hecho, guarda
estrecha relación con nuestro sistema político. Puesto que cualquier
norteamericano es igual a otro norteamericano, se deduce que cualquiera
tiene el derecho de conocer a cualquiera, lo que implica el derecho a
ser presentado sin previa solicitud ni permiso. La Declaración de
Independencia debería estar redactada así: "Sostenemos que estas
verdades son evidentes de por sí: que todos los hombres son creados
iguales; que el Creador lo ha dotado de ciertos derechos inalienables;
que entre ellos se cuenta la vida, y el derecho a arruinar la vida de
otro rodeándolo de incalculables conocidos; la libertad, y en particular
la libertad de presentar unas personas a otras sin averiguar si no se
conocen ya como enemigos; y la persecución de la felicidad del prójimo
mediante una jauría de desconocidos".
Presente, s.
Parte de la eternidad que separa el dominio del desengaño del reino de
la esperanza.
Presidente, s.
Cerdo engrasado en los juegos al aire libre de la política
norteamericana.
Presidente, s.
Figura dominante en un grupito de hombres que son los únicos de los que
se sabe con certeza que la inmensa mayoría de sus compatriotas no
deseaban que llegaran a la presidencia.
Prevaricador,
s. Mentiroso en estado de crisálida.
Primado, s.
Cabeza de una Iglesia, especialmente de una Iglesia estatal, sostenida
por contribuciones involuntarias. El Primado de Inglaterra es el
Arzobispo de Canterbury, amable y anciano caballero que en vida ocupa el
Palacio de Lambeth, y en muerte la Abadía de Westminster. Generalmente
está muerto.
Prisión, s.
Lugar de castigos y recompensas. El poeta nos asegura que: "No los muros
de piedra hacen prisiones", pero una combinación del muro de piedra, el
parásito político y el profesor de moral no es el jardín de las
delicias.
Privativo, adj.
En lenguaje forense dícese de la propiedad individual de tierras, por
oposición al condominio. Algunas tribus de indios son ya bastante
civilizadas para tener en dominio privativo las tierras que antes
poseían como organizaciones tribales y que no podían vender a los
blancos por abalorios y whisky de patatas.
Proboscis, s.
Organo rudimentario que usa un elefante en lugar del tenedor y el
cuchillo que la Evolución sigue negándole. Con fines humorísticos se le
llama popularmente trompa.
Procaz, adj.
Dícese del lenguaje que usan otros para criticarnos.
Proceso, s.
Investigación formal destinada a probar y consignar por escrito el
carácter intachable de jueces, abogados y jurados. Para conseguir esto,
es necesario proveer un contraste en la persona de alguien a quien se
llama defendido, prisionero o acusado. Si el contraste queda establecido
con suficiente claridad, esa persona es sometida a un castigo suficiente
para dar a los virtuosos caballeros el reconfortante sentimiento de su
inmunidad, agregado al de su mérito. En nuestros días, el acusado es
generalmente un ser humano, o un socialista, pero en el Medioevo fueron
procesados animales, peces, reptiles e insectos. Una bestia que hubiera
causado la muerte de un hombre, o practicado la brujería, era
debidamente arrestada y procesada, y si resultaba culpable, ejecutada
por el verdugo público. Los insectos que devastaban sembrados, huertas o
viñedos, eran citados ante un tribunal civil, para declarar por sí o por
medio de un abogado, y pronunciados el testimonio, el argumento y la
condena, si seguían "in contumaciam", se llevaba el caso a un alto
tribunal eclesiástico, que los excomulgaba y anatematizaba. En una calle
de Toledo se arrestó, juzgó y condenó a unos cerdos que perversamente
pasaron corriendo entre las piernas del virrey, causándole gran
sobresalto. En Nápoles se condenó a un asno a morir en la hoguera,
aunque al parecer la sentencia no fue ejecutada. D'Addosio ha extraído
de los anales judiciales numerosos procesos contra cerdos, toros,
caballos, gallos, perros, cabras, etc., que según se cree contribuyeron
grandemente a mejorar la conducta y la moral de esos bichos. En 1451 se
inició causa criminal contra las sanguijuelas que infestaban ciertos
estanques de Berna, y el obispo de Lausana, aconsejado por la facultad
de la Universidad de Heidelberg, ordenó que algunos de esos "gusanos
acuáticos" comparecieran ante la magistratura local. Así se hizo, y se
intimó a las sanguijuelas, presentes y ausentes, que en plazo de tres
días abandonaran los sitios que habían infestado, so pena de "incurrir
en la maldición de Dios". Los voluminosos expedientes de esta causa
célebre no dicen si las inculpadas arrostraron ese castigo o si se
marcharon en el acto de esa inhóspita jurisdicción.
Profecía, s.
Arte y práctica de vender nuestra credibilidad con entrega diferida.
Prójimo, s.
Aquél a quien no está ordenado amar como a nosotros mismos, pero que
hace todo lo posible para que desobedezcamos.
Propiedad, s.
Cualquier cosa material, sin valor particular, que pueda ser defendida
por A contra la avidez de B. Todo lo que satisface la fiebre de posesión
en unos y la defrauda en los demás. Objeto de la breve rapacidad del
hombre, y de su larga indiferencia.
Providencial,
adj. Dícese de lo que es notoria e inesperadamente beneficioso para
quien lo describe.
Prórroga, s.
Suspensión de hostilidades contra un asesino sentenciado, para que el
Ejecutivo averigüe si el crimen no fue cometido por el fiscal. Cualquier
ruptura en la continuidad de una expectativa desagradable.
Proyectil, s.
Ultimo árbitro de las disputas internacionales. Antes esas disputas se
resolvían mediante el contacto físico de los contendores, con los
sencillos argumentos que podía suministrar la rudimentaria lógica de los
tiempos: la espada, la lanza, etc. Con el aumento de la prudencia en los
asuntos militares, el proyectil se impuso cada vez más, y ahora es
estimadísimo por los más valientes. Su defecto capital es que exige
atención personal en el punto de propulsión.
Prueba, s.
Evidencia que tiene un matiz más de plausibilidad que de
inverosimilitud. Testimonio de dos testigos creíbles, opuesto al de uno
solo.
Publicar, v. i.
En asuntos literarios, situarse en la base de un cono de críticos.
Puerco, s.
Animal (Porcus Omnívorus) estrechamente emparentado con la raza humana
por el esplendor y vivacidad de su apetito, que, sin embargo, es menos
amplio, pues retrocede frente al cerdo.
Puerto, s.
Lugar donde los barcos que escapan a la ira de las tormentas quedan
expuestos a la furia de los aduaneros.
Q
Quiromancia, s.
Método número 947 (según la clasificación de Mibleshaw) de obtener
dinero con engaños. Consiste en "leer el carácter" en las líneas de las
manos. El carácter puede realmente leerse de este modo, ya que cada mano
exhibida al quiromántico lleva escrita en sus líneas la palabra "tonto".
El engaño consiste en no decirlo en voz alta.
Quórum, s. En
un cuerpo deliberativo, número de miembros suficiente para hacer su
voluntad. En el Senado norteamericano, se forma quórum con el presidente
de la Comisión de Finanzas y un mensajero de la Casa Blanca; en la
Cámara de Representantes, bastan el presidente del cuerpo y el demonio.
R
Rabdomante, s.
El que con una varita adivinatoria busca metales preciosos en el
bolsillo de un tonto.
Racional, adj.
Desprovisto de ilusiones, salvo las que nacen de la observación, la
experiencia y la reflexión.
Radicalismo, s.
El conservadorismo de mañana inyectado en los negocios de hoy.
Rana, s. Reptil
de patas comestibles. El primero que las menciona en la literatura
profana, es Homero, al relatar la guerra entre las ranas y los ratones.
Los escépticos han dudado de que Homero fuese el autor de esa obra, pero
el erudito, ingenioso e industrioso doctor Schliemann resolvió para
siempre la cuestión al desenterrar los huesos de las ranas muertas. Una
de las formas de persuasión moral que se ejercieron sobre el Faraón, a
quien le gustaban en "fricassée", observó, con verdadero estoicismo
oriental, que él podía aguantar el flagelo tanto tiempo como las ranas y
los judíos; esto obligó a modificar el programa. La rana es una cantante
diligente, de buena voz, aunque mal oído. El libreto de su ópera
favorita, escrito por Aristófanes, es breve, sencillo y eficaz:
brikikixkoax; la música pertenece, al parecer, al eminente compositor
Richard Wagner.
Rapacidad, s.
Previsión sin industria. Poder ejercido económicamente.
Ratón, s.
Animal cuyo camino está sembrado de señoras desmayadas. Así como en Roma
los cristianos eran arrojados a los leones, siglos antes, en Otumwee
--la más antigua y famosa ciudad del mun do-- las mujeres herejes eran
arrojadas a los ratones. EI historiador JakakZotp, nico otumwés cuyos
escritos han llegado a nosotros, dice que esas mártires enfrentaban la
muerte con mucha agitación y poca dignidad. Inclusive pretende (llevado
por la malicia del fanatismo) disculpar a los ratones, declarando que
las infortunadas mujeres perecían, algunas de fatiga, otras rompiéndose
el cuello al caer, y algunas por falta de reconstituyentes. Pero si "la
historia romana es nueve décimos de mentira", no podemos aspirar a una
proporción menor de esa figura retórica en los anales de un pueblo capaz
de crueldad tan increíble con bellas mujeres; corazón duro habla por
lengua mentirosa.
Razonable, adj.
Accesible al contagio de nuestras opiniones. Receptivo a la persuasión,
la disuasión, la evasiva.
Razonar, v.t.
Pesar probabilidades en la balanza del deseo.
Realidad, s. El
sueño de un filósofo loco. Lo que queda en el filtro cuando se filtra un
fantasma. El núcleo de un vacío.
Realmente, adv.
Aparentemente, quizá; posiblemente.
Rebelde, s. El
que propone un nuevo desgobierno, sin conseguir implantarlo.
Receta, s.
Adivinanza, realizada por el médico, de lo que prolongará mejor la
situación con menor daño para el paciente.
Recluta, s.
Persona que se distingue de un civil por su uniforme, y de un soldado,
por su modo de caminar.
Recordar, v.t.
Traer nuevamente a la memoria, con algunos agregados, algo que
previamente se ignoraba.
Reconciliación,
s. Suspensión de hostilidades. Tregua armada para desenterrar a los
muertos.
Reconsiderar,
v. t. Buscar una excusa para una decisión ya tomada.
Recreo, s.
Clase especial de aburrimiento que alivia una fatiga general.
Rectitud, s.
Virtud sólida que solía encontrarse entre los Pantidoodles, habitantes
del sector meridional de la península de Oque. Misioneros que volvían de
allí hicieron varios tibios intentos por introducirla en Europa, más, al
parecer, la expusieron con escasa convicción, como se desprende del
único sermón conocido del piadoso obispo Rowley, del que damos un pasaje
característico: "Ahora bien, la rectitud consiste no sólo en un santo
estado de ánimo, ni siquiera en cumplir los ritos religiosos y obedecer
la letra de la ley. No basta ser piadoso y justo; es necesario conseguir
que los otros alcancen el mismo estado; y el medio justo para ese fin es
la compulsión. Porque así como mi injusticia puede hacer daño a otro,
del mismo modo la injusticia de éste puede perjudicar a un tercero, cosa
que manifiestamente debo impedir, así como evito mi propio mal. En
consecuencia, si quiero ser recto, debo impedir, por la fuerza si es
necesario, que el prójimo acometa esas injuriosas empresas de las que yo
mismo, gracias a una mejor disposición y a la ayuda del Cielo, me
abstengo."
Recuento de votos,
s. En política norteamericana, nuevo tiro de dados que se acuerda al
jugador contra quien están cargados.
Redención, s.
Exención de castigo que consiguen los pecadores asesinando al Dios
contra el que pecaron. La doctrina de la Redención es el misterio
fundamental de nuestra santa religión, y quien crea en ella no perecerá,
sino que gozará de vida eterna para tratar de comprenderla.
Redundante,
adj. Superfluo; innecesario; de trop
Dijo el Sultán: "Hay prueba, y abundante, de que este
perro infiel es redundante." Y el Gran Visir, de faz inexpresiva: "Al
menos su cabeza es excesiva".
Habid Solimán
"El señor Debs es un ciudadano redundante"
Theodore Roosevelt.
(Eugene Debs. líder ferroviario norteamericano,
candidato presidencial en 1912, perseguido por Theodore Roosevelt. y
encarcelado por Woodrow Wilson).
Referéndum, s.
Ley que se somete a voto popular para establecer el consenso de la
insensatez pública.
Reflexión, s.
Proceso mental que nos da una visión más clara del pasado y nos permite
eludir peligros que no volveremos a enfrentar.
Refrán, s.
Dicho vulgar, proverbio. He aquí algunos ejemplos:
Cuida los centavos, que los pesos se despilfarran
solos.
Mejor tarde que antes de ser invitado.
Predicar con el ejemplo es mejor que seguirlo.
No dejes para mañana lo que pueda hacer otro.
El que ríe menos ríe mejor.
Hablando del lobo, termina por enterarse.
De dos males, trata de ser el menor.
Querer es poder decir "No quiero".
Regazo, s. Uno
de los más importantes órganos del cuerpo femenino, admirablemente
previsto por la naturaleza para el reposo de la infancia, aunque se usa
principalmente en las festividades rurales para sostener platos de pollo
frío y cabezas de machos adultos. El macho de nuestra especie tiene un
regazo rudimentario, imperfectamente desarrollado y que en modo alguno
contribuye a su bienestar sustancial.
Reina, s. Mujer
que gobierna el reino cuando hay un rey, y por medio de quien el reino
es gobernado cuando no lo hay.
Relicario, s.
Receptáculo destinado a recibir objetos sagrados, tales como fragmentos
de la verdadera cruz, costillas de santos, las orejas de la burra de
Balaam, los pulmones del gallo que incitó a Pedro al arrepentimiento,
etcétera. Los relicarios son generalmente de metal y tienen una
cerradura para impedir que el contenido se derrame y obre milagros en
momentos inoportunos. Cierta vez, una pluma del Angel de la Anunciación
escapó mientras se pronunciaba un sermón en la basílica de San Pedro y
cosquilleó de tal modo en las narices de la congregación, que todos
despertaron y estornudaron tres veces, con gran vehemencia. La "Gesta
Sanctorum" refiere que un sacristán de la catedral de Canterbury
sorprendió la cabeza de San Dionisio en la biblioteca. Reprendida por el
severo custodio, respondió que estaba buscando un cuerpo de doctrina.
Este chiste de mal gusto enfureció tanto al diocesano, que el ofensor
fue públicamente anatematizado, arrojado a una fosa y reemplazado por
otra cabeza de San Dionisio, traída de Roma.
Religión, s.
Hija del Temor y la Esperanza, que vive explicando a la Ignorancia la
naturaleza de lo Incognoscible.
--¿Cuál es tu religión, hijo? --preguntó el arzobispo
de Reims.
--Perdón, monseñor. --replicó Rochebriant-- Me siento
avergonzada de ella.
--¿Entonces, por qué no te vuelves ateo?--¡Imposible!
El ateísmo me avergonzaría.
--En ese caso, señor, debería usted convertirse al
protestantismo.
Realización, s.
Muerte del esfuerzo y cuna de la repugnancia.
Reloj, s.
Máquina de gran valor moral para el hombre, que mitiga su preocupación
por el futuro al recordarle cuánto tiempo le queda.
Rematador, s.
Hombre que reafirma con un martillo que acaba de despojar una cartera
con la lengua.
Renombre, s.
Grado de distinción intermedio entre la notoriedad y la fama, algo más
soportable que la primera, y un poco menos intolerable que la segunda. A
veces es conferido por una mano inamistosa y desconsiderada.
Renta, s.
Patrón de medida natural y racional de la respetabilidad.
Otros criterios comúnmente aceptados son artificiales,
arbitrarios y falaces. Porque como ha dicho con justicia Sir Sycophas
Chrysolater, "la propiedad (moneda, tierras, casas o mercancías, o todo
lo que nos pertenece por derecho para satisfacer nuestras necesidades)
así como los honores, títulos, privilegios y posición, o el conocimiento
y favor de personas respetables o capaces, no tienen otro uso y
funciones reales que el de obtener dinero. Luego, todas las cosas valen
en la medida en que favorecen ese objetivo, y sus poseedores deben
asumir un rango acorde con tal definición. En consecuencia, ni el
propietario de un castillo improductivo --por grande y antiguo que
sea--, ni el que ejerce una dignidad honoraria, ni el favorito, sin
fortuna, de un rey, son estimados en un mismo nivel con quien acrecienta
diariamente su fortuna; y aquellos cuyo patrimonio es estéril no pueden
aspirar en justicia a un honor más grande que el de los pobres e
indignos".
Renunciar, v.
t. Ceder un honor a cambio de una ventaja. Ceder una ventaja a cambio de
otra ventaja mayor.
Reparación, s.
Satisfacción que se da por un mal cometido, y que se deduce de la
satisfacción experimentada al cometerlo.
Réplica, s.
Insulto prudente al contestar. Practicada por señores que tienen una
repugnancia innata por la violencia, junto con una fuerte tendencia a
ofender. En una guerra de palabras, táctica del indio norteamericano.
Réplica (artística),
s. Reproducción de una obra de arte por el artista original. Se la llama
así para distinguirla de la "copia", que está hecha por otro artista.
Cuando ambas están ejecutadas con la misma habilidad, la réplica es más
valiosa, pues se supone que es más bella de lo que parece.
Reportero, s.
Periodista que a fuerza de suposiciones se abre un camino hasta la
verdad, y la dispersa en una tempestad de palabras.
Reposar, v.i.
Dejar de fastidiar.
Representante,
s. Miembro de la Cámara Baja en este mundo, sin esperanza visible de
ascenso en el próximo.
Reprobación, s.
En teología, condición de un mortal sin suerte condenado antes de nacer.
La doctrina de la reprobación fue predicada por Calvino; el regocijo que
ella le causaba se veía un poco empañado por su convicción, triste y
sincera, de que si bien algunos están predestinados al infierno, otros
lo están a la salvación.
República, s.
Nación en que, siendo la cosa que gobierna y la cosa gobernada, una
misma, sólo hay autoridad consentida para imponer una obediencia
optativa. En una república, el orden se funda en la costumbre, cada vez
más débil, de obedecer, heredada de nuestros antepasados que cuando eran
realmente gobernados se sometían porque no tenían otro remedio. Hay
tantas clases de repúblicas como grados entre el despotismo de donde
provienen y la anarquía adonde conducen.
República, s.
Entidad administrativa manejada por una incalculable multitud de
parásitos políticos, lógicamente activos pero fortuitamente eficaces.
Réquiem, s.
Misa de difuntos que (según nos aseguran los poetas menores) entona la
brisa sobre las tumbas de sus favoritos. A veces, para variar el
entretenimiento, les canta una elegía.
Rescate, s.
Compra de lo que no pertenece al vendedor, ni puede pertenecer al
comprador. Es la más improductiva de las inversiones.
Residente, s. y
adj. El que no puede irse.
Respetabilidad,
s. Fruto amoroso de una calva y una cuenta bancaria.
Respirador, s.
Aparato ajustado sobre la nariz y la boca de un londinense para filtrar
el universo visible en su paso hacia los pulmones.
Resplandeciente,
adj. Dícese de un sencillo ciudadano norteamericano cuando se atavía
como un duque en su logia masónica, o cuando afirma su importancia en el
Esquema de las Cosas como unidad elemental de un desfile. Los Caballeros
del Dominio estaban tan resplandecientes en sus casacas de oro y
terciopelo que sus patrones difícilmente los hubieran reconocido.
("Crónicas de las Clases").
Responder, v.
t. e i. Dar respuesta, o manifestar de otro modo que se tiene conciencia
de haber inspirado un interés en lo que Herbert Spencer llama "eternas
coexistencias"; fue así como Satán "achatado como un sapo" junto a la
oreja de Eva respondió al toque de la lanza del ángel. Responder por
daños, es contribuir al sostén del abogado del demandante y, de paso, a
la satisfacción del propio demandante.
Responsabilidad,
s. Carga desmontable que se traspasa fácilmente a las espaldas de Dios,
el Destino, la Fortuna, la Suerte, o el vecino. Los aficionados a la
astrología suelen descargarla en una estrella.
Restitución, s.
Fundación o sostén de universidades y bibliotecas públicas por medio de
legados o donaciones.
Restitutor, s.
Benefactor; filántropo.
Resuelto, adj.
Dícese de quien sigue obstinadamente una línea de conducta que
aprobamos.
Resultado, s.
Tipo particular de desengaño. Esa clase de inteligencia que ve en la
excepción la prueba de la regla, juzga la sabiduría de un acto por su
resultado. Esto es un absurdo inmortal; la sabiduría de un acto debería
juzgarse según las luces del autor al cometerlo.
Retaguardia, s.
En doctrina militar norteamericana, parte expuesta del ejército que se
encuentra más cerca del Congreso.
Revelación, s.
Libro famoso en que el divino San Juan ocultó todo lo que sabía. La
revelación corre por cuenta de los comentaristas, que no saben nada.
Reverencia, s.
Actitud espiritual de un hombre frente a un dios, y de un perro frente a
un hombre.
Revolución, s.
En política, abrupto cambio en la forma de desgobierno. Específicamente,
en historia norteamericana, reemplazo de un Ministerio por una
Administración, que permitió que el bienestar y la felicidad del pueblo
progresara media pulgada por lo menos. Las revoluciones vienen
generalmente acompañadas de una considerable efusión de sangre, pero se
estima que valen la pena, sobre todo para aquellos beneficiarios cuya
sangre no corrió peligro de ser derramada. La revolución francesa es de
indudable valor para el socialista de hoy: cuando tira los hilos que
mueven su esqueleto, sus gestos infunden un terror indecible a los
sangrientos tiranos sospechados de fomentar la ley y el orden.
Rey, s.
Personaje masculino al que suele llamarse en los Estados Unidos "una
cabeza coronada", aunque nunca usa corona y por lo general no tiene
cabeza digna de ese nombre.
Rezar, v. i.
Pedir que las leyes del universo sean anuladas en beneficio de un solo
peticionante, confesadamente indigno.
Rico, adj.
Dícese del que tiene en caución, con el compromiso de rendir cuentas,
los bienes de indolentes, incapaces, pródigos, envidiosos y
desafortunados. Este es el criterio que prevalece en el hampa, donde la
Fraternidad del Hombre encuentra su desarrollo más lógico y su defensa
más candorosa. Para los habitantes del mundo intermedio, la palabra
significa bueno y sabio.
Ridículo, s. y
adj. Palabra destinada a probar que la persona a quien se aplica carece
de la dignidad de carácter de quien la pronuncia. Según Shaftesbury, el
ridículo es la prueba de la verdad: afirmación ridícula, pues muchas
solemnes falacias han sobrevivido a siglos de ridículo, sin que
disminuyera su aceptación popular.
Rima, s.
Concordancia de sonidos en la punta de dos versos, generalmente malos y
aburridos.
Rimador, s.
Poeta considerado con indiferencia o falta de estima.
R.I.P.
Abreviatura distraída de "requiescat in pace", con que se testimonia una
indolente buena voluntad hacia los muertos. Según el erudito doctor
Drigge, originariamente significaba "reductus in pulveris", o reducido a
polvo.
Riqueza, s. Don
del Cielo que significa: "Este es mi hijo bien amado, en quien he puesto
toda mi complacencia" (John D. Rockefeller). Recompensa del esfuerzo y
la virtud (J.P.Morgan). Los ahorros de muchos en las manos de uno
(Eugene Debs). El inspirado lexicógrafo lamenta no poder agregar nada de
valor a estas excelentes definiciones.
Risa, s.
Convulsión interna, que produce una distorsión de los rasgos faciales y
se acompaña de ruidos inarticulados. Es infecciosa y, aunque
intermitente, incurable. La tendencia a los ataques de risa es una de
las características que distinguen al hombre de los animales, que se
muestran no sólo inaccesibles a la provocación de su ejemplo, sino
inmunes a los microbios que originariamente provocaron la enfermedad. Si
la risa puede contagiarse a los animales mediante inoculación a partir
de un ser humano, es un problema que no ha sido resuelto
experimentalmente. El doctor Meire Witchell sostiene que el carácter
infeccioso de la risa se debe a la instantánea fermentación de la saliva
pulverizada, y por lo tanto designa a esta dolencia con el nombre de
"Convulsio spargens".
Rito, s.
Ceremonia religiosa o semirreligiosa establecida por la ley, el precepto
o la costumbre, de la que se ha estrujado meticulosamente el aceite
esencial de la sinceridad.
Ritualismo, s.
Jardín de Dios donde Él puede caminar en rectilínea libertad, con tal de
no pisar el pasto.
Ron, s. Bebida
ardiente que produce locura en los abstemios.
Rostrum, s. En
latín, pico de un ave o proa de un barco. En norteamericano, tribuna
desde donde un candidato expone a la turba su sabiduría, virtud y poder.
Ruido, s. Olor
nauseabundo en el oído. Música no domesticada. Principal producto y
testimonio probatorio de la civilización.
Rumor, s. Arma
favorita de los asesinos de reputaciones.
Ruso, s.
Persona de cuerpo caucásico y alma mongólica. Emético tártaro.
S
Sabbath, s.
Sábado para los judíos, domingo para los cristianos. Fiesta semanal que
tiene su origen en el hecho de que Dios hizo el mundo en seis días y fue
detenido el séptimo. Entre los judíos, la observancia de la festividad
estaba ordenada por un Mandamiento cuya versión cristiana es: "Recuerda,
al séptimo día, hacer que tu prójimo lo respete plenamente". Al Creador
le pareció apropiado que el Sabbath fuera el último día de la semana,
pero los primitivos Padres de la Iglesia opinaban de otro modo.
Sabiduría, s.
Tipo de ignorancia que distingue al estudioso.
Saciedad, s.
Ese sentimiento, señora, que uno experimentaba por el plato después de
tragar su contenido.
Sacerdotalista,
s. El que cree que un clérigo es un sacerdote. El rechazo de esta
importantísima doctrina es el desafío más audaz que han lanzado los
NeoDiccionaristas al rostro de la Iglesia Episcopólica.
Sagrado, adj.
Dedicado a un propósito religioso; provisto de un carácter divino; capaz
de inspirar pensamientos y emociones solemnes. Por ejemplo: el Dalai
Lama del Tibet; el Moogum de M'bwango; el Templo de los Monos en Ceilán;
la Vaca en la India; el Cocodrilo, el Gato y la Cebolla del antiguo
Egipto; el Mufti de Moosh; el pelo del perro que mordió a Noé, etc.
Sacramento, s.
Solemne ceremonia religiosa a la que se atribuyen diversos grados de
eficacia y significación. Roma tiene siete sacramentos, pero las
iglesias protestantes, menos prósperas, sólo pueden permitirse dos, y de
inferior santidad. Algunas sectas menores no tienen sacramentos en
absoluto: ahorro vil que indudablemente las llevará a la perdición.
Salacidad, s.
Cualidad literaria de frecuente observación en las novelas populares,
especialmente las escritas por mujeres y muchachas, que le dan otro
nombre y piensan que están ocupando un campo descuidado de las letras y
recolectando una cosecha desdeñada. Si tienen la desgracia de vivir el
tiempo suficiente, las atormenta el deseo de quemar sus gavillas.
Salamandra, s.
Originariamente, reptil que habitaba el fuego; después, inmortal
antropomorfo, igualmente pirófilo. Se cree que las salamandras se han
extinguido; la última de que tenemos noticias fue vista en Carcasonne
por el padre de Belloc, quien la exorcisó con un balde de agua bendita.
Salsa, s. Unico
signo infalible de civilización y progreso. Pueblo sin salsas, tiene mil
vicios; pueblo de una sola salsa, tiene novecientos noventa y nueve. A
salsa inventada y aceptada, corresponde vicio renunciado y perdonado.
Santo, s.
Pecador fallecido, revisado y editado. La Duquesa de Orléans refiere que
aquel viejo e irreverente calumniador, el mariscal de Villeroi, que en
su juventud había conocido a San Francisco de Sales, dijo al oír que lo
consideraban un santo: "Estoy encantado de enterarme de que Monsieur de
Sales era un Santo. Le gustaba decir groserías y solía trampear a los
naipes. Por lo demás, era un perfecto caballero, aunque un tonto".
Saquear, v.t.
Tomar la propiedad de otro sin observar las reticencias decentes y
acostumbradas del robo. Efectuar un cambio de propiedad con la cándida
concomitancia de una banda militar. Apoderarse de los bienes de A y B,
mientras C lamenta la oportunidad perdida.
Sarcófago, s.
Entre los griegos, ataúd, que, estando hecho de cierta clase de piedra
carnívora, tenía la singular propiedad de devorar el cadáver colocado en
su interior. El sarcófago conocido por los modernos exequiógrafos es,
generalmente, un producto del arte del carpintero.
Sartén, s.
Instrumento de tortura usado en esa institución punitiva por excelencia,
la cocina femenina. La sartén fue inventada por Calvino, quien la usó
para freír a los bebés que morían sin bautizar. Observando un día el
horrible tormento de un vagabundo que incautamente sacó de la basura un
bebé frito y lo devoró, el gran teólogo quiso despojar a la muerte de
sus terrores, introduciendo la sartén en cada hogar de Ginebra. De ahí
se extendió a todos los rincones del mundo y ha sido de invalorable
utilidad para la propagación de la sombría fe calvinista.
El obispo Potter insinúa que la utilidad de la sartén
no se limita a este mundo y que se la emplea igualmente en el infierno.
Satanás, s. Uno
de los lamentables errores del Creador. Habiendo recibido la categoría
de arcángel, Satanás se volvió muy desagradable y fue finalmente
expulsado del Paraíso. A mitad de camino en su caída, se detuvo,
reflexionó un instante y volvió.
--Quiero pedir un favor --dijo.
--¿Cuál? --Tengo entendido que el hombre está por ser
creado. Necesitará leyes.
--Qué dices miserable! Tú, su enemigo señalado,
destinado a odiar su alma desde el alba de la eternidad, ¿tú pretendes
hacer sus leyes? --Perdón; lo único que pido, es que las haga él mismo.
Y así se ordenó.
Sátira, s.
Especie de composición literaria en que los vicios y locuras de los
enemigos del autor son expuestos sin demasiada ternura. En los Estados
Unidos, la sátira ha tenido siempre una existencia enfermiza e incierta,
porque su esencia es el ingenio del que estamos penosamente
desprovistos; el humor que tomamos por sátira es, como todo humor,
tolerante y simpático. Además, aunque los norteamericanos han sido
dotados por su Creador de abundantes vicios y locuras, suelen ignorar
que se trata de cualidades reprochables. De ahí que el autor satírico
sea considerado un villano amargado y que los gritos de cualquiera de
sus víctimas, pidiendo defensores, obtengan el apoyo nacional.
Sátiro, s. Uno
de los pocos personajes de la mitología griega cuya existencia reconoce
la mitología hebrea (Levítico, xvii,7). En un comienzo, el sátiro era un
miembro de una comunidad disoluta que rendía un tibio vasallaje a
Dionisio, y que luego pasó por muchas transformaciones y
perfeccionamientos. Suele confundírsele con el fauno, invención romana,
más tardía y docente, que se parecía menos a un hombre y más a un chivo.
Secretario de Redacción,
s. Persona que reúne las funciones judiciales de Minos, Eaco y
Radamanto, pero es aplacable con un óbolo; censor severamente virtuoso,
pero tan caritativo en el fondo que tolera las virtudes ajenas y los
vicios propios; que lanza a su alrededor los desgarradores relámpagos y
los vigorosos truenos de la reprimenda, hasta parecerse a un paquete de
petardos atado a la cola de un perro; que seguidamente murmura un dulce
canto melodioso, suave como el arrullo de un asno que entona su plegaria
a la estrella vespertina. Maestro de misterios y señor de leyes,
encumbrado en el trono del pensamiento, el rostro iluminado por los
oscuros resplandores de la Transfiguración, con las piernas entrelazadas
y los carrillos inflados, el secretario de redacción derrama su voluntad
sobre el papel y lo corta en trozos de la extensión requerida. Y a
intervalos, tras el velo del templo, se oye la voz del jefe de taller,
que reclama ocho centímetros de ingenio y quince centímetros de
meditación religiosa, o le ordena cortar el chorro de la sabiduría y
batir un poco de "interés humano".
Seguro, s.
Ingenioso juego de azar que permite al jugador la confortable convicción
de que está derrotando al que tiene la banca.
Agente de seguros.--Mi estimado señor, esa es una
bella casa.
Permítame que la asegure.
Propietario de la casa.--Con placer. Pero le ruego
fijar una prima anual tan baja que, llegado el momento en que, según las
tablas de su actuario, será probablemente destruida por el fuego, yo le
haya pagado mucho menos del valor de la póliza.
Agente.--¡Oh, no! No podemos permitirnos eso, debemos
fijar la prima de modo que usted haya pagado más.
Propietario.--Eso es lo que "yo" no puedo permitirme.
Agente.--Pero observe que su casa puede quemarse en
cualquier momento. Ahí tiene la casa de Smith, por ejemplo, que...
Propietario.--Ahórreme eso. Yo podría citarle, en
cambio, la casa de Jones, la de Robinson, que...
Agente.--¡Ahórreme "usted" eso!
Propietario.--Entendámonos. Usted pretende que yo le pague dinero sobre
la hipótesis de que algo ocurrirá antes del momento en que usted mismo
calcula que ocurrirá. En otras palabras, usted me pide que apueste a que
mi casa no durará tanto como probablemente durará, según usted.
Agente.--Pero si su casa se quema sin seguro, será una
pérdida total.
Propietario.--Perdón. Según las tablas de su actuario
lo probable es que cuando se queme yo haya ahorrado, en concepto de
primas que no le pago, una suma mayor que el valor de la póliza. Pero
supongamos que se queme, sin seguro, antes de lo que ustedes prevén. Yo
no puedo soportar esa pérdida. ¿Pero cómo la soportan ustedes, en caso
de que esté asegurada? Agente.--Ah, nos desquitamos a través de
transacciones más afortunadas con otros clientes. Virtualmente, son
ellos los que pagan su pérdida.
Propietario.--Y virtualmente, entonces, soy yo el que
contribuyo a pagar las pérdidas de ellos. ¿Acaso las casas de los demás
no se pue den quemar antes de que las primas cubran el valor de la
póliza? La cosa es así: ¿ustedes pretenden sacar de sus clientes más
dinero del que les pagan, verdad? Agente.--Por supuesto. Si no fuera
así...
Propietario.--...yo no les entregaría mi dinero. Bien,
pero si resulta "indudable", que la clientela global pierde dinero,
también es "probable" que un cliente individual lo pierda. Son estas
probabilidades individuales las que hacen la certeza del conjunto.
Agente. -- No lo negaré, pero observe las cifras de
este folle...
Propietario. --¡Dios no permita! Agente.--Usted habló
de ahorrar las primas que debería pagarme.
¿Pero no es más probable que las despilfarre? Nosotros
le ofrecemos un incentivo al ahorro.
Propietario.--La disposición de A de hacerse cargo del
dinero de B no es exclusivo de los seguros, pero ustedes, como
institución caritativa, merecen estima. Dígnese aceptar ese
reconocimiento de un Meritorio Objeto.
Sello, s. Marca
impresa en ciertos documentos para atestiguar su autenticidad y
autoridad. A veces se estampa sobre cera y se agrega al papel, a veces
sobre el papel mismo. El sellado, en este sentido, es una supervivencia
de la antigua costumbre de inscribir papeles importantes con palabras o
signos cabalísticos, para darles una eficacia mágica, independiente de
la autoridad que representan. En el Museo Británico se conservan muchos
papeles antiguos, en su mayoría de carácter sacerdotal, validados por
pentagramas necrománticos y otros artificios tales como las iniciales de
palabras usadas en conjuros; y en muchos casos, se estampaban del mismo
modo en que se estampan actualmente los sellos. Como así todas las
costumbres, ritos y observancias modernos, de apariencia irracional e
insensata, tienen su origen en alguna remota utilidad, resulta grato
señalar un ejemplo de insensatez antigua que con el tiempo llegó a
convertirse en algo útil. Nuestra palabra "sincero" deriva de "sine
cero", sin cera, pero los doctos no se ponen de acuerdo sobre si esto se
refiere a la ausencia de signos cabalísticos, o a la ausencia de la cera
con que antaño se ocultaba el contenido de las cartas a la curiosidad
pública. Cualquiera de estas dos opiniones servirá a quien tenga
necesidad inmediata de una hipótesis. Las iniciales L.S., que suelen
agregarse a las firmas de documentos legales, significan "locum
sigilis", el lugar del sello, aunque el sello ya no se use, y éste es un
considerable ejemplo del conservatismo que distingue al Hombre de las
bestias.
Senado, s.
Cuerpo de ancianos que cumple altas funciones y fechorías.
Sepulcro, s.
Lugar en que se coloca a los muertos hasta que llegue el estudiante de
medicina.
Sicofante, s.
El que se acerca a la Grandeza de bruces para que no le ordenen dar
media vuelta y recibir un puntapié. A veces es un secretario de
redacción.
Silfo, s. Ser
inmaterial pero visible que habitaba el aire cuando el aire era un
elemento y no estaba fatalmente contaminado por el humo de las fábricas,
las emanaciones de las alcantarillas y otros productos de la
civilización. Los silfos estaban emparentados con los gnomos, las ninfas
y las salamandras que vivían, respectivamente, en la tierra, el agua y
el fuego, elementos hoy insalubres. Los silfos, como los pájaros del
aire, eran machos y hembras, sin finalidad aparente ya que si tenían
progenie debieron anidar en lugares inaccesibles, puesto que nadie jamás
ha visto los pichones.
Silogismo, s.
Fórmula lógica (ver Lógica) que consiste en una premisa mayor, una
premisa menor y una inconsecuencia.
Símbolo, s.
Algo cuya presunta función es tipificar o representar otra cosa. Muchos
símbolos son meras "supervivencias", cosas que no teniendo ya utilidad
siguen existiendo porque hemos heredado la tendencia a fabricarlas: como
las urnas funerarias talladas en los monumentos recordatorios. Antaño
eran urnas verdaderas que contenían las cenizas de los muertos. No
podemos dejar de hacerlas, pero podemos darles un nombre que disimule
nuestra impotencia.
Sirena, s. Uno
de varios prodigios musicales célebres por su vana tentativa de disuadir
a Odiseo de una vida oceánica. Figurativamente, dama de espléndida
promesa, aviesa intención y frustrante rendimiento.
Slang, s. Jerga
norteamericana. Gruñido del cerdo humano (Pignoramus intolerabilis).
Lenguaje del que pronuncia con la lengua lo que piensa con el oído y
siente el orgullo de un creador al realizar la proeza de un loro.
Sobre, s. Ataúd
de un documento; vaina de una factura; cáscara de un giro; camisón de
una carta de amor.
Sofisma, s.
Método de discusión de un adversario, que se distingue del nuestro por
una hipocresía y necedad claramente superiores. Lo usaron los últimos
sofistas, secta griega de filósofos que comenzaron por enseñar la
sabiduría, la prudencia, la ciencia, el arte, y en suma todo lo que
deben saber los hombres, pero se extraviaron en un laberinto de
retruécanos y en una bruma de palabras.
Soga, s.
Instrumento que va cayendo en desuso, para recordar a los asesinos que
ellos también son mortales. Se coloca alrededor del cuello y acompaña al
usuario hasta el fin de sus días. En muchos sitios ha sido reemplazada
por un artefacto eléctrico, más complejo, que se aplica a otra parte del
cuerpo; pero este sistema, a su vez, está siendo rápidamente sustituido
por un aparato llamado "sermón".
Solo, adj. En
mala compañíaSu (de ella), adj. pos. Su (de él).
Suficiente,
adv. Todo lo que hay en el mundo, siempre que a usted le guste.
Sufragio, s.
Expresión de la opinión por el voto. El derecho de sufragio (que se
considera también un privilegio y un deber) significa, tal como se
interpreta comúnmente, el derecho a votar por el hombre que ha elegido
otro hombre, y es altamente apreciado. La negativa a ejercerlo lleva el
feo nombre de "incivismo". El incivil, sin embargo, no puede ser
procesado por su crimen, porque no hay acusador legítimo. Si el acusador
es en sí mismo culpable carece de peso en el tribunal de la opinión; si
no lo es, se beneficia con el crimen, ya que la abstención electoral de
A confiere mayor peso al voto de B. Por sufragio femenino se entiende el
derecho de una mujer a votar como le indica un hombre. Se funda en la
responsabilidad femenina, que es algo limitada. La mujer más ansiosa por
salir de sus faldas para asegurar sus derechos es la primera en volver a
ellas cuando se le amenaza con una tunda por usar mal de esos derechos.
Superar, v.t.
Hacerse de un enemigo.
T
T, vigésima
letra del alfabeto, llamada absurdamente por los griegos "tau". En el
alfabeto de donde procede el nuestro, tenía la forma del tosco tirabuzón
de la época, y cuando se tenía sola (cosa que los fenicios no siempre
podían hacer) significaba Tallegal, que el erudito doctor Brownig
traduce por "trabapies".
Tacaño, adj. El
que indebidamente quiere conservar lo que muchas personas meritorias
aspiran a obtener.
Tarifa, s.
Escala de impuestos a las importaciones destinada a proteger al
productor local contra la avidez de sus consumidores.
Tecnicismo, s.
En un tribunal inglés, un hombre llamado Home, que acusaba a un vecino
de asesinato, fue procesado por calumnias. Sus palabras exactas fueron:
"Sir Thomas Holt tomó un hacha y golpeó a su cocinero en la cabeza, de
modo que una parte de la cabeza cayó sobre un hombro, y la otra parte
sobre el otro hombro". Home fue absuelto, a indicación del tribunal; los
doctos jueces declararon que sus palabras no constituían una acusación
de asesinato, ya que no afirmaban la muerte del cocinero, y que esta era
una simple inferencia.
Tedio, s.
Ennui, estado o condición en que uno está aburrido. Se han sugerido
muchas fantasiosas etimologías de la palabra, pero el sabio Padre Jape
dice que deriva de una fuente muy obvia, las primeras palabras del viejo
himno latino The Deum Laudamus. En esta derivación aparentemente natural
hay algo que entristece.
Teléfono, s.
Invención del demonio que suprime algunas de las ventajas de mantener a
distancia a una persona desagradable.
Telescopio, s.
Artefacto que tiene con el ojo una relación similar a la que tiene el
teléfono con el oído, permitiendo que objetos distantes nos mortifiquen
con multitud de detalles inútiles. Afortunadamente carece de una
campanilla que nos llame al sacrificio.
Temerario, adj.
Insensible al valor de nuestros consejos.
Tenacidad, s.
Cierta cualidad de la mano del hombre en su relación con la moneda
corriente. Alcanza su mayor desarrollo en las manos de la autoridad, y
se considera un equipo útil para hacer carrera en política.
Tenedor, s.
Instrumento usado principalmente para llevarse animales muertos a la
boca. Antes se empleaba para ese fin el cuchillo, y muchas personas
dignas siguen prefiriéndolo al tenedor, que no rechazan del todo, sino
que usan para ayudar a cargar el cuchillo. Que estas personas no sufran
una muerte atroz y fulminante, es una de las pruebas más notables de la
misericordia de Dios con aquellos que lo odian.
Teosofía, s.
Antigua fe que posee toda la certidumbre de la religión y todo el
misterio de la ciencia: El moderno teósofo sostiene, con los budistas,
que vivimos incalculable número de veces en esta tierra, en otros tantos
cuerpos, porque una vida sola no basta para completar nuestro desarrollo
espiritual, o sea para volvernos tan buenos y sabios como desearíamos.
Ser absolutamente bueno y sabio, ésa es la perfección; y la penetrante
visión del teósofo le ha permitido observar que todo lo que desea
mejorar, eventualmente alcanza la perfección. Observadores menos
competentes pretenden exceptuar a los gatos, que nunca parecen mejores
ni más inteligentes que el año pasado. La más grande y gorda de las
teósofas recientes fue Madame Blavatsky, que no tenía gato.
Tiempo, s. El
clima de una hora. Permanente tema de conversación entre personas a
quienes no interesa, pero que han heredado la tendencia a charlar sobre
él, de antepasados desnudos y arbóreos a quienes les interesaba
vivamente. El establecimiento de oficinas meteorológicas oficiales y su
persistencia en la mendacidad demuestran que aun los gobiernos pueden
ser persuadidos por los rudos antepasados de la jungla.
Tierra, s.
Parte de la superficie del globo, considerada como propiedad. La teoría
de que la tierra es un bien sujeto a propiedad privada constituye el
fundamento de la sociedad moderna, y es digna de esa sociedad. Llevada a
sus consecuencias lógicas, significa que algunos tienen el derecho de
impedir que otros vivan, puesto que el derecho a poseer implica el
derecho a ocupar con exclusividad, y en realidad siempre que se reconoce
la propiedad de la tierra se dictan leyes contra los intrusos. Se deduce
que si toda la superficie del planeta es poseída por A, B y C, no habrá
lugar para que nazcan D, E, F y G, o para que sobrevivan si han nacido
como intrusos.
Tinta, s.
Innoble compuesto de tanogalato de hierro, goma arábiga y agua, que se
usa principalmente para facilitar la propagación de la idiotez y
promover el crimen intelectual. Las cualidades de la tinta son
peculiares y contradictorias: puede emplearse para hacer reputaciones y
para deshacerlas; blanquearlas y ennegrecerlas; pero su aplicación más
común y aceptada es a modo de cemento para unir las piedras en el
edificio de la fama, y de agua de cal para esconder la miserable calidad
del material. Hay personas, llamadas periodistas, que han inventado
baños de tinta, en los que algunos pagan para entrar, y otros pagan por
salir. Con frecuencia ocurre que el que ha pagado para entrar, paga el
doble con tal de salir.
Tipografía, s.
Pestilentes trozos de metal, sospechosos de destruir la civilización y
el progreso, a pesar de su evidente papel en este diccionario
incomparable.
Tomar, v. i.
Adquirir, frecuentemente por la fuerza, pero preferiblemente por la
astucia.
Tonto, s.
Persona que satura el dominio de la especulación intelectual y se
difunde por los canales de la actividad moral. Es omnífico, omniforme,
omniperceptivo, omnisciente, omnipotente. Fue él quien inventó las
letras, la imprenta, el ferrocarril, el vapor, el telégrafo, la
perogrullada y el circulo de las ciencias. Creó el patriotismo y enseñó
la guerra a las naciones, fundó la teología, la filosofía, el derecho,
la medicina y Chicago. Estableció el gobierno monárquico y el
republicano. Viene de la eternidad pasada y se prolonga hasta la
eternidad futura. Con todo lo que el alba de la creación contempló,
tontea él ahora. En la mañana de los tiempos, cantaba en las colinas
primitivas, y en el mediodía de la existencia, encabezó la procesión del
ser. Su mano de abuela esta cálidamente cobijada en el sol puesto de la
civilización, y en la penumbra prepara el nocturno plato del Hombre,
moralidad de leche, y abre la cama del sepulcro universal. Y después que
todos nos hayamos retirado a la noche del eterno olvido, él se sentará y
escribirá una historia de la civilización humana.
Trabajo, s. Uno
de los procesos por los que A adquiere bienes para B.
Trabar amistad,
v. i. Fabricar un ingrato.
Tregua, s.
Amistad.
Trigo, s.
Cereal del que puede extraerse un whisky tolerable, y que se usa también
para hacer pan. Los franceses tienen el mayor consumo de pan per capita,
lo que es natural, porque sólo ellos hacen un pan que se puede tragar.
Trinidad, s. En
el teísmo múltiple de ciertas iglesias cristianas, tres divinidades
completamente distintas, compatibles con una sola.
Las divinidades inferiores de la fe politeísta, tales
como demonios y ángeles, carecen de esta facultad combinatoria, y deben
procurarse individualmente su adoración y sacrificios a que son
acreedoras. La Trinidad es uno de los más sublimas misterios de nuestra
santa religión.
Al rechazarla por incomprensible, los Unitarios
demuestran no aceptar los fundamentos de la teología. En religión,
creemos solamente aquello que no comprendemos, salvo en el caso de una
doctrina ininteligible que se contradice con otra incomprensible. Siendo
así, creemos en la primera como parte de la segunda.
Triquinosis, s.
Réplica del cerdo a la porcofagia.
Moisés Mendelssohn cayó enfermo y mandó llamar a un
médico cristiano, quien rápidamente diagnosticó la dolencia del filósofo
como triquinosis, aunque con sumo tacto le dio otro nombre.
--Usted necesita un inmediato cambio de régimen --le
dijo-- Debe comer seis onzas de cerdo día por medio.
--¿Cerdo? --aulló el paciente-- ¡Jamás! ¡Ni tocarlo!
--¿Lo dice en serio? --preguntó gravemente el medico.
--¡Lo juro! --Bien. Entonces trataré de curarlo.
Troglodita, s.
Específicamente habitante de las cavernas de la era paleolítica, después
del Arbol y antes del Departamento. Una famosa comunidad de trogloditas
vivió con David en la Cueva de Adullam.
Estaba formada por "todos los que padecían desgracia,
y todos los endeudados, y todos los descontentos"; en resumen, por todos
los socialistas de Judea.
Tsétsé, mosca,
s. Insecto africano (Glossina morsitans) cuya mordedura es considerada
el remedio más eficaz contra el insomnio, aunque algunos pacientes
prefieren ser mordidos por un novelista norteamericano (Mendax
interminabilis).
Tumba, s.
Pabellón de la Indiferencia. Actualmente el consenso general inviste a
las tumbas de cierta santidad, pero cuando han estado ocupadas mucho
tiempo, no se considera pecado abrirlas y saquearlas; el famoso
egiptólogo doctor Huggyns explica que una tumba puede ser inocentemente
"visitada" cuando su ocupante ha terminado de oler, pues eso significa
que ha exhalado toda su alma. Esta razonable opinión es unánimemente
aceptada por los arqueólogos y ha dignificado considerablemente la noble
ciencia de la Curiosidad.
Tumulto, s.
Entretenimiento popular ofrecido a los militares por espectadores
inocentes.
Turba, s. En
una república, aquellos que ejercen una suprema autoridad morigerada por
elecciones fraudulentas. La turba es como el sagrado Simurg, de la
fábula árabe: omnipotente, a condición de que no haga nada.
U
Ubicuidad, s.
Don o poder de estar en todas partes en un momento dado, aunque no en
todas partes en todos los momentos, ya que esto es omnipresencia,
atributo que sólo pertenece a Dios y al éter luminífero. La Iglesia
medieval no percibió claramente esta distinción entre ubicuidad y
omnipresencia, y a raíz de eso corrió mucha sangre. Ciertos luteranos,
que afirmaban la presencia del cuerpo de Cristo en todas partes fueron
llamados Ubicuitarios. Este error los condenó doblemente, puesto que el
cuerpo de Cristo sólo está presente en la eucaristía,
aunque este sacramento puede administrarse simultáneamente en muchos
lugares. En épocas recientes, la ubicuidad no ha sido siempre bien
comprendida, ni siquiera por Sir Boyle Roach, quien sustenta que un
hombre no puede estar al mismo tiempo en dos lugares, salvo que sea un
pájaro.
Ultimátum, s.
En diplomacia, exigencia final antes de acudir a las concesiones.
Habiendo recibido un ultimátum de Austria, el gabinete turco se reunió
para considerarlo.
--¡Oh! Siervo del Profeta --dijo el Sheik del Imperial
Shibuk al Mamush del Invencible Ejército--, ¿cuántos inconquistables
soldados tenemos bajo las armas? Sostenedor de la Fe --repuso el
dignatario tras consultar sus apuntes--, ¡son tantos como las hojas del
bosque! --¿Y cuantos impenetrable bajeles infunden terror en el corazón
de los cerdos cristianos?--preguntó el Sheik al Imán de la Siempre
Victoriosa Marina.
--¡Oh, Tío de la Luna Llena --fue la respuesta--,
dígnate saber que son como las olas del océano, las arenas del desierto
y las estrellas del firmamento! Durante ocho horas la ancha frente del
Sheik del Imperial Shibuk permaneció arrugada en signo de profunda
meditación: estaba calculando las chances de la guerra. Al fin: --¡Hijos
de los ángeles --exclamó--, la suerte está echada! Sugeriré al Ulema del
Imperial Oído que aconseje la inacción. En nombre de Alá, se levanta la
sesión.
Una vez, adv.
Suficiente.
Unción, s.
Aceitamiento o engrasamiento. El rito de la extremaunción consiste en
tocar con aceite consagrado por un obispo, varias partes del cuerpo de
alguien en trance de morir. Marbury relata que después de aplicar este
sacramento a cierto pérfido noble inglés, se descubrió que el óleo no
había sido apropiadamente consagrado, y que no podía conseguirse otro.
Enterado de esto, el enfermo exclamó con ira:--¡Siendo así, maldito si
me muero!--Hijo mío --respondió el sacerdote--, eso es lo que tememos.
Ungir, v. i.
Engrasar a un rey u otro gran funcionario que ya de por sí es bastante
resbaloso. Los soberanos son ungidos por los sacerdotes del mismo modo
que se engrasa bien a los cerdos para conducir al populacho.
Unitario, s. El
que niega el dios de los Trinitarios.
Universalista,
s. El que renuncia a las ventajas del Infierno en favor de los creyentes
de otra religión.
Urbanidad, s.
La forma más aceptable de la hipocresía. Especie de cortesía que los
observadores urbanos atribuyen a los habitantes de todas las ciudades,
menos Nueva York. Su expresión más común consiste en la frase "usted
perdone"; no es incompatible con el desprecio de los derechos ajenos.
Urraca, s. Ave
cuya inclinación al robo ha sugerido a algunos la posibilidad de
enseñarle a hablar.
Uso, s. Primer
persona de la Trinidad literaria, la Segunda y la Tercera son la
Costumbre y la Convención. Un escritor industrioso, imbuido de un
saludable respeto por esta Santa Triada, puede producir libros que
perduren tanto como la moda.
V
Valor, s.
Virtud castrense en que se mezclan la vanidad, el deber y la esperanza
del tahur.
--¿Por qué se ha detenido? --rugió en la batalla de
Chickamauga el comandante de una división, que había ordenado una
carga-- Avance en el acto, señor.
--Mi general --respondió el comandante de la brigada
sorprendido en falta--. Estoy seguro de que cualquier nueva muestra de
valor por parte de mis tropas las pondrá en contacto con el enemigo.
Vanidad, s.
Tributo que rinde un tonto al mérito del asno más cercano.
Valla, s. En el
arte militar, basura colocada delante de un fuerte para impedir que la
basura de afuera moleste a la basura de adentro.
Vampiro, s.
Demonio que tiene la censurable costumbre de devorar los muertos. Su
existencia ha sido disputada por polemistas más interesados en privar al
mundo de creencias reconfortantes que de reemplazarlas por otras
mejores. En 1640 el padre Sechi vio un vampiro en un cementerio próximo
a Florencia y lo espantó con el signo de la cruz. Lo describe dotado de
muchas cabezas y de un número extraordinario de piernas, y no dice que
lo vio en más de un lugar al mismo tiempo. El buen hombre venía de cenar
y explica que si no hubiera estado "pesado de comida", habría atrapado
al demonio contra todo riesgo. Atholston relata que unos robustos
campesinos de Sudbury capturaron un vampiro en un cementerio y lo
arrojaron en un bebedero de caballos. (Parece creer que un criminal tan
distinguido debió ser echado a un tanque de agua de rosas). El agua se
convirtió instantáneamente en sangre "y así continúa hasta el día de
hoy", escribe Atholston. Más tarde el bebedero fue drenado por medio de
una zanja. A comienzos del siglo XIV un vampiro fue acorralado en la
cripta de la catedral de Amiens y la población entera rodeó el lugar.
Veinte hombres armados con un sacerdote a la cabeza, llevando un
crucifijo, entraron y capturaron al vampiro que, pensando escapar
mediante una estratagema, había asumido el aspecto de un conocido
ciudadano, lo que no impidió que lo ahorcaran y descuartizaran en medio
de abominables orgías populares. El ciudadano cuya forma había asumido
el demonio quedó tan afectado por el siniestro episodio, que no volvió a
aparecer en Amiens, y su destino sigue siendo un misterio.
Venganza, s.
Roca natural sobre la que se alza el Templo de la Ley.
Veraz, adj.
Tonto e iletrado.
Verdad, s.
Ingeniosa mixtura de lo que es deseable y lo que es aparente. El
descubrimiento de la verdad es el único propósito de la filosofía, que
es la más antigua ocupación de la mente humana y tiene buenas
perspectivas de seguir existiendo, cada vez, más activa, hasta el fin de
los tiempos.
Verdugo, s.
Funcionario de la ley que cumple tareas de la mayor dignidad e
importancia y padece un desprestigio hereditario ante un populacho de
antepasados criminales. En algunos estados norteamericanos, como New
Jersey, sus funciones son desempeñadas ahora por un electricista; primer
caso registrado por este autor en que alguien pone en duda las ventajas
de ahorcar a los habitantes de New Jersey.
Verso blanco,
s. Pentámetro yámbico sin rima; el verso inglés más difícil de escribir
pasablemente y, en consecuencia, el que prefieren los que no pueden
escribir pasablemente nada.
Vida, s.
Especie de salmuera espiritual que preserva al cuerpo de la
descomposición. Vivimos en diario temor de perderla; cuando se pierde,
sin embargo, no se la echa de menos. La pregunta "¿Vale la pena vivir?"
ha sido muy debatida, en particular por los que opinan que no; algunos
de ellos escribieron extensos tratados en apoyo de esa idea y, gracias a
un minucioso cuidado de su salud, disfrutaron durante muchos años los
honores de una exitosa controversia.
Vidente, s.
Persona, por lo general mujer, que tiene la facultad de ver lo que
resulta invisible para su cliente: o sea, que es un tonto.
Viejo, adj.
Estado de uso que no se contradice con una incapacidad general, v.gr.
"hombre viejo". Desacreditado por el paso del tiempo y ofensivo para el
gusto popular, v.gr. "libro viejo".
Virtudes, s. p.
i. Ciertas abstenciones.
Vituperio, s.
Sátira, tal como es entendida por los necios y por todos los que tienen
trabado el ingenio.
Viuda, s.
Figura patética a quien el consenso del mundo cristiano toma en broma,
aunque la ternura de Cristo por las viudas fue uno de los rasgos más
marcados de su carácter.
Voto, s.
Instrumento y símbolo de la facultad del hombre libre de hacer de si
mismo un tonto y de su país una ruina.
W
Wall Street, s.
Símbolo de pecado expuesto a la execración de todos los demonios. Que
Wall Street sea una cueva de ladrones, es una creencia con que todo
ladrón fracasado sustituye su esperanza de ir al cielo.
Washingtoniano,
s. Tribeño del Potomac que cambió las ventajas de un buen gobierno para
el privilegio de gobernarse a sí mismo. Para hacerle justicia, debe
recordarse que lo hizo sin querer.
Whhangdepootennawah,
s. En el dialecto Ojibwa, desastre; aflicción inesperada que golpea sin
fuerza.
Y
Yanqui, s. En
Europa, un norteamericano. En los Estados norteños, habitante de Nueva
Inglaterra. En los estados sureños, la palabra es desconocida en su
forma principal, aunque no en su variante ¡fuera yanqui! Yugo, s.
Implemento, mi estimada señora, a cuyo nombre latino, jugum, debemos una
de las palabras más esclarecedoras de nuestro idioma: la palabra que
define con precisión, ingenio y perspicacia la situación matrimonial.
Z
Zanzibarita, s.
Habitante del Sultanato de Zanzíbar, frente a la costa oriental de
Africa. Los zanzibaritas, pueblo guerrero, son conocidos en los Estados
Unidos por un amenazante incidente diplomático que ocurrió hace unos
años. El cónsul norteamericano en la capital ocupaba una casa con frente
al mar, del que estaba separado por una playa de arena. Con gran
escándalo de su familia, y a pesar de las repetidas advertencias del
propio cónsul, la gente de la ciudad insistía en usar la playa para
bañarse. Un día una mujer llegó al borde del agua, y
estaba agachada quitándose la ropa (un par de sandalias), cuando el
cónsul, sin poder ya dominar su irritación, descargó una perdigonada
contra la parte más conspicua de la intrusa. Infortunadamente para la
entente cordiale que existía entre dos grandes naciones, la bañista era
la Sultana.
Zenit, s. Punto
del firmamento situado directamente sobre un hombre parado o un repollo
que crece. No se considera que un hombre en cama o un repollo en la
cacerola tengan zenit, aunque sobre este punto hubo antaño graves
controversias entre los eruditos, pues algunos sostenían que la postura
del cuerpo carecía de importancia. Estos se llamaron Horizontalistas,
mientras que sus rivales fueron los Verticalistas. La herejía
Horizontalista fue finalmente aniquilada por Xanobus, rey filósofo de
Abara y Verticalista ferviente. Irrumpiendo en una asamblea de filósofos
que debatían la cuestión, arrojó una cabeza cortada a los pies de sus
oponentes y les pidió que determinaran su zenit, explicando que el
cuerpo colgaba afuera, colgado de los talones. Observando que se trataba
de la cabeza de su jefe, los Horizontalistas se apresuraron a declararse
convertidos al credo que pluguiera a la Corona, y el Horizontalismo
ocupó su lugar entre las "fides defuncti".
Zoología, s.
Ciencia e historia del reino animal, incluyendo a su reina, la Mosca
Doméstica (Musca Maledicta). Se concede universalmente que el padre de
la Zoología fue Aristóteles; el nombre de la madre, en cambio, no ha
llegado hasta nosotros. Dos de los exponentes más ilustres de esta
ciencia han sido Buffon y Oliver Goldsmith y ambos nos dicen que la vaca
doméstica cambia de cuernos cada dos años.
Zeus, s. Rey de
los dioses griegos, adorado por los romanos como Júpiter, y por los
norteamericanos como Dios, Oro, Plebe y Perro. Algunos exploradores que
han tocado las playas de América, entre ellos uno que pretende haberse
internado una considerable distancia, piensan que esos cuatro nombres
representan a cuatro divinidades separadas, pero en su inmortal obra
sobre Creencias Supérstites, Frumpp insiste en que los nativos son
monoteístas, y que ninguno tiene otro dios que sí mismo, a quien adora
bajo muchos nombres sagrados.
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