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Tácticas Militares
En las Notas sobre las
Reglas Marciales, está escrito lo siguiente: "Ganar primero, combatir
después, lo que dicho en dos palabras es ganar antes. La riqueza del
tiempo de paz es permitir la preparación marcial para el tiempo de
guerra. Con quinientos aliados, se puede derrotar a una fuerza enemiga
de diez mil hombres."
Cuando uno intenta tomar el
castillo de un enemigo y es necesario retirarse, hay que replegarse, no
siguiendo la carretera principal sino las carreteras secundarias. Se
debe tender a sus muertos y heridos con el rostro girado hacia el
enemigo. Es evidente que el guerrero tiene que estar en vanguardia
durante el ataque y en la retaguardia cuando la retirada. Cuando se
ataca, no se ha de despreciar esperar el buen momento. Esperando el buen
momento no se debe olvidar el ataque.
Entre los principios
secretos de Yaygu Tajima No Kami Munemori, hay un proverbio: "No existe
táctica militar para un hombre de gran fuerza moral." Instruido por
esto, cierto vasallo del Shogun fue a ver al Maestro Yagyu y le pidió
que lo aceptara como a su discípulo. El Maestro Yagyu dijo: "Me parece
que ya sois alumno de una escuela de Artes Marciales. Decidme el nombre
de vuestra escuela antes de iniciar nuestras relaciones de
maestro-discípulo." El hombre contestó: "Yo no he practicado jamás un
arte marcial." El Maestro dijo: "¿No habéis jamás aprendido la
disciplina de la escuela Tajima Nokami? Tengo la impresión de que sois
uno de los maestros del Shogun. El hombre juró que no. El Maestro le
preguntó entonces: "¿Tenéis algún tipo de convicción profunda?" El
hombre contestó: "De niño tomé conciencia de que el Bushi es un hombre
que no debe arrepentirse de su vida. He enterrado este pensamiento en mi
corazón durante muchos años y ello se ha vuelto una convicción. Por
ello, jamás pienso en la muerte. No tengo ninguna otra concepción fuera
de ésta." El Maestro Yagyu quedó muy impresionado y dijo: "Mi intuición
no me ha engañado. El principio más profundo de la táctica marcial es el
que vos poseéis. Hasta ahora, de cientos de discípulos que he tenido,
ninguno ha alcanzado este principio. No es necesario prepararos con el
"sable de madera" (boken). Voy a iniciaros inmediatamente."
Enseguida le dio un
pergamino. Esta historia ha sido relatada por Muragawa Soden.
Si alcanzáis demasiado
rápido la gloria, la gente se volverá vuestro enemigo y no seréis de
ninguna utilidad. Si os eleváis progresivamente en el mundo, las
personas serán aliados vuestros y seréis felices. A la larga, que hayáis
sido rápido o lento, en cuanto hayáis adquirido la comprensión de los
otros, nada os amenaza. Se dice que la suerte que os es dada por otros
es la más segura.
Los Cuatro Votos
Algunos son capaces de
actuar con sabiduría cuando la ocasión lo requiere.
Otros se ven obligados a
permanecer despiertos largas horas, presos de angustia, antes de
descubrir la solución correcta al problema planteado. Pero aunque estas
deferencias innatas sean en cierta medida inevitables, cada uno puede
alcanzar dones de sabiduría insospechada adoptando "los cuatro votos".
Parece que cualesquiera que
sean los dones personales, cualquiera que sea la dificultad del
problema, a una reflexión suficientemente larga y profunda. En tanto uno
funda su razonamiento sobre el "Yo", puede ser muy prudente y astuto
pero no sabio.
Los seres humanos son
insensatos y les es difícil abandonar su "Yo". A pesar de todo, un
individuo enfrentado a una situación complicada tiene grandes
posibilidades de encontrar una solución, si llega a abstraerse
momentáneamente del problema, concentrándose sobre los "cuatro votos" y
abandonando su "Yo"
Decisiones
Poseemos muy poca sabiduría; sin embargo, tenemos una gran tendencia a
referirnos a ella para resolver nuestras dificultades. Debido a que nos
preocupamos esencialmente de nosotros mismos, nos desviamos de la Vía
del Cielo y nuestras acciones se vuelven malas. A los ojos de los
demás, somos despreciables, débiles, limitados y totalmente ineficaces.
Cuando nos sentimos incapaces de una competencia verdadera es preferible
apelar a alguien más sabio. No estando personalmente implicado, tal vez
pueda revelarse como un juez preclaro -ya que no tiene un interés
propio-. Estará en medida de aconsejar la elección más juiciosa.
Si
observamos a un hombre que toma sus resoluciones de esta manera digna
de notarse, sabemos que está resuelto, autónomo, digno de fe y
enraizado en la realidad. Su sabiduría, alimentada por los consejos de
los demás, puede compararse a las raíces de gran árbol de follaje espeso
y denso.
Existen
límites a la sabiduría del ser humano, arbusto débil, sacudido por el
viento.
La
Crítica a Los Demás
Reprender y corregir a alguien por sus errores es importante. Este acto
esencialmente caritativo es la primera obligación del Samurai. Pero hay
que esforzarse en hacerlo de la manera conveniente. En efecto, es fácil
encontrar cualidades y defectos en la conducta del prójimo. También es
igualmente fácil criticarlo. La mayoría de las personas se imagina que
es por gentileza que dicen a los otros lo que no desean oír y si alguna
vez sus críticas son mal acogidas, piensan que los otros son incurables.
Tal manera de pensar no es razonable. La misma da tan malos resultados
como colocar a alguien en una situación embarazosa o bien si alguien nos
insultara. Esto no es muchas veces más que una mala manera de sacar lo
que nos pesa en el corazón.
La
crítica sólo debe intervenir después de haber discernido si la persona
la aceptará o no, después que uno se ha hecho amigo de ella, de haber
compartido sus intereses y de haberse comportado de manera tal que nos
concede su entera confianza para que tenga fe en nuestras palabras.
Luego interviene el tacto. Hay que sentir el buen momento y la buena
manera de ejercer su crítica - por carta o al regresar de una reunión
particularmente agradable-. Hay que empezar comentando sus propios
fallos y luego llevar a su interlocutor a comprender, sin pronunciar
más palabras de las necesarias.
Hay que
alabar sus méritos; esforzarse en darle ánimos, en preparar su humor;
volverlo tan receptivo a las observaciones del mismo modo que el hombre
sediento lo es al agua. Es entonces cuando hay que corregir sus errores.
La crítica constructiva es delicada.
Sé por
experiencia que las costumbres malas y antiguas, no ceden sin fuerza. Me
parece que la actitud más verdaderamente caritativa consiste, para todos
los Samurais al servicio de un mismo Daimyo, en ser benevolentes y
amistosos los unos con lo otros, corregir mutuamente sus errores para
servir luego al Daimyo. Poniendo a alguien voluntariamente en una
situación embarazosa no se hace nada constructivo. ¿Cómo podría ser de
otro modo?
Previsión
El
lenguaje militar emplea los términos de "Samurai ilustrado" y de
"Samurai ignorante". Un Samurai que ha esperado tenerse que enfrentar
con situaciones difíciles para aprender a salir de ellas no es
ilustrado. Un Samurai que se preocupa por adelantado de todas las
situaciones y soluciones posibles, es sabio. Será por lo tanto capaz de
hacerle frente con brillantez cuando la ocasión se presente. No importa
lo que ocurra, un Samurai ilustrado es aquel que se preocupa de los
detalles de la acción, antes de la hora. Un Samurai imprevisor, en
cambio, da la penosa impresión de arrastrase en una gran confusión y su
éxito sólo proviene de una suerte anormal. Sólo un Samurai negligente no
considera todas las eventualidades antes del momento de la acción.
No
comparto la opinión de los que preconizan una autoridad estricta y
constante.
Como
dice el proverbio: "El pez no vive en el agua clara". Son las algas las
que le permiten desarrollarse plenamente hasta su madurez. Es cuando uno
pasa de los detalles y no cuida de las quejas menores cuando es capaz de
procurar la serenidad a los que nos sirven. La comprensión de este
principio es esencial para el que quiera comprender el carácter y el
comportamiento de los demás.
Cuando
el Señor Mitsushige sólo era un niño, se le pidió leer un pasaje de un
libro del Monje Kaion; llamó a los otros niños y a los acólitos para
decirles: "Os ruego que os acerquéis y escuchéis. Es muy difícil leer
cuando no hay casi nadie que escuche".
El
monje quedó impresionado y dijo a los fieles: "Es con este espíritu que
hay que hacer todas las cosas".
Como
ha de ser el Samurai
Tengo
la impresión de que los jóvenes Samurais de hoy en día se han fijado
objetivos lamentablemente bajos. Tienen la mirada furtiva de los
ladrones. La mayoría sólo busca su interés personal o hacer gala de su
inteligencia. Incluso los que parecen tener el alma serena sólo muestran
una fachada. Esta actitud no es conveniente. Un Samurai sólo lo es
verdaderamente en la medida que no tiene otro deseo que morir
rápidamente -y de volverse puro espíritu- ofreciendo su vida a su amo,
en la medida donde su preocupación constante es el bienestar de su
Daimyo, al que rinde cuentas continuamente, sin cesar, de la manera
mediante la cual resuelve los problemas para consolidar las estructuras
del dominio. De este modo, Daimyo y servidores deben estar determinados
de la misma manera. Es indispensable que nadie, ni siquiera los dioses y
los Budas, puedan haceros desviar de la meta fijada.
La
Pérdida de la Virilidad
He aquí
lo que decía uno de mis amigos. Parece que un tal Doctor Kyon afirma lo
siguiente: "En medicina se distingue a los hombres de las mujeres en
virtud de los principios del Yin y del Yang; por consiguiente, los
tratamientos médicos son fundamentalmente diferentes. Además, su pulso
es también diferente. Sin embargo, en el curso de estos últimos
cincuenta años, el pulso de los hombres se ha vuelto idéntico al de las
mujeres. Desde que me he fijado en este fenómeno, he considerado bueno
tratar las enfermedades oculares de los hombres por los medios
apropiados al pulso de las mujeres. Cuando intento aplicar a mis
pacientes varones los cuidados previstos para ellos, no obtengo ningún
resultado". En efecto, el mundo está abordando un período de
degeneración; los hombres pierden su virilidad y se parecen cada vez más
a las mujeres.
Es una
convicción inquebrantable que he adquirido en el curso de mi experiencia
personal y que he decidido no propalar. Desde entonces, no olvidando
nunca esta reflexión, cuando miro a los hombres de hoy en día, me digo:
"Mira, mira, he aquí un pulso femenino". Ya no encuentro prácticamente
nunca lo que se llama un hombre verdadero. Debido a esto es por lo que
es posible hoy en día ser considerado excelente y acceder a una posición
importante con un esfuerzo mínimo. Los hombres se vuelven cobardes y
débiles, la prueba de ello está en que, hoy en día, raros son los que
tienen la experiencia de haber cortado la cabeza de un criminal con las
manos atadas a la espalda.
Cuando
se les pide ser el asistente del que va a suicidarse ritualmente, la
mayoría considera que es más hábil evadirse e invoca a excusas más o
menos válidas.
Hace
sólo cuarenta o cincuenta años, se consideraba una herida combate como
una marca de virilidad. Un muslo sin cicatrices era un signo tan
destacado de falta de experiencia que nadie se hubiera atrevido a
mostrarlo tal cual, prefiriendo infligirse una herida voluntaria. Se
esperaba de los hombres que tuvieran la sangre ardiente y fueran
impetuosos. Hoy en día la impetuosidad es considerada como una
ineptitud. Los hombres de hoy en día utilizan la impetuosidad de su
lengua para rehuir sus responsabilidades y no hacer nunca ningún
esfuerzo. Desearía que los jóvenes reflexionaran seriamente sobre esta
situación actual.
Mushin
El
Monje Tannen tenía costumbre de decir: "La gente ha terminado por no
entender nada porque los sacerdotes ya no enseñan más que la doctrina de
Mushin. Lo que se llama Mushin es un espíritu sin mancha y sin
complicación. Esto es interesante".
La Vía
del Samurai
El
Señor Sanenori decía: "En el seno de un espíritu en donde la perversidad
no encuentra su lugar, está la vía". Si esto es verdad, la Vía es una.
Pero nadie puede comprender esta evidencia en el primer intento.
La
pureza no se consigue sin esfuerzo.
El
carácter chino gen puede leerse en japonés maboroshi y significa
"ilusión".
En
japonés, los magos indios se llaman Gen shu sushi o "ilusionistas".
Los
seres humanos son marionetas aquí abajo. Es por ello que se utiliza el
carácter gen para sugerir la ilusión del libre arbitrio.
Abominar del mal y conducir su vida con rectitud se vuelve
extremadamente difícil. Ello es bastante sorprendente pero muchos
errores tienen por origen la creencia de que es esencial ser
estrictamente lógico y colocar la rectitud por encima de cualquier otra
cosa. Existe una vía más elevada que la rectitud, pero su descubrimiento
no es una cosa fácil e impone una profunda sabiduría. Comparados con
esta vía, los principios lógicos son insignificante, en efecto. Aunque
para el que no tenga la experiencia de ella o no la conozca, existe una
manera de descubrir la verdad, incluso si uno no ha sabido discernirla
solo. Esta vía consiste en hablar con otros. Ocurre a menudo que una
persona, aunque imperfecta, puede dar consejos juiciosos a otra, porque
ella puede dominar la situación exterior, del mismo que el que, en el
juego de Go, tiene "la ventaja de ser espectador". Se dice que es
igualmente posible discernir sus faltas por la "mirada en uno mismo" y
por la meditación, pero también en este caso el resultado es igualmente
mejor cuando uno habla con otros. La razón de esto es que se puede
superar su propia facultad de discernimiento si uno aprende a escuchar
con provecho a los demás y leer libros.
Uno
siempre se enriquece de la sabiduría de los Antiguos.
Entrenamiento
Me
dijeron que un maestro de sable ya anciano había dicho esto: "El Samurai
debe entrenarse toda su vida", y para ello hay una razón. Al principio,
incluso en caso de práctica regular, uno no tiene la sensación de
progresar. Uno se sabe poco hábil y ve a los demás a su propia imagen.
En este estadio es inútil precisar que no se es de ninguna utilidad al
servicio del Daimyo. Cuando se alcanza un estadio mediano, uno no es
todavía de gran utilidad pero toma conciencia de sus deficiencias y
empieza a notar las imperfecciones de los otros.
Cuando
un Samurai alcanza un nivel superior, es capaz de tomar, por propia
iniciativa, decisiones en cualquier situación, de tal manera que ya no
necesita los consejos de los otros. Un Samurai es, podemos decirlo, útil
al Daimyo. Luego, por encima de este nivel, están aquellos cuyo rostro
jamás revela lo que piensan, los que no hacen jamás gala de su
habilidad, que fingen ignorancia e incompetencia. Y lo que es más:
respetan la habilidad de los otros. Para muchos, ésta es la ambición más
alta. Pero a un nivel todavía más elevado existe un dominio que supera
la habilidad del común de los mortales. El que se compromete a fondo en
la Vía de este campo, toma conciencia de que su entrenamiento será
ilimitado y que no podrá estar jamás satisfecho de su trabajo. Por esto
un Samurai debe conocer sus debilidades y pasar su vida corrigiéndolas
sin jamás tener el sentimiento de haber hecho ya lo suficiente. No debe,
naturalmente, tener demasiada confianza pero tampoco sentirse inferior.
Yagyu,
el maestro de la Vía del Sable, que enseñaba al Shogun Tokugawa, decía:
"Yo no sé cómo superar a los otros. Todo lo que sé es cómo superarme a
mí mismo". El se decía: "Hoy, yo soy mejor que ayer, mañana todavía seré
superior". Un verdadero Samurai consagra todo su tiempo al
perfeccionamiento de sí mismo. Es por ello que el entrenamiento es un
proceso sin fin.
Entre
las proclamaciones públicas que ha hecho el Señor Naoshige, se encuentra
la siguiente: "Las decisiones importantes deben ser tomadas con calma".
Ittei Ishida (sabio confucionista de Han Sagan y maestro Jocho Yamamoto)
explica: "Los asuntos menores deben ser estudiados con seriedad. Hay
pocos problemas realmente importantes, solamente se presentan más de dos
o tres en toda una existencia. Una reflexión cotidiana os convencerá. Es
por ello que es indispensable prever lo que conviene hacer en caso de
crisis. Cuando ésta se manifieste, habrá que acordarse de la solución,
para resolverla en consecuencia. Sin una preparación cotidiana, cuando
sobrevenga una crisis delicada, se será incapaz de tomar una decisión
rápida, lo que conlleva el riesgo de consecuencias desastrosas". ¿No es
entonces posible decir que para poder tomar con calma decisiones
importantes, hay que prepararse cada día con resolución?
En el
curso de una reunión cuya meta era examinar la oportunidad de conceder
una promoción a cierta persona, se tuvo noticia de que la misma,
anteriormente, era muy aficionada a la bebida. Por lo tanto, los
participantes estaban muy propensos a negarle su adelanto. Sin embargo,
uno de ello intervino: "No animar a un hombre porque ha cometido un solo
error, es impedir que mejore. Si un hombre, que ha flaqueado una vez,
muestra, por una conducta irreprochable y conforme a las reglas, que
lamenta sinceramente su error, es eminentemente útil a su Señor. Siendo
así, animadlo".
Entonces, uno de los presentes dijo: ¿Asumís la responsabilidad de tal
decisión?"
Después
de que él hubo dado tal seguridad, la asistencia le rogó que diera sus
razones.
Dio
esta respuesta: "Lo avalo porque sé que se ha equivocado una vez. No se
puede conceder confianza al que no ha cometido jamás errores". Fue de
este modo que el interesado consiguió su promoción.
Un día,
un hombre cayó en desgracia porque había descuidado reparar el insulto
que le había sido hecho. La única manera de vengarse era lanzarse sobre
el campamento enemigo y combatir hasta la muerte. Un Samurai que se
lanza desesperadamente al combate no puede caer en desgracia. Es porque
uno espera la victoria que la misma se nos escapa. El tiempo corre
cuando uno espera que el enemigo no sea tan numeroso para no estar uno
en desventaja. A fuerza de esperar, incluso puede ser que uno olvide la
injuria y que abandone la venganza. Pero cuando los enemigos son
numerosos, si uno se agarra al terreno con la determinación de
diezmarlos a todos, la pelea se resolverá deprisa. El curso de la acción
transcurrirá probablemente de buena manera. Incluso cuando los cuarenta
y siete Ronins del clan Asano, que acabaron por atacar a Kira una noche
para vengar la muerte de su Amo, ya habían fallado en su salida.
Deberían haberse suicidado ritual e inmediatamente Sengakuji. Se tomaron
tiempo para vengar la muerte de su Señor. Kira habría podido caer
mortalmente enfermo antes de que hubieran ejecutado su plan. En este
caso, habrían perdido irremediablemente la ocasión.
Por
regla general, yo no critico el comportamiento de los otros, pero puesto
que nosotros estudiamos la vía del Samurai, debo añadir esto: si no se
consideran con cuidado y por adelanto todas las eventualidades, cuando
ocurre el suceso no se está en medida de contestar adecuadamente y uno
es deshonrado.
Escuchar estos consejos e intentar comprender la esencia de las cosas,
constituye una preparación para tomar decisiones antes de que sobrevenga
la crisis.
La vía
del Samurai exige, entre otras cosas, que se esté siempre dispuesto a
someter a prueba la firmeza de su resolución. Noche y día, el Samurai
debe seccionar sus pensamientos prepara una línea de acción. Según las
circunstancias, puede ganar o perder. Pero evitar el deshonor es un
hecho distinto de l victoria o de la derrota; para evitar el deshonor
tal vez le será necesario morir. Pero si, desde el principio, las cosas
no se desarrollan como había previsto, debería intentarlo de nuevo. Para
ello, ninguna sabiduría ni habilidad particular son precisas. El Samurai
valiente no piensa en términos de victoria o derrota; combate
fanáticamente hasta la muerte. Sólo de este modo realiza su destino.
No es
bueno tener fuertes convicciones personales. Si, al perseverara y
concentrarse, un Samurai adquiere opiniones muy marcadas, podrá estar
tentado a pensar con precipitación que ya ha alcanzado un buen nivel de
realización. Esto debe ser desaconsejado formalmente. Un Samurai debe,
por asiduidad, llegar primeramente a la maestría absoluta de los
principios básicos y luego continuar su entrenamiento de tal manera que
sus técnicas lleguen a la madurez. Un Samurai no debe jamás relajar su
esfuerzo sino que debe perseverar toda su vida en el entrenamiento.
Pensar que uno puede relajar la disciplina del entrenamiento porque
simplemente ha hecho algún descubrimiento personal, es el colmo de la
locura. Un Samurai debe estar constantemente animado por el pensamiento
siguiente: "En tal o cual punto todavía disto mucho de la perfección" y
consagrar toda su vida más y más al perfeccionamiento, buscando
asiduamente la vía verdadera. Es por una práctica así que se puede
encontrar la Vía.
No hace
aún cincuenta o sesenta años que los Samurais hacían sus abluciones cada
mañana, se afeitaban la cabeza y perfumaban el moño. Luego se cortaban
las uñas de las manos y de los pies, las limaban con piedra pómez y
luego las pulían con hierba Kogane. No mostraban jamás señal alguna de
pereza en este asunto y se cuidaban con atención. Después el Samurai
verificaba su sable largo y su sable corto para comprobar que el óxido
no los deterioraba; les quitaba el polvo y los limpiaba para cuidar su
brillo.
Tomar
tal cuidado de su apariencia puede parecer una manifestación de fatuidad
pero esta costumbre no provenía de una inclinación para la elegancia o
lo romancesco. Uno puede ser llamado en cualquier momento a librar una
dura batalla; si se muere habiendo descuidado su pulcritud, se da
muestra de una relajación general de las buenas costumbres y uno se
expone al desprecio y al descuido del adversario. Esta es la razón por
la cual los viejos y jóvenes Samurais han aportado siempre un gran
cuidado en su presentación. Un escrúpulo tal puede parecer una pérdida
de tiempo y una ocupación muy fútil, pero forma parte de la vida del
Samurai. En realidad, ello precisa menos esfuerzo y tiempo de lo que
parece. Si quiere estar dispuesto a morir, un Samurai debe considerarse
ya muerto; si es diligente en su servicio y se perfecciona en las artes
militares, no se cubrirá jamás de vergüenza. Pero si se dedica a hacer
egoístamente lo que le plazca, en caso de crisis de deshonrará. Incluso,
no será jamás consciente de su deshonra. Si nada le importa, excepto el
hecho de no estar en peligro y de sentirse feliz, se descuidará de una
manera completamente lamentable.
Es
seguro que un Samurai que no está preparado para morir, morirá de una
muerte poco honorable. En cambio, si consagra su vida a preparar su
muerte, ¿cómo podría tener un comportamiento despreciable? Uno debería
reflexionar seriamente al respecto y armonizar su conducta en
consecuencia.
Los
tiempos han cambiado mucho en el transcurso de estos últimos treinta
años.
En
nuestros días, cuando los jóvenes Samurais se reúnen, hablan de dinero,
de provecho, de pérdidas, de la manera de administrar su casa, de los
criterios para juzgar el valor de la vestimenta, e intercambian
opiniones profanas. Si otro tema es evocado, el ambiente se estropea y
cada uno se siente vagamente a disgusto. ¡Qué estado tan lamentable éste
al que hemos llegado! Antaño, hasta la edad de veinte o treinta años, un
hombre joven no tenía ningún pensamiento para las cosas materiales o
indelicadas, por lo tanto no hablaba de ellas jamás. Si, por accidente,
en su presencia, los hombres de edad madura dejaban escapar de sus
labios alguna reflexión fuera de lugar, se sentía tan afectado como si
hubiera recibido una herida física. La tendencia nueva ha penetrado
aparentemente mediante lo que los tiempos modernos aprecian al máximo:
el lujo y la ostentación. Sólo el dinero tiene importancia. Es
manifiesto que si los hombres jóvenes no tuvieran estos gustos de lujo,
incompatibles con su situación, esta actitud errónea desaparecería. Por
otra parte, alabar como ricos en recursos a jóvenes ahorrativos y
parcos, es completamente despreciable. La frugalidad equivale a la
ausencia del sentido del giri u obligaciones sociales y personales.
¿Necesito añadir que un Samurai que se olvida de sus obligaciones hacia
los demás es despreciable, cobarde e indigno?
Caligrafía
Cuando
me dirigí a Yasaburo para tomar ejemplo de su arte caligráfico, me dijo:
"Se debería escribir en caracteres suficientemente grandes como para que
uno solo cubriera toda la hoja, con suficiente vigor como para rasgarla.
La habilidad en la caligrafía depende del espíritu y de la energía con
la que se ejecuta. El Samurai debe obrar sin dudar, sin confesar el más
mínimo cansancio ni el más mínimo desánimo hasta concluir su tarea. Eso
es todo". Y continuó escribiendo.
Según
el sabio confucionista Ittei Ishida, todo calígrafo, incluso mediocre,
puede aprender a escribir de una manera correcta si sigue cuidadosamente
las líneas de un cuaderno. Se puede decir la misma cosa al servicio de
un Samurai. Si toma por modelo un buen Samurai, el éxito es posible.
Desgraciadamente, en el momento presente no hay ningún Samurai que
merezca realmente ser imitado, así que uno debe crearse idealmente un
modelo que imitar. El modo de crear tal modelo es imaginar cuál de los
que están en torno a nosotros sabe cómo conformarse al protocolo, a la
rectitud y a las conveniencias; cuál demuestra la mayor valentía; cuál
es el más elocuente; cuál es aquél cuyo comportamiento es el más
irreprochable; cuál es el más íntegro; cuál tiene el mayor espíritu de
decisión en caso de crisis. A partir de todos estos elementos, es
necesario imaginar un ser reuniendo todas estas cualidades. La síntesis
constituirá un excelente modelo, digno de ser imitado. Es cierto que en
todo arte es muy difícil aprender los puntos fuertes del maestro, pero
en cambio, sus puntos débiles son imitados fácilmente. Estos no son,
desde luego, de ninguna utilidad para sus discípulos.
Por
ejemplo, algunos conocen perfectamente la etiqueta pero no son íntegros.
Cuando uno intenta tomar por modelo este tipo de persona, siempre tiene
tendencia a descuidar la etiqueta y a no imitar más que la ausencia de
integridad. Cuando uno aprende a apreciar los puntos fuertes de lso
demás, cada persona puede volverse un maestro o en público. Si es
negligente cuando está en período de descanso, el público sólo lo
percibirá bajo este aspecto.
Imponer
Retirarse silenciosamente cuando el amo habla de uno, en buenos o malos
términos, indica perplejidad. Se debe poder dar una respuesta apropiada
y estar decidido previamente. Cuando se os encargue una cierta función,
la alegría o el orgullo que vosotros sentiréis se reflejará en vuestro
rostro y eso es algo inconveniente. Algunos, conscientes de sus fallos,
piensan: "Soy torpe pero debo cumplir cueste lo que cueste mi misión.
¿Cómo la voy a llevar a cabo? Esto puede ocasionarme muchos motivos de
ansiedad". Aunque estas palabras no se pronuncien jamás, se reflejarán
claramente en vuestro rostro. Esto es una prueba de modestia. Es por
inconstancia y ligereza que nos apartamos de la Vía y que nos
comportamos como novicios. Entonces somos fuente de molestias. El año
pasado, en el curso de una reunión, un hombre expuso su punto de vista y
afirmó que estaba dispuesto a matar al animador de la reunión si su
opinión no era adoptada. Su moción fue aceptada. Cuando todos los
procedimientos fueron terminados, dijo: "Han dado su consentimiento
demasiado rápidamente. Pienso que son débiles y no son dignos de ser los
consejeros de su amo".
Cuando
una reunión oficial es extremadamente seria y alguien introduce, con
ligereza, temas diferentes los participantes expresan su despecho y se
enfadan. Esto no está bien. En tales momentos la etiqueta de Samurai
consiste en permanecer calmado y tratar a la persona con benevolencia.
Maltratar a alguien es una conducta digna de un lacayo.
Hay
momento en donde uno tiene realmente necesidad de los demás. Si esto se
repite a menudo, éstos acaban por encontrarlo inoportuno y desplazado.
Para ciertas cosas, más vale no tener que tener que contar con los
demás.
El
Dragón
Había
un hombre en China al que gustaban mucho las imágenes representando a
dragones. Todos sus muebles y vestidos estaban decorados con este
emblema. El dios de los dragones se dio cuente de este amor profundo,
así que un día, un verdadero dragón se presentó en su ventana. Se dice
que el hombre se murió del susto... Era seguramente un charlatán que se
hubiera revelado como tal en el momento de la acción.
Concentración
En
cierta ocasión vivía un maestro del arte de la lanza. En el momento de
su muerte llamó a su mejor discípulo y le declaró: "Te he transmitido
todas las técnicas secretas de nuestra escuela. Si piensas aceptar ahora
a un discípulo, debes practicar enseguida con diligencia, y cada día,
con el sable de madera. La superioridad no es una cuestión de técnicas
secretas". Del mismo modo, en la enseñanza de un maestro de Renga, se
dice que la víspera del concurso de poesía debe calmar su espíritu y
consultar una antología de poesías. Es necesario saberse concentrar
sobre una sola cosa. Todos los oficios deben ser ejercidos con
concentración.
Animar
a un Amigo
Cuando
se visita a un Samurai golpeado por la desgracia, lo que se le dice para
animarlo es siempre de una extremada importancia. Él es, en efecto,
capaz de discernir a través de nuestras palabras los móviles verdaderos
que animan a su interlocutor. Para animar a un amigo en dificultades el
secreto a revelarse es el siguiente: un verdadero Samurai no debe
pavonearse ni perder confianza. Debe ir siempre hacia delante, sino no
avanzará y será totalmente inútil
Las
Palabras
Se dice
que no hay que dudar jamás en corregirse cuando uno a cometido un error.
La falta desaparece rápidamente si uno se corrige sin demora. Cuando se
intenta remediar un error, ello se vuelve desplazado y doloroso. Cuando
se dice algo que no se debería haber dicho, si uno se autocritica rápida
y claramente, aquello se olvida pronto y ya no hay necesidad de
preocuparse. Pero si alguien os censura, hay que saber contestar:
"Os he
dado las razones de mis propósitos inconsiderados, yo no veo nada más
que hacer si no las aceptáis. Puesto que he dicho esto sin querer,
deberá pasar como si nadie lo hubiera oído. Nadie puede sustraerse a una
reprimenda.".
Morooka
Hikoemon fue requerido un día para confirmar la verdad de sus palabras
respecto a un asunto. Pero él contestó: "La palabra de un Samurai es más
firme que el metal. Dado que estoy impregnado de este principio, ¿qué
más pueden aportar los dioses y los Budas?" El juramento fue anulado.
Esta historia ocurrió cuando él tenía veintiséis años
La
Actitud Durante la Tormenta
Existe
lo que se llama la actitud durante la tormenta. Cuando uno es
sorprendido por una repentina tormenta, se puede o bien correr lo más
aprisa posible o bien colocarse rápidamente bajo los aleros de las casas
que bordean el camino. De todos modos nos mojaremos. Si uno ya estuviera
preparado mentalmente a la idea de estar mojado, se estaría a fin de
cuentas muy poco contrariado con la llegada de la lluvia. Se puede
aplicar este principio con provecho en todas las situaciones.
Ganar
Desde el Principio
Cuando
ya era anciano, Tetsuzan hizo un día la reflexión siguiente: "Tenía
tendencia a pensar que el combate a manos desnudas difería del Sumo,
debido a que no tenía importancia ser tirado al suelo al principio, ya
que lo esencial era ganar al final del combate. Recientemente he
cambiado de punto de vista. Se me ha ocurrido que si un juez tomaba la
decisión de parar el combate en el momento en que uno se encuentra en el
suelo, os declararía vencido. Hay que ganar desde el principio para
salir victorioso siempre."
La
Amistad Se Mide en la Adversidad
Se ha
dicho: "Si queréis sondear el corazón de un amigo, caed enfermo." Una
persona a la que consideráis amiga cuando todo te va bien, y que os da
la espalda como un extraño en caso de enfermedad o de infortunio, no es
más que un cobarde. Es mucho más correcto cundo un amigo debe
enfrentarse con el infortunio, estar cerca de él, visitarlo y
socorrerlo. Un Samurai no debe jamás, mientras viva, permitirse
distanciarse de aquellos de los que es deudor espiritualmente. He aquí
por lo tanto un medio para medir los verdaderos sentimientos de un
hombre. La mayor parte del tiempo nosotros nos dirigimos a los demás
para pedirles ayuda y luego los olvidamos en cuanto la crisis ha pasado.
Alguien
hizo un día el comentario siguiente: "Se piensa generalmente que nada s
más difícil que ser ronin; que cuando este destino golpea a un hombre,
se pierde confianza en él y se le abandona. En verdad, ser ronin es algo
muy diferente de lo que yo me había imaginado y es un estado menos
desagradable de lo que parece. Me gustaría, en verdad, volver a ser un
ronin cierto." Coincido con esta opinión. La misma actitud puede
prevalecer en lo que concierne a la muerte. Si un Samurai se acostumbra,
día a día, a la idea de la muerte, será capaz de morir con toda
tranquilidad cuando llegue el momento. Como todos los desastres son
difícilmente tan terribles como uno se los había imaginado, es
totalmente ridículo lamentarse por adelantado y sin cesar. Más vale
prepararse desde el principio a la idea de que el destino final del
Samurai dedicado al servicio de un Señor es hacerse sepukku o terminar
ronin.
Éxito y
Fracaso
La
bondad o la maldad del carácter de un individuo no se reflejan en el
éxito momentáneo o en el fracaso, aquí abajo. El éxito o el fracaso no
son, a fin de cuentas, más que manifestaciones de la Naturaleza. El bien
y el mal son, sin embargo, naturalezas humanas. No obstante, es cómodo,
por razones didácticas, expresarse como si el éxito o el fracaso en el
mundo fueran el resultado directo de un buen o mal carácter.
Quien
Calcula es un Cobarde
Un
hombre que no para de calcular es un cobarde. Digo esto porque las
suposiciones siempre tienen una relación con las ideas de provecho y de
pérdida; el individuo que las hace está siempre preocupado por las
nociones de ganancia o pérdida.
Morir
es una pérdida, vivir una ganancia y es así que se decide a menudo no
morir. Esto es cobardía. Del mismo modo, un hombre que ha recibido una
buena educación puede camuflar, con su inteligencia y su elocuencia, su
pusilanimidad o su estupidez, que son su verdadera naturaleza. Mucha
gente no se da cuenta
La Vía
del Samurai
El
Señor Naoshige tenía por costumbre decir: "La vía del Samurai es la
pasión de la muerte. Incluso diez hombres son incapaces de desviar a un
hombre animado de tal convicción." No se pueden llevar a cabo grandes
hazañas cuando se está en una disposición anímica normal. Hay que
volverse fanático y desarrollar la pasión de la muerte. Si uno cuenta
sobre el tiempo para acrecentar su poder de discernimiento, corre el
riesgo de que sea demasiado tarde para ponerlo en práctica. La lealtad y
la piedad filial son algo suplementario en la Vía del Samurai; Lo que
uno necesita es la pasión por la muerte. Todo el resto vendrá por
añadidura de esta pasión.
El
famoso Samurai KiranoSuke Shida ha dicho: "Si sois totalmente
desconocido, entre morir o vivir, más vale escoger vivir". Shida era un
Samurai fuera de lo corriente.
Los
jóvenes han interpretado frecuentemente mal lo que ha dicho, pensando
equivocadamente que se hacía el abogado de una conducta deshonrosa. En
un postscriptum, escribió: "Si uno duda entre comer y no comer, más vale
abstenerse. Cuando uno no puede decidirse entre vivir o morir, entonces
más vale morir."
Hay una
manera de educar a los hijos de Samurais. En su infancia se ha de
favorecer su bravura y evitar darles miedo frívolamente o burlarse de
ellos. Si una persona se ve afectada por la cobardía cuando niño, queda
una cicatriz para toda la vida.
Es un
error de los padres que, sin reflexionar, hagan temer a los niños los
relámpagos, los sitios oscuros, o contarles cosas terroríficas para
provocar sus lloros. Más aún, si un niño es reñido severamente se
volverá tímido. No debe tolerarse que se formen malos hábitos. Después
que se ha formado un mal hábito, aunque se reprenda al niño, ya no
mejorará. Para cosas tales como el hablar correctamente o tener un buen
comportamiento hay que volver gradualmente al niño consciente de ello.
No dejéis que el niño conozca la avaricia. Otra cosa más, si tiene una
naturaleza normal, se desarrollará siguiendo el camino que se le marque.
Otro punto más a tener en cuenta es que si los padres tienen una mala
relación, el niño no tendrá sentimientos filiales. Esto es natural.
Incluso los pájaros y las bestias se sienten afectados por lo que ven en
el momento de nacer. Por lo tanto, las relaciones entre padre e hijo se
pueden deteriorar debido a la inconsciencia de la madre. Una madre
quiere a su hijo por encima de todas las cosas y será imparcial con él
cuando es corregido por el padre. Si se vuelve una aliada del niño, tal
cosa sembrará la discordia entre el padre y el hijo. Debido a la
estrechez de su mente, una mujer ve a su hijo como el sostén de su
vejez.
La
Distracción
Seréis
confundidos por la gente cuando vuestra resolución sea débil. Más aún,
si en una reunión estáis distraído cuando otra persona esté hablando,
por vuestro descuido podéis pensar que coincidís con su opinión y le
vais a seguir diciendo: "De acuerdo, de acuerdo", incluso cuando esté
diciendo algo contrario a vuestros propios sentimientos, y los demás
pensarán que estáis de acuerdo con ellos. Por esto, nunca debéis
distraeros ni un instante cuando tengáis una reunión con otras personas.
Cuando estéis escuchando una historia o estén hablando con vosotros,
deberéis ser cuidadosos para evitar veros confundidos; y si hay algo con
lo que no estéis de acuerdo, exponed vuestra opinión, mostradle su error
a vuestro oponente, esforzaos en resolver la situación. Incluso en
asuntos poco importantes los malentendidos provienen de cosas pequeñas.
Uno debe ser cauteloso en este aspecto. Más aún, es mejor no colaborar
con gente de la que ya habéis tenido dudas anteriormente. No importa lo
que hagáis, será gente que siempre os confundirá o absorberá. Para estar
seguro en este tipo de asuntos debéis tener mucha experiencia.
La
Desgracia
No es
suficiente evitar simplemente sentirse desanimado cuando llega una
prueba. Cuando llega una desgracia, el Samurai debe alegrarse y coger la
suerte que le es ofrecida por poder emplear así su energía y su
valentía. Tal actitud difiere radicalmente de la simple resignación.
Cuando la marea sube, el barco flota...
Cuando
se ha oído hablar de las hazañas de un Maestro, pensar que cualquier
cosa que uno haga no podrá jamás igualarlo, es señal de un alma
mezquina. Se debe pensar, al contrario, que "si el Maestro es un hombre
como yo, ¿por qué yo he de ser inferior?" En cuanto un Samurai se decide
contestar a este desafío contra sí mismo, ya está en camino de la
mejoría. Ittei Ishida ha dicho: "Un hombre reconocido como sabio por los
otros, sólo adquiere esta reputación porque ha comenzado a profundizar
sus conocimientos desde su más tierna edad. Nunca es el resultado de un
aprendizaje tardío, incluso si éste es difícil." En otras palabras, en
cuanto un ser toma la resolución de llegar a la perfección, puede
esperar un día experimentar la iluminación. Un Samurai debe prestar
atención a sus hechos y gestos para evitar cometer errores de conducta,
no importa lo pequeños que aquellos sean. Ocurre que, por descuido, un
Samurai no controla su mente y llega a pensar reflexiones de este tipo:
"Decididamente, soy un cobarde" o "Si esto ocurre, corramos para
preservar nuestras vidas" o "Cuán terrorífico es esto", "¡Ay!",
Etcétera. Tales exclamaciones no deben ser jamás proferidas por un
Samurai aunque sea para mofarse o reírse, ni por descuido, ni siquiera
soñando, ni en ninguna otra situación. Un ser perspicaz adivinaría
rápidamente la naturaleza verdadera de la persona que hubiera
pronunciado tales palabras. Uno debe estar siempre en guardia. Se ha
dicho que un hombre que acaba de ser decapitado todavía puede hacer
algunos gestos. Esta historia ha sido transmitida por Nitta Yoshisada y
Ono Moken.
¿Cómo
un hombre puede ser inferior a otro hombre? Mitani Joyku decía: "Incluso
cuando un hombre enferma mortalmente, puede sobrevivir dos o tres días
más."
Las
malas relaciones existentes entre los actuales gobernantes y los
procedentes, entre el padre y el hijo, entre el hermano mayor y el
pequeño están motivadas por razones egoístas. La prueba es que no hay
tales relaciones entre maestro y servidor.
Las
Decisiones
Un
viejo proverbio dice: "Decidios en el espacio de siete soplos." El Señor
Takanobu Ryuzoti hizo un día este comentario: "Si un hombre tarde
demasiado en tomar una decisión, se duerme." El Señor Naoshige dice
también: "Si uno se lanza sin vigor, siete de cada diez acciones no
llegan a término. Es verdaderamente difícil tomar decisiones en estado
de agitación. Por consiguiente, si sin ocuparse de las consecuencias
menores, uno se enfrenta a los problemas con la mente afilada como una
navaja, siempre se encuentra la solución en menos tiempo del preciso
para hacer siete soplos."Hay que considerar los problemas con calma y
determinación.
El
Orgullo
El que
tiene pocos conocimientos se vuelve rápidamente pretencioso y se deleita
en la idea de ser considerado como un hombre competente. Los que se
enorgullecen de sus talentos y se estiman superiores a sus
contemporáneos serán inevitablemente castigados por alguna manifestación
del Cielo. Un hombre que no sepa hacerse apreciar de los otros no será
de utilidad a nadie a pesar de su alta competencia. El que trabaja
arduamente y sabe permanecer modesto; el que se alegra de la posición
subordinada que ocupa al mismo tiempo que respeta a sus iguales, será
altamente estimado.
Levantaos a la Octava
Es el
colmo de la locura para un Samurai perder el control de sí mismo si por
desgracia queda reducido al estado de ronin o se encuentra enfrentado a
algún revés de fortuna del mismo tipo. En el tiempo del Señor Katsushige,
los Samurais tenían una divisa favorita: "Si no habéis sido ronin siete
veces, no podréis reivindicar efectivamente el título verdadero de
Samurai. Tropezad y caed siete veces, pero levantaos a la octava."
Manifiestamente, Hyogo Naritomi había sido, según se dice, siete veces
ronin. Un Samurai al servicio de un daimio debe ser como un tentetieso
que se levanta cada vez que uno lo inclina. En verdad, sería una
excelente idea para el Daimyo devolver a sus discípulos la libertad para
someter a prueba su fuerza espiritual.
El
Trato a los Subordinados
En un
poema a la gloria de Yoshitune, se dice: "Un general debe dirigirse
frecuentemente a sus soldados." Las personas que sirven a un amo estarán
tanto más dispuestas a consagrar su vida a su servicio cuando su amo le
alabe en circunstancias excepcionales, así como en la vida corriente,
del tipo: "Me habéis servido muy bien."
"Debéis
ser muy cuidadoso con esto o lo otro." "Ahora tengo un servidor de
primera clase." Estos comentarios atentos son de una gran importancia.
Auto-perfección
Si
deseáis perfeccionaros, la mejor manera de hacer es solicitar la opinión
de los otros y buscar sus críticas. La mayor parte de las personas
intentan perfeccionarse fiándose en su sola facultad de apreciación. El
único resultado que consiguen es que no hacen progresos
significativos... Los hombres que buscan las críticas de los demás son
ya superiores a ellos. La primera palabra pronunciada por un Samurai, en
cualquier circunstancia, es extremadamente importante. Revela por esta
palabra todo su valor. En tiempos de paz, el lenguaje firma el valor.
Pero, del mismo modo, en tiempos de disturbios y destrucción, la gran
bravura puede revelarse por una única palabra. Se puede decir entonces
que esta palabra única es la flor del alma.
Un
Samurai debe siempre evitar quejarse, incluso en la vida corriente. Debe
estar en guardia para no dejar escapar jamás una palabra que demuestre
su debilidad.
Una
indicación anodina hecha por inadvertencia indica frecuentemente el
valor del que la ha hecho.
Un
hombre cuya reputación está basada sobre su habilidad para una técnica
precisa es insignificante. Concentrando toda su energía en un solo
objeto, se ha vuelto desde luego excelente pero se ha abstenido de
interesarse en otras cosas. Un hombre así no es de ninguna utilidad
Los
Consejos
Son
numerosas las personas que dan consejos, pero escasas son las que los
reciben con reconocimiento, y todavía más raros los que los siguen.
Después de los 30 años, el hombre se vuelve, por lo general, impermeable
a los consejos. Cuando los consejos ya no le alcanzan se vuelve
rápidamente fatuo y egoísta. Añade, para el resto de sus días la
impudencia a la estupidez, lo que irremediablemente causará su pérdida.
Es por
ello que es indispensable descubrir a alguien capaz de discernir,
ligándose fuertemente a él para recibir su enseñanza.
Un
Samurai que no concede ningún interés a la riqueza y al honor, acaba
habitualmente por volverse insignificante y envidioso. Este hombre es a
la vez vano e inútil, acaba por revelarse inferior a aquel mismo cuyos
únicos móviles son la ambición, el dinero y la fama. No es de ninguna
utilidad inmediata.
Hasta
la edad de cuarenta años un Samurai debe vigilar de no dejarse seducir
por la sabiduría y el sentido del juicio. Debe depender únicamente de
sus capacidades y de su fuerza de carácter. Cuanto mayor sea esta
última, mejor será el samurai. Aun habiendo superado los 40 años, pero
esto depende del individuo y de su posición social, un Samurai no es
nada si no tiene fuerza de carácter.
Determinación
Cualquiera que sea la meta, nada es imposible de hacer cuando uno está
determinado. Se puede entonces remover cielo y tierra según convenga.
Pero cuando el hombre no tenga "el corazón en el vientre", no se puede
persuadir de ello. Remover cielo y tierra sin esfuerzos es una simple
cuestión de concentración.
Es
bueno desarrollar su potencia hasta la edad de cuarenta años. En cambio
es aconsejable "calmarse" a partir de los cincuenta. Cuando alguien os
da su opinión, hay que saber aceptar con gratitud incluso si no es de
ningún interés. Solo con esta condición os comunicará lo que ha oído
decir de vosotros. Es bueno dar y recibir avisos de una manera amistosa.
Si en
el campo de batalla no dejáis a nadie al cuidado de conducir el asalto y
sois vosotros quienes tenéis la firme intención de penetrar en las filas
enemigas, no caeréis, vuestro espíritu será bravo y manifestaréis
vuestro valor marcial. Este consejo es una herencia de los antiguos. Por
otro lado, si debéis ser derribado en el curso de un combate, estad
decidido a serlo frente al enemigo.
El
Fundamento de las Cosas
Conozco
un sacerdote que pretende resolverlo todo gracias a su extraordinaria
inteligencia. No hay ningún otro en todo Japón que le sea comparable.
Esto no es muy sorprendente ya que simplemente nadie percibe el
fundamento de las cosas.
Senilidad
La
vejez llega cuando uno se limita a hacer las cosas a las que se es
proclive.
Mientras el vigor persiste, uno puede ir en contra de esta inclinación;
cuando él se debilita, las verdaderas tendencias aparecen y nos
perturban. Existen diferentes manifestaciones de este estado pero,
alcanzados los sesenta años, nadie escapa a ello.
Pensar
que uno no será jamás senil, es serlo ya. Así uno puede considerar la
argumentación del maestro Ittei como la de una persona senil, cuando
quiso probar que él era el único que podía ayudar a la Casa Nabeshima.
Fue a hablar con los poderosos de diferentes familias, pero mostraba ya
señales de senilidad. Todo el mundo pensó en su momento que era un acto
razonable; y si reflexiono mejor me doy cuenta que era un acto de
debilidad. Por mi parte, gracias a este ejemplo y debido a la sensación
que tengo de retornar a la infancia, he rehusado la invitación a la
ceremonia del templo por el aniversario de la muerte el Señor Mitsushige
y he decidido permanece cada vez más recluido en mi casa. Uno debe tener
la clarividencia de lo que os va a ocurrir.
Errores
Según
una historia de Ryutaji, había un experto en el I-Ching en la región de
Kamigata. Habría dicho que, incluso tratándose de un sacerdote, es
inútil dar una posición a un hombre antes de los cuarenta años, por la
buena razón de que hasta entonces comete numerosos errores. Confucio no
fue el único que tuvo el espíritu sereno después de los cuarenta años.
Hasta esa edad, tanto el sabio como el insensato han acumulado numerosas
experiencias formadoras y luego cesan de estar indecisos frente a la
existencia.
En lo
que concierne al valor marcial, es más meritorio morir por su amo que
matar a un enemigo. Es en este sentido que se puede comprender la
devoción de Sato Tsugunobu.
Cuando
yo era joven, tenía un "diario de lamentaciones" en el cual mencionaba
día tras día mis errores. Pero no pasaba un solo día sin que yo tuviera
que abrirlo veinte o treinta veces. Es así como acabé realizando que
siempre sería así y decidí abandonarlo. Hoy en día, cuando medito, antes
de irme a dormir, sobre la jornada transcurrida, no hay un día en el
cual yo no haya cometido algún fallo de palabra o de acción. Vivir sin
cometer errores es casi imposible, pero "los intelectuales" distan mucho
de admitirlo.
Cuando
se lee un texto en voz alta, hay que hacerlo con el vientre. Cuando se
lee con la boca y la garganta, uno se cansa de prisa. Esto es una
enseñanza de Nakamo Shikibu.
Lo que
se llama generosidad es realmente compasión. En el "Shin´ei" está
escrito: "Mirando con el ojo de la compasión, no hay nadie que no
merezca ser amado.
El que
ha pecado debe despertar todavía más nuestra piedad". No hay límite para
la anchura y profundidad de nuestro corazón. Hay espacio para todo. Por
esto todavía adoramos a los sabios de los tres antiguos reinos (India,
China y Japón) debido a que su compasión todavía nos alcanza a nosotros
actualmente. Cualquier cosa que hagáis, tenéis que hacerlo para el bien
de vuestro amo, vuestros parientes, la gente en general y la posteridad.
Esto es la gran compasión. El amor y la sabiduría que vienen de esto son
el real amor y la real sabiduría. Cuando uno castiga o lucha con el
corazón compasivo, todo lo que haga será sin límites en la fuerza y la
corrección. Hacer una cosa sólo en el propio beneficio es superficial y
se vuelve negativo. Yo comprendí hace tiempo los temas de la sabiduría y
la bravura. Ahora estoy justamente empezando a entender el tema de la
compasión. El Señor Ieyasu decía: "El fundamento para gobernar un país
en paz es la compasión; cuando uno considera al pueblo como a su propio
hijo, el pueblo lo considera como su propio padre." Además ¿no ha de
pensarse que los nombres del "padre del grupo" y "niño del grupo" (es
decir jefe del grupo y miembro) provienen de lso armoniosos corazones de
una relación padre-hijo? Es de esta manera que ha de comprenderse que la
frase del Señor Naoshige: "Un buscador de faltas vendrá para ser
castigado por los otros" viene de su compasión. Su sentencia: "El
principio está más allá de la razón" también tiene que ser considerado
compasión. Él afirmó con entusiasmo que uno tiene que probar lo
ilimitado.
Caligrafía
El
Maestro Ittei decía: "El progreso en caligrafía consiste en crear la
armonía entre el pergamino, el pincel y la tinta."¡Tienen tanta
tendencia a estar desunidas!
El
Monje Tannen decía: "Podría ocurrir que un servidor inteligente no
ascendiera. Pero tampoco hay casos en donde un servidor estúpido haya
podido salir del montón."
Aceptar
el Sufrimiento
El
Maestro Ittei decía también: "Para actuar correctamente, en una sola
palabra: es necesario soportar el sufrimiento." No aceptar sufrir es
malo. Es un sufrimiento que no tiene ninguna excepción.
Hacer
Demasiado
Según
los antiguos, un Samurai debe notarse por su excesiva tenacidad. Una
cosa hecha con moderación puede ser juzgada insuficiente. Es necesario
"hacer demasiado" para no cometer errores. Es el tipo de principio que
no es necesario olvidar.
Cuando
uno ha decidido matar a alguien, incluso si la empresa parece difícil de
realizar, sin duda no sirve de nada intentarlo hacer con medios
desviados. El corazón puede flaquear, la ocasión puede faltar y, a fin
de cuentas, todo puede fracasar. La Vía del Samurai es la de la acción
inmediata y por ello es preferible "lanzarse la cabeza primero". Una
vez, un hombre iba de camino para ir a escuchar los Sutras en el Jissoin
en Kawakami. Uno de sus pajes se emborrachó y buscó pelea con uno de los
marinos.
Cuando
se acercaron, el paje desenvainó su sable y el marino, cogiendo una
percha, lo golpeó en la cabeza. En el mismo momento, los otros marinos
cogieron remos y ya iban a golpear al paje cuando el amo llegó. Hizo ver
que no se daba cuenta de nada y entonces otro paje fue a pedir excusas a
los marinos. Calmó a su compañero y lo acompañó hasta su casa, pero
entonces se dio cuenta de que le habían robado su sable.
La
lección que es necesario extraer es la siguiente: en primer lugar, no
haber desaprobado y sancionado al paje en el barco es una negligencia
del amo; luego, incluso si el paje había actuado sin consideración, en
cuanto fue golpeado en la cabeza ya no había lugar para excusarse. El
Amo debería haber ido hacia el paje borracho y el marino, como si fuera
a excusarse y luego haberlos matado a los dos. Es evidente que este amo
no tenía "Espíritu".
El
Señor Naoshige decía: "El valor de un antepasado se mide por el
comportamiento de sus hijos. Un hijo debe actuar de modo que honre a su
antepasado y no de modo que lo deshonre. Esto es realmente la piedad
filial."
Cuando
Nakano Shogen hizo Seppuku, los miembros de su clan, reunidos en casa de
Oki Hyobu, hicieron comentarios críticos sobre él. Hyobu les dijo: "No
se debe hablar mal de alguien que ha muerto y el que ha sido condenado
debe despertar particularmente nuestra piedad. Es deber del Samurai
elogiarle, aunque sólo fuera un poco. No hay duda de que dentro de
veinte años se dirá de Shogen que era un servidor fiel." Estoso
comentarios son los de un hombre maduro.
Cuando
uno conoce a alguien, debería captar rápidamente su carácter y
reaccionar de manera adecuada para cada una. Cuando uno se encuentra con
alguien a quien le gusta argumentar, es necesario enfrentarse a él y
ganarlo por la superioridad de la lógica, pero sin ser demasiado severo,
para evitar que quede un resentimiento. Es a la vez algo del corazón y
algo de palabras. Este consejo fue dado por un sacerdote.
La
Condición del Samurai
Si se
debiera resumir en pocas palabras la condición del Samurai, yo diría que
en primer lugar es devoción en cuerpo y alma a un amo. En segundo lugar
yo diría que es necesario cultivar la inteligencia, la compasión y la
valentía. La posición de estas tres virtudes reunidas puede parecer
imposible al ser común, pero es fácil. La inteligencia no es más que
saber conversar de unas cosas y otras con los demás, consiguiendo con
ello una sabiduría infinita. La compasión cosiste en actuar en bien de
los demás comparándose con ellos y dándoles la preferencia. La valentía
es saber apretar los dientes. Es suficiente hacer esto en cualquier
circunstancia. Todo lo que está más allá de estas tres virtudes no es
útil conocerlo. En tercer lugar, en lo que concierne al aspecto
exterior, es necesario cuidar su apariencia, su manera de expresarse y
perfeccionarse en caligrafía. Esto no es más que un asunto corriente que
es necesario mejorar con una práctica constante. En la base de todo esto
hace falta sentir en nosotros la presencia de una fuerza tranquila.
Cuando ella haya realizado todo esto, será necesario aprender la
historia de nuestra tierra y de sus costumbres. Luego podremos estudiar
algunas artes recreativas. Ser un Samurai es, a fin de cuentas, muy
simple. Si miráis los que hoy en día son de alguna utilidad, os daréis
cuenta que han reunido estas tres condiciones.
Los
hombres valientes del pasado eran, en su mayoría, ruidosos; su
exuberancia era signo de fortaleza y bravura. Como yo dudaba de ello,
Tsunetomo me contestó: "Se puede comprender que su vitalidad poderosa
haya hecho de ellos seres rudos y exuberantes. Hoy en día, los hombres
han perdido esta alegría ruidosa porque su vitalidad es menor. La savia
se ha agotado pero su carácter ha mejorado. El valor es de otro orden.
Que hayan perdido en vitalidad y ganado en dulzura no significa que
posean una menor pasión por la muerte. Esto no tiene nada que ver con la
vitalidad." Aunque el Señor Ieyasu no haya ganado jamás una batalla, la
posteridad ha dicho de él. "Ieyasu era un general muy valiente." Ninguno
de sus Samurais murió en el campo de batalla dando la espalda al
enemigo. Todos yacían con la cara vuelta hacia las filas adversarias.
El Fin
de las Cosas
Yasuda
Ukyo hazo el comentario siguiente a propósito de la última copa de vino
que se ofrece: "Sólo el fin de las cosas es importante." Cada uno
debería parecerse a esto. Cuando los invitados se van, decirles adiós
con pesar es importante. Si este sentimiento está ausente, se corre el
riesgo de parecer harto y todo el placer de la jornada se difumina. Se
debe dar sin cesar la impresión de que uno hace algo importante. Esto es
posible con un mínimo de comprensión.
La
Situación
Uesugi
Kenshin decía: "Yo no he sabido jamás lo que era ganar desde el
principio al fin; yo solamente he comprendido que no hay que ser jamás
inferior a la situación y esto es importante. Es molesto que un Samurai
no esté a la altura. Si no estuviéramos constantemente por debajo de la
situación, no nos sentiríamos embarazados jamás."
Deberíamos desconfiar de hablar de temas tales como el conocimiento, la
moralidad, las costumbres delante de los mayores o las personas de alto
rango. Es algo desagradable de oír.
Incluso, aun cuando uno acabara de ser decapitado, todavía deberíamos
ser capaces de hacer con seguridad una última cosa. Los últimos
instantes de Nitta Yoshisada lo prueban: si hubiera tenido un espíritu
débil, se haría caído en el momento exacto en que su cabeza fue cortada.
Este también ha sido recientemente el caso de Ono Doken. Estos hechos
relevan de la determinación. Cuando uno posee valor marcial y
determinación, incluso teniendo la cabeza cortada, no muere, siendo como
un fantasma vengador.
El
Mundo es Sueño
Que uno
sea de alto linaje o de origen humilde, rico o pobre, joven o anciano,
ilustrado o no, todos estamos destinados a morir. Nosotros sabemos que
esto es ineludible pero nos agarramos a las ramas diciéndonos que los
otros morirán antes que nosotros, que seremos el último. La muerte
siempre parece lejana. ¿Acaso no es esto una vista engañosa y fútil? ¿No
es una ilusión, un sueño? No se deberían ver las cosas de una manera que
nos indujera a la negligencia. Se debería ser valiente y actuar
rápidamente ya que la muerte vendrá tarde o temprano a golpear nuestra
puerta.
La
vergüenza y el arrepentimiento son comparables al hecho de derramar un
jarro de agua. Uno de mis amigos ha resentido compasión escuchando la
confesión de aquel que le había robado su sable de gala. Cuando uno
quiere reparar sus faltas, sus huellas desaparecen rápidamente.
Una
persona de poco conocimiento se da aires de sabio: es una cuestión de
inexperiencia. Cuando se domina bien algo, no se destaca en nuestro
comportamiento: una persona así es educada.
Fanatismo
El
monje Keiho cuenta que el Señor Aki había dicho un día que la virtud
marcial por excelencia era el fanatismo. He constatado que esto
coincidía con mi propia convicción y desde entonces soy cada vez más
extremado en mi fanatismo.
Cuando
hice la siguiente pregunta: "¿Qué es lo que no debe hacer jamás un
Samurai que esté al servicio de daimyo?", Me fue contestado: "Un Samurai
no debe ni beber demasiado ni estar demasiado seguro de sí mismo ni
darse a la lujuria." En período de dificultad, estas debilidades sólo
tienen pocas ocasiones de ser satisfechas.
Así,
sólo tienen consecuencias limitadas. Pero cuando los tiempos mejoran, la
vida se vuelve más fácil. Entonces estos tres defectos se vuelven
susceptibles de tener consecuencias nefastas. Examinad de cerca la
carrera de personas que conocéis. En cuanto empiezan a palpar el
triunfo, se vuelven arrogantes sin medida, se entregan a un lujo
imperdonable. Es bueno enfrentarse con dificultades en la juventud
porque el que no ha sufrido jamás no ha templado plenamente su carácter.
Un Samurai que se desanima o abandona frente a las pruebas, no es de
ninguna utilidad.
Resolución
En un
último análisis, la única cosa que cuenta es la resolución del momento.
Un Samurai toma una decisión tras otra y el conjunto llena toda su vida.
Una vez que ha comprendido esta regla fundamental ya no tiene que
manifestar jamás impaciencia ni buscar otra cosa que el momento
presente. Su existencia fluye naturalmente, se concentra en sus
decisiones. Sin embargo, las personas tienen tendencia a olvidar esta
regla de conducta. Aprender a conformarse a sus decisiones sin
desviarse, no puede realizarse sin alcanzar una cierta edad. Incluso
cuando uno ha alcanzado la iluminación y si el interesado no tiene
plenamente conciencia de ello su determinación está siempre presente. Si
alguien lleva a término aunque sólo sea una resolución, bado: pues
revela así un gesto de lealtad será raramente perturbado: pues revela
así un gesto de lealtad respecto a su fe.
La Nostalgia del Pasado
No
podemos cambiar nuestra época. En cuanto las condiciones de vida se
degradan regularmente es prueba de que uno ha penetrado en la fase
última del destino.
En
efecto, no se puede estar constantemente en primavera o verano, tampoco
se puede disfrutar permanentemente; por ello es obrar en vano empeñarse
en cambiar la naturaleza de los momentos actuales para reencontrar los
felices días del siglo pasado.
El
error de los que cultivan la nostalgia del pasado viene de que no captan
esta idea.
Pero
los que sólo tienen consideración por el momento presente y afectan
detestar el pasado, parecen ser muy superficiales.
Examen
Cotidiano
Se debe
enseñar a los jóvenes Samurais las virtudes marciales de manera que cada
uno de ellos esté convencido de ser el guerrero más bravo de Japón.
Paralelamente,
los
jóvenes Samurais deben evaluar cotidianamente sus progresos con respecto
a la Vía y deshacerse lo más rápidamente posible de sus imperfecciones.
Este examen cotidiano es la condición para alcanzar la meta buscada.
Marionetas
Mientras yo iba reflexionando al caminar, se me ocurrió que los seres
humanos son unas extraordinarias e inteligentes marionetas articuladas.
Aunque estén suspendidos por hilos, pueden saltar, caminar, hablar.
¡Cuán magníficamente están concebidos! Pero de aquí al próximo festival
budista, pueden morir y venirnos a visitar bajo forma de espíritus. ¡Qué
existencia más vana! La gente siempre parece olvidarlo.
Cuando
el Agua Sube...
Existe
un proverbio que reza: "Cuando el agua sube, el barco también." En otras
palabras, frente a las dificultades, las facultades se agudizan. Es
cierto que los hombres valientes cultivan seriamente sus talentos cuando
las dificultades con las que están enfrentados son importantes. Es un
error imperdonable dejarse abatir por las dificultades.
Ahora
es la Hora
El
maestro Jocho dijo un día a su yerno Gomojo esta máxima: "Ahora es la
hora y la hora es ahora." Tenemos tendencia a pensar que la vida
cotidiana difiera de un momento de crisis; así cuando el momento de
actuar llega, no estamos nunca listos. Si nos convocan para hablar con
el Daimyo o somos enviados a una misión, no encontramos palabras para
expresarnos. Estas actitudes indican que continuamente diferenciamos
entre "el tiempo" en el sentido amplio y "el momento presente".
Comprender la expresión: "La hora es ahora" significa prepararse
constantemente para un suceso imprevisto. Un Samurai debe siempre estar
dispuesto a expresarse claramente en público, a ser convocado frente al
Daimyo o incluso a entrevistarse con personalidades oficiales, aun con
el mismo Shogun en persona. Poco importa que esto ocurra o no, uno debe
de estar dispuesto permanentemente. Esta disponibilidad para actuar es
el método a aplicar para llevar a cabo todas nuestras acciones, tanto en
las artes militares como en los deberes cívicos.
Si los
dioses ignoran mis rezos debido ha que he sido mancillado por la sangre
del enemigo, no puedo hacer nada si no es continuar mis actos de
devoción sin preocuparme de la mancha. Incluso, aunque los dioses no
aman las manchas de sangre, yo tengo mi propia manera de ver las cosas.
No me olvido jamás de mi hora cotidiana de oración. E incluso si en el
campo de batalla me salpica la sangre o tropiezo en los cadáveres que
yacen a mis pies, tengo confianza en la eficacia de mis rezos dedicados
a los dioses para alcanzar el éxito militar o asegurarme una larga vida.
Fugacidad
La vida
humana sólo dura un instante, es necesario tener la fuerza de vivirla
haciendo lo que más nos gusta. En este mundo fugaz como un sueño, vivir
en el sufrimiento no haciendo más que cosas que nos disgustan es una
pura locura. Sin embargo, este principio, mal entendido, puede ser
nocivo, por ello he decidido no enseñarlo a los jóvenes... Adoro dormir.
En contestación a la situación actual del mundo, pienso que lo mejor que
puedo hacer es volver a dormir a mi casa.
Ocurre
a menudo que un hombre que goza de grandes capacidades de juicio y que
es consciente de su valor, se vuelva cada vez más arrogante. Es difícil
conocer realmente sus cualidades pero todavía es más difícil admitir sus
cualidades. Es el maestro Zen Kaion quien ha hecho estas reflexiones.
Dignidad y Sinceridad
La
dignidad de un ser se mide por la impresión exterior que da. Hay
dignidad en el esfuerzo y la asiduidad; en la serenidad y la discreción.
Hay dignidad en la observación de las reglas y en la rectitud. También
hay dignidad para apretar los dientes y mantener los ojos abiertos:
todas estas actitudes son visibles desde el exterior. Lo que es capital
es actuar siempre con dignidad y sinceridad.
Kazuma
Nakano ha dicho: "Es un signo de mezquindad y falta de gusto utilizar un
juego de tazas ya gastado para la ceremonia del té." Los utensilios
nuevos son más convenientes. Algunas personas pueden pensar que más vale
emplear utensilios ya gastados debido al carácter de su origen. Estas
dos concepciones son igualmente erróneas. Los objetos antiguos han sido
empleados por personas, ciertamente modestas, pero su gran antigüedad
les confiere una cierta nobleza. Os utensilios viejos han dado prueba de
su calidad en las manos de gente de alto rango. Es por haber sido
detentadas y usadas por su propietario que ha acrecentado su valor. Uno
puede tener un razonamiento semejante sobre el deber del Samurai. Un
hombre de origen modesto que logra cierto renombre y alcanza una
posición social elevada, está dotado manifiestamente de cualidades
sobresalientes. Sin embargo, habrá gente que siempre encontrará
desagradable codearse con un hombre de genealogía dudosa, que rehúsa
siempre considerar como un oficial superior al que no era hasta ahora
más que un simple soldado.
Fundamentalmente, un hombre que ha descollado del montón, sólo ha podido
hacerlo debido a que poseía más habilidad y mérito que los que están
colocaos inicialmente en un escalón elevado. Por ello debemos siempre
testimoniarles un mayor respeto.
Cuando
uno busca algo esencial que realizar, hay que saberse mantener lejos del
Señor de un feudo, de las personalidades oficiales y de los consejeros.
Cuando uno pasa el tiempo "girando en torno" a sus superiores y a estar
suspendido de sus labios, se hace difícil llevar a cabo los proyectos.
Es una máxima que no ha de ser olvidada.
Está
mal murmurar, sin embargo, tampoco es mejor alabar a alguien en todo
momento. Un Samurai debe conocer su talla, observar la disciplina sin
distraerse y hablar lo menos posible.
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