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0911 -
SinDominio - 1987 - ¿Qué es
el escepticismo? No es nada esotérico. Nos lo encontramos a
diario. Cuando compramos un coche usado, si tenemos el mínimo de
sensatez, emplearemos algunas habilidades escépticas residuales
(las que nos haya dejado nuestra educación). Podrías decir:
«Este tipo es de apariencia honesta. Aceptaré lo que me
ofrezca.» O podrías decir: «Bueno, he oído que de vez en cuando
hay pequeños engaños relacionados con la venta de coches usados,
quizá involuntarios por parte del vendedor», y luego hacer algo.
Le das unas pataditas a los neumáticos, abres las puertas, miras
debajo del capó. (Podrías valorar cómo anda el coche aunque no
supieses lo que se supone que tendría que haber debajo del capó,
o podrías traerte a un amigo aficionado a la mecánica.) Sabes
que se requiere algo de escepticismo, y comprendes por qué. Es
desagradable que tengas que estar en desacuerdo con el vendedor
de coches usados, o que tengas que hacerle algunas preguntas a
las que es reacio a contestar. Hay al menos un pequeño grado de
confrontación personal relacionado con la compra de un coche
usado y nadie afirma que sea especialmente agradable. Pero
existe un buen motivo para ello, porque si no empleas un mínimo
de escepticismo, si posees una credulidad absolutamente
destrabada, probablemente tendrás que pagar un precio tarde o
temprano. Entonces desearás haber hecho una pequeña inversión de
escepticismo con anterioridad.
(Ver:
Medicinas alternativas)
Ahora bien, esto no es algo en lo que tengas que emplear cuatro
años de carrera para comprenderlo. Todo el mundo lo comprende.
El problema es que los coches usados son una cosa, y los
anuncios de televisión y los discursos de presidentes y líderes
políticos son otra. Somos escépticos en algunas cosas, pero,
desafortunadamente, no en otras.
Por ejemplo, hay un tipo de anuncio de aspirina que revela que
el producto de la competencia sólo tiene una cierta cantidad del
ingrediente analgésico que los médicos recomiendan (no te dicen
cuál es el misterioso ingrediente), mientras que su producto
tiene una cantidad dramáticamente superior (de 1,2 a 2 veces más
por cada pastilla). Por tanto deberías comprar su producto. Pero
¿por qué no simplemente tomar dos pastillas de la competencia?
Nadie te ha dicho que preguntes. No apliques escepticismo en
este asunto. No pienses. Compra.
Las afirmaciones de los anuncios comerciales constituyen
pequeños engaños. Nos hacen gastar algo más de dinero, o nos
inducen a comprar un producto algo inferior. No es tan terrible.
Pero considera esto: Tengo aquí el programa de este año de la
Expo Whole Life de San Francisco. Veinte mil personas asistieron
a la del año pasado. He aquí algunas de las presentaciones:
«Tratamientos Alternativos para Enfermos de sida: reconstruirá
las defensas naturales y prevendrá crisis del sistema
inmunitario-aprende sobre los últimos avances que los medios han
ignorado por completo.» Me parece que esa presentación podría
causar graves daños. «Cómo las Proteínas Sanguíneas Atrapadas
Producen Dolor y Sufrimiento.» «Cristales: ¿Son Talismanes o
Piedras?» (Yo tengo mi propia opinión) Dice: «Al igual que un
cristal enfoca ondas de sonido y luz para la radio y la
televisión» las radios de galena tienen bastante tiempo-
«también podría amplificar las vibraciones espirituales del
hombre desintonizado». Apuesto a que muy pocos de vosotros
estáis desintonizados. O esta otra: «El Retorno de la Diosa,
Ritual de Presentación.» Otra: «Sincronicidad, la Experiencia de
Reconocimiento.» Esa la da el «Hermano Charles». O, en la
siguiente página: «Tú, Saint-Germain, y Cómo Curarse Mediante la
Llama Violeta.» Sigue y sigue, con montones de anuncios acerca
de las oportunidades (que van desde lo dudoso a lo espurio)
disponibles en la Expo Whole Life.
(Ver:
Wall Street domina al gobierno de
Estados Unidos)
Si tuvieras que bajar a la Tierra en cualquier momento del
dominio humano, te encontrarías con un conjunto de sistemas de
creencia populares, más o menos similares. Cambian, a veces
rápidamente, a veces en una escala de varios años: pero, a
veces, sistemas de creencia de este tipo duran muchos miles de
años. Al menos unos cuantos están siempre presentes. Creo que es
razonable preguntarse por qué. Somos Homo Sapiens. Ésa es
nuestra característica diferenciadora, eso de sapiens. Se supone
que somos listos. Entonces ¿por qué nos rodea siempre todo ese
tema? Bueno, por una parte, muchos de esos sistemas de creencia
tratan necesidades humanas reales que no se presentan en nuestra
sociedad. Existen necesidades médicas insatisfechas, necesidades
espirituales, y necesidades de comunicación con el resto de la
comunidad humana. Puede que haya más de esos defectos en nuestra
sociedad que en muchas otras de la historia de la humanidad. Por
tanto, es razonable para la gente probar y hurgar en varios
sistemas de creencia, para ver si ayudan en algo.
Por ejemplo, tomemos una manía de moda: la canalización. Tiene
como premisa fundamental, al igual que el espiritualismo, que,
cuando morimos, no desaparecemos exactamente, sino que una parte
de nosotros continúa. Esa parte, dicen, puede retomar el cuerpo
de un humano u otras criaturas en el futuro, y por tanto,
personalmente, la muerte pierde mucha amargura para nosotros. Y
lo que es más, tenemos una oportunidad, si los argumentos de la
canalización son ciertos, de contactar con seres queridos que
han muerto.
Hablando personalmente, yo estaría encantado de que la
reencarnación fuese cierta. Perdí a mis dos padres en los
últimos años, y me encantaría tener una pequeña conversación con
ellos, para decirles cómo están los niños y asegurarme de que
todo va bien dondequiera que estén. Eso toca algo muy profundo.
Pero, al mismo tiempo, y precisamente por esa razón, sé que hay
gente que intenta beneficiarse de las vulnerabilidades de los
afligidos. Mejor que los espiritualistas y los canalizadores
tengan un argumento convincente.
O tomemos la idea de que, pensando mucho sobre formaciones
geológicas, podemos decir dónde hay depósitos de mineral o
petróleo. Uri Geller afirma eso. Ahora bien, si eres un
ejecutivo de una compañía de exploración de mineral o petróleo,
tus garbanzos dependen de que encuentres los minerales o el
petróleo: por tanto, gastar cantidades triviales de dinero,
comparadas con lo que te gastas a menudo en exploración
geológica, en este caso para encontrar físicamente los
depósitos, no suena tan mal. Podrías caer en la tentación.
O tomemos a los OVNIs, el argumento de que nos están visitando
continuamente seres de otros mundos en naves espaciales.
Encuentro esto muy emocionante. Al menos es una ruptura con lo
ordinario. He empleado una buena cantidad de tiempo en mi vida
científica trabajando en el tema de la búsqueda de inteligencia
extraterrestre. Piensa cuánto esfuerzo podría ahorrarme si esos
tipos están visitándonos. Pero cuando podemos reconocer alguna
vulnerabilidad emocional relacionada con una pretensión, es
cuando tenemos que hacer los esfuerzos más firmes de escrutinio
escéptico. En esa situación es cuando pueden aprovecharse de
nosotros.
(Ver:
Un fragmento de lucidez)
Ahora reconsideremos la canalización. Hay una mujer en el Estado
de Washington que afirma entrar en contacto con alguien que
tiene 35.000 años de edad: Ramtha (quien, por cierto, habla muy
bien inglés con lo que me parece un acento indio). Supongamos
que tenemos a Ramtha aquí y supongamos que Ramtha es
cooperativo. Podríamos hacer algunas preguntas: ¿Cómo sabemos
que Ramtha vivió hace 35.000 años? ¿Quién está llevando la
cuenta de los milenios que se interponen? ¿Cómo es que son
exactamente 35.000 años? Eso es un número muy redondo. ¿35.000
más qué, o menos qué? ¿Cómo eran las cosas hace 35.000 años?
¿Cómo era el clima? ¿Dónde vivió Ramtha? (Sé que habla inglés
con un acento indio, pero ¿dónde se hablaba así hace 35.000
años?) ¿Qué come Ramtha? (Los arqueólogos saben algo sobre lo
que comía la gente por aquel entonces.) Tendríamos una buena
oportunidad de descubrir si sus afirmaciones son ciertas. Si
fuera realmente alguien de hace 35.000 años, podríamos aprender
mucho sobre hace 35.000 años. Por tanto, de una manera u otra, o
Ramtha es realmente alguien de hace 35.000 años, en cuyo caso
descubriremos algo sobre ese periodo (que es anterior a la
glaciación de Wisconsin, una época interesante), o es un
farsante y se equivocará. ¿Cuáles son los idiomas indígenas,
cómo es la estructura social, con quién más vive Ramtha (hijos,
nietos), cuál es el ciclo de vida, la mortalidad infantil, qué
ropas lleva, cuál es su esperanza de vida, qué armas, plantas y
animales hay? Dinos. En cambio, lo que oímos son las homilías
más banales, indistinguibles de las que los supuestos ocupantes
de los OVNIs les dicen a los pobres humanos que afirman haber
sido abducidos por ellos.
Ocasionalmente, por cierto, recibo una carta de alguien que está
en contacto con un extraterrestre que me invita a «preguntar lo
que sea». Así que tengo una lista de preguntas. Los
extraterrestres están muy avanzados, recordemos. Por tanto
pregunto cosas como: «Por favor, denme una demostración simple
del Último Teorema de Fermat.» O de la Conjetura de Goldbach. Y
luego tengo que explicar qué son estas cosas, porque los
extraterrestres no las llamarán Último Teorema de Fermat, así
que escribo la pequeña ecuación con sus exponentes. Nunca recibo
respuesta. Por otra parte, si le pregunto algo como «¿Deberíamos
ser buenos los humanos?», siempre recibo respuesta. Pienso que
se puede deducir algo de esta habilidad diferenciada para
contestar preguntas. Si son cosas imprecisas y vagas, están
encantados de responder, pero si es algo específico, que dé
ocasión a descubrir si saben algo realmente, sólo hay silencio.
El científico francés Henri Poincarè hizo una observación sobre
por qué la credulidad está tan extendida: «También sabemos lo
cruel que es la verdad a menudo, y nos preguntamos si el engaño
no es más consolador.» Eso es lo que he intentado decir con mis
ejemplos. Pero no creo que ésa sea la única razón por la que la
credulidad está extendida. El escepticismo desafía a
instituciones establecidas. Si enseñamos a todo el mundo,
digamos a los estudiantes de instituto, el hábito de ser
escépticos, quizá no limiten su escepticismo a los anuncios de
aspirinas y a los canalizadores de 35.000 años. Puede que
empiecen a hacerse inoportunas preguntas sobre las instituciones
económicas, o sociales, o políticas o religiosas. ¿Luego dónde
estaremos?
(Ver:
Facebook,
o el espionaje privado organizado)
El escepticismo es peligroso. Ésa es precisamente su función, en
mi opinión. Es menester del escepticismo el ser peligroso. Y es
por eso que hay una gran renuencia a enseñarlo en las escuelas.
Es por eso que no encontramos un dominio general del
escepticismo en los medios. Por otra parte, ¿cómo evitaremos un
peligroso futuro si no poseemos las herramientas intelectuales
elementales para hacer preguntas agudas a aquéllos que están
nominalmente al cargo, especialmente en una democracia?
Creo que éste es un buen momento para reflexionar sobre el tipo
de problema nacional que se podría haber evitado si el
escepticismo estuviese más disponible en la sociedad americana.
El fiasco de Irán/Nicaragua es un ejemplo tan obvio que no
tomaré ventaja de nuestro pobre y hostigado presidente (Reagan)
hablando sobre ello. La resistencia de la Administración a un
Tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares y su continua pasión
por aumentar las armas nucleares (uno de los pilotos principales
en la carrera nuclear) bajo el pretexto de estar más seguros es
otro asunto semejante. También lo es La Guerra de las Galaxias.
Los hábitos de pensamiento escéptico que fomenta el CSICOP
tienen relevancia para asuntos de la mayor importancia para la
nación. Hay tantas tonterías promulgadas por los partidos
políticos que el hábito de escepticismo imparcial debería
declararse un objetivo nacional esencial para nuestra
supervivencia.
Quiero decir algo más sobre la carga del escepticismo. Se puede
coger un hábito de pensamiento en el que te diviertes burlándote
de toda la gente que no ve las cosas tan bien como tú. Esto es
un peligro social potencial, presente en una organización como
el CSICOP. Tenemos que protegernos cuidadosamente de esto.
Me parece que lo que se necesita es un equilibrio exquisito
entre dos necesidades conflictivas: el mayor escrutinio
escéptico de todas las hipótesis que se nos presentan, y al
mismo tiempo una actitud muy abierta a las nuevas ideas.
Obviamente, estas dos maneras de pensar están en cierta tensión.
Pero si sólo puedes ejercitar una de ellas, sea cual sea, tienes
un grave problema.
Si sólo eres escéptico, entonces no te llegan nuevas ideas.
Nunca aprendes nada nuevo. Te conviertes en un viejo
cascarrabias convencido de que la estupidez gobierna el mundo.
(Existen, por supuesto, muchos datos que te apoyan.) Pero de vez
en cuando, quizá uno entre cien casos, una nueva idea resulta
estar en lo cierto, ser válida y maravillosa. Si tienes
demasiado arraigado el hábito de ser escéptico en todo, vas a
pasarla por alto o tomarla a mal, y en ningún caso estarás en la
vía del entendimiento y del progreso.
Por otra parte, si eres receptivo hasta el punto de la mera
credulidad y no tienes una pizca de sentido del escepticismo,
entonces no puedes distinguir las ideas útiles de las inútiles.
Si todas las ideas tienen igual validez, estás perdido, porque
entonces, me parece, ninguna idea tiene validez alguna.
Algunas ideas son mejores que otras. El mecanismo para
distinguirlas es una herramienta esencial para tratar con el
mundo y especialmente para tratar con el futuro. Y es
precisamente la mezcla de estas dos maneras de pensar el motivo
central del éxito de la ciencia.
Los científicos realmente buenos practican ambas. Por su cuenta,
cuando hablan consigo mismos, amontonan grandes cantidades de
nuevas ideas y las critican implacablemente. La mayoría de ellas
nunca llega al mundo exterior. Sólo las ideas que pasan por
rigurosos filtros salen y son criticadas por el resto de la
comunidad científica. A veces ocurre que las ideas que son
aceptadas por todo el mundo resultan ser erróneas, o al menos
parcialmente erróneas, o al menos son reemplazadas por ideas de
mayor generalidad. Y, aunque, por supuesto, existen algunas
pérdidas personales (vínculos emocionales con la idea de que tú
mismo has jugado un papel inventivo), no obstante la ética
colectiva es que, cada vez que una idea así es derribada y
reemplazada por algo mejor, la misión de la ciencia ha salido
beneficiada. En ciencia, ocurre a menudo que los científicos
dicen: «¿Sabes?, ése es un gran argumento; yo estaba
equivocado.» Y luego cambian su mentalidad y jamás se vuelve a
escuchar de sus bocas esa vieja opinión. Realmente hacen eso. No
ocurre tan a menudo como debiera, porque los científicos son
humanos y el cambio es a veces doloroso. Pero ocurre a diario.
No soy capaz de recordar la última vez que pasó algo así en la
política o en la religión. Es muy raro que un senador, por
ejemplo, responda: «Ese es un buen argumento. Voy a cambiar mi
afiliación política.»
Me gustaría decir unas cuantas cosas sobre las estimulantes
sesiones sobre la búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI)
y sobre el lenguaje animal en nuestra conferencia del CSICOP. En
la historia de la ciencia, existe un instructivo desfile de
importantes batallas intelectuales que resultan tratar todas
ellas sobre lo centrales que son los seres humanos. Podríamos
llamarlas batallas sobre la presunción anti-copernicana.
He aquí algunas de las cuestiones:
Somos el centro del Universo. Todos los planetas y las estrellas
y el Sol y la Luna giran alrededor nuestro. (Chico, debemos ser
realmente especiales.)
Ésa era la creencia impuesta (Aristarco aparte) hasta la época
de Copérnico. Le gustaba a mucha gente porque les daba una
posición central personalmente injustificada en el Universo. El
mero hecho de estar en la Tierra te hacía privilegiado. Eso te
hacía sentir bien. Luego llegó la prueba de que la Tierra era
sólo un planeta y de que esos puntos brillantes en movimiento
eran también panetas. Decepcionante. Incluso deprimente. Mejor
cuando éramos centrales y únicos.
Pero al menos nuestro Sol está en el centro del Universo.
No, esas otras estrellas también son soles, y lo que es más, nos
encontramos en las afueras de la galaxia. No estamos nada cerca
del centro de la galaxia. Muy deprimente.
Bueno, al menos la Vía Láctea está en el centro del Universo.
Luego un poco más de progreso científico. Descubrimos que no
existe eso del centro del Universo. Lo que es más, hay cien mil
millones de galaxias más. Ésta no tiene nada de especial.
Completamente deprimente.
Bueno, al menos nosotros, los humanos, somos el pináculo de la
creación. Somos aparte. Todas esas criaturas, las plantas y los
animales, son inferiores. Nosotros somos superiores, no tenemos
conexión con ellos. Todo ser viviente ha sido creado
separadamente.
Luego viene Darwin. Descubrimos una continuidad evolucionaria.
Estamos relacionados estrechamente con las otras bestias y
vegetales. Lo que es más, nuestros parientes biológicos más
cercanos son los chimpancés. Esos son nuestros parientes más
cercanos (¿esos bichos?) Es una vergüenza. ¿Has ido alguna vez
al zoo y los has visto? ¿Sabes lo que hacen? Imagina lo
embarazosa que era esta verdad en la Inglaterra victoriana,
cuando Darwin tuvo esta idea.
Hay otros ejemplos importantes (sistemas de referencia
privilegiados en física y la mente inconsciente en psicología)
que pasaré por alto.
Mantengo que en la tradición de este largo conjunto de debates
(cada uno de los cuales ha sido ganado por los copernicanos, por
los tipos que dicen que no hay nada especial en nosotros), hubo
una nota callada profundamente emocional en los debates de las
dos sesiones del CSICOP que he mencionado. La búsqueda de
inteligencia extraterrestre y el análisis de un posible lenguaje
animal hieren a uno de los sistemas de creencia pre-copernicanos
que quedan:
Al menos somos las criaturas más inteligentes de todo el
Universo.
Si no existen más chicos listos en ninguna parte, aunque estemos
relacionados con los chimpancés, aunque estemos en las afueras
de un universo vasto y tremendo, al menos todavía nos queda algo
especial. Pero, en el momento que encontremos inteligencia
extraterrestre, se perderá el último pedazo de presunción. Creo
que parte de la resistencia a la idea de la inteligencia
extraterrestre es debida a la presunción anti-copernicana.
Asimismo, sin tomar ninguna postura en el debate de si hay otros
animales (los primates superiores, especialmente los grandes
monos) inteligentes o con un lenguaje, es claramente, a nivel
emocional, la misma cuestión. Si definimos a los humanos como
criaturas que tienen lenguaje y nadie más tiene lenguaje, al
menos somos únicos en ese aspecto. Pero si resulta que todos
esos sucios, repugnantes y graciosos chimpancés pueden, con el
Ameslan o de cualquier otra manera, comunicar ideas, entonces
¿qué nos queda de especial a nosotros? En los debates
científicos existen, a menudo inconscientemente, impulsoras
predisposiciones emocionales sobre estas cuestiones. Es
importante darse cuenta de que los debates científicos, al igual
que los debates pseudocientíficos, pueden llenarse de emociones
por todas estas razones.
Ahora echemos un vistazo más de cerca a la búsqueda de
inteligencia extraterrestre por radio. ¿En qué se diferencia de
la pseudociencia? Dejadme contar un par de casos reales. A
principios de los sesenta, los soviéticos ofrecieron una rueda
de prensa en Moscú en la que anunciaron que una fuente distante
de radio, llamada CTA-102, estaba variando sinusoidalmente, como
una onda seno, con un periodo de unos 100 días. ¿Por qué
convocaron una rueda de prensa para anunciar que una fuente
distante de radio estaba variando? Porque pensaban que era una
civilización extraterrestre de inmenso poder. Eso se merece
convocar una rueda de prensa. Esto es incluso anterior a la
existencia de la palabra cuásar. Hoy sabemos que CTA-102 es un
cuásar. No sabemos muy bien lo que es un cuásar: y existe más de
una explicación para ellos mutuamente exclusiva en la literatura
científica. No obstante, pocos consideran seriamente que un
cuásar, como CTA-102, sea una civilización galáctica
extraterrestre, porque hay un número de explicaciones
alternativas de sus propiedades que son más o menos consistentes
con las leyes físicas que conocemos sin evocar a la vida
alienígena. La hipótisis extraterrestre es una hipótesis de
último recurso. Sólo si falla todo lo demás se acude a ella.
Segundo ejemplo: en 1967, científicos británicos encontraron una
fuente de radio cercana que fluctuaba en un periodo de tiempo
mucho más corto, con un periodo constante de hasta diez cifras
significativas. ¿Qué era? Su primer pensamiento fue que era algo
como un mensaje que se nos estaba enviando, o un faro de
navegación interestelar para las naves espaciales que volaban
entre las estrellas. Incluso le dieron, entre los de la
Universidad de Cambridge, el pervertido nombre de LGM-1 (Little
Green Men, u Hombrecillos Verdes). Sin embargo (eran más listos
que los soviéticos), no convocaron una rueda de prensa, y pronto
se hizo claro que lo que tenían era lo que ahora se llama un
púlsar. De hecho fue el primer púlsar, el púlsar de la Nebulosa
Cangrejo. Bueno, ¿qué es un púlsar? Un púlsar es una estrella
comprimida hasta el tamaño de una ciudad, soportada como no lo
está ninguna otra estrella, no por presión gaseosa, no por
exclusión electrónica, sino por las fuerzas nucleares. Es, en
cierto sentido, un núcleo atómico del tamaño de Pasadena.
Sostengo que esa es una idea al menos tan rara como la del faro
de navegación interestelar. La respuesta a lo que es un púlsar
tiene que ser algo muy extraño. No es una civilización
extraterrestre, es otra cosa: pero otra cosa que abre nuestros
ojos y mentes e indica posibilidades en la naturaleza que nunca
habríamos adivinado.
Luego está la cuestión de los falsos positivos. Frank Drake en
su original experimento Ozma, Paul Horowitz en el programa META
(Megachannel Extraterrestrial Assay) patrocinado por la Sociedad
Planetaria, el grupo de la Universidad de Ohio y muchos otros
grupos han recibido señales que han hecho palpitar sus
corazones. Piensan por un momento que han captado una señal
genuina. En algunos casos no tenemos la menor idea de lo que
fue; las señales no se han repetido. La noche siguiente apuntas
el mismo telescopio al mismo punto en el cielo con la misma
modulación y la misma frecuencia, y lo pasa-bandas todo de la
misma manera, y no oyes nada. No publicas esos datos. Puede ser
un mal funcionamiento del sistema de detección. Puede ser un
avión militar AWACS revoloteando y emitiendo en canales de
frecuencia supuestamente reservados para la radioastronomía.
Puede ser un aparato de diatermia en la misma calle. Hay muchas
posibilidades. No se declara inmediatamente que has descubierto
inteligencia extraterrestre sólo porque has encontrado una señal
anómala.
Y si se repitiese, ¿lo anunciarías? No. Puede ser una broma.
Puede ser algo que le pasa a tu sistema y que no eres capaz de
descifrar. En cambio, llamarías a los científicos de un montón
de radiotelescopios y les dirías que en ese punto particular del
cielo, a esa frecuencia, modulación, y banda y todo eso, pareces
captar algo curioso. ¿Por favor, podrían mirar si captan algo
parecido? Y sólo si obtienen la misma información varios
observadores independientes del mismo punto del cielo piensas
que tienes algo. Aun entonces sigues sin saber que ese algo es
inteligencia extraterrestre, pero al menos has podido determinar
que no es algo de la Tierra. (Y también que no es algo en órbita
terrestre; está más lejos que eso.) Este es el primer plan de
acción que se requiere para asegurarse de que realmente tienes
una señal de una civilización extraterrestre.
Fíjate que hay una cierta disciplina implicada. El escepticismo
impone una carga. No puedes salir y gritar pequeños hombrecillos
verdes, porque vas a parecer muy tonto, como les pasó a los
soviéticos con el CTA-102, que resultó ser algo muy distinto. Es
necesaria una cautela especial cuanto las implicaciones son de
tanta importancia como aquí. No estamos obligados a decidirnos
por algo en cuanto tenemos unos datos. No pasa nada por no estar
seguros.
Me suelen preguntar: «¿Crees que existe inteligencia
extraterrestre?» Y yo respondo con los argumentos habituales.
Hay un montón de lugares allá afuera, miles de millones. Luego
digo que me sorprendería mucho que no existiese inteligencia
extraterrestre, pero que por supuesto no tenemos pruebas
concluyentes de ello. Y luego me preguntan: «Vale, pero ¿qué es
lo que crees realmente?» Y respondo: «Ya te he dicho lo que
creo.» «Sí, pero ¿qué te dicen tus entrañas?» Pero yo no intento
pensar con mis entrañas. En serio, es mejor reservarse la
opinión hasta que tengamos pruebas.
Después de que se publicase mi artículo «El Arte de la Detección
de Camelos» en Parade (1 feb. 1987), recibió, como puedes
imaginar, un montón de cartas. Parade es leído por 65 millones
de personas. En el artículo di una larga lista de cosas que eran
presuntos o demostrados camelos (treinta o cuarenta). Los
defensores de todas esas cosas resultaron uniformemente
ofendidos, por lo que recibí montones de cartas. También ofrecí
un conjunto de instrucciones muy elementales acerca de cómo
tratar a los camelos (los argumentos de una autoridad no valen,
todos los pasos de una cadena de evidencias tienen que ser
válidos, etcétera). Mucha gente contestó diciendo: «Tiene usted
toda la razón en las generalidades; desafortunadamente, eso no
es aplicable a mi doctrina particular.» Por ejemplo, uno de
ellos decía que la idea de que existe inteligencia
extraterrestre fuera de la Tierra es un ejemplo de excelente
camelo. Concluía: «Estoy tan seguro de esto como de cualquier
otra cosa en mi experiencia. No hay vida consciente en otro
lugar del Universo. El Hombre vuelve así a su legítima posición
en el centro del Universo.»
Otro remitente también estaba de acuerdo con todas mis
generalidades, pero decía que, como escéptico empedernido, yo
había cerrado mi mente a la verdad. Más notablemente, he
ignorado la evidencia de que la Tierra tiene seismil años de
antigüedad. Bueno, no la he ignorado; he considerado la supuesta
evidencia y luego la he rechazado. Existe una diferencia, y ésta
es una diferencia, podríamos decir, entre prejuicio y postjuicio.
Prejuicio es hacer un juicio antes de considerar los hechos.
Postjuicio es hacer un juicio después de considerarlos. El
prejuicio es terrible, en el sentido de que se cometen
injusticias y graves errores. El postjuicio no es terrible. Por
supuesto, no puedes ser perfecto; también puedes cometer
errores. Pero es permisible hacer un juicio después de haber
examinado la evidencia. En algunos círculos incluso se fomenta.
Creo que parte de lo que impulsa a la ciencia es la sed de
maravilla. Es una emoción muy poderosa. Todos los niños la
sienten. En una clase de parvulario, todos la sienten; en una
clase de bachillerato casi nadie la siente, o siquiera la
reconoce. Algo pasa entre el parvulario y el bachillerato, y no
es sólo la pubertad. No sólo los colegios y los medios no
enseñan mucho escepticismo, tampoco se fomenta mucho este
emocionante sentido de lo maravilloso. Ambas ciencia y
pseudociencia despiertan ese sentimiento. Una pobre
popularización de la ciencia establece un nicho ecológico para
la pseudociencia.
Si la ciencia se explicase a la gente de a pie de una manera
accesible y excitante, no habría sitio para la pseudociencia.
Pero existe una especie de Ley de Gresham por la que, en la
cultura popular, la mala ciencia expulsa a la buena. Y por esto
pienso que tenemos que culpar, primero, a la comunidad
científica por no hacer un mejor trabajo popularizando la
ciencia, y segundo, a los medios, que a este respecto son casi
por completo inútiles. Todo periódico americano tiene una
columna diaria de astrología. ¿Cuántos tienen siquiera una
columna semanal de astronomía? Y también pienso que es culpa del
sistema educativo. No enseñamos a pensar. Esto es un error muy
serio que podría incluso, en un mundo infestado con 60.000 armas
nucleares, comprometer el futuro de la humanidad.
Sostengo que hay mucha más maravilla en la ciencia que en la
pseudociencia. Y además, en la medida que esto tenga algún
significado, la ciencia tiene como virtud adicional (y no es una
despreciable) su veracidad.
Traducción: Gabriel Rodríguez Alberich
Copyright © 1987 Carl Sagan - Este
artículo se publicó en castellano con el permiso de Ann Druyan,
viuda de Carl Sagan, en Astronomía Digital. En la biblioweb lo
publicamos por gentileza de" Astronomía Digital" y del traductor
del artículo. Para reproducirlo, contacta con los titulares de
los derechos.
Notas al pie
... 1
Carl Sagan fue profesor de la cátedra David Duncan de Astronomía
y Ciencias Espaciales en la Universidad de Cornell, responsable
de misiones de la NASA como la Mariner, Viking, Voyager y
Galileo, instructor de astronautas, genial divulgador
científico, cofundador de la Sociedad Planetaria y gran
activista escéptico contra las pseudociencias. Entre los
numerosos premios que ha recibido se encuentran el Pullitzer, el
Apollo, el Masursky y la medalla al Bienestar Público. El
asteroide 2709 fue bautizado con su nombre. Este artículo
apareció originalmente en inglés en la revista Skeptical
Inquirer, vol. 12, otoño de 1987. Puede leerse en: http://www.uiowa.edu/~anthro/webcourse/lost/sagskept2.html
y en castellano en Astronomía Digital.
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