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06 - MÉXICO - EL ENCUENTRO
CON EL CHE - COMPLICIDAD
INTELECTUAL - PERSONALIDAD Y VOLUNTAD - PREPARANDO LA GUERRILLA -
ENTRENAMIENTOS - EL GRANMA
Después de pasar dos años en la cárcel, en la Isla de Pinos, usted se
marcha al exilio a México, y cuando llega allí se encuentra por primera
vez con
Ernesto Che Guevara. Me gustaría que me dijese, ¿en que
circunstancias lo conoció?
A mí me place hablar del Che, realmente.[1] Es conocido el recorrido del
Che cuando estaba en Argentina estudiando; sus viajes en motocicleta por
el interior de su país, [2] luego a varios países latinoamericanos, a
Chile, Perú, Bolivia y otros lugares. [3] No olvidar que, en Bolivia, se
produjo en el año 1952, después del golpe de Estado militar de 1951, un
fuerte movimiento de obreros y campesinos, que dio la batalla ahí y tuvo
mucha influencia. [4]
Es conocido el recorrido a punto de graduarse como médico, con su amigo
Alberto Granado, en que visitaron distintos hospitales y terminaron en
un leprosorio por allá por el Amazonas trabajando como médicos. [5] Él
visitó muchos lugares de América Latina; estuvo en las minas de cobre de
Chuquicamata, en Chile, donde el trabajo es muy duro; atravesó el
desierto de Atacama; visitó las minas de Machu Picchu en Perú; en otro
viaje navegó sobre ellago Titicaca, siempre conociendo e interesándose
mucho par los indígenas. Estuvo también en Colombia, en Venezuela. Tenía
mucho interés por todos aquellos temas. Desde su época de estudiante se
había interesado además por el marxismo y el leninismo. De ahí, es
sabido que él se traslada a Guatemala, cuando lo de Árbenz. [6]
El presidente
Jacobo
Árbenz estaba hacienda, en ese momento, reformas muy progresistas en
Guatemala.
Sí. Allí tenía lugar un proceso interesante, admirable, de una reforma
agraria en que resultaron afectadas también grandes plantaciones de
plátano explotadas por una gran transnacional norteamericana... Dan un
golpe los militares con el apoyo de Estados Unidos, y entonces aquella
reforma agraria, desde luego, la descartaron de inmediato. En aquella
época no se podía hablar de leyes de reforma agraria. Todavía
Kennedy no había hablado de reforma agraria... Hablar de reforma
agraria era cosa de comunistas, pronunciar esas palabras -"reforma
agraria"- era identificarte, de inmediato, como un comunista.
Y allí, en Guatemala, hicieron una, y, como en todas partes, los
poderosos inmediatamente empezaron a oponerse. También los vecinos del
Norte y sus instituciones especializadas comenzaron a organizar la
contrarrevolución y la toma del poder, el derrocamiento del presidente
electo,
Jacobo
Árbenz, con una expedición militar, pero mas facil, porque era desde
la frontera y con grupos militares del viejo ejército.
Cuando nuestro movimiento ataca el cuartel Moncada el 26 de julio de
1953, un número de compañeros consigue escapar del país. Antonio "Ñico"
López [7] y otros van a Guatemala. Che ya estaba allí, y sufre la amarga
experiencia del derrocamiento de
Jacobo
Árbenz, conoce a nuestros compañeros y con ellos se va para México.
¿Su hermano
Raúl
(Castro) lo conoció antes que usted?
Sí, porque, de Cuba, uno de los primeros que sale hacia México es Raúl.
Estaban ya acusándolo hasta de poner bombas, y yo mismo le digo: "Tienes
que salir". Va para México y allí conoce al Che por intermedio de
nuestros compañeros que ya estaban allí. Bueno, aún no era el Che, era
Ernesto Guevara, pero como los argentinos les dicen a los demás "¡Che!",
los cubanos empezaron entonces a llamarlo a el "Che", y así se le fue
conociendo.. .
Yo me retardo un poco porque yo era un muerto un poquito más pesado,
pero llegó el momento también en que tuve que salir para México. Durante
esas semanas después de nuestra salida de prisión, habíamos desarrollado
una intensa campaña de divulgación de nuestras ideas y propósitos,
habíamos estructurado nuestra propia organización revolucionaria —el
Movimiento 26 de Julio— y habíamos demostrado la imposibilidad de
proseguir la lucha por vías abiertas y legales, por lo que salimos hacia
México con la intención de preparar desde fuera la siguiente etapa de
esa lucha.
¿El Che simpatizaba ya can las ideas de ustedes?
Él era marxista ya. Aunque no militaba en ningún partido era ya, en esa
época, un marxista de pensamiento. Yallí, en México, estaba en contacto
con Nico López, que era uno de los dirigentes del Movimiento, buen
muchacho, modesto, del Partido Ortodoxo, muy radical, mucha valentía,
había participado en el ataque al cuartel de Bayamo...
Cuando nosotros asaltamos el Moncada, ya le he explicado largamente cuál
era nuestro pensamiento. Yo era comunista utópico. Eso tiene que ver con
mis afinidades con el Che. Esa coincidencia en muchas ideas fue quizás
una de las cosas que ayudaran mucho a la afinidad con el Che.
¿Usted se da cuenta, cuando lo encuentra por primera vez, que el Che es
diferente?
Él tiene la, simpatía de la gente. Era de esas personas a quien todos le
toman afecto inmediatamente, por su naturalidad, su sencillez, par su
compañerismo, su originalidad, y por todas sus virtudes. Es médico, está
trabajando en el instituto del Segura Social haciendo unas
investigaciones, no sé si sobre cosas cardíacas, o sobre alergia, porque
él era alérgico.
Padecía asma.
Al grupito nuestro ya le caía bien, a aquellos que estaban allí, no eran
muchos. Ya Raúl había trabado conocimiento con él Entonces, cuando
llego, entonces es cuando lo conozco. Él tenía 27 años, yo aún no había
cumplido los 29...
Él mismo cuenta [8] que nuestro encuentro tuvo lugar una noche, en julio
de 1955, en México, en la calle Emparan si mal no recuerdo, en casa de
una amiga cubana, María Antonia González. Bueno, si él ha estado
viajando, ha visto lo de Guatemala, ha sido testigo de la intervención
norteamericana, sabe que hemos atacado una fortaleza, sabe que está
aquel programa de "La
historia me absolvera", sabe como pensamos, aunque no hiciéramos
aquella noche mucha exhibición del alcance de nuestras ideas, parque no
tenía nada táctico hacerlo...
Él tenía una característica distinta. En un momento dado se complicó su
situación y la nuestra también, par su carácter y su manera de ser. A
eso, si quiere, me refiero más adelante. Pero, bien, llegamos y converse
con él, y él, bueno, allí se unió a nosotros.
Quien ha vivido como él toda esa experiencia, con aquella vocación
revolucionaria, con aquel espíritu de lucha, con su profundo desprecio
al imperialismo, que sabe lo que hicimos y lo que estamos planeando, y
cuáles son nuestras ideas, está totalmente de acuerdo. Él sabía también
que en nuestro movimiento había pequeña burguesía y había de todo; vela
una revolución de liberación nacional, una revolución antiimperialista,
no vela todavía una revolución socialista, pero estaba feliz, y se suma
rápido, se enrola de inmediato.
Él se alista en la aventura.
Una sola cosa me dice: "Fidel, una cosa te voy a decir" –para que usted
vea qué premonición; es un hombre que, además, tenía muy especiales
características, que nunca trato de preservar la vida, nunca se cuidó-:
"yo lo único que quiero es que cuando triunfe la Revolución en Cuba, par
razones de Estado ustedes no me prohíban ir a Argentina a hacer la
revolución."
¿En su país?
Sí, en su país. Eso es lo que me dice, ya que nosotros éramos medio
internacionalistas, acuérdate de Bogota, Cayo Confites y otras cosas en
que estuvimos. Entonces, le digo: "De acuerdo." Era obvio, y él confió,
confió plenamente, algo que admiraba mucho de él.
¿Él empezó a entrenarse militarmente con ustedes?
Con nosotros asistía a un curso de táctica que nos daba un general
español, Alberto Bayo,[9] que había nacido en Cuba, en Camagüey en 1892,
antes de la independencia. En los años 1920 había luchado en Marruecos,
en el Ejército del Aire y después, como oficial republicano, combatió en
la guerra civil española y se exilió en México. Che era un alumno en
todas las clases tácticas. Bayo decía que era su "mejor alumno". Los dos
eran ajedrecistas, y allí en él campamento, echaban todas las noches
grandes
partidas de ajedrez.
Bayo no rebasaba las enseñanzas de como debe actuar una guerrilla para
romper un cerco, a partir de las veces que los marroquíes de Abdelkrim,
en la guerra del Rif, rompieron los cercos españoles. Ahora, no
elaboraba una estrategia, no le pasaba por la mente la idea de que una
guerrilla se convirtiera en ejército, y que ese ejército pudiera
derrotar al otro, que era la idea nuestra.
¿Eso era lo que ustedes querían hacer?
Cuando hablo de ejército, ya le digo, hablo de un ejército que derrotara
a otro ejército. Era nuestra idea. ¿Se da cuenta?
¿Su idea era transformar una guerrilla en ejército y hacer una forma de
guerra de nuevo tipo?
Hay dos tipos de guerra: una guerra irregular y una Guerra regular
convencional. Nosotros elaboramos una fórmula para enfrentarnos a aquel
ejército de Batista que tenía aviones, tanques, cañones, comunicaciones,
todo... Nosotros no teníamos ni dinero ni armas. Tuvimos que buscar una
formula, y, bueno, fue exitosa. No Ie voy a decir que todo fue méritos,
el azar juega importantes papeles. Uno puede cometer errores... Puede
hacer las cosas lo más perfectamente posible y corre riesgos en que
interviene el azar. Hay algunas circunstancias en que fue el azar, así
que no se puede decir que es mérito todo. Uno hace el esfuerzo, trata de
hacer las cosas lo mejor posible, nosotros así lo hicimos, porque
teníamos una idea y planes.
En México, con Bayo nos entrenamos duro para eso. Yo además tenía que
hacer las tareas de organización y tenía que moverme mucho, me era muy
difícil estar a la misma hora en todos los entrenamientos. Y a pesar de
eso, con el Che, Raúl y los demás, estábamos en el campo de tiro
siempre.
¿El Che seguía los cursos asiduamente?
Sí, los cursos teóricos, también las prácticas de tiro y era muy buen
tirador. Allí, en México, nosotros practicábamos tiro en un campo
inmenso de ocho kilómetros por dieciséis. Era propiedad de un antiguo
compañero de Pancho Villa, y se lo habíamos alquilado. Practicábamos el
tiro a pulso sobre ovejos que soltaban a 300 metros en el campo de
tiro... Nosotros teníamos 55 mirillas telescópicas, rompíamos un plato a
600 metros, de perfil. Y nuestra gente tiraba muy bien. Poníamos a un
hombre a 200 metros y una gallina al lado, con la mira telescópica, no
hay que hacerlo con otro fusil, porque la mirilla te da una gran
exactitud... Hacíamos cientos, miles de disparos, era una prueba que le
hacíamos a la gente, la confianza. Estaba El Coreano. [10] Poníamos la
botella a un pie de un compañero, y nunca un disparo cayo entre la
botella y la persona, y estaba a 200 metros, fusil apuntando apoyado;
claro, no se puede hacer eso a pulso, porque a la más leve variación
hieres.
Lo que sabíamos era tirar, que es algo muy distinto de la idea de qué es
lo más correcto hacer y lo que no es correcto. Después elaboré una
táctica, ya te digo.
¿EI Che no tenía ninguna experiencia militar cuando llega allí?
No, ninguna. No tenía.
¿Allí aprende?
Estudia y practica, pero él está como médico de la tropa, y resultó ser
un médico destacado, atendía a los compañeros. Ahora, una cualidad que
lo retrata, una de las que yo más apreciaba, entre las muchas que
apreciaba. El Che padecía de asma. Ahí estaba el Popocatépetl, un volcán
que está en las inmediaciones de la capital, y él todos los fines de
semana trataba de subir el Popocatépetl. Preparaba su equipo -es alta la
montaña, más de 5 mil metros, de nieves perpetuas-, iniciaba el ascenso,
hacía un enorme esfuerzo y no llegaba a la cima. El asma obstaculizaba
sus intentos. A la semana siguiente intentaba de nuevo subir el "Popo"
-como le decía él- y no llegaba. Nunca llegaba arriba, nunca llego a la
cima del Popocatépetl. Pero volvía a intentar de nuevo subir, y se
habría pasado toda la vida intentando subir el Popocatépetl, hacía un
esfuerzo heroico, aunque nunca alcanzara aquella cumbre. Usted ve el
carácter. Da idea de la fortaleza espiritual, de su constancia, una de
sus características.
Una voluntad...
Era tremendo, eso lo retrataba. A él no Ie importaba lo difícil. Lo
intentaba, y estaba seguro de que llegaría. ¿Cuál era otra de las
características del Che? Era que cada vez que hacía falta, cuando éramos
un grupo todavía muy reducido, un voluntario para una tarea determinada,
el primero que siempre se presentaba era el Che.
Y otra característica de él: esa previsión, como cuando me dice aquello.
¿De que quería ir a Argentina?
Sí. Y después, en la guerra nuestra, yo tuve que hacer un esfuerzo y
preservarlo, porque Sí lo dejaba hacer lo que quería hacer, lo matan.
Desde los primeros momentos se fue destacando... Cada vez que hacía
falta un voluntario para una misión difícil, porque había algo, una
sorpresa, unas armas que podían aparecer, el primer voluntario era el
Che.
¿Era voluntario para ir a las misiones más peligrosas?
Era el primer voluntario para cualquier misión difícil; se caracterizaba
por un extraordinario arrojo, un absoluto desprecio del peligro, pero,
además, a veces proponía hacer cosas difíciles, peligrosas... Yo le
decía : "No."
¿Porque corría demasiados riesgos?
Mire, usted manda a un hombre a una primera emboscada, a una segunda, a
una tercera, y a la cuarta, a la quinta o a la sexta, seguro, es como
cara o cruz, en un combate de una escuadra o dos, muere. 5iempre hay
resistencia, hay combate.
¿No había problema de que él no fuese cubano?
Sí, en México lo habíamos puesto al frente de un campamento y hubo
algunos que empezaron a hablar de que era argentino, y se buscaron la
gran bronca conmigo. Le voy a decir los nombres algún día. No tengo que
decir los nombres ahora, después cumplieron. Sí, allá en un campamento
de México... Y aquí, en la guerra nuestra, bueno, ya como era el médico,
su valentía, sus condiciones, lo hicimos comandante, jefe de una columna
y se destaca por un montón de cualidades.
¿Humanas, políticas, militares?
Humanas y políticas. Como hombre, como ser humano extraordinario. Era,
además, un hombre de elevada cultura, era un hombre de gran
inteligencia. Y con cualidades militares también. El Che fue un médico
que se convirtió en soldado sin dejar de ser médico un solo minuto. Hubo
muchos combates en los que estuvimos juntos. Yo reunía las tropas de los
dos y hacíamos una operación, una emboscada.
Nosotros aprendimos allí el arte de la guerra, descubrimos que el
enemigo en sus posiciones es fuerte, y el enemigo en movimiento es
débil, muy débil. Una columna de 300 hombres tiene la fuerza de las dos
escuadras que van delante; los demás no disparan en los combates. Fue un
principio elemental que usamos: atacar al enemigo en movimiento. Sí
atacábamos posiciones, teníamos bajas, gastábamos bajas, no siempre
tomábamos el objetivo, y el enemigo combatía, estaba atrincherado.
Fuimos desarrollando las tácticas. No Ie voy a hablar de eso, pero
fuimos aprendiendo todas las tácticas, y la primera columna fue nuestra
escuela.
Ustedes, en un momento, en México, cuando están entrenándose, caen
presos. ¿Recuerda usted aquello?
Sí. Eso tiene una historia. Caemos presos. Yo caigo preso casi por
casualidad. Un papelito por aquí y otro por allá, la policía mexicana
fue descubriendo, y ninguno de nosotros daba ni la más mínima
información, nos amenazaban con expulsamos.
Tuvimos suerte: tropezamos con la policía más seria. Hay un oficial que
era del ejército y dirigía una unidad, creía que éramos unos
contrabandistas o algo así, porque nos hicimos sospechosos. De milagro
no nos matan...
Batista tenía influencia y una institución, que era la Policía Secreta,
y planes de matarnos en México también. Nosotros teníamos que tomar
medidas, pasar de una casa para otra en una situación de riesgo. En un
momento, nos hacemos sospechosos. Ya unos policías se les hacen
sospechosos unos carros, y actuaron con bastante habilidad, porque
cuando me refugio en una esquina, pongo a Ramirito Valdés que va detrás,
y yo voy con otro, Universo Sánchez, a un edificio que están
construyendo. Dejo a los dos en mi retaguardia, en una calle. Y detrás
de unas columnas veo un carro que llega y se para; digo: "¡Nada, estos
vienen a matarnos o a secuestrarnos!" Yo tengo una pistola-ametralladora
y estoy allí, detrás de la columna; y cuando estoy sacando la
pistola-ametralladora, vienen por detrás y me pegan aquí, en la nuca.
¿Que había pasado? Capturan a esos dos, Ramirito y Universo, y cuando yo
creo que los tengo a los dos en la retaguardia y voy a defenderme del
carro aquel -si llego a disparar, ya tú sabes lo que habría durado-, en
ese mismo momento en que estoy sacando el arma, me arrestan. Creen que
han arrestado a unos contrabandistas o alguna cosa de ésas -no había en
esa época ni las drogas casi, más bien el contrabando- y nos llevan.
A nosotros lo que nos salva es que empiezan a conversar... Una gente
firme, dura, una actitud... Fueron muy capaces, porque agarraban un
papelito cualquiera y seguían el hilo, agarraban un teléfono... Como
sufrí yo porque Cándido González -uno de los compañeros- había puesto en
el bolsillo el número del teléfono de la casa que teníamos de reserva y
menos mal que a los policías, que siguieron todas las pistas, no se les
ocurrió coger aquel teléfono, que hubiera sido el golpe más fuerte. Pero
nos ocuparon una cantidad de armas. Aunque uno podía ver que nos
respetaban.
¿El Che no está con usted en ese momento, cuando le arrestan?
No. Al Che lo arrestan cuando él está en aquel campamento donde nos
entrenábamos, el rancho Santa Rosa, en Chalco. Ellos estaban buscando y
me dicen: "iUn momento!, ya sabemos donde está el campamento, ya
hemos..." Estuvieron mucho tiempo buscando, no sé cómo agarraron un
papelito, lo empataron con alguien que había hablado por allí y me dicen
el lugar exacto donde estaba el rancho, casi en las afueras, y allí
había un grupo como de 20 compañeros y tenían armas. Entonces yo les
digo: "Les pido una cosa, permítanme ir a donde están ellos, para evitar
allí un enfrentamiento". v estuvo de acuerdo el jefe militar aquel.
Entonces, fui, me asomé solo y los compañeros contentos, creían que me
habían puesto en libertad... Les digo: "No, no, inquietos, no se
muevan!" Y les explique lo que ocurría.
Ahí es donde arrestan al Che. Hay un grupo que estaba disperso por el
campo y se salva. Bayo no cae... Ahí es donde Bayo hizo una huelga de 20
días, el español aquel que había hecho una expedición, durante la guerra
civil española, alas Baleares para liberarlas de los franquistas... Él
siempre después hacía un libro, ya estaba haciendo uno: Mi frustrada
expedición a Cuba... Era genio y figura hasta la sepultura aquel español
que había nacido en Cuba y se había criado en las Canarias...
¿A él no lo detienen?
No. Bayo no cae preso, no está ahí en ese momento; pero sí ocupan un
número de armas, que eran las que teníamos allí, con las que los
compañeros hacían allá entrenamiento y subían lomas y todo. Allí había
una producción de leche de chiva, eso era lo que los camuflaba, pero era
de unos vecinos.
Claro que en México había mucha gente con armas... Pero la policía, que
había encontrado algunos indicios durante muchos días, nos encontró. Ahí
es donde el Che cae preso.
¿Ustedes están en la cárcel juntos?
Sí, estamos juntos casi dos meses presos. ¿Cuando él nos crea un
problema? Cuando al Che lo van a interrogar, y le preguntan: "¿Usted es
comunista?" "Sí, yo soy comunista," contesta. Y los periódicos, allá en
México, diciendo que éramos una organización comunista, que estábamos
conspirando y no se sabe cuántas cosas decían... Al Che lo llevan, lo
está interrogando el fiscal, y él hasta se pone a discutir sobre el
culto a la personalidad, la crítica a Stalin... Allá está el Che
enfrascado en una discusión sobre los errores de Stalin. Esto ocurría en
julio de l956, y en febrero de ese mismo año se había producido la
crítica de
Jruschov a Stalin, [11] y entonces sí tú ves al Che discutir... Y
dice: "Sí, cometieron estos errores, en esto y lo otro", y defendiendo
ahí su teoría comunista y sus ideas comunistas. ¡Figúrese!, él, que era
argentino, tenía más riesgos.
Como consecuencia de eso, los últimos dos que salimos fuimos él y yo. Y
todavía, incluso, a mí me sacan creo que un día antes que a él. Ahí
intervino Lazaro Cárdenas,[12] fueron distintas casas que ocurrieron...
Nosotros no teníamos relaciones en México y allí estuvimos presos los
dos.
Se dice que el Che tenía más bien simpatías trotskistas. ¿Usted lo
percibió en aquel momento?
No, no. Déjeme decirle, realmente, cómo era el Che. El Che ya tenía,
como le digo, una cultura política. Se había leído naturalmente los
libros y las teorías de
Carlos
Marx, de Engels y de
Lenin...
Él era marxista. Nunca lo oí hablar de
Trotski.
Él defendía a Marx, defendía a Lenin, y atacaba a Stalin. Bueno,
criticaba el culto de la personalidad, los errores... ; pero nunca le oí
hablar realmente de Trotski. Él era leninista, y, en cierta forma,
reconocía hasta algunos méritos de
Stalin.
En realidad, bueno, la industrialización y algunas de esas cosas.
Yo, en mi fuero interno, era más crítico de Stalin por algunos de sus
errores. La gran culpa de que ese país hubiese sido invadido, en 1941,
por millones de soldados alemanes... Stalin cometió errores políticos y
errores tácticos, me aparto de lo de adentro, que es conocido, el abuso
de la fuerza, la represión y las características de él, su culto de la
personalidad. Pero también tuvo tremendos méritos como conspirador, y,
desde luego, tuvo méritos en la industrialización, en llevar la
industria hacia la retaguardia. Tuvo visión y algunos méritos, pero
métodos autoritarios, brutales, represivos... .
Así que yo, cuando lo analizo, analiza sus méritos y también sus grandes
errores, y los más grandes los cometió cuando purgo al Ejército Rojo en
virtud de una intriga de los nazis.
Él mismo se desarmó.
Se desarmó, se debilitó, y firmó aquel nefasto pacto germano-soviético
Ribbentrop-Molotov y las demás cosas. Ya le he hablado de eso, no voy a
añadir más.
(Tomado del libro "Cien Horas con Fidel, conversaciones con Ignacio
Ramonet", editado por Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado,
Primera edición, La Habana, 2006, páginas 173-183) ©
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