"Imagínate -dije yo- que un mujik ayuda a un mendigo y después,
a cuenta de esa bondad, comienza a hacerle reproches. De ahí
sale el refrán 'con la cuchara te da de comer y con el mango te
saca los ojos'. Al principio los niños se negaban a escribir
pensando que esta tarea no estaba de acuerdo con sus fuerzas."
Tolstoi comenzó a escribir, escribió la primera página:
"Cualquier persona suspicaz que tenga el sentido de lo artístico
y lo popular, al leer esta primera página escrita por mí y las
siguientes páginas de la novela escritas por los propios alumnos
distinguiría esta página de las demás: ella es falsa, artificial
y escrita en tal mal lenguaje.
Me pareció tan extraño que un muchacho campesino semianalfabeto
manifestara de pronto una fuerza consciente de artista que en
toda su vasta altura de desarrollo no puede alcanzar Goethe. Me
parecía tan extraño y ofensivo que yo, el autor de 'la infancia'
ganadora de cierto reconocimiento y éxito como talento artístico
entre el público culto ¡:uso, no solo no pude indicar o ayudar
en lo artístico a un Semka o Fedka, de once años de edad, sino
que apenas pude, y solo en un feliz minuto de excitación estuve
en condiciones de velar por ellos y comprenderlos. Me pareció
tan extraño, que no creí lo que sucedió ,ayer."
¿Cómo logró Tolstoi despertar en los niños que hasta entonces
desconocían por completo lo que significaba la creación
literaria este complejo y difícil procedimiento de expresión?
Esta creación comenzó en los niños de manera colectiva, Tolstoi
les hacía relatos y ellos sugerían.
"Alguien dijo que este viejo sería un hechicero: otro, que no,
que sería simplemente soldado, o que no, que mejor sería ladrón,
pero ya no estará de acuerdo con el refrán." Todos los niños
participaron en la creación de la composición; les interesaba y
atraía el propio proceso de la composición y este era el primer
impulso hacia el vivaz trabajo creador. "Aquí -dice Toistoi-
evidentemente ellos sintieron por primera vez la maravilla de la
reproducción de detalles artísticos mediante la palabra." Los
niños crearon, hicieron las figuras de los personajes
principales, describieron sus rasgos exteriores, una serie de
detalles y los diferentes episodios y todo esto fue fijado con
determinada exactitud de forma oral.
"Los ojos te brillaron casi con lágrimas -cuenta Tolstoi de un
muchacho que participaba en la realización de la composición-
sus delgadas y oscuras manos se retorcían convulsivamente. Él se
enojó conmigo y me preguntaba incesantemente: ¿lo escribió? y se
dirigía de forma despótico y con enfado a todos los demás,
quería ser el único que hablara y hablar no como se habla al
hacer una narración, sino como se escribe, o sea, reproducir
artísticamente con palabras los personajes y sentimientos, por
ejemplo, no permitía que se transpusieran las palabras, decía:
'tengo en los pies heridas' y no permitía que se dijera: 'tengo
heridas en los pies'."
En este último ejemplo vemos cuán fuerte era el sentimiento de
la forma oral en este niño que arribaba por primera vez a la
creación literaria.
La transposición de las palabras, su orden, constituye en el
lenguaje artístico lo mismo que la melodía en la música o el
dibujo en la lámina y el sentido de este dibujo oral, los
detalles pictóricos, el sentido de la medida, todo esto, según
testimonio de Tolstoi, era expresado por el niño en alto grado:
"El niño juega cuando participa en la redacción de la
composición: cuando decía las palabras de los personajes él
hablaba otra vez con ese tono tan cansado y calmado, grave y al
mismo tiempo bondadoso, apoyando la cabeza en el brazo, que los
muchachos se desternillaron de risa. Esta verdadera colaboración
con el escritor adulto fue sentida y comprendida por los niños
como un verdadero trabajo conjunto en el cual ellos se sentían
participantes con iguales derechos que los adultos. ¿Y se va a
publicar? -preguntó un niño a Tolstoi- hay que poner así:
composición de Makarov, Morozov y Tolstoi." De esa manera veía
el niño al autor de esa composición conjunta.
"No era posible equivocarse -dice Tolstoi-. No era una
casualidad, era una creación consciente (... ). No he encontrado
nada parecido a estas páginas en la literatura rusa..."
Sobre la base de esta experiencia, Tolstoi hace la siguiente
proposición: según su opinión, para formar la creación literaria
en los niños solo es necesario brindarles estímulos y material
para la creación.
"Él necesita de mí solo material para enriquecería armónica e
integralmente. En cuanto le di plena libertad y dejé de
enseñarlo, escribió una obra poética que no tenía comparación en
la literatura rusa. Y por eso, por convicción propia, no debemos
enseñar a escribir ni a redactar, sobre todo a componer
poéticamente a los niños en general y,, en particular a los
niños campesinos. Todo lo que podemos hacer es enseñarlos a
abrazar la actividad literaria rusa.
Si a todo lo que yo hice para lograr este objetivo puede
llamársele procedimiento, este procedimiento es el siguiente:
Primero. Brindarles una gran variedad de temas sin crearlos
especialmente para los niños, pero proponerles los más serios y
que interesen al propio maestro.
Segundo. Darles a leer composiciones infantiles y solo tomar
como modelos composiciones infantiles.
Tercero. No hacerles nunca observaciones a los niños durante el
análisis de las composiciones, sobre el cuidado de los
cuadernos, la caligrafía, la ortografía y lo principal, no
hacerlo sobre la estructura de las oraciones y la lógica (este
aspecto tiene particular importancia).
Cuarto. Como en la composición literaria la dificultad no radica
en el volumen o el contenido, sino en el tema artístico, el
carácter gradual de los temas no debe primar en el volumen, en
el contenido o en el lenguaje.. sino en el mecanismo de la
actividad..."
Por aleccionadora que sea la experiencia de Tolstoi, en el
comentario de la misma se puso de manifiesto la idealización de
la niñez y esa actitud negativa hacia la cultura y la creación
artística que distinguieron la doctrina religiosa y moral de su
último período de vida. De acuerdo con su doctrina religiosa,
Tolstoi planteó lo siguiente:
"Nuestro ideal está detrás y no delante. La educación corrompe y
no corrige al hombre; no se debe instruir y educar al niño sin
perseguir una finalidad, por la simple razón de que el niño está
más cerca que yo, más cerca que los adultos del ideal de la
armonía, la belleza y el bien hasta el cual yo, en mí orgullo,
quiero conducir¡,-J. La conciencia de este ideal está más
enraizada en él que en mí." Esto es el eco de la doctrina de
Rousseau abandonada desde hace tiempo por la ciencia: "E] hombre
nace perfecto (es la gran expresión de Rousseau) y estas
palabras, como piedras, permanecen duras y auténticas. Al nacer,
el hombre- constituye el prototipo de armonía, verdad, belleza y
bien."
En este punto de vista incorrecto sobre la perfección de la
naturaleza del niño estriba el segundo error que comete Tolstoi
con respecto a la educación. Si la perfección no está delante,
sino detrás, es totalmente lógico negar toda importancia,
sentido y posibilidad a la educación. Sin embargo, basta solo
con negarse a lo primero, que no está confirmado por los hechos,
para que quede completamente claro que la educación en general y
la educación de la creación literaria en los niños, en
particular, resulta no solo posible, sino completamente
inminente. Es fácil observar inclusive en nuestro relato lo que
Tolstoi hizo con los niños campesinos y ¿cómo llamar a eso de
otra forma que no sea educación de la creación literaria?, él
despertó en los niños un procedimiento completamente desconocido
hasta entonces de expresión de su experiencia y de su actitud
hacia el mundo, junto a ellos construyó, creó, combinó, los
contagió con emoción, les dio un tema, o sea, encaminó
fundamentalmente todo el proceso de creación, les mostró los
procedimientos que hay que realizar para esa creación, etc. Y
esto es educación
en el sentido exacto de esa palabra.
La educación comprendida correctamente y desde el punto de vista
científico no significa en general la inculcación artificial y
externa de ideales, sentimientos y estados de ánimo ajenos, a
los niños. La educación correcta consiste en despertar en el
niño lo que hay en él, ayudarlo a desarrollarse y encaminar ese
desarrollo en determinado sentido. Todo esto lo hizo Tolstoi con
aquellos niños de los cuales habla. Para nosotros ahora es
importante no tanto la teoría general de Tolstoi sobre la
educación, como la maravillosa descripción del estímulo de la
creación literaria que brinda en estas páginas.
En la creación literaria de niños vagabundos y abandonados es
donde mejor puede apreciarse cómo los niños escriben con deleite
precisamente cuando tienen la necesidad de escribir, su creación
literaria adopta en gran parte la forma de canciones que cantan
y reflejan todos los aspectos de su vida, gran parte de ellas
son canciones profundamente tristes: "desde el cochero hasta el
primer poeta, todos cantamos con tristeza", decía Pushkin. En
las canciones de los niños vagabundos se refleja todo el aspecto
difícil de sus vidas: la cárcel, la muerte temprana o la
enfermedad, la falta de protección, la ausencia de los padres y
el abandono son los motivos principales de estas canciones,
aunque también se manifiesta en ellas otro tono, el tono de la
audacia, de la fanfarronería y el canto a sus hazañas:
Al llegar la oscuridad
la ventana puedo abrir
con perfección y maestría
de una casa que no es mía...
Pero
en esto se escucha la respuesta natural a la dureza infinita de
la vida, el desdén, el ensañamiento dato y natural con su
destino:
Hubo un tiempo en que quise la mano de la ayuda hallar
Ahora se me ha puesto dura el alma y he tomado el camino de
robar
Escúpanme, golpéenme, todo aguantaré, estoy acostumbrado a
soportar
A nadie importo, no debo de ustedes compasión esperar.
Hace
años se hizo un experimento muy interesante, se recopilaron las
narraciones personales de niños que vivían abandonados. Anna
Grinberg recopilé 70 narraciones escritas por niños que vivían
abandonados a su suerte y cuyas edades oscilaban entre los 14 y
15 años.
La compilación del libro expresaba que todos escribían acerca de
sus vidas con serio interés. Había analfabetos y poco
instruidos, quienes a pesar de los obstáculos se abrían paso
hasta la mesa, hasta el papel, hasta las pocas plumas
distribuidas y haciéndose un lugar, durante varias horas
piadosas hacían trazos prudentemente y preguntando a los demás,
pasando en limpio y comparando los fragmentos de las páginas
impresas de un libro roto. En estos relatos, con excepción de
aquellos en los cuales los niños no querían mostrarse por
completo y no eran sinceros, se manifestó el rasgo principal de
toda la creación de este tipo. Algo se había acumulado por
dentro que pedía ser expresado y trataba de tomar forma en la
palabra. Cuando el niño tiene de qué escribir, escribe con
seriedad.
"Terminé de escribir -escribió una de las niña- lo hubiera hecho
de otra manera, esto solo es la tercera parte de lo que he
vivido. ¡A esta vida la recordaré durante mucho tiempo!"
En estos relatos hallamos casi todos los mismos rasgos de la
creación literaria infantil que señala Tolstoi si se tiene en
cuenta no la similitud exterior, sino interior. Estos relatos
exteriormente, por su contenido y su lenguaje se diferencian
profundamente de los relatos de Fedka y Semka, como pueden ser
diferentes las épocas en que vivieron, el medio en que se
desarrollaron y su experiencia vital. Pero la sinceridad y
seriedad del lenguaje literario que confirma la necesidad
verdadera de expresarse mediante la palabra, la claridad y
diversidad del lenguaje infantil tan diferente al lenguaje
literario estereotipado de los adultos, la emoción verdadera y
la imaginación concreta de estos relatos, recuerdan los mismos
rasgos que citó Toistoi en los relatos de los niños campesinos.
Uno de los niños adicionó a su biografía unas palabras que
transmiten muy bien el profundo sentimiento y la verdadera
concreción de las vivencias relacionadas con la creación
literaria: "Recuerdos y nostalgias por la patria en la provincia
de Vologod, aldea de Vimsk, en el bosque junto al río."
Es muy fácil comprender la relación que existe entre el
desarrollo de la creación literaria y la edad de tránsito. La
pubertad, la madurez sexual es el hecho principal de esta edad;
a partir de este hecho fundamental, central, pueden explicarse
todas las demás particularidades relacionadas con esta edad,
crítica o crucial en la vida del niño; en esta etapa entra a
jugar su papel un nuevo factor potente en forma de madurez
sexual, el instinto sexual. El equilibrio estable anterior
formado en la etapa de la primera edad escolar se rompe y el
nuevo equilibrio aún no ha sido hallado. Este equilibrio roto y
la búsqueda del nuevo equilibrio forman la base de la crisis que
atraviesa el niño de esta edad; sin embargo, ¿qué representa
esta crisis?
Hasta el momento la ciencia no ha establecido una respuesta a
esta pregunta con exactitud definitiva: unos ven la naturaleza
de esta crisis en el estado de astenia, en el debilitamiento de
la constitución y de la conducta del niño que se manifiesta en
este período crítico; otros, por el contrario, suponen que la
crisis tiene su base en el potente auge de la vitalidad que
abarca todos los aspectos del desarrollo del niño y que el
propio estado crítico de esta edad es solo consecuencia de ese
auge creador. Nosotros sabemos que a esta edad el adolescente
crece de manera intensa y rápida, acercándose por su tamaño y la
constitución de su cuerpo al adulto; este auge general se pone
de manifiesto también en la conducta y en la vida interior del
adolescente.
En esta edad se abre un nuevo mundo de vivencias interiores,
impulsos y atracciones: la vida interior se va haciendo
infinitamente más compleja en comparación con la edad infantil
más temprana; las relaciones con el medio y lo que le rodea se
hacen mucho más complejas; las impresiones provenientes del
mundo exterior se someten a una elaboración más profunda. Hay un
rasgo que resalta en la conducta del adolescente y que guarda
estrecha relación con el estímulo de la creación literaria en
esta etapa: la elevada emocionalidad y excitabilidad de los
sentimientos en el período de tránsito. Cuando la conducta del
hombre está sujeta a lo habitual y cotidiano, comúnmente no se
manifiestan sentimientos vivaces y potentes; con frecuencia
estamos calmados e indiferentes cuando realizamos acciones
cotidianas en condiciones habituales, pero en cuanto se rompe el
equilibrio en estas acciones, aflora una fuerte y viva reacción
de los sentimientos. La emoción o la inquietud surge en nosotros
siempre que nuestro equilibrio con el medio se rompe.
Si en esta ruptura se manifiesta un acrecentamiento, una
superioridad en relación con las dificultades que afrontamos
aparece en nosotros una emoción positiva: la alegría, el
orgullo, etc; si, por el contrario, se rompe el equilibrio no a
nuestro favor, es decir, si las circunstancias son más fuertes y
sentimos que se han adueñado de nosotros, tomamos conciencia de
nuestra impotencia, de nuestra incapacidad, de nuestra debilidad
y humillación, en nosotros surge una emoción negativa: la
cólera, el miedo y la tristeza. Por eso es perfectamente
comprensible que la época de crisis y reestructuración interna
de la personalidad sea rica en reacciones emocionales o
sentimientos vivos. La segunda parte de la edad escolar es la
época de la pubertad y es una crisis interna en el desarrollo
del niño, se caracteriza por una agudización y una elevación de
la excitabilidad de los sentimientos: el equilibrio entre el
niño y el medio circundante, como ya hemos dicho se rompe gradas
a la aparición de un nuevo factor que antes no se había
manifestado suficientemente.
De aquí la excitabilidad emocional elevada de esta etapa y a
partir de esto se hace comprensible, hasta cierto punto, el
hecho de que al aproximarse a esta edad el niño cambie el
dibujo, su antigua forma preferida de creación en la edad
preescolar, por la creación literaria. La palabra permite con
mucha mayor facilidad que el dibujo, transmitir complejas
relaciones, principalmente de carácter interior.'También con
respecto a la realidad exterior la palabra transmite con mucha
mayor facilidad que el dibujo infantil, inseguro e imperfecto,
el movimiento, la dinámica y la complejidad de cualquier
acontecimiento. He aquí que el dibujo infantil que había
correspondido a una. fase de la actitud simple del niño hacia el
mundo circundante se cambia por la palabra como medio de
expresión que corresponde a una actitud interior más compleja y
profunda hacia la vida, hacia sí mismo y hacia lo que le rodea.
Surge la interrogante principal: ¿como abordar esta elevada
sensibilidad de la edad de tránsito,?; ¿cómo valorarla?, ¿corno
un hecho positivo o negativo?; ¿se manifiesta en ella algo
morboso que conduce a los niños directamente a la desunión, al
aislamiento en sí mismo, al sueño fantástico, al escape de la
realidad que se observa con tanta frecuencia a esta edad, o esta
sensibilidad puede ser también un medio positivo que enriquece y
fecunda infinitamente la actitud del niño hacia el mundo que lo
rodea? No hay nada grande en la vida que no se haga sin un
sentimiento.
"La educación artística -dice Pistrak- no brinda tanto hábitos
ni conocimientos como la atmósfera de la vida, o como pudiera
decirse más exactamente, el campo de la actividad vital. Las
convicciones que podemos formar en la escuela mediante los
conocimientos solo llegan a enraizarse en la psiquis infantil
cuando estas convicciones se han fijado desde el punto de vista
emocional. No puede ser un luchador convencido aquel que en el
momento de la lucha no tenga en su mente cuadros claros y
diáfanos de la vida que inciten a la lucha. No se puede luchar
contra lo viejo si no se sabe odiar lo viejo y la habilidad para
odiar es una emoción; no es posible construir lo nuevo con
emoción si no se sabe amar con entusiasmo lo nuevo y el
entusiasmo se logra como resultado de una correcta educación
artística."
Guizet realizó antes de la guerra una investigación de la
creación literaria de niños de diferente edad. A su disposición
tuvo más de 3 000 trabajos. La edad de sus autores fluctuaba
entre los cinco y los 20 años. Este trabajo fue realizado en
Alemania antes de la guerra y por eso sus resultados no pueden
ser transferidos simplemente a nuestras condiciones, ya que el
estado de ánimo, los intereses y todos los factores de los
cuales depende la creación literaria nuestra y en nuestra época
se diferencian notablemente de aquellos con los cuales se
relacionó Guizet en su investigación. Además, precisamente
porque la investigación fue sumaria y masiva, solo se limitó al
recuento general y superficial de estas narraciones infantiles y
versos y a la explicación de] estado de ánimo prevaleciente y de
la forma literaria en las diferentes edades; sin embargo, estos
datos pueden resultar también de interés para nosotros como
primer intento de análisis masivo de la creación literaria
infantil, como datos en los cuales se reflejan rasgos de la edad
que en una otra forma y en una u otras condiciones pueden
ponerse de manifiesto también en nuestro país.
Por último, estos datos no están privados de interés ya que
brindan material para comparación con otros datos; los datos
citados por el autor muestran cómo varían en la poesía y en la
prosa de los niños y niñas los temas principales de acuerdo con
la edad. Lo vivido personalmente se refleja poco en la poesía de
los niños; en la prosa, por el contrario, los temas de la vida
personal ocupan un lugar prominente; esto se evidencia en
particular a los 14 o 15 años en comparación con edades
anteriores. Durante estos dos años en los muchachos el
coeficiente de temas vividos personalmente se eleva de 23,1
hasta 53,4 y el de las muchachas de 18,2 hasta 45,5 o sea se
eleva más de la mitad, mientras que el coeficiente de estos
temas en la poesía de los muchachos y muchachas de 16 y 17 años
es igual a cero. Un coeficiente relativamente alto de temas de
lo vivido personalmente en la edad temprana se explica por el
hecho de que en esta esfera Guizet incluyó todos los posibles
pequeños incidentes diarios, cotidianos, tales como: incendios,
paseos fuera de la ciudad y visitas al museo. Solo el 2,6 en la
prosa y el 2,2 en la poesía se referían a los acontecimientos
escolares, en este grado abordaban de forma insignificante el
mundo personal de los niños, las vivencias de la vida escolar.
El erotismo, por el contrario, se manifiesta con mayor fuerza en
la poesía que en la prosa, los motivos eróticos se observan en
la creación de las muchachas más tempranamente que en la de los
muchachos: entre los 12 y 13 años cuando en los muchachos el
coeficiente de este tema es igual a cero, en las muchachas se
manifiesta con la gran cifra de 36,3 después, entre los 14 y 15
años cae, se eleva a la edad de 16 y 17 años y de nuevo en las
muchachas con mayor fuerza que en los muchachos.
"El mundo de la fantasía -señala Guizet- es la poesía puramente
femenina, los muchachos no la conocen."
Resulta interesante la poca existencia de motivaciones sociales
en la poesía y la prosa de los autores alemanes. En la poesía,
casi en todos los niveles de edad, es igual a cero; en la prosa
se expresa con pequeños coeficientes, 13,8 para las niñas entre
los 12 y 13 años (máximo). Llama la atención el aumento del
coeficiente de temas filosóficos en la poesía, lo cual,
indudablemente guarda relación con la estimulación del
pensamiento abstracto y del interés por las cuestiones
abstractas a esta edad. Por último, con altos coeficientes se
presenta el tema de la naturaleza en la poesía y en la prosa,
tanto en los muchachos como en las muchachas.
Las muchachas de nueve años de edad dedican gran parte de sus
obras precisamente a este tema, en los muchachos la mitad de
todos los temas entre los 12 y los 13 años de edad también está
dedicada a la naturaleza. Los niños alemanes presentaron un
coeficiente alto de temas religiosos, principalmente las
muchachas; sin embargo, hacia los 16 años de edad decayó.
Presentan también gran interés los datos en los, cuales se
comparan los temas y estados de ánimos en la creación escolar y
en la creación libre de los niños; aquí vemos que los mismos
temas están distribuidos muy desproporcionalmente en una u otra
forma de creación infantil: por ejemplo, el tema heroico,
representado en la edad escolar por un enorme coeficiente de
54,6 en la creación libre alcanza la modesta cifra de 2,4; por
el contrario, el erotismo y la filosofía que presentan en la
poesía escolar el coeficiente de 3, en la poesía libre se
caracterizan por alcanzar una cifra de 18,2 y 29. El mundo de la
fantasía se presenta 15 veces menos en las composiciones hechas
en la casa que en las composiciones hechas en la escuela y por
último, los llamados temas generales que presentan, en la poesía
escolar un coeficiente de cero, en la poesía hecha en la casa
presentan un 28,1. Tampoco concuerda el estado de ánimo
manifestado por los niños en estos dos tipos de creación, por
ejemplo, el estado de ánimo de tristeza y seriedad se presenta
en las composiciones hechas en la escuela con una cifra cinco
veces mayor que en las composiciones hechas en la casa. Esta
comparación tiene una gran importancia para señalar en qué
medida la creación infantil se estimula y se transforma gracias
a las influencias exteriores y qué forma peculiar adopta cuando
se abandona a su propia suerte. El siguiente resumen cita datos
sobre el estado de ánimo prevaleciente en las composiciones que
analizó Guizet, es fácil ver que el estado de ánimo de tristeza
y melancolía se observa muy poco en la creación literaria
infantil y que el coeficiente que presenta cifras más altas es
el del estado de ánimo de alegría. Si en la poesía de los
muchachos uno y otro presentan cifras similares de 5,9 y 5,2, en
las muchachas vemos que el estado de ánimo de alegría se
encuentra con un coeficiente de 33,4 mientras que el de
melancolía solo con 1, 1. En la prosa de los muchachos, con una
frecuencia de 1 0 veces, y en las muchachas más o menos con ese
mismo índice, el estado de ánimo de alegría predomina sobre el
de melancolía. ]Llama la atención el bajo porcentaje de temas de
aventuras, motivado al parecer, por las dificultades que
presenta este género para la creación infantil. El tema cómico y
el crítico casi no se presenta, sin embargo, hay que destacar
que el estado de ánimo prevaleciente constituye el factor más
fácilmente variable en la creación infantil y por eso en los
datos citados debemos ver solo nuestra orientación en esta
cuestión.
Quisiéramos que la creación literaria infantil se sometiera
también en nuestro país a este tipo de análisis que mostraría
los temas y estados de ánimo que prevalecen en las composiciones
infantiles.
Los siguientes datos caracterizan las formas literarias que se
encuentran con mayor frecuencia en la creación infantil.
Como era de esperar, se encuentra con mayor frecuencia el
resumen o la ponencia, o sea, la información oficial; en segundo
lugar la narración y en tercer lugar el cuento. Es
extraordinariamente bajo el porcentaje de obras dramáticas (0,1)
y cartas (1,9). Esto último debe explicarse por el hecho de que,
esta es la forma más natural, desde el punto de vista
psicológico, de creación infantil que menos se cultiva en la
educación tradicional de los niños. También son de gran interés
los datos sobre las formas gramaticales y la extensión de las
obras de los niños: a medida que aumenta la edad, aumenta el
volumen de las obras infantiles; como muestra el informe que
tiene en cuenta la cifra promedio de sílabas en la poesía y en
la prosa de muchachos y muchachas en las diferentes edades,
evidentemente, este aumento de obras literarias está en
dependencia directa de su contenido. Shíserson estudió la
creación infantil y llegó a la conclusión de que el drama y los
versos no son las formas naturales de la creación infantil,
opinaba que si estas formas se encontraban en la creación
infantil, era principalmente bajo la influencia de condiciones
ajenas. Por el contrario, según su opinión, la prosa era
inherente y propia de¡ niño por su psiquis creadora. Los datos
de Vajterov sobre esa misma cuestión arrojaron los siguientes
resultados: el 57 % de los niños sometidos por él a
investigación creaban en forma de versos; en forma de prosa, el
31 % y en forma de drama, el 12 %. La mayor o menor riqueza de
formas gramaticales que se encuentran en el lenguaje de los
niños constituye, como se sabe, un importante índice del mismo.
Los psicólogos desde hace tiempo diferencian el lenguaje no
gramatical del niño como una época muy especial en el desarrollo
de su lenguaje.
En realidad, la falta de formas gramaticales en el lenguaje es
claramente un indicio de que en el pensamiento hablado y en la
simbología del niño falta la indicación de las relaciones y los
vínculos entre los objetos y los fenómenos, porque precisamente
las formas gramaticales son, signos que expresan estas
relaciones y vínculos. Es por eso que la época de las oraciones
subordinadas en el lenguaje constituye según Stern, la cuarta
fase, la superior, de desarrollo del lenguaje infantil, ya que
la existencia de oraciones subordinadas revela que el niño ha
llegado a dominar relaciones muy complejas entre los diferentes
fenómenos. Vajterov se ocupó del análisis del lenguaje infantil
desde este aspecto y llegó a los siguientes resultados. Su
resumen muestra transformaciones en la utilización de los casos
en dos épocas: desde los cuatro hasta los ocho años y desde los
nueve hasta los doce años y medio; es fácil observar en este
resumen cómo junto a el desarrollo del niño aumenta la
utilización de casos indirectos, lo cual es una clara muestra de
que el niño pasa a la fase de comprensión de las relaciones que
se transmiten en la forma gramatical de los casos indirectos.
Esta misma cuestión la revela el análisis del lenguaje del niño
desde el punto de vista de las partes del lenguaje utilizadas
por él.
De nuevo vemos en estos datos que en el niño aumenta la
utilización de adjetivos; complementos; complementos
circunstanciales de lugar, de tiempo, etc. "El desarrollo
intelectual del niño -dice Vajterov- se caracteriza no solo por
la cantidad y la calidad de las representaciones, sino también
por la mayor cantidad y calidad de las relaciones entre estas
representaciones. Mientras mayor sea el desarrollo del niño,
mayor será la cantidad de representaciones e ideas que tendrá
para unirlas en un todo coherente. El tiempo presente y en
particular el tiempo futuro es utilizado por los niños de menor
edad con más frecuencia que por los niños mayores. La
utilización del tiempo pretérito aumenta con la edad; mientras
menor sea el niño, vive más en el mundo de lo esperado, de lo
previsto y lo deseado, así como en el mundo de lo más vivo y de
lo directamente real...
Pero mientras más vive el niño, con mayor frecuencia regresa a
lo ya expresado y entonces nos encontramos con el fenómeno
contrario: al futuro y al presente le corresponden menos
expresiones verbales que al pasado."
Todos los investigadores señalan unánimemente que los niños de
edad más temprana utilizan con harta frecuencia muchos
pronombres personales. Schlag dice que "si cada palabra fue
pronunciada por un niño de entre siete u ocho años cinco veces y
media como promedio, el pronombre personal de primera persona
fue utilizado 542 veces (100 veces más) y los pronombres
personales de la segunda persona, 135 veces (25 veces más)". Gut
señala que los niños de cuatro a seis años de edad mientras más
dotados y desarrollados están, con mayor frecuencia utilizan las
oraciones subordinadas. Algunos autores proponen que se
distinguen en el desarrollo de la creación infantil tres etapas
principales: el primer período, de creación oral que se prolonga
desde los tres hasta los siete años; el segundo período, el de
la lengua escrita, se prolonga desde los siete años hasta la
juventud y, por último; el período literario, que abarca el
final de la edad de tránsito y la época de la juventud. Cabe
decir que en general esta división responde incondicionalmente a
la realidad, ya que como señalamos, el desarrollo del lenguaje
oral marcha siempre delante del desarrollo del lenguaje escrito.
Es extraordinariamente importante destacar, sin embargo, que
esta superioridad del lenguaje oral sobre el escrito se mantiene
también al terminar el primer período de creación literaria
oral; los niños continúan durante mucho tiempo creando oralmente
con mayor colorido y claridad que cuando crean mediante la
escritura.
La transición hacia el lenguaje escrito dificulta y opaca su
expresión. El investigador austriaco Linke ha llegado a la
conclusión de que si se observase la escritura y la narración de
los niños, se vería que un niño de siete años escribe cómo puede
hablar un niño de dos años o sea, que el desarrollo del niño
disminuye de inmediato al pasar a la forma de expresión escrita
que es más difícil para él. Es extraordinariamente notable el
hecho de que las composiciones de los niños campesinos que
maravillaron a Tolstoi constituyen ejemplos de su creación oral;
los niños narraban y Tolstoi escribía, en esa escritura se
grababa toda la belleza del lenguaje oral vivo del niño; en esas
narraciones también se ponía de manifiesto el aspecto de la
creación infantil que algunos autores llaman sincretismo y que
se expresa en el hecho de que la creación del niño aún no está
bien diferenciada en los diferentes tipos de arte y en las
diferentes formas de literatura; los elementos de la poesía, la
prosa y el drama se unen en la obra del niño integrados en un
todo.
El proceso de creación de los niños descrito por Tolstoi es muy
parecido por su forma a la creación dramática. El niño no solo
dictó un relato, sino que también representó y desempeñó él
mismo los personajes principales en sus respectivos papeles.
Esta relación de la creación literaria oral con la creación
dramática como veremos más adelante, da origen a una de las
formas más originales y fructíferas de creación en esta edad.
El profesor Soloviev cita un curioso ejemplo del lenguaje oral.
"El lenguaje escrito del escolar -dice él- es mucho más pobre y
esquemático; son como dos reacciones verbales diferentes. 1.a
niña campesina de ocho años y medio nunca hubiese escrito,
aunque supiera escribir, en la misma medida en que era capaz de
expresar oralmente su pensamiento. Al preguntarle a los niños en
la escuela sobre lo que les gustaba hacer en la casa recibimos
esta respuesta: 'Me gusta barrer, en cuanto empiezas a barrer,
la basura vuela, vuela mucha cantidad de basura. Me gusta que
haya basura para verla revolotear'. Este es el verdadero
lenguaje vivo del niño que transmite muy bien la excitación
emocional."
Buzeman dedicó toda una investigación a la determinación de la
cuestión de hasta qué punto se manifiesta la actividad infantil
en la creación literaria, cita un coeficiente especial de
actividad que expresa la relación entre las acciones y los
rasgos cualitativos que se observan en las obras orales y
escritas de los niños. Este coeficiente de actividad resultó más
alto entre los seis y ocho años de ambos sexos en las edades
comprendidas de tres a nueve anos. Entre los 9 y 17 años este
coeficiente fue más alto en los muchachos de 9 y 13 años. La
comparación del lenguaje oral y escrito condujo a Buzeman a la
conclusión más importante de su investigación: "El lenguaje oral
tiende más al estilo activo, mientras que el lenguaje escrito,
al estilo cualitativo."
Esto se confirma también por el tiempo de duración de las
manifestaciones orales o escritas. El lenguaje oral se
desarrolló con mayor rapidez que el escrito: en 4 o 5 minutos
los niños expresaron lo que les ocupó 15 o 20 minutos expresar
de forma escrita, este retardo del lenguaje escrito provoca no
solo cambios cuantitativos, sino también cualitativos, ya que
como resultado del mismo se obtiene un nuevo estilo y un nuevo
carácter psicológico de la creación infantil. La actividad que
está en primer plano en el lenguaje oral pasa a un segundo plano
siendo sustituida por un enfoque más detallado sobre el objeto
que se describe, con la enumeración de sus cualidades,
características, etcétera.
La presencia de la actividad en el lenguaje infantil es el
reflejo de su enorme importancia a esta edad; algunos autores
han calculado la cantidad de representaciones de acciones en los
relatos infantiles, un ejemplo de ello se tiene en diversos
resúmenes donde se enumera la frecuencia de los objetos,
acciones y peculiaridades que encontramos en los relatos de
niños de distintas edades. De estos datos se deduce fácilmente
que, en los relatos infantiles, se encuentran con mayor
abundancia las acciones, con menor frecuencia los objetos y
mucho más raramente aún sus peculiaridades.
En realidad aquí hay que hacer una mención relativa a la
influencia que ejerce sobre el lenguaje infantil el lenguaje de
los adultos o de los modelos literarios; se sabe en qué grado
los niños se contagian con la imitación y queda claro que la
influencia del estilo literario de los libros sobre los niños a
menudo es tan grande que opaca las verdaderas particularidades
del lenguaje infantil. En este sentido, el lenguaje más puro es
el estilo infantil de los niños campesinos y de los niños
abandonados a su suerte y en general, de aquellos que han
experimentado muy poca influencia del estilo de los adultos.
Veamos algunos ejemplos tomados de la autobiografía de los niños
abandonados a su suerte: es fácil observar en estos ejemplos
hasta qué punto su lenguaje escrito se parece a su lenguaje
oral.
Semión Veshkin, de 15 años, relata: "Tenía yo 12 años y mi
hermanito 10. Sufríamos sin madre ni padre. Como yo era el
mayor, me correspondió ganar para los dos la comida. Me
levantaba por la mañana, quería seguir durmiendo, pero no, me
miraba y a trabajar. Yo veía cómo otros niños jugaban, veía con
despecho que otros compañeritos que tenían padre y madre estaban
libres, jugaban. Así trabajaba y sufría yo antes de 1920."
Otro niño abandonado escribe: "Antes yo tenía padres. Ahora me
he quedado sin ellos. Es malo vivir sin los padres. Yo tenía una
casa. Había un caballo y una vaca. Ahora no tengo nada. En la
casa quedaron tres ovejas, dos cerdos y cinco gallinas. Fin."
En este sentido, mientras más pequeño es el niño, más refleja en
su lenguaje las particularidades del lenguaje infantil y la
diferencia con el lenguaje del adulto es mayor. Como ejemplo
pondremos dos pequeñas composiciones infantiles: una corresponde
a un muchacho de 13 años, hijo de un obrero y otra a un muchacho
de 12 años hijo de un tonelero. La primera trata sobre el
comienzo de la primavera: "Después de la nieve, después de los
tristes días invernales a nuestra ventana asoma el sol de rayos
primaverales. La nieve comienza a derretirse y el agua comienza
a correr. La bella primavera se aproxima cada vez más a nosotros
y nos trae la alegría. Ha llegado el mes de mayo y la hierba ha
aparecido con su color verde. En todos aparece una nueva
alegría."
La otra composición está escrita sobre el tema denominado
"Esperan": "En una montaña, sobre una roca en la parte ancha del
Volga, había una choza negra de pescadores, negra como el
azabache. Los troncos se zafaron y el aire derrumbó el techo de
paja. Se escuchó un llanto, se esperaba la llegada del pescador.
El día ya llegaba a su fin. Se sentía fresco el aire. Por fin en
el horizonte aparece una nube, una nube plomiza. El Volga
comenzó a escucharse y el pescador no aparecía. Primero apareció
un punto en el horizonte que fue creciendo. Era el bote del
pescador."
En estos relatos [Estos ejemplos de creación literaria, al igual
que los demás modelos presentados, han sido tomados en su
mayoría del libro del profesor I. M. Soloviev, La creación
literaria v el lenguaje de los niños de edad escolar, 1927.] se
pone de manifiesto de manera clara el sincretismo de la creación
infantil, la prosa no está separada de la poesía, algunas frases
están bien medidas y otras se basan en el ritmo libre; esta es
la forma aún no diferenciada del relato, mitad prosa y mitad
poesía, que es tan frecuente en el niño de esta edad. Veamos un
ejemplo de composición puramente en prosa, el autor es un
muchacho de 12 años, hijo de un obrero: "Ya atardecía, la
trilladora sonaba y no se oían las voces de los hombres. Pronto
sonó la campana y todos se fueron a sus casas. Había silencio
absoluto. Pero del bosque se escuchaba el mugido de las vacas y
la voz alta del pastor. Cuando pasó junto a la trilladora tiró
al suelo la colilla del cigarro que se estaba fumando. Comenzó
el fuego y el trigo ya a la media noche había ardido por
completo. Cuando el fuego se apagó nos fuimos a nuestras casas.
Todos sufríamos porque se había perdido la cosecha."
Puede citarse como ejemplo de creación literaria infantil
colectiva el relato que figuró en la exposición presentada en el
Instituto de Métodos de Trabajo Escolar entre 1925 y 1926. Este
trabajo pertenece a los alumnos del quinto grado de una de las
escuelas regulares comprendidos en las edades de 12 hasta 15
años. Los autores son siete: seis muchachas y un muchacho; a él
le pertenecen el plan general y la redacción de toda la obra. La
composición se titula "La historia del vagón número 1 243
contada por él mismo", surgió por iniciativa de los propios
niños al estudiar la producción.
En esta obra infantil colectiva se manifestaron los rasgos
principales de la creación literaria infantil: la fantasía del
animismo, que atribuye al material con el cual se ha creado el
vagón y al propio vagón sentimientos y vivencias humanas; el
enfoque emocional, que obligó a los niños no solo a comprender y
representarse la historia del vagón, sino también a vivirla, a
llevarla al lenguaje de los sentimientos y a tratar de
materializar esta estructura emocional y figurada en una forma
literaria externa y realizarla.
Aquí es fácil ver en qué medida la creación infantil se alimenta
de impresiones que parten de la realidad, elabora esas
impresiones y lleva a los niños hacia una comprensión más
profunda y hace que sientan esta realidad, sin embargo, es fácil
ver también en este relato lo que puede destacarse de toda la
creación infantil, en particular, la imperfección de esta
creación que se observa si se analiza desde el punto de vista de
las exigencias que le planteamos a la literatura profesional.
"Las obras infantiles -dice Revesh- tanto por su contenido como
por su técnica, son en su mayor parte primitivas, imitativas, de
valor desigual y no manifiestan una intensidad fortalecida
paulatinamente."
Esta creación es importante más bien para el propio niño que
para la literatura. No sería correcto ni justo analizar al niño
como escritor y exigirle a sus obras en la misma medida el que
le exigimos a la obra de un escritor. La creación infantil es en
relación con la creación de los adultos como el juego infantil
es a la vida; el juego es necesario al propio niño al igual que
la creación literaria infantil es necesaria sobre todo para el
desarrollo apropiado de las fuerzas del propio autor, es
necesaria también para el medio infantil en el cual nace y al
cual se dirige; esto naturalmente no quiere decir que la
creación infantil debe surgir solo espontáneamente de impulsos
interiores de los propios niños, que todas las obras de esta
creación son absolutamente iguales y que únicamente deben
satisfacer el gusto subjetivo de los niños. En el juego lo más
importante no es la satisfacción que recibe el niño al jugar,
sino el utilizar correctamente el sentido objetivo del juego que
inconscientemente el propio niño realiza; este sentido, como
sabemos, consiste en el desarrollo y la ejercitación de todas
las fuerzas y aptitudes del niño. De igual forma la creación
literaria infantil puede estimularse y dirigirse desde afuera y
debe analizarse desde el punto de vista del valor objetivo que
posee para el desarrollo y la educación del niño, la manera en
que ayudamos a los niños a organizar su juego, seleccionamos y
dirigimos su actividad lúdicra, así podemos estimular y dirigir
su reacción creadora. Los psicólogos desde hace tiempo han
establecido toda una serie de procedimientos que sirven a un
objetivo: provocar de manera experimental la reacción creadora
del niño, para lo cual se le dan determinadas tareas o temas, se
le brindan una serie de impresiones musicales y plásticas
tomadas de la realidad, etc., para provocarte la creación
literaria; sin embargo, todos estos procedimientos sufren
demasiada artificialidad y son útiles solo para un fin, para el
fin que fueron creados, provocar una reacción de los niños que
sirva como buen material de estudio.
Precisamente con el interés de estudiar esta reacción debe
emplearse algún estímulo sencillo repetido y conocido por el
psicólogo que le garantice tener en sus manos el hilo de esta
reacción creadora. Son otras tareas muy diferentes las que se
plantean al estímulo de la creación infantil; aquí la tarea es
otra, por eso son también otros los procedimientos. El mejor
estímulo de la creación infantil es la organización de, la vida,
del medio de los niños que cree las necesidades y posibilidades
de creación infantil. Puede citarse como ejemplo una forma muy
difundida, el periódico mural.
"El mural, si está hecho correctamente -dice Zliurin - agrupa
más que cualquier otro trabajo. En el mural se utilizan las más
diversas capacidades de los niños: los niños pintores hacen las
ilustraciones y los adornos; los aficionados a la literatura,
escriben; los organizadores hacen las reuniones y distribuyen el
trabajo; los aficionados a pasar en limpio los trabajos, a
recortar y pegar, que son muchos, con agrado realizan este
trabajo. En una palabra, en el mural se pueden aplicar todas las
inclinaciones infantiles. Los niños de más edad y los más
capacitados arrastran tras de sí -a los demás y a los pasivos. Y
esto lo realizan ellos mismos, sin que sea necesaria la
¡Herencia exterior.
Es importante también el papel del mural en el desarrollo del
lenguaje escrito de los niños, es conocido cómo el trabajo que
los niños realizan con interés y voluntariamente brinda muchos
más resultados que el trabajo por la fuerza."
Pero el valor principal del mural radica en que acerca la
creación infantil a la vida infantil, los niños comprenden para
que es necesario escribir; la actividad de la escritura se hace
una actividad consciente y necesaria. Tienen este valor o muchos
otros los murales de las aulas y los murales centrales de las
escuelas, los cuales hacen posible también unir en un esfuerzo
colectivo el trabajo de las más diferentes inclinaciones de los
niños, las fiestas y otros tipos de actividades que estimulan la
creación infantil.
Ya hemos hablado anteriormente de que la forma primaria de
creación infantil es la creación sincrética, o sea, aquella en,
la cual los diferentes tipos de arte aún no están definidos ni
especializados. De esta forma hablamos del sincretismo literario
de los niños que no separa la poesía de la prosa y el relato del
drama; pero, en los niños existe un sincretismo todavía más
amplio, precisamente la unión de los diferentes tipos de arte.
en un todo único de acción artística. El niño crea y se imagina
lo que relata como ocurrió con los niños descritos por Tolstoi.
El niño dibuja y al mismo tiempo relata sobre lo que está
dibujando, dramatiza y crea un texto literario para su papel.
Este sincretismo indica la raíz general de la cual parten todos
los diferentes tipos de arte infantil, esta raíz general es el
juego del niño que sirve de fase preparatoria para su creación
artística e, inclusive, cuando de este juego sincrético general
se destacan los diferentes tipos de creación infantil más o
menos particularizados, como el dibujo y la dramatización de la
composición, cada tipo no está completamente delimitado con
respecto a los demás y toma de ellos elementos.
En una particularidad de la creación infantil hallamos la huella
del juego, del cual proviene. El niño raramente trabaja durante
largo tiempo en su obra, la mayor parte la crea de un golpe. La
creación del niño recuerda en este caso el juego que surge de la
aguda necesidad del niño y brinda en su mayor parte la descarga
rápida y definitiva de los sentimientos que lo embargan.
La segunda relación con el juego consiste en que tanto en la
creación literaria, como en el juego los niños no han roto aún
los lazos con sus intereses y vivencias personales. Bernfeld
investigó las noveletas escritas por los adolescentes de 14 a 17
años de edad, en todas, como establece el autor, se manifiesta
una profunda huella de la vida personal de los jóvenes autores;
algunos no presentan otra cosa que sus autobiografías
enmascaradas, otros varían la base íntima del relato en gran
medida, pero no hasta el punto de que se pierda de su obra. Con
respecto a este subjetivismo de la creación infantil muchos
autores tratan de afirmar que ya en la infancia pueden
diferenciarse dos tipos principales de estilo: el subjetivo y el
objetivo. Nos parece que estos dos aspectos o rasgos de la
creación infantil pueden encontrarse en la edad de tránsito,
porque son reflejo de la ruptura que experimenta en esta época
la imaginación creadora del niño, pasando del tipo subjetivo al
objetivo. En muchos niños pueden haber características
expresivas volcadas hacia el pasado y en otros, hacia el futuro
fruto de su imaginación.
Indudablemente que este hecho está en relación directa con las
particularidades individuales de uno u otro niño. Toistoi señaló
estos dos tipos que corresponden a la imaginación plástica y
emocional como los establece Ribot: su Semka se distinguía por
el tipo plástico de creación, su relato se distinguía por un
fuerte valor artístico de la descripción, los detalles más
veraces iban unos tras otros.
"Semka, al relatar veía y describía lo que se hallaba ante sus
ojos: la chanclas de corteza de árboles, heladas y ateridas, y
el barro que las cubría cuando se descongelaban y los bizcochos
en los cuales se convirtieron cuando la bruja los echó al
horno." Su imaginación reprodujo y combinó patrones visuales
exteriores y formó con ellos un nuevo cuadro.
Fedka, por el contrario, creó, combinando en general los
elementos emocionales y los fue mezclando con los patrones
exteriores. El vio 'solo aquellos detalles que le provocaban el
sentimiento con él cual nú. raba un rostro conocido". Las
impresiones las seleccionó de acuerdo con un signo afectivo
común y solo aquellas que respondían a la emoción principal que
lo embargaba: el sentimiento de lástima, compasión y ternura.
Binet llamaba a estos dos tipos "observador' e 'interpretativo'.
Él consideraba que estos dos tipos se encuentran por ípd, tanto
entre los adultos pintores y científicos, como entre los
adolescentes. Binet estudió la creación de dos niñas de once y
doce a¡¡<" y medio de tu cuales una pertenecía al tipo de
creación objetiva y la otra, al tipo de creación subjetiva.
El profesor Soloviev, al analizar la creación de dos
adolescentes mostró en qué medida la pertenencia a uno u otro
tipo determina todos los detalles y la delicada estructura del
relato infantil. Esto se pone de manifiesto en la selección de
los epítetos, o sea, de los atributos, en los propios cuadros y
en el sentimiento de que están impregnados. Veamos un ejemplo de
los epítetos más usuales que se encuentran en la creación de las
niñas, en la objetiva: la nieve espumosa, blanca, plateada,
pura; la violeta azul; las nubes amenazadoras; el bosque
fragante, oscuro; el sol rojo y claro, dorado y primaveral. Todo
responde a percepciones visuales reales, todo brinda un cuadro
visual de las cosas. No ocurre lo mismo con la otra niña; sus
epítetos en toda su expresión y objetividad son ante todo
emocionales: la angustia irremediable, negros pensamientos
oscuros como una corneja.
Queda aún hacer el resumen; a todo el que se acerca a la
creación literaria infantil se le plantea una interrogante:
¿cuál es el sentido de esta creación si no puede formar en el
niño al futuro escritor, al creador, si es solo un fenómeno
breve, episódico en el desarrollo del adolescente que después se
reduce y a veces se pierde por completo?
El sentido y la importancia de esta creación consiste en que
permite al niño dar ese paso difícil en el desarrollo de la
imaginación creadora que brinda una nueva dirección de su
fantasía que se mantiene para toda la vida. Su sentido está en
que profundiza, amplía y purifica la vida emocional del niño,
estimula y condiciona por primera vez a la adultez y, por
último, su importancia radica en que le permite al niño, al
ejercitar sus deseos de creación y sus hábitos, dominar el
lenguaje ese instrumento delicado y complejo de formación y
entrega del pensamiento y el sentimiento humanos, y del mundo
interior del hombre.
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