Capítulo 8
DIBUJO EN LA EDAD INFANTIL
El
dibujo, como ya hemos señalado, es el tipo preferido de creación
infantil en la edad temprana. "A medida que el niño crece y entra en
el período de la infancia tardía siente con frecuencia decepción y
cierta apatía con respecto al dibujo." Luquet, quien realizó una
investigación sobre los dibujos de los niños, señalaba esta cierta
apatía o enfriamiento en el período comprendido entre los 10 y los
15 años, después de este enfriamiento, según su opinión, comienza de
nuevo el interés por el dibujo entre los 15 y los 20 años pero, este
nuevo auge de la creación plástica es experimentado solo por
aquellos con elevados dones en el plano artístico, la mayoría queda
para toda la vida en esta fase de ruptura y los dibujos de un adulto
que nunca ha dibujado, en este sentido, se diferencian muy poco de
los dibujos de un niño de ocho o nueve años que ha terminado su
ciclo de pasión por el dibujo. Estos datos muestran que en la edad
que nos interesa, el dibujo sufre una caída y esa actividad a menudo
es abandonada por los niños. Barnes, quien estudió más de 15 mil
dibujos establece que este rompimiento se observa en los 13 o 14
años de edad.
"Se puede establecer -dice él- que las niñas de 13 años y los niños
de 14 años se vuelven menos valientes en la expresión. Los niños que
generalmente se niegan a dibujar son los comprendidos en la edad que
sobrepasa los 13 años. Otras investigaciones en este sentido también
muestran que cerca de los 13 años, en el período de la madurez
sexual, los niños sufren variaciones en sus ideales."
Esta cierta apatía por el dibujo, en esencia, oculta el paso hacia
una nueva fase superior de desarrollo del mismo que se hace
accesible a los niños solo con estímulos exteriores favorables, como
por ejemplo la enseñanza del dibujo en la escuela, los patrones
artísticos de la casa, o con un don especial para ese tipo de
creación. Para comprender la ruptura que experimenta el dibujo
infantil en este período es necesario trazar en muy breves rasgos
las principales etapas que atraviesa su desarrollo en el niño.
Kerschensteiner, quien realizó experiencias sistemáticas con el
dibujo infantil distingue todo su proceso de desarrollo en cuatro
fases.
Si dejamos a un lado la etapa de los garabatos, las rayas y la
representación amorfa de algunos elementos y comenzamos de inmediato
desde que en el niño aparece el dibujo en el sentido propio de la
palabra, encontramos al niño en la primera fase o en la fase de
esquema, en la cual el niño dibuja representaciones esquemáticas del
objeto, muy lejanas de su forma real. En la figura humana con
frecuencia se representa la cabeza, las piernas y a menudo también
las manos y el tronco a lo que se limita toda la representación. Son
las llamadas cabezas con pies, 0 sea, seres esquemáticos
representados por el niño en lugar de la figura humana. Ricci, quien
investigó los dibujos infantiles le preguntó cierta vez a un niño
que había dibujado una cabeza con pies:
- ¿Por
qué tiene solo la cabeza y los pies?
- Porque eso es suficiente para ver y para salir a dar un paseo a
pie respondió el niño.
El rasgo
fundamental que diferencia a esta fase es el hecho de que el niño
dibuja de memoria y no tomando como patrón el natural. Un psicólogo
que le pidió a un ,niño que dibujara a su mamá, la cual también
estaba presente, pudo observar cómo no miró para ella en ningún
momento. Sin embargo, no solo las observaciones directas, sino
también el análisis del dibujo ponen de manifiesto que el niño
dibuja de memoria, dibuja lo que él sabe de una cosa, lo que le
parece principal en ella y, en general, no lo que ve sino lo que se
imagina de la cosa. Cuando un niño dibuja un jinete sobre un caballo
de perfil dibuja las dos piernas conscientemente, aunque el
observador desde uno de los lados vea solo una. Cuando dibuja a un
hombre de perfil, le hace dos ojos.
"Si quiere dibujar un hombre vestido -dice Bühler- hace lo mismo que
al vestir una muñeca: lo dibuja desnudo y después le va haciendo la
ropa como si el cuerpo se transparentara; en el bolsillo puede verse
un monedero y dentro, hasta monedas."
Se obtiene lo que correctamente se nombra dibujo de rayos X. En las
figuras 6 y 7 mostramos dibujos de rayos X, cuando el niño dibuja un
hombre vestido, le hace las piernas debajo de la ropa aunque no las
vea. Otra prueba clara de que en esta fase el niño dibuja de memoria
es la incongruencia y el carácter inverosímil del dibujo infantil:
partes significativas del cuerpo humano como el tronco, a menudo no
son dibujadas, las piernas aparecen directamente de la cabeza y a
veces las manos también. En ocasiones, las partes están en un orden
diferente al observado por el niño en otra figura humana.
En las figuras que mostramos en el apéndice, se observan las
representaciones esquemáticas de la figura humana mediante las
cuales se hace fácil deducir en qué consiste el bosquejo
esquemático. Selly, con toda razón, expresa lo siguiente sobre esta
fase: "Reconocer que el niño de tres o cuatro años se representa la
cara de una persona mejor que como la dibuja resulta sin sentido, si
hubiera duda de ello no podría dejarse de reconocer que sus dibujos
de la figura humana sin pelo, orejas, tronco ni manos están muy por
debajo de sus conocimientos, ¿ cómo puede explicarse? Yo considero
que esto es debido a que el pequeño creador es mucho más simbolista
que naturalista y no se preocupa en lo absoluto por la semejanza
completa y exacta, sino que solo desea la indicación más
superficial." Se sobreentiende que a esta pobreza de la elaboración
producto de la insuficiencia o falta de un objetivo artístico serio,
contribuyen también las limitaciones técnicas, por ejemplo, una cara
redonda, con dos líneas de apoyo corresponde a lo que el niño puede
hacer fácilmente y sin esfuerzo. Bühler con toda justeza señala que
los esquemas del niño son muy variados, ya que ellos, de la misma
forma que los conceptos, contienen solo rasgos esenciales y
permanentes de los objetos. El niño al dibujar transmite en el
dibujo lo que conoce del objeto y lo que ve, por eso con frecuencia
dibuja en exceso sobre lo que no ve; otras veces, por el contrario,
omite en el dibujo muchas cosas que evidentemente ve,.pero que para
él no son fundamentales en el objeto que se representa. Los
psicólogos llegan a la conclusión de que en esta fase el dibujo del
niño es como una enumeración o, mejor dicho, una narración gráfica
del objeto que se representa.
"Cuando a un niño de siete años de edad se le pide que describa un
caballo -dice Bühler- se produce en principio, la misma enumeración
de las partes del cuerpo que se observan en el dibujo: el caballo
tiene una cabeza, una cola, dos patas delante y dos patas detrás,
etc. Por eso el dibujo de memoria se ha comprendido simplemente como
una narración gráfica."
Y en realidad pueden explicarse estas cosas de la siguiente manera:
mientras el niño dibuja, piensa en el objeto que va a representar de
la misma forma que si hablara de él, en su exposición oral no está
ceñido al objeto y por eso puede, en ciertos límites, captar
cualquier detalle o pasar a través de ellos: por ejemplo, un enano
tiene una cabeza grande y dos piernas cortas, blancas como la nieve,
dedos y una nariz roja. Si la mano del pequeño pintor fuera a
dirigir de manera inocente e ingenua o mejor dicho, sin crítica,
esta descripción sencilla compuesta por contraposiciones, las
piernas cortas podrían -salir de forma fácil y directa de la gran
cabeza y aproximadamente en el mismo lugar pueden salir también las
manos y la nariz cae en el centro del óvalo de la cara pero, esto es
precisamente lo que realmente puede verse en muchos dibujos de la
infancia temprana.
La siguiente fase se llama fase del sentimiento que surge de la
forma y la línea. En el niño se va despertando paulatinamente la
necesidad no solo de enumerar las características concretas del
objeto descrito, sino también de captar las interrelaciones formales
de sus partes. En esta segunda fase de desarrollo del dibujo
infantil observamos una mezcla de la representación formal y
esquemática; por un lado, son todavía dibujos-esquemas, y por otro,
el embrión de lo que se representa es parecido a la realidad. Esta
fase no puede ser, por supuesto, claramente delimitada con respecto
a la primera, sin embargo, se caracteriza por la captación de una
cantidad considerable de detalles en lo representado, por una
distribución más real de las diferentes partes del objeto: ya no se
observan más omisiones inadmisibles del tronco; ya todo el dibujo se
acerca a la forma real del objeto.
La tercera fase, según Kerschensteiner, es la de la representación
verosímil en la cual el esquema desaparece del dibujo infantil en
general. El dibujo tiene forma de silueta o de contorno; el niño no
transmite todavía las perspectivas, ni la plasticidad del objeto, El
objeto aún está esbozado planimétricamente aunque en general, el
niño ya ofrece la representación del objeto con veracidad, con
realidad, muy parecida a su verdadera forma. "Solo muy pocos niños
-dice Kerschensteiner- en comparación van más allá de la tercera
fase con sus propias fuerzas sin contar con la ayuda de otra persona
que les enseñe. Hasta los 10 años de edad esto se observa solo como
rara excepción; desde los 11 años comienza a destacarse algún
porcentaje de niños que manifiestan cierta capacidad para la
representación espacial del objeto."
En esta cuarta fase de representación plástica, las diferentes
partes del objeto se representan con sentido de volumen y
perspectiva, mediante la utilización de colores y sombras, se le
transmite movimiento y se brinda en mayor o menor grado la impresión
plástica del objeto.
Para que la diferencia entre estas cuatro fases y la evolución
gradual que atraviesa el dibujo infantil sean apreciadas claramente
pondremos varios ejemplos: hay cuatro representaciones sucesivas de
un vagón de tranvía. La primera figura es puramente un esquema,
varios círculos disparemos que representan las ventanillas y dos
líneas alargadas que forman el propio vagón; eso es todo lo que
trazó el niño que quería transmitir la representación de un vagón de
tranvía. Más adelante continúa ese mismo esquema puro, pero ya las
ventanillas están colocadas a los costados del vagón y se transmite
con mayor veracidad la interrelación formal de las partes. En el
tercer dibujo se ofrece la representación esquemática de los vagones
con una enumeración detallada de las diferentes piezas y partes;
aquí se muestran las personas, los asientos, las ruedas, pero aún
tenemos delante de nosotros una representación esquemática. Y por
último, en el cuarto dibujo perteneciente a un niño de 13 años se
observa la representación plástica de un vagón de tranvía en
perspectiva y que muestra el aspecto real del objeto.
Se observan todavía más marcadamente estas cuatro fases del
desarrollo del dibujo infantil en los ejemplos de representación de
la figura humana y de los animales, temas preferidos por los niños.
En los primeros dibujos tenemos ante nosotros la representación
puramente esquemática de la figura humana, a menudo limitada por dos
o tres partes del cuerpo; paulatinamente, este esquema se enriquece
con algunos elementos, surge el dibujo de rayos X que acumula toda
una serie de detalles.
En la segunda fase encontramos de nuevo la representación
esquemática de rayos X como puede observarse, por ejemplo, en el
dibujo de un niño de 10 años que representó a su padre como un
conductor: el tronco y las piernas pueden verse a través de la ropa
y sobre la gorra hay un número, dos filas de botones aparecen
dibujadas en el abrigo; sin embargo, pese a toda la riqueza de
detalles transmitidos en la representación, sigue estando en la
primera fase del esquema puro. En la segunda fase de la
representación esquemática-formal mixta vemos el intento de
transmitir una representación del objeto más verosímil. Tenemos ante
nosotros el esquema mixto con el tipo o la forma real. Veamos por
ejemplo, el dibujo perteneciente a un niño de 10 años de edad: el
dibujo representa al padre o a la madre del niño, en estas figuras
es muy fácil observar las huellas de la representación esquemática
pero, en ellas predomina la transmisión exacta desde el punto de
vista formal del objeto.
Los dibujos pertenecientes a la tercera fase brindan
representaciones de contorno verosímiles y semejantes a la forma
real del objeto; aunque con algunos errores, faltas de
proporcionalidad y correspondencia, el niño se hace realista y
dibuja lo que ve, transmite la postura, el movimiento y tiene en
cuenta el punto de vista del observador, en su dibujo no está
presente el esquema.
Por último, en la cuarta fase, la representación plástica tiene en
cuenta y muestra la forma plástica del objeto representado, es así,
por ejemplo, el cuadro representativo del muchacho que duerme; el
dibujo pertenece a un niño de 13 años.
Estas mismas cuatro fases podemos observarlas cuando se representa
un animal, lo que muestra convincentemente que la diferencia en la
representación está condicionada aquí no por el contenido y el
carácter del tema del dibujo, sino que está relacionada con la
evolución que sufre el propio niño.
En el primer dibujo (fig. 19) se representa un caballo que en lugar
de cabeza tiene un rostro humano; en esta primera fase los niños
dibujan todos los animales completamente iguales y los esquemas de
los gatos, los perros, y a veces, hasta de las gallinas, no se
diferencian entre sí. El niño reiterada y esquemáticamente dibuja el
tronco, la cabeza y las patas. En el referido dibujo la cara tiene
forma marcadamente humana, aunque es la de un caballo. En la segunda
fase el niño presenta el esquema de un caballo agregándole algunos
rasgos que corresponden a la forma real de¡ caballo, por ejemplo, la
forma típica de la cabeza y el cuello; su dibujo del caballo ya
comienza a diferenciarse notablemente del dibujo del gato y de otros
animales, principalmente del esquema de las aves.
En la tercera fase, el niño presenta la imagen plana de contorno
pero verosímil de un caballo y solo en la cuarta fase, corno puede
apreciarse en la figura 20, el niño alcanza una representación
plástica del caballo en perspectiva. A primera vista parece una
paradoja cuando miramos las fases recién esbozadas por las que
atraviesa el proceso de desarrollo gráfico infantil. Nosotros
esperábamos lo contrario, que el dibujo mediante la observación
fuera más fácil que el dibujo de memoria, sin embargo, los
experimentos de observación demuestran que el dibujo mediante la
observación, la representación o imagen real del objeto es solo la
fase superior y última en el desarrollo del dibujo infantil, la fase
que alcanzan solamente contados niños.
¿Cómo se explica esto? En los últimos tiempos el investigador de los
dibujos infantiles, el profesor Bakushinski trató de dar una
explicación a este fenómeno. De acuerdo con su explicación, el
primer período en el desarrollo del niño está caracterizado por el
predominio en la percepción infantil de las impresiones
"motor-táctiles" y ese mismo procedimiento de orientación en el
mundo circundante. Estas son consideradas primarias en comparación
con las impresiones visuales y estas últimas están subordinadas a
los procedimientos táctiles de orientación del niño.
"Todas las acciones del niño -dice este autor- y los productos de su
creación pueden ser comprendidos y explicados tanto en general como
en particular, mediante la interrelación entre los procedimientos
'motores-táctiles' de la percepción del mundo por el niño. El niño
está por entero y realmente en movimiento, realiza cosas reales, le
interesa sobre todo el proceso de la acción más que sus resultados;
prefiere hacer las cosas y no representárselas, trata de utilizarlas
hasta el límite de lo utilitario, principalmente en el proceso del
juego y se manifiesta indiferente o casi indiferente hacia su
contemplación, en especial, hacia una contemplación prolongada. En
este período las acciones del niño se destacan por un fuerte
colorido emocional. La acción física predomina sobre los procesos
analíticos de la conciencia. Los productos de la creación se
destacan por un esquematismo extremo y representan con frecuencia
los símbolos más generales de las cosas; las transformaciones y
acciones que conducen a ellos no se reproducen, de esto se habla, o
se muestra en el juego."
La tendencia fundamental en la evolución del niño consiste en que el
papel de la visión en el dominio del mundo comienza a ser mayor, de
una posición subordinada pasa a una posición predominante y el
propio aparato "motor-táctil" de la conducta del niño se subordina
al visual. En el período de tránsito se observa la lucha de las dos
orientaciones contrarias de la conducta infantil que culmina con el
triunfo total de la orientación visual en la percepción del mundo.
"El nuevo período está relacionado con un debilitamiento de la
actividad física exterior -dice Bakushinski- y un fortalecimiento de
la actividad mental. Comienza entonces la etapa o fase del análisis
y la reflexión en el desarrollo infantil, la cual se prolonga
durante la infancia tardía hasta la adolescencia.
En la percepción del mundo y el reflejo creador de esa percepción
desempeñan ahora un papel predominante las etapas visuales. El
adolescente se vuelve más observador, contempla y siente
intelectualmente el mundo como un fenómeno complejo, complejidad que
percibe no tanto en la diversidad de la existencia de las cosas,
como ocurría en el período anterior, sino en las relaciones y
cambios establecidos entre ellas."
Al niño de nuevo le interesa un proceso, pero no el propio proceso
de acción, sino el proceso que se opera en el mundo exterior.
En la creación plástica el adolescente en este período tiende a la
adopción de un estilo naturalista e ilusorio, quiere representar las
cosas como si fuesen reales, la orientación visual le permite
dominar los métodos de representación del espacio con perspectiva.
De esta forma, vemos que el paso hacia una nueva forma de dibujo
está relacionada en este período con profundas transformaciones en
la conducta del adolescente. Es interesante remitirse a los datos de
Kerschensteiner referentes a la frecuencia de estas cuatro fases.
Hemos visto que la cuarta fase la ha observado Kerschensteiner solo
desde los 11 años, o sea precisamente a partir de la edad en que,
según señala la mayoría de los autores, comienza en los niños la
decadencia de su arte para dibujar. Evidentemente, esto guarda
relación, como ya se ha señalado, por una parte con los niños con
dones especiales y por otra, con aquellos niños en los cuales la
enseñanza en la escuela o las condiciones existentes en su casa
crean estímulos favorables para el desarrollo del dibujo.
Ya esta creación no es masiva, espontánea, o sea ya no es la
creación infantil surgida espontáneamente; es la creación
relacionada con la habilidad, con ciertos hábitos de creación y con
el dominio del material, etc. De los datos presentados por el autor
podernos hacernos una idea sobre la distribución de las cuatro fases
de acuerdo con la edad: vemos que todos los niños de seis años de
edad están en la primera fase del esquema puro. A partir de los 1 1
años es mucho menos frecuente, el dibujo se perfecciona y a partir
de los 13 años aparece el dibujo real en el sentido completo y
exacto de esta palabra.
Son curiosos los datos de otro investigador del dibujo infantil, de
Levinstein, los cuales muestran que el niño en las diversas edades
traza la figura humana mediante su representación esquemática.
De esta forma vemos que el tronco se observa solo 50 veces en los
niños de cuatro años de edad y 100 veces en los de 13 años, los
párpados y las cejas se observan en el 92 % de los niños de 1 3 años
y nueve veces menos en los de cuatro años. La conclusión general que
puede hacerse al observar estos datos es la siguiente: las piernas,
la cabeza y las manos se observan en las fases más tempranas de
desarrollo del dibujo infantil, otras partes del cuerpo, los
detalles y la ropa aumentan a medida que aumenta la edad de los
niños.
De lo planteado anteriormente surge la pregunta de cómo es necesario
abordar la creación artística en el período de tránsito.
¿Es acaso una rara excepción, hay que estimularla, darle
importancia, cultivarla en los adolescentes o es necesario pensar
que este tipo de creación muere de muerte natural cuando llega al
período de tránsito?
Veamos cómo valora la niña-adolescente los resultados sus
actividades en el círculo de interés de educación artística bajo la
dirección de Sakulina [El trabajo de esta autora y de los siguientes
puede consultarlo en la colección de artículos, El arte en la
escuela de enseñanza laboral Moscú 1926.]:
"Ahora me hablan los colores. Su combinación produce en mí
determinado estado de ánimo. Los colores y el dibujo me explican el
contenido del cuadro y su idea y después comienza a acaparar mi
atención la agrupación de los objetos, que también crea un estado de
ánimo, así como los claros y oscuros que le dan mucha vida. Este
color me gusta mucho y cuando dibujamos del natural siempre quiero
dar el máximo porque con él todo se vuelve más vivo, pero es muy
difícil."
En el desarrollo de la creación artística infantil, incluida la
creación plástica, es necesario observar el principio de libertad el
cual es en general la condición indispensable de toda creación. Esto
quiere decir que las actividades de creación de los niños no pueden
ser obligatorias y pueden surgir solo como resultado de los
intereses infantiles. Por eso también el dibujo en la edad de
tránsito no puede ser masivo ni un fenómeno general, pero para los
niños dotados y hasta para los niños que no piensan ser pintores
profesionales el dibujo tiene una enorme importancia cultural.
Cuando, como se expresa anteriormente, los colores y el dibujo
comienzan a hablarle al adolescente, este comienza a dominar un
nuevo lenguaje que amplía su horizonte, que profundiza sus
sentimientos y le transmite en el lenguaje de las imágenes lo que
ningún otro procedimiento puede hacerle comprender. En la edad de
tránsito están relacionados con el dibujo dos problemas
extraordinariamente importantes que analizaremos en las
conclusiones. El primero de ellos consiste en que para el
adolescente ya no es suficiente con una actividad de imaginación
creadora, no le satisface el dibujo hecho de cualquier manera. Para
materializar su imaginación creadora necesita adquirir hábitos
artísticos y profesionales especiales.
Debe aprender a dominar el material, el procedimiento especial de
expresión que brinda la pintura; solo cultivando este dominio del
material podernos encauzar correctamente el desarrollo del dibujo
infantil en esta edad. De esta forma, vemos el problema en toda su
complejidad, formado por dos partes: por un lado es necesario
cultivar la imaginación creadora y por otro, el proceso de
materialización de las imágenes originadas por la creación necesita
un cultivo especial. Solo allí donde existe el desarrollo suficiente
de uno u otro aspecto, la creación infantil puede desarrollarse
correctamente y brindarle al niño lo que tenemos derecho a esperar
de él. Otro aspecto es que el dibujo infantil a esta edad se
relaciona muy estrechamente con el trabajo en la producción o con la
producción artística. Pospelova habla de la experiencia de creación
infantil en la esfera de la creación de grabados. En el proceso de
esta creación los niños hicieron grabados, lo cual requería de ellos
una serie de procesos técnicos para la confección de grabados e
impresiones.
"El proceso de impresión -dice la autora-- atrajo muchos niños al
grabado y después de los primeros pasos el círculo de interés creció
considerablemente."
El grabado se hizo objeto no solo de creación artística, sino
también de creación técnica de los niños. Con frecuencia el grabado,
gracias a las particularidades de su técnica, no se utilizaba en lo
absoluto con objetivos artísticos, los niños hacían títulos,
carteles, letras y utilizaban la técnica del grabado en la
confección del mural, hacían ilustraciones para las clases de
estudios de la naturaleza y estudios sociales, en todo esto se
relacionaban con el trabajo tipográfico. Y la autora con toda
justeza hace la siguiente conclusión: "Ha quedado claro con respecto
al interés de los adolescentes por la actividad técnica que uno de
los procedimientos pedagógicos más efectivos es el de atraer la
atención hacia alguna actividad mediante la creación artística
personal." Esta síntesis del trabajo artístico del productivo
caracteriza, como ninguna otra, a la creación del niño en este
período. Los dos grabados mostrados por la autora que representan un
molino y una campesina muestran hasta qué punto pueden ser complejos
los procesos técnicos y de creación cuando se combinan.
Todo arte al cultivar procedimientos especiales de materialización
de sus imágenes cuenta con su técnica particular y esta unión de la
disciplina técnica con la ejercitación creadora, es realmente lo más
valioso conque cuenta el pedagogo a esta edad. Labunskaya y Pestel
describieron la experiencia del trabajo con los niños en la esfera
de la producción artística.
"Qué importancia -preguntan los autores- puede tener la producción
artística para los niños de 13, 14 y 15 arios de edad, la edad de
tránsito y la más difícil en el aspecto artístico-pedagógico, la
edad en la cual hasta los más capacitados podríamos decir que se
contagian con la afirmación: 'no sabemos hacerlo como es debido,
pero así como lo hacemos no vale la pena'. Solo si se conservan sus
aspiraciones orientadas hacia la creación y el dominio del material
puede brindárselas la educación artística posterior y la instrucción
mediante su incorporación a la producción artística. El lápiz, la
arcilla y los colores que pueden utilizarse para tareas puramente
plásticas podrían aburrirles. Nuevos materiales y problemas
prácticos brindan un inusitado impulso a su creación. Si en la
infancia temprana la superación de las dificultades técnicas apagaba
y frenaba sus impulsos de creación, vemos que ahora por el
contrario, determinadas limitaciones, las dificultades técnicas y la
necesidad de utilizar su inventiva en determinados marcos, hacen
mayor su actividad laboral creadora, de aquí el valor de la
orientación profesional de la producción."
La importancia del aspecto técnico con el cual debe estar
pertrechada la creación para que sea posible en este período, se
hace evidente si se tiene en cuenta que brinda de una forma más
accesible al miro el fruto del trabajo creador. Los autores con toda
justeza dicen que esta creación enseña al niño a manifestar su
capacidad creadora en la construcción de la vida en la sociedad
socialista (embellecimiento de los clubes, confección de carteles,
accesorios para el teatro, murales, etc.) Los autores en su
experiencia han utilizado el bordado, la pintura mural, el estarcido
en lienzo, juguetes, artículos de carpintería y de confección textil
y, todas estas experiencias arrojaron el mismo resultado productivo:
junto al desarrollo de las posibilidades creadoras, se produjo el
desarrollo técnico de los niños, el propio trabajo se hizo
consciente y con alegría, mientras que la creación dejó de ser un
entretenimiento, un juego que no interesaba al adolescente, para
comenzar a ser algo que satisfacía la actitud responsable y crítica
del niño hacia su actividad, ya que se estructuró sobre la base de
la técnica que el niño fue dominando paulatinamente. De aquí, como
de la experiencia de las escenificaciones teatrales infantiles, es
muy fácil hallar la salida hacia la esfera de la creación puramente
técnica de los niños.
Sería completamente irreal imaginarse esta cuestión como si todas
las posibilidades de creación de los niños se limitarán
exclusivamente a la creación artística. Desdichadamente, la
educación tradicional que mantenía a los niños apartados del trabajo
les permitía poner de manifiesto y desarrollar las capacidades
creadoras, principalmente, en la esfera del arte. Precisamente con
esto se explica que la creación artística infantil sea más estudiada
y mejor conocida. Sin embargo, también en la esfera de la técnica
nos encontramos con el desarrollo creciente de la creación infantil,
principalmente en la edad que nos interesa. La confección de modelos
de aeroplanos y máquinas, la creación de nuevas construcciones,
dibujos y las actividades en los círculos de interés de los jóvenes
naturalistas, todas estas son formas de creación técnica infantil
que cobran una enorme importancia debido a que dirigen el interés y
la atención de los niños hacia una nueva esfera en la cual puede
reflejarse la imaginación creadora del hombre.
Como hemos visto, la ciencia, al igual que el arte permite la
incorporación de la imaginación creadora y la técnica es el producto
de esta actividad, la imaginación cristalizada según expresión de
Ribot. Los niños que tratan de dominar tanto los procesos de
creación científica y técnica, como de creación artística se apoyan
en igual medida en la imaginación creadora. El desarrollo de la
radio en la actualidad, la propaganda general de la enseñanza
técnica, crearon en los últimos años el desarrollo de toda una red
de círculos de interés de electrotecnia. junto a ellos existe toda
una serie de círculos de interés sobre la producción para la
juventud trabajadora en las empresas: de aviación, química,
construcción, etcétera.
Esta misma tarea la realizan los círculos de jóvenes naturalistas
con respecto al desarrollo de la creación infantil, en ellos tratan
de combinar su trabajo creador con las tareas de llevar adelante la
economía. Los círculos de interés de jóvenes naturalistas y técnicos
conque cuentan los clubes de pioneros deben convertirse en una
escuela para la creación técnica futura de nuestros adolescentes.
No nos detendremos detalladamente en este, ni en otros tipos de
creación como la música, la escultura, etc., ya que no es propósito
nuestro brindar una enumeración completa y sistemática de todos los
tipos posibles de creación infantil. Nuestro objetivo tampoco es la
descripción de la metodología del trabajo con los niños en cada uno
de los tipos de creación artística enumeradas anteriormente. Para
nosotros solo ha sido importante señalar el mecanismo de creación
infantil y las particularidades de esta creación en la edad escolar
y a partir de los ejemplos de aquellas formas más estudiadas de
creación del escolar, también mostrar el trabajo de este mecanismo y
la existencia de estas particularidades.
Como conclusión es necesario señalar la extraordinaria importancia
que tiene el cultivo de la creación en la edad escolar. El hombre
conquista el futuro mediante la imaginación creadora; la orientación
hacia el mañana, la conducta que se apoya y parte de ese futuro, es
la función principal de la imaginación. Ya que la orientación
educativa fundamental del trabajo pedagógico consiste en la
dirección de la conducta del escolar siguiendo la línea de su
preparación hacia el futuro, el desarrollo y la ejercitación de su
imaginación constituyen una de las fuerzas principales en el proceso
de realización de este objetivo.
La formación de una personalidad creadora proyectada hacia el futuro
es preparada por la imaginación creadora encarnada en el presente.
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