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M. Foucault: Eso no es tanto como parece. En la cultura
griega existe una abundante y destacada literatura sobre el amor de los
muchachos, y los historiadores han visto en ello la prueba de que los
griegos lo practicaban. Pero eso prueba también que esa clase de amor
suscitaba problemas. En efecto, si no hubiera ningún problema, los
griegos habrían hablado de él en los mismos términos que al hablar del
amor heterosexual. Ocurría que se consideraba inadmisible que un joven
destinado a convertirse en hombre libre pudiera ser dominado y utilizado
como un objeto para placer de otro. Una mujer o un esclavo podían hacer
el papel de pasivos, ya que ello formaba parte de su naturaleza y de su
estatus social. Todas estas reflexiones filosóficas sobre el amor de los
jóvenes prueban que los griegos no podían integrar esta práctica con
normalidad en el ámbito de su yo social. Ni tan siquiera podían llegar a
imaginar que existiera la posibilidad de una reciprocidad de placer
entre el muchacho y un hombre adulto. Así, Plutarco, por poner un
ejemplo, cuando dice que el amor a los muchachos es problemático no es
porque considere que ese tipo de amor sea contra natura. Lo que dice es:
"No puede haber reciprocidad en las relaciones físicas entre un muchacho
y un hombre".
E: Hay algo que
señala Aristóteles acerca de la cultura griega que usted no ha
mencionado, pero que a mi me parece muy importante: el tema de la
amistad. En la literatura clásica la amistad es el lugar del
reconocimiento mutuo. Al leer tanto a Aristóteles como a Cicerón, parece
que la consideran la virtud más elevada, pues es desinteresada y
duradera, no tiene precio, y no niega el placer.
M. Foucault: El
uso de los placeres es un libro sobre ética sexual, no sobre el amor, la
amistad o la reciprocidad. Es significativo que Platón, cuando trata de
fundir la amistad con el amor hacia los muchachos tenga que desechar las
relaciones sexuales. La amistad es recíproca, cosa que no ocurre con las
relaciones sexuales: en las relaciones sexuales uno tiene que ser activo
o pasivo, penetrar o ser penetrado. Donde hay amistad es difícil que
existan relaciones sexuales; una de las razones por la que los griegos
sintieron la necesidad de justificar filosóficamente este tipo de amor
es que no se concebía la reciprocidad física. En el Banquete, Jenofonte
nos dice que Sócrates señalaba que en las relaciones entre un adulto y
un muchacho, este no es más que el espectador del placer del hombre; aún
más, que es deshonroso para el muchacho sentir cualquier tipo de placer
en la relación con el adulto.
Lo que quisiera
plantear, entonces, es lo siguiente: ¿somos capaces de tener una ética
de los actos y de su placer que considere el placer del otro? ¿Es el
placer del otro algo que pueda ser integrado en nuestro propio placer,
sin referencia a la ley, al matrimonio o a cualquier otra obligación?
(...)
E: ¿Y cual era
el concepto que tenían los griegos de desviación?
M. Foucault:
Según su ética sexual la diferencia no estaba en preferir a los mujeres
o a los hombres, ni en hacer el amor de una u otra forma. Era más bien
una cuestión de cantidad, y de actuar como activo o como pasivo; en ser
esclavo de los propios deseos o maestro de ellos.
E: ¿Y si alguien
hacía tanto el amor que su salud podía resentirse?
M. Foucault: Eso
era lo que ellos llamaban "la hybris", el exceso. No se planteaban el
tema de la desviación, sino el del exceso o la moderación.
E: ¿Y qué hacían
los griegos con gente?
M. Foucault:
Eran consideradas personas de mala reputación.
E: ¿Pero
intentaban curarlos o llevarlos al buen camino?
M. Foucault:
Bueno, existían ejercicios para que uno aprendiera a gobernarse a sí
mismo. Epicteto afirmaba que uno debería poder mirar a una joven hermosa
o a un muchacho bello sin sentir deseo por ella o por él. Para conseguir
esto era preciso convertirse en maestro de uno mismo.
En la sociedad
griega existía una corriente de pensamiento que promovía la austeridad
sexual; era esta una creación de gentes cultivadas que deseaban dar a su
vida belleza e intensidad. Algo parecido ha ocurrido aquí desde el siglo
XIX cuando, para alcanzar una vida más bella la gente ha tratado de
liberarse de la represión sexual inculcada por la sociedad desde la
infancia. En Grecia, probablemente Gide hubiera sido un filósofo
austero.
E: Así que, para
alcanzar una existencia hermosa los Griegos eran austeros, mientras que
nosotros buscamos la realización personal en la ciencia psicológica.
M. Foucault: Eso
es. Contamos con todo un tesoro de procedimientos, técnicas, y conceptos
que han sido creados por la humanidad. No es que podamos reactivarlos,
pero al menos podemos emplearlos como instrumentos para analizar la
realidad actual y cambiarla. Desde luego, no podemos elegir el mundo
griego en vez del nuestro, pero comprobar que algunos de nuestros
principios éticos estuvieron ligados en cierto momento a una estética de
la existencia puede constituir un análisis histórico útil. Durante
siglos hemos estado convencidos de que existían relaciones analizables
entre la ética personal que rige nuestra vida cotidiana y las grandes
estructuras políticas y socio-económicas. Hemos pensado que no podíamos
cambiar nada de nuestra vida sexual o familiar sin que eso trastocara la
economía, el sistema democrático, etc. Considero que deberíamos
desembarazarnos de esa idea de que existe una relación necesaria entre
la ética y las estructuras sociales, económicas o políticas. Esto no
significa, naturalmente, que no existan relaciones, pero se trata de
relaciones variables.
E: Entonces,
¿qué tipo de ética podemos construir ahora que sabemos que entre la
ética y las otras estructuras existe una coagulación histórica y no una
relación necesaria?
M. Foucault: Lo
que me sorprende es el hecho de que en nuestra sociedad el arte se haya
convertido en algo que no concierne más que a la materia, no a los
individuos ni a la vida, que el arte sea una especialidad hecha sólo por
los expertos, por los artistas. ¿Por qué no podría cada uno hacer de su
vida una obra de arte? ¿Por qué esta lámpara o esta casa puede ser un
objeto de arte pero mi vida no?
E: Entonces, si
el hombre ha de crearse a sí mismo sin recurrir al conocimiento ni a
reglas universales ¿en qué difiere su planteamiento del existencialismo
de Sartre?
M. Foucault:
Creo que desde un punto de vista teórico, Sartre, a través de la noción
moral de autenticidad, retoma la idea de que debemos ser nosotros
mismos, es decir, convertirnos en nuestro verdadero yo. Pero podríamos
ligar su pensamiento teórico con el concepto de creatividad, y no con el
de autenticidad. Si el yo no nos viene dado, llegamos a una consecuencia
práctica: debemos constituirnos a nosotros mismos, fabricarnos, crearnos
como si fueramos una obra de arte.
(...)
Fin
Fuente: Le Nouvel Observateur, junio de
1984. |