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Varios. Miscelánea |
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"Hoy
parece que estamos padeciendo un barrido cultural. . . En
palabras de Julián Ribera y Tarragó (1), Felipe Pedrell "tuvo el
humor de negar toda influencia árabe en la música española". Y en
palabras dc Emilio García Gómez, Falla, partidario de Pedrell y gran
militante antiárabe, paradójicamente con su residencia, alzó su clan,
el clan Falla, contra Ribera.
La militancia antiár'abe continuó con las investigaciones de Mosén
Higinio Anglés con su libro sobre las Cantigas (1940). Ignorando
totalmente el árabe, su lengua, arte, métrica y música, Higinio Anglés
sustentaba la "tesis litúrgica" como única fuente de la lírica
popular europea, y por lo tanto, de la nuestra. Según García Gómez,
Anglés nunca habla acertadamente de la métrica de las Cantigas, las
cuales son en un 95% moaxajas persas y sería increíble paradoja que
estas moaxajas se hubieran hecho sobre música litúrgica o que la música
litúrgica se aplicase a moaxajas árabes.
La tesis de Ribera, que conocía tanto la cultura árabe, métrica,
música etc. , como todas estas cuestiones referidas al mundo occidental,
se fundamenta en que los musulmanes andaluces crearon un sistema estrófico
peculiar y de formas poéticas distintas de las clásicas árabes y que
este sistema se extendió por toda la Península. En sus investigaciones
comprueba que el Cancionero de Palacio (ss. XV‑XVI) tenía
construcciones estróficas y métricas semejantes a las de los moros
andaluces, pero también descubre que la música y melodías de dicho
Cancionero son árabes y ello le lleva a transcribir e interpretar una música
hasta entonces indescifrable: ‑La Música de las Cantigas.
Dice Ribera que penetró un fantasma en la Península y en Europa,
una música a la que los artistas europeos medievales, desconocedores de
su esencia artística, calificaron de
música ficta. Una música que por su extraordinaria perfección artística
denuncia una formación secular, antiquísima. Y ‑continúa
Ribera‑ esto se explica porque el arte musical de los pueblos
musulmanes deriva de los sistemas persa y bizantino, los cuales debieron
ser herederos de Roma y Atenas. Al
historiar la música árabe desde sus orígenes hasta llegar al desarrollo
de esa música en España, la denominada "música andaluza",
Ribera, que, volvemos a repetirlo desconocía todo cuanto a flamenco
se‑refería, pone de manifiesto toda una serie de características
que presentan una similitud extraordinaria con el flamenco, con el cante
flamenco.
Así en cuanto a la condición social del músico entre los árabes,
aspecto físico, etc. , nos dice que "el ser músico teníase por
profesión d enigrante, cuyo ejercicio conducía a la infamia". "Abensotaich
‑músico y cantor de la primitiva escuela de La Meca y Medina‑
era tuerto, calvo, lagrimoso y enfermizo. "
"Las esclavas cantaban alegres canciones en las tabernas o en
lugares y ocasiones en que la gente se divierte: convites, bodas y
fiestas. " "Los
artistas eran populares, en el sentido de que procedían de clases bajas,
como que su oficio estaba descalificado. "
Dice al hablar de Mojárec, uno de los mejores artistas de la
escuela clásica de los Mosulies, que era:"Hijo de carnicero, anduvo
cantando en pregones por las calles de Cufa la carne de su padre".
A propósito de los músicos Barsuna y Zélzel:"Ambos procedían
del bajo pueblo de Cura: eran rudos, sucios e innobles individuos". Otro
célebre cantor, Abusadaca, cantaba melodías populares que
canturriaban‑ los marineros obarqueros, los albañiles y los
aguadores de Bagdad. Por
lo que respecta a las voces y gritos: "Dicen que lshac, de la escuela
de Bagdad, introdujo la voz de falsete (o la voz de los castrados). Tenía mucha
facilidad artística, mucho gusto para cantar, pero su voz natural no te
acompañaba para cantar". Hablando
del mismo lshac, nos dice que: "La mayor parte de sus mejores cantos
comenzaban por una nota aguda y fuerte, hasta el extremo de que te
pusieron un mote despectivo: el picado por escorpión, pues principiaba
gritando en sus más bonitas canciones". En
cuanto al ritmo y compás: "Al
oír cantar a Abensoraich, llevando el compás, con su varita, se recibía
la impresión de que era un ángel el que cantaba". Los
músicos de la escuela clásica árabe tomaron las melodías de la música
persa y bizantina, juntamente con la música instrumental. Pero como ya
tenían una métrica tradicional y clásica, la música tuvo que adaptarse
a la métrica. En
este sentido sujetaron la música a ritmos matemáticos, es decir, a compás,
señalados por batuta y/o varita. Además,
no se trataba de una música unísona, sino armónica, puesto que el músico
Chafar exigía al cantor a quien debía acompañar que insinuara la salida
de su canción ‑como en el cante flamenco‑ y además ‑y
conforme a la guitarra flamenca‑ "había pulsaciones rasgueadas
o batidas". EL
VINO ES ACOMPAÑANTE DE LA MUSICA Hablando
de la música y el canto en la corte de los califas de Damasco y Bagdad,
nos dice que: "Se
introducen en la corte damascena el vino y la música, que antes y después,
dentro del islamismo, han sido compañeros inseparables". Nos
cuenta que Mojárec, cantor en Bagdad, "después de emborracharse, púsose
a cantar". Así
pues, esta música oriental penetra en España y alcanza gran esplendor y
difusión con los Omeyas cordobeses. Fue Abderramán 11 el monarca español
a quien se debe el mayor impulso para aclimatar en España el arte musical
de la escuela árabe de Oriente y esto mayormente a través del gran músico
Ziriab, que, por ser de color moreno muy subido, por la claridad y fluidez
de su canto se te llamó Pajaro Negro. Fueron famosas sus dos normas para
cantar: Todo
aquel que empiece a cantar debe empezar por el anexir (recitación). En
los cantaores antiguos era práctica corriente. ‑Empezaba
gritando la frase: Ya
hacham. Muchos cantaores suelen hacer la "salía"
ya ya ya.
La afición por la música oriental ‑ya andaluzada‑,
evolucionada o transformada en música andaluza, fue importante en toda
España y hasta los siglos Xlll y XIV es una moda en Sevilla y otras
muchas ciudades.
Muy poco antes de la muerte de Almanzor se cuenta que: "El
gusto de la música se había extendido tanto, y la música se había
popularizado a tal extremo, que en una ciudad andaluza no podía
encontrarse barrio, calle ni rincón silencioso en que pudiese una persona
verse libre de oír por todas partes instrumentos de música y canciones. ¿En
qué parte del mundo, en qué ciudad ocurriría semejante fenómeno en el
siglo Xl?" En Sevilla.
Y ya casi hasta el inicio de la Edad Moderna: "En
Sevilla realmente estaba el foco de la música española, sobre todo en un
barrio pobladísimo que Almotámid hermoseó, obligando a sus moradores a
que blanquearan las casas, especialmente las que caen al río, y renovó
con medidas de policía urbana, que dieron a ese barrio aspecto seductor,
con sus dorados ventanales. En él, durante las noches de luna, se
celebraban las veladas musicales más famosas que hubo en todo el mundo
occidental. Nos habla de las mismas un escritor musulmán que estuvo en
Sevilla, casi contemporáneo de Alfonso el Sabio. Ese barrio de Sevilla
llamábase entonces, como ahora Triana Ribera,
tras hablarnos del famoso inventor de la moaxaja y Zéjel Mocadem Ben Moafá,
el Cabri, nos dice lo siguiente: "A
España llegó la música oriental en el momento en que se había iniciado
ya la decadencia en Oriente, con todos los refinamientos cortesanos, traída
desde los tiempos de Ziriab por artistas patatinos: pero el pueblo español,
al asimilársela, tuvo la virtud de devolverle la sencillez, sacándola de
los salones y palacios para traerla a la plaza, convirtiéndola en espectáculo
popular no sólo adaptándola al gusto del pueblo que le pagaba y aplaudía,
sino moldeando su forma artística de modo especial. Al
ser conquistadas las ciudades moras, ¿se romperían todos los laúdes, cítaras,
flautas y rabeles y enmudecerían todas las gargantas de hombres, mujeres
y chicos? Insanía fuera el imaginarlo: los moriscos que permanecieron
tras la reconquista en tierras cristianas, en multitud inmensa esparcida
por toda la Península, continuaron cantando y tocando su música árabe
tradicional, no sólo la lastimera y triste, que es la que se nos figura más
adecuada a su nueva situación de vencidos y dominados, sino también la
alegre y festiva, que es la que podría servirles para consuelo en sus
tribulaciones y olvido de sus pesares". ESTADO
DE LA CUESTION Uno
de los primeros escritos flamencos que tenemos es obra del costumbrista
Serafín Estébanez Calderón; se trata de
Escenas Andaluzas. En una de estas escenas, Un
baile en Triana, el autor nos da su opinión sobre la importancia de
los moriscos en relación con el baile y cante flamencos. Veamos
lo que dice: "Estos
bailes pueden dividirse en tres grandes familias, que, según su condición
y carácter pueden ser o de origen morisco, español o americano, pero
entre todos estos bailes y cantares merecen llamar la atención los que
conservan su filiación árabe y morisca. Estos se descubren por la melancólica
dulzura de su música y canto y por el desmayo alternado con vivísimos
arrebatos en el baile"(2). Unas
páginas más adelante de Un baile
en Triana surge nuevamente el tema morisco con ocasión de la música
de los romances que por aquella época se cantaban y a propósito del Romance
del Conde Sol en boca del cantaor El Planeta nos dice: "La
música con que se cantan estos romances es un recuerdo morisco todavía.
Sólo en muy pocos pueblos de la Serranía de Ronda o de tierra. de Medina
y Jerez es donde se conserva esta tradición árabe, que se va
extinguiendo poco a poco y desaparecerá para siempre. Lo apartado de
comunicación en que se encuentran estos pueblos de la Serranía y el
haber en ellos famílias conocidas por descendientes de moriscos explican
la conservación de estos recuerdos". (3) Estamos
en 1847, fecha de la primera edición de Escenas
Andaluzas. El tema morisco en relación unas veces con los gitanos,
otras en relación con el folklore flamenco en general aparece en
numerosos autores extranjeros que visitan España: Richard Ford, George
Borrow, etc. , casi todos en cuadrados en la primera mitad del siglo XIX.
Sin menospreciar el valor de estos escritos hemos preferido acudir en
primer lugar a escritores y folkloristas españoles, no ya porque sean sus
notas y opiniones más eruditas, sino por su mayor contacto con el mundo
del flamenco y consecuentemente por su más grande sabiduría 1865 en su Cancionero
Popular. Nos dice: "Las
costumbres, la educación y el género de vida contribuyen sin duda a
ello, y tienen, en verdad, estos cantares no poco de oriental en su fondo
y en su forma, como en adelante tendré ocasión de advertir, y como se
observa también en los hábitos de mucha parte de nuestro país, que
estuvo en contacto con los moriscos hasta una época más reciente".
(4) Son
muchos los estudiosos del flamenco de antes y de ahora que tratan de hacer
una analogía entre los gitanos y el cante y bailes flamencos, hablando de
la convivencia de gitanos y moriscos. El autor inglés George Borrow hacia
1840 escribía lo siguiente en su obra: Los
Zincali. Los gitanos en España: "La
idea que hoy tienen en España de esta raza (de los gitanos) es que son
los descendientes de los moriscos que permanecen en España, vagando por
montes y despoblados, desde que el cuerpo principal de la nación fue
expulsado del país en tiempos de Felipe Ill. . . "(5) El
autor que con más ahínco y vehemencia ha defendido hasta ahora el nexo
de unión, la analogía entre lo flamenco y los moriscos, es sin duda
alguna Blas Infante. Este hace derivar el vocablo flamenco del árabe .
"felahmengu", cuyo significado es campe sino huido. Blas
Infante nos presenta las teorías más sugestivas sobre la génesis del
flamenco. A la hipótesis anteriormente citada añade otra no menos
interesante y en la que sustenta la convivencia obligada de moriscos y
gitanos, así como la mezcla de estas dos etnias y culturas. "Unas
bandas errantes, perseguidas con saña, pero sobre las cuales no pesa el
anatema de la expulsión y de la muerte, vagan ahora de lugar en lugar y
constituyen comunidades dirigidas por jerarcas y abiertas a todo
desesperado peregrino, lanzado de la sociedad por la desgracia y el,
crimen. Basta cumplir un rito de iniciación para ingresar en ellos. Son
los gitanos. Los hospitalarios gitanos errabundos, hermanos de to dos los
perseguidos. Los más desgraciados hijos de Dios, que diría Borrow. Hubo
pues, necesidad de acogerse a ellos. A bandadas ingresaban aquellos
andaluces (moriscos), los últimos descendientes de los hombres venidos de
las culturas más bellas del mundo; ahora labradores huidos (en árabe,
labrador huido o expulsado significa "felahmengu"). ¿Comprendéis
ahora porqué los gitanos de Andalucía constituyen, en decir de los
escritores, el pueblo gitano más numeroso de la Tierra? ¿Comprendéis
porqué el nombre flamenco no se ha usado en la literatura española hasta
el siglo XIX y porqué, existiendo desde entonces, no trascendió al uso
general? Comienza entonces la elaboración de lo flamenco por los
andaluces desterrados o huidos en los montes de España. Esos hombres
conservaban la música de la Patria, y esa música les sirvió para
analizar su pena y para afirmar su espíritu: el ritmo lento, el
agotamiento comático. "(6) Son
numerosos los estudiosos del fenómeno flamenco que han intentado
averiguar la etimología de la palabra "flamenco", así como la
de sus diversas manifestaciones o modalidades (caña, soleá, siguiriya).
Ortiz de Villajos suscribe la opinión de Blas Infante. "(7) El
tema de la convivencia de gitanos y moriscos, etc. , en relación con la génesis
del cante flamenco, lo vemos planteado de una manera casi constante en
toda la literatura flamenca. Tal sucede con Rafael Lafuente en Los
gitanos, lo flamenco y los flamencos. (8) En
otras‑ocasiones el vínculo entre los árabes, los moriscos y el
flamenco se establece partiendo de la relación entre éstos y los
bandoleros. Así lo señala el autor de Andalucía y su cante, García Durán
Muñoz. Este mismo autor señala otras semejanzas entre la música,
cantos, flamencos actuales y los moriscos y árabes en general: "La
analogía de nuestra música, bailes, cantos y hasta palabras con las de
los árabes andaluces, confirma la relación íntima con el cante jondo;
el acompañamiento de la guitarra, que subraya las melodías con
sucesiones periódicas regulares de acordes, como sucede en el flamenco,
fue característico de los árabes. El tocar las palmas los espectadores,
resultando así elementos activos que se conjuntan con los bailaores, fue
costumbre usada en las antiguas zambras moriscas. El animar al cantador o
bailador con palabras y hasta el clásico olé fue usado también por
ellos con el Wa-la h, tan corriente y familiar expresión suya". (9) Félix
Grande en Memoria del Flamenco
dedica unas páginas a la etimología de la palabra flamenco y, aunque
hace una crítica moderada a Blas Infante (felah-mengu traducido como
campesino huido), deja el tema abierto. (10) Mas
adelante y citando el libro de Eduardo Molina Fajardo
El Flamenco en Granada,
nos habla de la posible relación entre los moriscos y el flamenco
considerando que es un tema que está por investigar. (11) Una
de las últimas publicaciones en las que se aborda el tema morisco es en Gitanos,
payos y flamencos en los orígenes del flamenco, publicación de 1988
a cargo de Angel Alvarez Caballero: "La
verdad es que todo el problema morisco en relación con el flamenco debe
ser sometido a revisión". (12) Más
adelante tendremos ocasión de analizar algunos de los puntos de vista de
Alvarez Caballero, ya que algunos resultan francamente sorprendentes. Sin
embargo, para cualquier persona que conozca mínimamente la problemática
morisca (persecuciones, ocultamientos, etc. ) no puede dejar de asombrarse
ante afirmaciones como: "Hay
otro hecho para mí decisivo: en todo lo que conocemos de los orígenes
del cante no hay ningún dato, ningún nombre que nos recuerde a lo
morisco". "Por
lo demás, en la amplia nómina de cantaores de los primeros tiempos que
ha llegado a nosotros, casi todos gitanos como tantas veces hemos dicbo,
no hay un solo nombre de morisco". (14) ALGUNAS
CONCLUSIONES Acabamos
de exponer todo (o casi todo) lo que se ha dicho hasta ahora con respecto
a la reláción morisco‑flamenco, árabe‑flamenco. Por si
quedara alguna duda hemos de insistir en que las citas de autores que
hemos comentado no son en general la conclusión tras unas páginas de
exposición, estudio o investigación: son sencillamente frases, párrafos,
etc. , producto de la intuición o suposición. De
lo anteriormente expuesto podríamos extraer algunas conclusiones: Los
autores más antiguos que se ocupan del flamenco (Estébanez Calderón,
Lafuente Alcántara, etc. ) señalan ya la existencia de un sentimiento
popular que pone en conexión al cante flamenco con lo árabe, con lo
morisco. Por otra parte, a nadie se le oculta que el dicho sentimiento
permanece no ya sólo entre entendidos o estudiosos del tema, sino también
entre aficionados y, lo que es más importante, entre
"cantaores" viejos o jóvenes. Los
escritores que, como Blas Infante, plantean ideas originales en cuanto a
la relación moriscos flamenco han sido silenciados o severamente
criticados. Hemos
de decir también que las ideas de Blas Infante (tema flamenco en general
y flamenco morisco en particular), aun expuestas de una manera magistral,
también carecen no ya de un hilo argumental, sino de base investigadora. Por
último, dos concepciones que han pesado sobremanera y negativamente en
toda la investigacion de lo flamenco. Por una parte, la "gitanofilia"
mal entendida, que consecuentemente queda reducida para muchos a flamenco
igual a gitano. Por
otra, un "andalucismo" bastardo que piensa que la cultura
flamenca es autóctona, entendiendo que moriscos, gitanos u otros son los
influidos por
la dicha cultura; negar a los gitanos y fundamentalmente a árabes o
moriscos la calidad de andaluz no ya sólo es una barbaridad: es falta de
rigor. LOS
MORISCOS QUE SE QUEDARON Retomemos
la opinión del periodista A. Alvarez Caballero. Según este flamencólogo,
y tomando las cifras dadas por Domínguez Ortiz, H. Lapeyre y otros,
fueron 272. 140 los moriscos expulsados; concluye por su cuenta y riesgo
que fueron expulsados prácticamente todos los moriscos de España. En
cuanto a Andalucía, los habitantes moriscos eran 30. 000 y 30. 000 fueron
expulsados. Así que no quedó ni uno: "No sé qué podemos tener de
esa etnia". Podríamos
estar de acuerdo con la cifra de los 272. 000 expulsados, aunque, haciendo
honor a la verdad y a la Historia, habría que añadir unos cuantos miles.
Aún así hay que tener en cuenta que la expulsión la lleva a cabo un
Estado en nada comparable a los Estados modernos de hoy en cuanto a medios
de comunicación, transporte, aparatos policiales, de vigilancia, etc. Por
lo tanto, de los 272. 000 moriscos expulsados, muchos de ellos escaparon
segun prueban fuentes documentales. En
modo alguno esa cifra (272. 000) se corresponde con los moriscos y mudéjares
españoles y andaluces que realmente vivían en España; y esto lo dicen
investigadores de la materia más autorizados que nosotros. Aunque el
problema es complicado, vamos a tratar de resumirlo tanto a través de las
fuentes documentales como a través de los especialistas en el tema
morisco: Domínguez Ortiz, B. Vincent, Caro Baroja, López Martínez, H.
Lapeyre, etc. Dos
fechas importantes en la historia de los moriscos: 1568
‑ 70: Levantamiento de los moriscos granadinos seguido de su
repartición. 1609
‑ 1614: Expulsión definitiva. Una
estimación media de la población morisca en España según censos que
van de 1568 a 1609 y su repartición geográfica sería la siguiente: Valencia.
143. 000 Cataluña.
8. 000 Aragón.
63. 000 Canarias.
2. 000 Granada.
162. 000 Castilla‑Andalucía.
30. 000
Total: 408. 000 MORISCOS Esta
cifra concuerda con la opinión de Domínguez Ortiz, que dice que "La
comunidad morisca comprendería entonces (antes de la expulsión) entre
340. 000 y 350. 000 almas e incluso más. El grupo no afectado por la
expulsión fue más importante de lo que hasta aquí se ha creído".
(15). En
cuanto a Andalucía, tendremos en cuenta los apartados siguientes para
averiguar la población morisca: A)
La población morisca de Granada antes de 1568 era de 162.000. Le restamos
los 80.000, repartidos tras el levantamiento entre Castilla y Andalucía y
quedan: 82.000 B)
Población morisca‑mudéjar del resto de Andalucía anterior a la
expulsión de Granada. Estimación a la baja: 20.000 C)
De la repartición de los 80.000 granadinos a Castilla, una estimación
para Andalucía de 45.000 Así
que los moriscos 'andaluces totalizarían antes de la expulsión: 147.000 D)
Como hay que restar a los moriscos expulsados‑embarcados de Andalucía,
30. 000 quedaron, permanecieron en Andalucía: 117.000. Esta
cifra se incrementaría sensiblemente si aceptamos la autorizada opinión
de Caro Bároja a propósito de la población morisca de Granada: "Un
hombre prudente y conocedor de la realidad, Muley, en su
"Memorial", habla de 50. 000 vecinos moriscos. Si multiplicamos
la cifra por 5, son 250. 000; si la multiplicamos por 6, 300. 000
habitantes moriscos" (16). Aceptando
esta cifra y volviendo al cuadro anterior, la población morisca de
Andalucía sería como sigue: A).
. . . . . . . . . .
. . . . . . . 220. 000 B).
. . . . . . . . . . . . .
. . . . . 20. 000 C).
. . . . . . . . . . . . .
. . . . . 45. 000
285. 000 D).
. . . . . . . . . . . . . . . . . .. ‑30. 000 ____________________________ 255.
000 habitantes moriscos. Una
estimación media nos daría la cifra de 186. 000 moriscos en Andalucía.
Si tenemos en cuenta que la población de Andalucía, que según censos de
principios del XVII era de 1. 400. 000 almas, la población morisca que
permaneció representaría entre un 8 y un 13%: una minoría bastante
importante. TESTIMONIOS
DE LA PERMANENCIA MORISCA A.
Domínguez Ortiz nos sitúa entre 1613-1624, después de la expulsión
definitiva, y nos dice en su artículo
Los moriscos granadinos antes de su definitva expulsión: "Es
lícito deducir que en Antequera, lo mismo que en Sevilla, en Málaga y
otras ciudades, bastantes moriscos granadinos, cautivos o descendientes
suyos, permanecieron mezclados con los auténticos moros de Berbería".
(17) Celestino
López Martínez ("Mudéjares y moriscos sevillanos") dice que
en 1665 dos barrios de Sevilla "estaban totalmente libres de
moriscos, porque declarados horros
se trasladaron a diversas casas y corrales de vecindad". (18) Julio
Caro Baroja dice que en el siglo XVIII el elemento morisco permanece
acallado, incorporado a la sociedad cristiana, y se pregunta: "Si en
la misma Granada, ciudad en que funcionaba la Inquisicion, pudo ocurrir
esto, ¿qué ocurriría en el campo? Para mí ‑continúa‑ es
evidente que tiene que haber allí muchos descendientes de moros y judíos
por la permanencia de instituciones, usos, estilos, etc. , que pueden
considerarse moriscos" (19). Una
relación del Consejo Real de 1626, varíos años después de la expulsión,
decía: "Salió
del Consejo Real dos días pasados un decreto en que nadie fuese osado
maltratar a los moriscos que se ‑ habían quedado ni se les hiciere
agravio alguno como vivan veinte leguas de la marina tierra adentro".
(20) Hay
bastante documentación histórica sobre los moriscos de las minas del
azogue de Almadén. Entre otras, la de que en 1667 fue azotado un morisco
en Almadén por ridiculizar los sacramentos. También
es abundante la documentación acerca de los numerosos moriscos que
retornaron tras la expulsión. Es
realmente esclarecedora la opinión de Domínguez Ortiz. "Tras la
expulsión definitiva ‑nos dice‑, el elemento morisco, aunque
de forma clandestina y subterránea, no ha dejado de pesar en la
antropología racial y cultural de nuestro país, o por lo menos, de
algunas regiones.". . . "Pero fue en Andalucía donde quedaron más
moriscos, fundamentalmente por dos causas; una, la gran extensión que tomó
la esclavitud; otra, las mejores relaciones entre cristianos
nuevos y viejos. . . " "Y permanecieron aquí ‑prosigue
Domínguez Ortiz‑ ausentándose, escondiéndose, disimulándose
entre las tropas de mendigos, peregrinos, gitanos, maleantes y bandidosi).
(21) Y
por si alguien tuviera todavía alguna duda tanto de la permanencia del
morisco como de su conexión con lo flamenco, en 1690‑1691 un
embajador marroquí visitó Andalucía. (22) Nos habla constantemente de
varias cosas: ‑
De los habitantes moriscos de jerez, Utrera, Lebrija, Linares, Sevilla,
etc. -
De su estado de miseria y de su agrupamiento como tribus nómadas. - De
que "un grupo de estas mujeres y hombres tenían entre sus manos una
guitarra. Sus cantos en nada se parecían a los de los cristianos que vivían
en las ciudades civilizadas". REPRESION Isabel
la Católica hizo suya aquella frase que Lope de Vega escribiera más
tarde: "¡Mueran
los moros traidores. Viva Castilla la Vieja!" La
política hacia los moros, moriscos, se llamó de asimilación pero era
una política incongruente ‑como señala Márquez Villanueva
(23)‑, basada en la política cisneriana del bautismo forzado y la
desislamización forzada: no fue, pues, asimiladora, sino de persecución
religiosa y de genocidio cultural. "Isabel
a los altares, ¡Olé!" es un artículo en el que Pedro Luis Martínez
considera que La Católica contribuyó al nacimiento del flamenco por su
sañuda represión de moros, judíos y gitanos. 1492 significa el
rompimiento de una tradición de entendimiento, de convivencia entre españoles
de distintas creencias: moros, judíos, cristianos; es una fecha fatídica
para aquellos españoles. La
repetida historia de una feroz represión, el terror sobre ellos impuesto
por la Inquisición (Santo Oficio) y ciertos sectores de la nobleza, por
el clero. . . no terminará, sino que se acrecentará y posibilitará el
levantamiento de los moriscos granadinos (1568) y proseguirá más allá
de la expulsión definitiva de 1609‑1614. Pensemos
que la represión ejercida contra los moriscos tuvo siempre un hilo
conductor, el de eliminar su identidad cultural: religión, costumbres,
bailes, cantos, prácticas tan higiénicas como el baño, etc. A los
moriscos se les podía señalar con un hierro en el rostro o brazos para
facilitar su identidad. Contra
los moriscos, la palabra morisco fue desterrada del vocabulario, penándose
incluso a los que la utilizaran. A
los moriscos se les prohíbe hacer cantares de moros, zambras, leylas o
canciones con instrumentos prohibidos, así como cantar los nuevos
romances de la expulsión. A
los moriscos se les prohibe la oración coránica de "Ley Ley". A
los moriscos se les prohibe vestir trajes de seda y de vistosos colores. A
los moriscos se les prohibe su
celebración de acontecimientos familiares: nacimiento, muerte, bodas;
que, por cierto, se parecían excesivamente ‑caso de la desfloración‑
a las de los gitanos de hoy y de ayer. Por
supuesto que se les prohíbe la lengua, la algarabía. Un signo de
identidad cultural morisca, como es el baño, también se les prohíbe y
existe toda una curiosa y quisquillosa legislación contra esta saludable
práctica, como la pragmática del 10 de diciembre de 1567. No es de extrañar
que en uno de los cantes más trágicos del flamenco, la siguiriya, se
diga: "Si
yo lo supiera que
tú a mí no me querías, renegara
de Dios, me fuera a bañar a
la morería" También
se les reprocha a los moriscos la superstición del "mal de
ojo". A
los moriscos se les prohibe la movilidad comunicacíon al castigarles sus
oficios más típicos como los de arrieros, trajineros, vendedores
ambulantes de buñuelos y frutas que vendían alabándolos con sus
pregones. Estas actividades les permitían sustraerse de la agobiante
vigilancia de los cristianos viejos y al control inquisitorial. A
los moriscos se les prohibía, pues, sus fundamentales oficios:
especieros, zapateros, silleros, plateros, olleros, panaderos, esparteros,
camiceros, cuchilleros, alpargateros, taberneros, recueros, caldereros. No
es de extrañar que el corregidor de Carmona nos los describa así en vísperas
de la expulsión: "Los
moriscos son toda gente miserable, trabajadora y jornaleros del
campo". También
se les prohíbe su gran oficio: el de herreros. Era tan característico en
ellos el trabajo de los metales que Domínguez Ortiz se pregunta: "Si
tal vez no habría que relacionar la modesta ferrería gitana con la
morisca". (24) ¡Y
si habláramos de la identidad morisco‑alfarera! en pleno siglo
XVII, tras la expulsión, según nos relata José Gestoso en su
"Historia de los barros vidriados sevillanos". Cuenta
que en la parroquia de Santa Ana y en el arrabal de Triana, moriscos eran
todos los alfareros que bajo el disfraz de nombres cristianos poblaban los
barrios de Sevilla. (25) Y
a propósito del disfraz recordemos las palabras de Alvarez Caballero:
"No hay un solo nombre de morisco entre los cantaores
flamencos". RASTREO
DE LO MORISCO EN EL CANTE FLAMENCO En
el rastreo de lo morisco en el cante flamenco pasaremos por alto para no
hacer interminable esta exposición toda una serie de cuestiones
estudiadas en otra parte, toda una serie de cuestiones, digo, que aparecen
tanto en el cante‑música como en las coplas flamencas: l)
Léxico árabe‑morisco. 2)
Expresiones propias y típicas de los moriscos. 3)
Ciertos elementos relacionados con la fonética. 4)
Temas relacionados con la cocina, ingredientes, etc. 5)
Plantas medicinales. Y un largo etcétera. Como
ya hemos dicho anteriormente, es el Santo Oficio, la Inquisición, la que
se encarga principalmente de la represión, el castigo, contra los
moriscos: el combinado Inquisición‑moriscos está presente
constantemente en el flamenco. Téngase en cuenta que los gitanos fueron
perseguidos, pero no por la Inquisición. Al
decir de Domínguez Ortiz, "la fortuna acumulada por el clero y los
funcionarios provenía, en gran parte, de exacciones cometidas durante
decenios en detrimento de los moriscos; el elemento más hostil dentro del
clero estuvo representado (junto con algunos prelados y órdenes monásticas)
por el bajo clero" (26), es decir, por los curas. Esta misma opinión
es compartida por B. Vincent, quien añade que el cura y el sacristán
representaban el símbolo de la opresión. (27) Repetidas
veces la burla hacia los curas y sacristanes aparece en el cante flamenco.
Y además resulta curioso que estos temas de burla aparezcan casi siempre
por bulerías, tales como las que canta Manolito el de María: -Vengo
a confesarme, pare, tos
los pecaos que tengo. -Hija
yo no soy el pare, soy
el sacristán del templo. Tó
cuanto me pongo me
lo murmuran, hasta
una cinta negra que
me dió el cura. Para
el morisco el cura es un ser vil e interesado al que reprochaban
inclinaciones lujuriosas: Siento
sincuenta curas se
condenaron, por
unas naguas blancas que
divisaron. Por
razones obvias, el morisco rechazaba (se burlaba) de la Iglesia: Dentro
de la misma Iglesia tenemos
el desengaño: por
interés del dinero hacen
a un moro cristiano. Pero
el odio más fuerte lo vierte el morisco sobre algunas manifestaciones
externas de la Iglesia y muy en especial contra la confesión, a la que
consideran una invención diabólica. Otra vez por bulerías: "Cuando
voy a confesá, digo
lo que me parece; nunca
digo la verdad". Tenemos
documentación todavía en 1667 y en Almadén que certifica que los
moriscos, que allí trabajaban en las minas, eran azotados por burlarse de
los sacramentos. Para nosotros ha sido un feliz hallazgo, a propósito de
moriscos, curas, burlas y bulerías, la documentación referida a los
siglos XVI y XVII, en la que se dice que los moriscos eran amigos de
danzas y cantos y entre ellos: Zambras,
leylas y ¡bulerías! Los
bautismos forzados (irónicamente asimilación) fue una práctica
constante hacia los moriscos desde el cardenal Cisneros hasta la expulsión.
Nuevamente por bulerías, la mofa y el cachondeo y la gracia: En
tierrecitas de Morería yo
tenía una niña chiquetita, mora‑morita
de la Morería. juanola
le puso el cura. Juanola
pa toa la vía. ¡Válgame
Vd. el cielo! Juanola
Pa toa la vía. Otras
veces cuando se trata de la extremaunción, el santolio; con la muerte y
la tragedia rodeando al enfermo ya no cabe la burla de una bulería, sino
la tragedia de una siguiriya: Al
llegar el santolio los
ojos abrió; de
las ducas que al probe le dieron más
pronto murió. Por
lo visto situaciones como ésta fueron moneda corriente, pues en un texto
del siglo XVII nos cuenta Bermúdez de Pedraza lo que podríamos
considerar el retato de esta siguiriya: "A
un morisco apretado de la enfermedad fue aconfesar el cura y comulgóle
también; después le dijo como le faltara otro sacramento por recibir del
santo óleo si lo pedía a la iglesia. El morisco, más afligido con esto
que con el mal, dijo:, Pues tres tormentos en un día, confesión, comunión
y óleo!" AFIRMACION
DE RAZA Y/O GRUPO Afirmación
de una cultura propia o de un signo de identidad (morisca). Unas
veces interpretada por malagueña en el caso del cantaor Cobitos y otras
veces como fandangos hemos encontrado la copla siguiente: Como
moro soy más moro como
cristiano cristiano como
bueno soy más bueno como
malo soy más malo soy
más malo que el veneno. Toítos
le temen al moro como
si el moro tuviera (como si en el moro hubiera) un
bichito venenoso que
a la gente se comiera. A
los moros que te vayas a
renegar de la fe tengo
de marchar contigo a
renegar yo también. Los
moros de Berbería disen
que no pué ser parir
y quedar donsella la mujer de San José COPLAS "'SURREALISTAS", HERMETICAS LA
SIGUIRIYA No
llamarme al meico llamarme
al doctor que
se me ha muerto la mare e mi alma e mi corason. Es una copla por lo menos de dificil interpretación, incomprensible. Partiendo de coplas como ésta hay quienes han llegado a hablar y a decir que a veces el hermetismo del cante flamenco es surrealista. Lo que sucede es que en un contexto diferente, en nuestra época, hoy, nos resulta incomprensible aquello que en su momento hubo de tener un mensaje claro y preciso. Este es el caso de otra siguiriya: A
la sierra de Almenia (A los montes de Almenia) me
tengo que ir donde
no haya ni moros ni cristianos que sepan de mí Hay
quien ha dicho que se trata de Almenia: ¡qué lejos! y además el sentido
trágico de la siguiriya no se gxpuca. No sería más fácil pensar que
esa "Almenia" fuera "Almeriya" o "Almériya"
(en árabe) transformada desde el punto de vista fonético y/o de la
acentuación. Esta siguiriya sí tendría sentido trágico puesta en boca
de un descendiente de morisco acosado , desplazado e incómodo con unos y
con otros, con moros y con cristianos. Nuestra
tesis o hipótesis sobre la intervención de los moriscos en la creación,
en la génesis del cante flamenco o del flamenco en general no es
excluyente de otros grupos, etnias, etc. Creemos que este hilo conductor
ha estado presente en la breve exposición que acabamos de hacer. Y no es
una posición formalista, sino de fondo, pues indudablemente moriscos,
berberiscos, esclavos moros, gitanos, bandoleros, los diversos lumpen,
jornaleros debieron coincidir, convivir, mezclarse, etc. , en los corrales
de vecindad, en los cortijos, en las cárceles, en las minas, en las
tabernas, en Ias fiestas populares, etc. Asimismo,
Andalucía es el crisol de varias culturas musicales, literarias
‑pensemos en el romance y los romances fronterizos‑. Pero
sobre todo Andalucía (AI‑Andalus) hace suya toda esa cultura árabe‑oriental
antiquísima musical y literaria (muwassaha, zéjel, harcha), popularizándola
y sacándola a la calle, a la plaza, como nos decía Ribera y Tarrago; la
música y las composiciones poéticas de las Cantigas del Rey Sabio evocan
hasta qué punto ese fantasma ‑como le llamara Ribera‑ de la música
ficta, de la música diabólica, penetró en el resto de la Península
y hasta comienzos de la Edad Moderna e incluso durante muchísimos años
después brilla sobremanera esa gran manifestación cultural en las
Andalucías y descollando Sevilla, y en Sevilla, ¡Triana! Tenemos
una posición integradora excluyente, en la génesis del flamenco: hemos
aportado parte de los datos que poseemos para demostrar la convivencia
obligada de moriscos, gitanos y otros grupos marginales. Hay un dato que
es posible que hayan pasado por alto algunos estudiosos del tema, un dato
que nos obliga a comparar la población gitana actual en España y Andalucía
y esa misma población hace dos siglos; un dato que además nos obliga a
pensar en la convivencia de moriscos y gitanos. Estamos pensando en la
cifra de 10. 000 gitanos que había en España a propósito de la Pragmática
de 1783 de Carlos Ill; según Maria Helena Sánchez, gran especialista en
el tema, el censo, que estuvo realizándose durante dos años y seguido y
controlado muy de cerca por el propio Floridablanca, es fiable y
pormenorizado (29). A
veces se utiliza como argumento en contra de la posible intervención de
los moriscos en el flamenco lo siguiente: la música andalusí/garnatí
del Norte de Africa en nada se parece al flamenco. En 1969 se realizó en
Madrid y bajo la tutela de la UNESCO una Reunión Internacional sobre los
Orígenes del Flamenco; el folklorista marroquí Ben Jelloun presentó
unas secuencias de ese tipo de musica para que se comparara con el cante
flamenco. Los
especialistas allí congregados llegaron a la conclusión ‑y no podría
ser de otra manera‑ que aquella música no tenía nada que ver con
el flamenco. La reflexión que vamos a hacer se desprende en parte de todo
lo anteriormente expuesto: En primer lugar, los moriscos qué después de 1492 emigran al Norte de Africa |