Google

Avizora - Atajo Google


 

Avizora Atajo Publicaciones Noticias Biografías

Varios. Miscelánea / Several. Miscellaneous
Cultura Árabe, Moriscos y Cante Flamenco

Ir al catálogo de monografías
y textos sobre otros temas

Glosarios - Biografías
Textos históricos

ENLACES RECOMENDADOS:

- Organización de las Naciones Unidas
- Cristina de Kirchner y el petróleo argentino
- La BBC comenta que Kirchner es investigado
- R del Plata censura al periodista N Castro
- Mitos sobre el amor y el sexo

 

Google

Avizora - Atajo Google


200209 -
José Gelardo Navarro - "Hoy parece que estamos padeciendo un barrido cultural. . .
A veces parece, asimismo, que
hay miedo a la memoria y que la fidelidad en el
recuerdo es algo que asusta. . ." -
Julio Caro Baroja

En palabras de Julián Ribera y Tarragó (1), Felipe Pedrell "tuvo el humor de negar toda influencia árabe en la música española". Y en palabras dc Emilio García Gómez, Falla, partidario de Pedrell y gran militante antiárabe, paradójicamente con su residencia, alzó su clan, el clan Falla, contra Ribera.

La militancia antiárabe continuó con las investigaciones de Mosén Higinio Anglés con su libro sobre las Cantigas (1940). Ignorando totalmente el árabe, su lengua, arte, métrica y música, Higinio Anglés sustentaba la "tesis litúrgica" como única fuente de la lírica popular europea, y por lo tanto, de la nuestra. Según García Gómez, Anglés nunca habla acertadamente de la métrica de las Cantigas, las cuales son en un 95% moaxajas persas y sería increíble paradoja que estas moaxajas se hubieran hecho sobre música litúrgica o que la música litúrgica se aplicase a moaxajas árabes.

La tesis de Ribera, que conocía tanto la cultura árabe, métrica, música etc. , como todas estas cuestiones referidas al mundo occidental, se fundamenta en que los musulmanes andaluces crearon un sistema estrófico peculiar y de formas poéticas distintas de las clásicas árabes y que este sistema se extendió por toda la Península. En sus investigaciones comprueba que el Cancionero de Palacio (ss. XV‑XVI) tenía construcciones estróficas y métricas semejantes a las de los moros andaluces, pero también descubre que la música y melodías de dicho Cancionero son árabes y ello le lleva a transcribir e interpretar una música hasta entonces indescifrable: ‑La Música de las Cantigas.

Dice Ribera que penetró un fantasma en la Península y en Europa, una música a la que los artistas europeos medievales, desconocedores de su esencia artística, calificaron de música ficta. Una música que por su extraordinaria perfección artística denuncia una formación secular, antiquísima. Y ‑continúa Ribera‑ esto se explica porque el arte musical de los pueblos musulmanes deriva de los sistemas persa y bizantino, los cuales debieron ser herederos de Roma y Atenas.

Al historiar la música árabe desde sus orígenes hasta llegar al desarrollo de esa música en España, la denominada "música andaluza", Ribera, que, volvemos a repetirlo desconocía todo cuanto a flamenco se‑refería, pone de manifiesto toda una serie de características que presentan una similitud extraordinaria con el flamenco, con el cante flamenco.

Así en cuanto a la condición social del músico entre los árabes, aspecto físico, etc. , nos dice que "el ser músico teníase por profesión denigrante, cuyo ejercicio conducía a la infamia".

"Abensotaich ‑músico y cantor de la primitiva escuela de La Meca y Medina‑ era tuerto, calvo, lagrimoso y enfermizo. "

"Las esclavas cantaban alegres canciones en las tabernas o en lugares y ocasiones en que la gente se divierte: convites, bodas y fiestas. "

"Los artistas eran populares, en el sentido de que procedían de clases bajas, como que su oficio estaba descalificado. "

Dice al hablar de Mojárec, uno de los mejores artistas de la escuela clásica de los Mosulies, que era:"Hijo de carnicero, anduvo cantando en pregones por las calles de Cufa la carne de su padre".

A propósito de los músicos Barsuna y Zélzel:"Ambos procedían del bajo pueblo de Cura: eran rudos, sucios e innobles individuos".

Otro célebre cantor, Abusadaca, cantaba melodías populares que canturriaban‑ los marineros obarqueros, los albañiles y los aguadores de Bagdad.

 Por lo que respecta a las voces y gritos: "Dicen que lshac, de la escuela de Bagdad, introdujo la voz de falsete (o la voz de los castrados). Tenía mucha facilidad artística, mucho gusto para cantar, pero su voz natural no te acompañaba para cantar".

Hablando del mismo lshac, nos dice que: "La mayor parte de sus mejores cantos comenzaban por una nota aguda y fuerte, hasta el extremo de que te pusieron un mote despectivo: el picado por escorpión, pues principiaba gritando en sus más bonitas canciones".

En cuanto al ritmo y compás:

"Al oír cantar a Abensoraich, llevando el compás, con su varita, se recibía la impresión de que era un ángel el que cantaba".

Los músicos de la escuela clásica árabe tomaron las melodías de la música persa y bizantina, juntamente con la música instrumental. Pero como ya tenían una métrica tradicional y clásica, la música tuvo que adaptarse a la métrica.

En este sentido sujetaron la música a ritmos matemáticos, es decir, a compás, señalados por batuta y/o varita.

Además, no se trataba de una música unísona, sino armónica, puesto que el músico Chafar exigía al cantor a quien debía acompañar que insinuara la salida de su canción ‑como en el cante flamenco‑ y además ‑y conforme a la guitarra flamenca‑ "había pulsaciones rasgueadas o batidas".

EL VINO ES ACOMPAÑANTE DE LA MÚSICA

Hablando de la música y el canto en la corte de los califas de Damasco y Bagdad, nos dice que:

"Se introducen en la corte damascena el vino y la música, que antes y después, dentro del islamismo, han sido compañeros inseparables".

Nos cuenta que Mojárec, cantor en Bagdad, "después de emborracharse, púsose a cantar".

Así pues, esta música oriental penetra en España y alcanza gran esplendor y difusión con los Omeyas cordobeses. Fue Abderramán 11 el monarca español a quien se debe el mayor impulso para aclimatar en España el arte musical de la escuela árabe de Oriente y esto mayormente a través del gran músico Ziriab, que, por ser de color moreno muy subido, por la claridad y fluidez de su canto se te llamó Pajaro Negro. Fueron famosas sus dos normas para cantar:

Todo aquel que empiece a cantar debe empezar por el anexir (recitación). En los cantaores antiguos era práctica corriente.

‑Empezaba gritando la frase:

Ya hacham. Muchos cantaores suelen hacer la "salía" ya ya ya.

La afición por la música oriental ‑ya andaluzada‑, evolucionada o transformada en música andaluza, fue importante en toda España y hasta los siglos Xlll y XIV es una moda en Sevilla y otras muchas ciudades.

Muy poco antes de la muerte de Almanzor se cuenta que:

"El gusto de la música se había extendido tanto, y la música se había popularizado a tal extremo, que en una ciudad andaluza no podía encontrarse barrio, calle ni rincón silencioso en que pudiese una persona verse libre de oír por todas partes instrumentos de música y canciones.

¿En qué parte del mundo, en qué ciudad ocurriría semejante fenómeno en el siglo Xl?" En Sevilla.

Y ya casi hasta el inicio de la Edad Moderna:

"En Sevilla realmente estaba el foco de la música española, sobre todo en un barrio pobladísimo que Almotámid hermoseó, obligando a sus moradores a que blanquearan las casas, especialmente las que caen al río, y renovó con medidas de policía urbana, que dieron a ese barrio aspecto seductor, con sus dorados ventanales. En él, durante las noches de luna, se celebraban las veladas musicales más famosas que hubo en todo el mundo occidental. Nos habla de las mismas un escritor musulmán que estuvo en Sevilla, casi contemporáneo de Alfonso el Sabio. Ese barrio de Sevilla llamábase entonces, como ahora Triana

Ribera, tras hablarnos del famoso inventor de la moaxaja y Zéjel Mocadem Ben Moafá, el Cabri, nos dice lo siguiente:

"A España llegó la música oriental en el momento en que se había iniciado ya la decadencia en Oriente, con todos los refinamientos cortesanos, traída desde los tiempos de Ziriab por artistas patatinos: pero el pueblo español, al asimilársela, tuvo la virtud de devolverle la sencillez, sacándola de los salones y palacios para traerla a la plaza, convirtiéndola en espectáculo popular no sólo adaptándola al gusto del pueblo que le pagaba y aplaudía, sino moldeando su forma artística de modo especial.

Al ser conquistadas las ciudades moras, ¿se romperían todos los laúdes, cítaras, flautas y rabeles y enmudecerían todas las gargantas de hombres, mujeres y chicos? Insanía fuera el imaginarlo: los moriscos que permanecieron tras la reconquista en tierras cristianas, en multitud inmensa esparcida por toda la Península, continuaron cantando y tocando su música árabe tradicional, no sólo la lastimera y triste, que es la que se nos figura más adecuada a su nueva situación de vencidos y dominados, sino también la alegre y festiva, que es la que podría servirles para consuelo en sus tribulaciones y olvido de sus pesares".

ESTADO DE LA CUESTIÓN

Uno de los primeros escritos flamencos que tenemos es obra del costumbrista Serafín Estébanez Calderón; se trata de Escenas Andaluzas. En una de estas escenas, Un baile en Triana, el autor nos da su opinión sobre la importancia de los moriscos en relación con el baile y cante flamencos.

Veamos lo que dice:

"Estos bailes pueden dividirse en tres grandes familias, que, según su condición y carácter pueden ser o de origen morisco, español o americano, pero entre todos estos bailes y cantares merecen llamar la atención los que conservan su filiación árabe y morisca. Estos se descubren por la melancólica dulzura de su música y canto y por el desmayo alternado con vivísimos arrebatos en el baile"(2).

Unas páginas más adelante de Un baile en Triana surge nuevamente el tema morisco con ocasión de la música de los romances que por aquella época se cantaban y a propósito del Romance del Conde Sol en boca del cantaor El Planeta nos dice:

"La música con que se cantan estos romances es un recuerdo morisco todavía. Sólo en muy pocos pueblos de la Serranía de Ronda o de tierra. de Medina y Jerez es donde se conserva esta tradición árabe, que se va extinguiendo poco a poco y desaparecerá para siempre. Lo apartado de comunicación en que se encuentran estos pueblos de la Serranía y el haber en ellos familias conocidas por descendientes de moriscos explican la conservación de estos recuerdos". (3)

Estamos en 1847, fecha de la primera edición de Escenas Andaluzas. El tema morisco en relación unas veces con los gitanos, otras en relación con el folklore flamenco en general aparece en numerosos autores extranjeros que visitan España: Richard Ford, George Borrow, etc. , casi todos en cuadrados en la primera mitad del siglo XIX. Sin menospreciar el valor de estos escritos hemos preferido acudir en primer lugar a escritores y folkloristas españoles, no ya porque sean sus notas y opiniones más eruditas, sino por su mayor contacto con el mundo del flamenco y consecuentemente por su más grande sabiduría 1865 en su Cancionero Popular. Nos dice:

"Las costumbres, la educación y el género de vida contribuyen sin duda a ello, y tienen, en verdad, estos cantares no poco de oriental en su fondo y en su forma, como en adelante tendré ocasión de advertir, y como se observa también en los hábitos de mucha parte de nuestro país, que estuvo en contacto con los moriscos hasta una época más reciente". (4)

Son muchos los estudiosos del flamenco de antes y de ahora que tratan de hacer una analogía entre los gitanos y el cante y bailes flamencos, hablando de la convivencia de gitanos y moriscos. El autor inglés George Borrow hacia 1840 escribía lo siguiente en su obra: Los Zincali. Los gitanos en España:

"La idea que hoy tienen en España de esta raza (de los gitanos) es que son los descendientes de los moriscos que permanecen en España, vagando por montes y despoblados, desde que el cuerpo principal de la nación fue expulsado del país en tiempos de Felipe Ill. . . "(5)

El autor que con más ahínco y vehemencia ha defendido hasta ahora el nexo de unión, la analogía entre lo flamenco y los moriscos, es sin duda alguna Blas Infante. Este hace derivar el vocablo flamenco del árabe . "felahmengu", cuyo significado es campe sino huido.

Blas Infante nos presenta las teorías más sugestivas sobre la génesis del flamenco. A la hipótesis anteriormente citada añade otra no menos interesante y en la que sustenta la convivencia obligada de moriscos y gitanos, así como la mezcla de estas dos etnias y culturas.

 "Unas bandas errantes, perseguidas con saña, pero sobre las cuales no pesa el anatema de la expulsión y de la muerte, vagan ahora de lugar en lugar y constituyen comunidades dirigidas por jerarcas y abiertas a todo desesperado peregrino, lanzado de la sociedad por la desgracia y el, crimen. Basta cumplir un rito de iniciación para ingresar en ellos. Son los gitanos. Los hospitalarios gitanos errabundos, hermanos de to dos los perseguidos. Los más desgraciados hijos de Dios, que diría Borrow.

Hubo pues, necesidad de acogerse a ellos. A bandadas ingresaban aquellos andaluces (moriscos), los últimos descendientes de los hombres venidos de las culturas más bellas del mundo; ahora labradores huidos (en árabe, labrador huido o expulsado significa "felahmengu"). ¿Comprendéis ahora porqué los gitanos de Andalucía constituyen, en decir de los escritores, el pueblo gitano más numeroso de la Tierra? ¿Comprendéis porqué el nombre flamenco no se ha usado en la literatura española hasta el siglo XIX y porqué, existiendo desde entonces, no trascendió al uso general? Comienza entonces la elaboración de lo flamenco por los andaluces desterrados o huidos en los montes de España. Esos hombres conservaban la música de la Patria, y esa música les sirvió para analizar su pena y para afirmar su espíritu: el ritmo lento, el agotamiento cromático. "(6)

Son numerosos los estudiosos del fenómeno flamenco que han intentado averiguar la etimología de la palabra "flamenco", así como la de sus diversas manifestaciones o modalidades (caña, soleá, siguiriya). Ortiz de Villajos suscribe la opinión de Blas Infante. "(7)

El tema de la convivencia de gitanos y moriscos, etc. , en relación con la génesis del cante flamenco, lo vemos planteado de una manera casi constante en toda la literatura flamenca. Tal sucede con Rafael Lafuente en Los gitanos, lo flamenco y los flamencos. (8)

En otras‑ocasiones el vínculo entre los árabes, los moriscos y el flamenco se establece partiendo de la relación entre éstos y los bandoleros. Así lo señala el autor de Andalucía y su cante, García Durán Muñoz. Este mismo autor señala otras semejanzas entre la música, cantos, flamencos actuales y los moriscos y árabes en general:

"La analogía de nuestra música, bailes, cantos y hasta palabras con las de los árabes andaluces, confirma la relación íntima con el cante jondo; el acompañamiento de la guitarra, que subraya las melodías con sucesiones periódicas regulares de acordes, como sucede en el flamenco, fue característico de los árabes. El tocar las palmas los espectadores, resultando así elementos activos que se conjuntan con los bailaores, fue costumbre usada en las antiguas zambras moriscas. El animar al cantador o bailador con palabras y hasta el clásico olé fue usado también por ellos con el Wa-la h, tan corriente y familiar expresión suya". (9)

Félix Grande en Memoria del Flamenco dedica unas páginas a la etimología de la palabra flamenco y, aunque hace una crítica moderada a Blas Infante (felah-mengu traducido como campesino huido), deja el tema abierto. (10)

Mas adelante y citando el libro de Eduardo Molina Fajardo  El Flamenco en Granada, nos habla de la posible relación entre los moriscos y el flamenco considerando que es un tema que está por investigar. (11)

Una de las últimas publicaciones en las que se aborda el tema morisco es en Gitanos, payos y flamencos en los orígenes del flamenco, publicación de 1988 a cargo de Ángel Álvarez Caballero:

"La verdad es que todo el problema morisco en relación con el flamenco debe ser sometido a revisión". (12)

Más adelante tendremos ocasión de analizar algunos de los puntos de vista de Álvarez Caballero, ya que algunos resultan francamente sorprendentes. Sin embargo, para cualquier persona que conozca mínimamente la problemática morisca (persecuciones, ocultamientos, etc. ) no puede dejar de asombrarse ante afirmaciones como:

"Hay otro hecho para mí decisivo: en todo lo que conocemos de los orígenes del cante no hay ningún dato, ningún nombre que nos recuerde a lo morisco".

"Por lo demás, en la amplia nómina de cantaores de los primeros tiempos que ha llegado a nosotros, casi todos gitanos como tantas veces hemos dicho, no hay un solo nombre de morisco". (14)

ALGUNAS CONCLUSIONES

Acabamos de exponer todo (o casi todo) lo que se ha dicho hasta ahora con respecto a la relación morisco‑flamenco, árabe‑flamenco. Por si quedara alguna duda hemos de insistir en que las citas de autores que hemos comentado no son en general la conclusión tras unas páginas de exposición, estudio o investigación: son sencillamente frases, párrafos, etc. , producto de la intuición o suposición.

De lo anteriormente expuesto podríamos extraer algunas conclusiones:

Los autores más antiguos que se ocupan del flamenco (Estébanez Calderón, Lafuente Alcántara, etc. ) señalan ya la existencia de un sentimiento popular que pone en conexión al cante flamenco con lo árabe, con lo morisco. Por otra parte, a nadie se le oculta que el dicho sentimiento permanece no ya sólo entre entendidos o estudiosos del tema, sino también entre aficionados y, lo que es más importante, entre "cantaores" viejos o jóvenes.

Los escritores que, como Blas Infante, plantean ideas originales en cuanto a la relación moriscos flamenco han sido silenciados o severamente criticados.

Hemos de decir también que las ideas de Blas Infante (tema flamenco en general y flamenco morisco en particular), aun expuestas de una manera magistral, también carecen no ya de un hilo argumental, sino de base investigadora.

Por último, dos concepciones que han pesado sobremanera y negativamente en toda la investigacion de lo flamenco. Por una parte, la "gitanofilia" mal entendida, que consecuentemente queda reducida para muchos a flamenco igual a gitano.

Por otra, un "andalucismo" bastardo que piensa que la cultura flamenca es autóctona, entendiendo que moriscos, gitanos u otros son los influidos

por la dicha cultura; negar a los gitanos y fundamentalmente a árabes o moriscos la calidad de andaluz no ya sólo es una barbaridad: es falta de rigor.

LOS MORISCOS QUE SE QUEDARON

Retomemos la opinión del periodista A. Alvarez Caballero. Según este flamencólogo, y tomando las cifras dadas por Domínguez Ortiz, H. Lapeyre y otros, fueron 272. 140 los moriscos expulsados; concluye por su cuenta y riesgo que fueron expulsados prácticamente todos los moriscos de España. En cuanto a Andalucía, los habitantes moriscos eran 30. 000 y 30. 000 fueron expulsados. Así que no quedó ni uno: "No sé qué podemos tener de esa etnia".

 Podríamos estar de acuerdo con la cifra de los 272. 000 expulsados, aunque, haciendo honor a la verdad y a la Historia, habría que añadir unos cuantos miles. Aún así hay que tener en cuenta que la expulsión la lleva a cabo un Estado en nada comparable a los Estados modernos de hoy en cuanto a medios de comunicación, transporte, aparatos policiales, de vigilancia, etc. Por lo tanto, de los 272. 000 moriscos expulsados, muchos de ellos escaparon según prueban fuentes documentales.

En modo alguno esa cifra (272. 000) se corresponde con los moriscos y mudéjares españoles y andaluces que realmente vivían en España; y esto lo dicen investigadores de la materia más autorizados que nosotros. Aunque el problema es complicado, vamos a tratar de resumirlo tanto a través de las fuentes documentales como a través de los especialistas en el tema morisco: Domínguez Ortiz, B. Vincent, Caro Baroja, López Martínez, H. Lapeyre, etc.

Dos fechas importantes en la historia de los moriscos:

1568 ‑ 70: Levantamiento de los moriscos granadinos seguido de su repartición.

1609 ‑ 1614: Expulsión definitiva.

Una estimación media de la población morisca en España según censos que van de 1568 a 1609 y su repartición geográfica sería la siguiente:

Valencia.                                               143. 000

Cataluña.                                                   8. 000

Aragón.                                                    63. 000

Canarias.                                                   2. 000

Granada.                                     162. 000

Castilla‑Andalucía.                                30. 000

 

                                                    Total: 408. 000  MORISCOS

Esta cifra concuerda con la opinión de Domínguez Ortiz, que dice que

"La comunidad morisca comprendería entonces (antes de la expulsión) entre 340. 000 y 350. 000 almas e incluso más. El grupo no afectado por la expulsión fue más importante de lo que hasta aquí se ha creído". (15).

En cuanto a Andalucía, tendremos en cuenta los apartados siguientes para averiguar la población morisca:

 A) La población morisca de Granada antes de 1568 era de 162.000. Le restamos los 80.000, repartidos tras el levantamiento entre Castilla y Andalucía y quedan: 82.000

B) Población morisca‑mudéjar del resto de Andalucía anterior a la expulsión de Granada. Estimación a la baja: 20.000

C) De la repartición de los 80.000 granadinos a Castilla, una estimación para Andalucía de 45.000

Así que los moriscos 'andaluces totalizarían antes de la expulsión: 147.000

D) Como hay que restar a los moriscos expulsados‑embarcados de Andalucía, 30. 000 quedaron, permanecieron en Andalucía: 117.000.

Esta cifra se incrementaría sensiblemente si aceptamos la autorizada opinión de Caro Baroja a propósito de la población morisca de Granada:

"Un hombre prudente y conocedor de la realidad, Muley, en su "Memorial", habla de 50. 000 vecinos moriscos. Si multiplicamos la cifra por 5, son 250. 000; si la multiplicamos por 6, 300. 000 habitantes moriscos" (16).

Aceptando esta cifra y volviendo al cuadro anterior, la población morisca de Andalucía sería como sigue:

A). .  . . . . . . . . .   . . . . . . . 220. 000

B). . . . . . . . . . . . .    . . . . . . 20. 000

C). . . . . . . . . . . . . .    . . . . . 45. 000

     285. 000

 

D). . . . . . . . . . . . . . . . . . .. ‑30. 000

 ____________________________

 255. 000 habitantes moriscos.

Una estimación media nos daría la cifra de 186. 000 moriscos en Andalucía. Si tenemos en cuenta que la población de Andalucía, que según censos de principios del XVII era de 1. 400. 000 almas, la población morisca que permaneció representaría entre un 8 y un 13%: una minoría bastante importante.

TESTIMONIOS DE LA PERMANENCIA MORISCA

A. Domínguez Ortiz nos sitúa entre 1613-1624, después de la expulsión definitiva, y nos dice en su artículo Los moriscos granadinos antes de su definitiva expulsión:

"Es lícito deducir que en Antequera, lo mismo que en Sevilla, en Málaga y otras ciudades, bastantes moriscos granadinos, cautivos o descendientes suyos, permanecieron mezclados con los auténticos moros de Berbería". (17)

Celestino López Martínez ("Mudéjares y moriscos sevillanos") dice que en 1665 dos barrios de Sevilla "estaban totalmente libres de moriscos, porque declarados horros se trasladaron a diversas casas y corrales de vecindad". (18)

Julio Caro Baroja dice que en el siglo XVIII el elemento morisco permanece acallado, incorporado a la sociedad cristiana, y se pregunta: "Si en la misma Granada, ciudad en que funcionaba la Inquisición, pudo ocurrir esto, ¿qué ocurriría en el campo? Para mí ‑continúa‑ es evidente que tiene que haber allí muchos descendientes de moros y judíos por la permanencia de instituciones, usos, estilos, etc. , que pueden considerarse moriscos" (19).

Una relación del Consejo Real de 1626, varios años después de la expulsión, decía:

"Salió del Consejo Real dos días pasados un decreto en que nadie fuese osado maltratar a los moriscos que se ‑ habían quedado ni se les hiciere agravio alguno como vivan veinte leguas de la marina tierra adentro". (20)

Hay bastante documentación histórica sobre los moriscos de las minas del azogue de Almadén. Entre otras, la de que en 1667 fue azotado un morisco en Almadén por ridiculizar los sacramentos.

 También es abundante la documentación acerca de los numerosos moriscos que retornaron tras la expulsión.

Es realmente esclarecedora la opinión de Domínguez Ortiz. "Tras la expulsión definitiva ‑nos dice‑, el elemento morisco, aunque de forma clandestina y subterránea, no ha dejado de pesar en la antropología racial y cultural de nuestro país, o por lo menos, de algunas regiones.". . . "Pero fue en Andalucía donde quedaron más moriscos, fundamentalmente por dos causas; una, la gran extensión que tomó la esclavitud; otra, las mejores relaciones entre

cristianos nuevos y viejos. . . " "Y permanecieron aquí ‑prosigue Domínguez Ortiz‑ ausentándose, escondiéndose, disimulándose entre las tropas de mendigos, peregrinos, gitanos, maleantes y bandidos). (21)

Y por si alguien tuviera todavía alguna duda tanto de la permanencia del morisco como de su conexión con lo flamenco, en 1690‑1691 un embajador marroquí visitó Andalucía. (22) Nos habla constantemente de varias cosas:

‑ De los habitantes moriscos de jerez, Utrera, Lebrija, Linares, Sevilla, etc.

- De su estado de miseria y de su agrupamiento como tribus nómadas. - De que "un grupo de estas mujeres y hombres tenían entre sus manos una guitarra. Sus cantos en nada se parecían a los de los cristianos que vivían en las ciudades civilizadas".

 REPRESIÓN

 Isabel la Católica hizo suya aquella frase que Lope de Vega escribiera más tarde:

 "¡Mueran los moros traidores. Viva Castilla la Vieja!"

 La política hacia los moros, moriscos, se llamó de asimilación pero era una política incongruente ‑como señala Márquez Villanueva (23)‑, basada en la política cisneriana del bautismo forzado y la desislamización forzada: no fue, pues, asimiladora, sino de persecución religiosa y de genocidio cultural.

 "Isabel a los altares, ¡Olé!" es un artículo en el que Pedro Luis Martínez considera que La Católica contribuyó al nacimiento del flamenco por su sañuda represión de moros, judíos y gitanos. 1492 significa el rompimiento de una tradición de entendimiento, de convivencia entre españoles de distintas creencias: moros, judíos, cristianos; es una fecha fatídica para aquellos españoles.

 La repetida historia de una feroz represión, el terror sobre ellos impuesto por la Inquisición (Santo Oficio) y ciertos sectores de la nobleza, por el clero. . . no terminará, sino que se acrecentará y posibilitará el levantamiento de los moriscos granadinos (1568) y proseguirá más allá de la expulsión definitiva de 1609‑1614.

Pensemos que la represión ejercida contra los moriscos tuvo siempre un hilo conductor, el de eliminar su identidad cultural: religión, costumbres, bailes, cantos, prácticas tan higiénicas como el baño, etc. A los moriscos se les podía señalar con un hierro en el rostro o brazos para facilitar su identidad.

Contra los moriscos, la palabra morisco fue desterrada del vocabulario, penándose incluso a los que la utilizaran.

A los moriscos se les prohíbe hacer cantares de moros, zambras, leylas o canciones con instrumentos prohibidos, así como cantar los nuevos romances de la expulsión.

A los moriscos se les prohíbe la oración coránica de "Ley Ley".

A los moriscos se les prohíbe vestir trajes de seda y de vistosos colores.

A los moriscos se les prohíbe su celebración de acontecimientos familiares: nacimiento, muerte, bodas; que, por cierto, se parecían excesivamente ‑caso de la desfloración‑ a las de los gitanos de hoy y de ayer.

 Por supuesto que se les prohíbe la lengua, la algarabía. Un signo de identidad cultural morisca, como es el baño, también se les prohíbe y existe toda una curiosa y quisquillosa legislación contra esta saludable práctica, como la pragmática del 10 de diciembre de 1567. No es de extrañar que en uno de los cantes más trágicos del flamenco, la siguiriya, se diga:

 "Si yo lo supiera

 que tú a mí no me querías,

 renegara de Dios, me fuera a bañar

 a la morería"

 También se les reprocha a los moriscos la superstición del "mal de ojo".

 A los moriscos se les prohibe la movilidad comunicacíon al castigarles sus oficios más típicos como los de arrieros, trajineros, vendedores ambulantes de buñuelos y frutas que vendían alabándolos con sus pregones. Estas actividades les permitían sustraerse de la agobiante vigilancia de los cristianos viejos y al control inquisitorial.

 A los moriscos se les prohibía, pues, sus fundamentales oficios: especieros, zapateros, silleros, plateros, olleros, panaderos, esparteros, camiceros, cuchilleros, alpargateros, taberneros, recueros, caldereros. No es de extrañar que el corregidor de Carmona nos los describa así en vísperas de la expulsión:

"Los moriscos son toda gente miserable, trabajadora y jornaleros del campo".

 También se les prohíbe su gran oficio: el de herreros. Era tan característico en ellos el trabajo de los metales que Domínguez Ortiz se pregunta: "Si tal vez no habría que relacionar la modesta ferrería gitana con la morisca". (24)

 ¡Y si habláramos de la identidad morisco‑alfarera! en pleno siglo XVII, tras la expulsión, según nos relata José Gestoso en su "Historia de los barros vidriados sevillanos".

Cuenta que en la parroquia de Santa Ana y en el arrabal de Triana, moriscos eran todos los alfareros que bajo el disfraz de nombres cristianos poblaban los barrios de Sevilla. (25)

 Y a propósito del disfraz recordemos las palabras de Alvarez Caballero: "No hay un solo nombre de morisco entre los cantaores flamencos".

RASTREO DE LO MORISCO EN EL CANTE FLAMENCO

 En el rastreo de lo morisco en el cante flamenco pasaremos por alto para no hacer interminable esta exposición toda una serie de cuestiones estudiadas en otra parte, toda una serie de cuestiones, digo, que aparecen tanto en el cante‑música como en las coplas flamencas:

 l) Léxico árabe‑morisco.

 2) Expresiones propias y típicas de los moriscos.

 3) Ciertos elementos relacionados con la fonética.

 4) Temas relacionados con la cocina, ingredientes, etc.

 5) Plantas medicinales. Y un largo etcétera.

 Como ya hemos dicho anteriormente, es el Santo Oficio, la Inquisición, la que se encarga principalmente de la represión, el castigo, contra los moriscos: el combinado Inquisición‑moriscos está presente constantemente en el flamenco. Téngase en cuenta que los gitanos fueron perseguidos, pero no por la Inquisición.

 Al decir de Domínguez Ortiz, "la fortuna acumulada por el clero y los funcionarios provenía, en gran parte, de exacciones cometidas durante decenios en detrimento de los moriscos; el elemento más hostil dentro del clero estuvo representado (junto con algunos prelados y órdenes monásticas) por el bajo clero" (26), es decir, por los curas. Esta misma opinión es compartida por B. Vincent, quien añade que el cura y el sacristán representaban el símbolo de la opresión. (27)

 Repetidas veces la burla hacia los curas y sacristanes aparece en el cante flamenco. Y además resulta curioso que estos temas de burla aparezcan casi siempre por bulerías, tales como las que canta Manolito el de María:

 -Vengo a confesarme, pare,

 tos los pecaos que tengo.

 -Hija yo no soy el pare,

 soy el sacristán del templo.

 Tó cuanto me pongo

 me lo murmuran,

 hasta una cinta negra

 que me dió el cura.

Para el morisco el cura es un ser vil e interesado al que reprochaban inclinaciones lujuriosas:

Siento sincuenta curas

se condenaron,

por unas naguas blancas

que divisaron.

Por razones obvias, el morisco rechazaba (se burlaba) de la Iglesia:

Dentro de la misma Iglesia

tenemos el desengaño:

por interés del dinero

hacen a un moro cristiano.

Pero el odio más fuerte lo vierte el morisco sobre algunas manifestaciones externas de la Iglesia y muy en especial contra la confesión, a la que consideran una invención diabólica. Otra vez por bulerías:

"Cuando voy a confesá,

digo lo que me parece;

nunca digo la verdad".

Tenemos documentación todavía en 1667 y en Almadén que certifica que los moriscos, que allí trabajaban en las minas, eran azotados por burlarse de los sacramentos. Para nosotros ha sido un feliz hallazgo, a propósito de moriscos, curas, burlas y bulerías, la documentación referida a los siglos XVI y XVII, en la que se dice que los moriscos eran amigos de danzas y cantos y entre ellos:

 Zambras, leylas y ¡bulerías!  

 Los bautismos forzados (irónicamente asimilación) fue una práctica constante hacia los moriscos desde el cardenal Cisneros hasta la expulsión. Nuevamente por bulerías, la mofa y el cachondeo y la gracia:

En tierrecitas de Morería

yo tenía una niña chiquetita,

mora‑morita de la Morería.

juanola le puso el cura.

Juanola pa toa la vía.

¡Válgame Vd. el cielo!

Juanola Pa toa la vía.

Otras veces cuando se trata de la extremaunción, el santolio; con la muerte y la tragedia rodeando al enfermo ya no cabe la burla de una bulería, sino la tragedia de una siguiriya:

Al llegar el santolio

los ojos abrió;

de las ducas que al probe le dieron

más pronto murió.

Por lo visto situaciones como ésta fueron moneda corriente, pues en un texto del siglo XVII nos cuenta Bermúdez de Pedraza lo que podríamos considerar el retrato de esta siguiriya:

"A un morisco apretado de la enfermedad fue a confesar el cura y comúlgale también; después le dijo como le faltara otro sacramento por recibir del santo óleo si lo pedía a la iglesia. El morisco, más afligido con esto que con el mal, dijo:, Pues tres tormentos en un día, confesión, comunión y óleo!"

AFIRMACIÓN DE RAZA Y/O GRUPO

Afirmación de una cultura propia o de un signo de identidad (morisca).

 Unas veces interpretada por malagueña en el caso del cantaor Cobitos y otras veces como fandangos hemos encontrado la copla siguiente:

Como moro soy más moro

como cristiano cristiano

como bueno soy más bueno

como malo soy más malo

soy más malo que el veneno.

Toítos le temen al moro

como si el moro tuviera (como si en el moro hubiera)

un bichito venenoso

que a la gente se comiera.

A los moros que te vayas

a renegar de la fe

tengo de marchar contigo

a renegar yo también.

Los moros de Berbería

disen que no pué ser

parir y quedar donsella

la mujer de San José

COPLAS "'SURREALISTAS", HERMETICAS

LA SIGUIRIYA

No llamarme al meico

llamarme al doctor

que se me ha muerto la mare e mi alma

e mi corason.

 Es una copla por lo menos de dificil interpretación, incomprensible. Partiendo de coplas como ésta hay quienes han llegado a hablar y a decir que a veces el hermetismo del cante flamenco es surrealista. Lo que sucede es que en un contexto diferente, en nuestra época, hoy, nos resulta incomprensible aquello que en su momento hubo de tener un mensaje claro y preciso. Este es el caso de otra siguiriya:

A la sierra de Almenia (A los montes de Almenia)

me tengo que ir

donde no haya ni moros ni cristianos

que sepan de mí

 Hay quien ha dicho que se trata de Almenia: ¡qué lejos! y además el sentido trágico de la siguiriya no se gxpuca. No sería más fácil pensar que esa "Almenia" fuera "Almeriya" o "Almériya" (en árabe) transformada desde el punto de vista fonético y/o de la acentuación. Esta siguiriya sí tendría sentido trágico puesta en boca de un descendiente de morisco acosado , desplazado e incómodo con unos y con otros, con moros y con cristianos.

 Nuestra tesis o hipótesis sobre la intervención de los moriscos en la creación, en la génesis del cante flamenco o del flamenco en general no es excluyente de otros grupos, etnias, etc. Creemos que este hilo conductor ha estado presente en la breve exposición que acabamos de hacer. Y no es una posición formalista, sino de fondo, pues indudablemente moriscos, berberiscos, esclavos moros, gitanos, bandoleros, los diversos lumpen, jornaleros debieron coincidir, convivir, mezclarse, etc. , en los corrales de vecindad, en los cortijos, en las cárceles, en las minas, en las tabernas, en Ias fiestas populares, etc.

 Asimismo, Andalucía es el crisol de varias culturas musicales, literarias ‑pensemos en el romance y los romances fronterizos‑. Pero sobre todo Andalucía (AI‑Andalus) hace suya toda esa cultura árabe‑oriental antiquísima musical y literaria (muwassaha, zéjel, harcha), popularizándola y sacándola a la calle, a la plaza, como nos decía Ribera y Tarrago; la música y las composiciones poéticas de las Cantigas del Rey Sabio evocan hasta qué punto ese fantasma ‑como le llamara Ribera‑ de la música ficta, de la música diabólica, penetró en el resto de la Península y hasta comienzos de la Edad Moderna e incluso durante muchísimos años después brilla sobremanera esa gran manifestación cultural en las Andalucías y descollando Sevilla, y en Sevilla, ¡Triana!

 Tenemos una posición integradora excluyente, en la génesis del flamenco: hemos aportado parte de los datos que poseemos para demostrar la convivencia obligada de moriscos, gitanos y otros grupos marginales. Hay un dato que es posible que hayan pasado por alto algunos estudiosos del tema, un dato que nos obliga a comparar la población gitana actual en España y Andalucía y esa misma población hace dos siglos; un dato que además nos obliga a pensar en la convivencia de moriscos y gitanos. Estamos pensando en la cifra de 10. 000 gitanos que había en España a propósito de la Pragmática de 1783 de Carlos Ill; según Maria Helena Sánchez, gran especialista en el tema, el censo, que estuvo realizándose durante dos años y seguido y controlado muy de cerca por el propio Floridablanca, es fiable y pormenorizado (29).

 A veces se utiliza como argumento en contra de la posible intervención de los moriscos en el flamenco lo siguiente: la música andalusí/garnatí del Norte de Africa en nada se parece al flamenco. En 1969 se realizó en Madrid y bajo la tutela de la UNESCO una Reunión Internacional sobre los Orígenes del Flamenco; el folklorista marroquí Ben Jelloun presentó unas secuencias de ese tipo de musica para que se comparara con el cante flamenco.

Los especialistas allí congregados llegaron a la conclusión ‑y no podría ser de otra manera‑ que aquella música no tenía nada que ver con el flamenco. La reflexión que vamos a hacer se desprende en parte de todo lo anteriormente expuesto:

 En primer lugar, los moriscos qué después de 1492 emigran al Norte de Africa son, sobre todo, nobles y, de las clases altas o bien instaladas y por lo tanto la música propia de ellos sería predominantemente "culta". Algo muy parecido sucede también con los pocos moriscos que emigran tras el levantamiento de 1568; tras la expulsión de 1609‑1614 está claro que, junto a los moriscos más o menos ricos, sale la gran masa morisca pobre. Llegados a este punto sí es necesario matizar que sí existe algún parentesco‑y no podría ser de otra manera‑, incluso para los no especialistas en música, lejano, pero perceptible entre la música andalusí y el flamenco

 Y en segundo lugar (y definitivo) utilizar el argumento descalificador de la intervención y participación de los moriscos en la elaboración y gestación del flamenco significa ignorar ciertos procesos históricos, sociales, culturales, religiosos, etc. :

a) Los moriscos (y gitanos) son traicionados y perseguidos después de 1492.

b) Los moriscos en 1568 son expulsados de Granada (no todos) y repartidos por Andalucía. Los gitanos también están perseguidos y acosados y la convivencia de ambos grupos, que ya había comenzado, continúa.

c) Tras 1609‑1614 (definitiva expulsión) la persecución y el eco de la misma sigue machacando a esas minorías de judíos, moriscos, gitanos. . .

 Así, el espíritu opresor del "cristiano viejo", la ley de la honra y de la limpieza de sangre, ese fanatismo religioso descarga su cólera contra las minorías de "cristianos nuevos", de "castellanos nuevosi" (30). Para hacer frente a la opresión, las minorías crearán también su propia ley, la ley de la ocultación, Ia "taquiya" morisca y/o el disimulo gitano. Estas minorías responden, partiendo de la gran "música andaluza", reinventando otros códigos musicales y literarios, existenciales: El flamenco

CULTURA ARABE, MORISCOS Y CANTE FLAMENCO

(1) RIBERA Y TARRAGO, Julián. La música árabe y su influencia en la española. Madrid. Editorial Mayo de Oro, 1985 (1° edición 1927). A este libro corresponden las citas y comentarios de estas primeras páginas.

 (2) ESTEBANEZ CALDERON, Serafín. Escenas andaluzas. Madrid, Espasa Calpe, 1960, pag. 113.

 (3) ESTEBANEZ CALDERON, Serafín. Escenas andaluzas. Madrid, Espasa Calpe, 1960, pag. 118.

 (4) LAFUENTE Y ALCANTARA, Emilio Cancionero popular. Colección escogida de segudillas y coplas. Madrid. Carlos Bailly-Baillière, 1865, pag. VIII, tomo I

 (5) BORROW, George. Los Zíncali. Los gitanos de España. Madrid. Ediciones Turner, 1979, pág. 204.

 (6) INFANTE, Blas. Orígenes de lo flamenco y secreto del cante jondo. Junta de Andalucía. Sevilla. Consejería de Cultura, 1980, pág. 116.

 (7) ORTIZ DE VILLAJOS, Cándido G. Gitanos de Granada (La Zambra) Granada. Editorial Andalucía, 1949, págs. 18 y 19.

 (8) LAFUENTE, Rafael. Los gitanos, el flamenco y los flamencos. Barcelona. Editorial Barna, 1955, págs. 39‑41.

 (9) DURAN MUÑOZ, García. Andalucía y su cante. Madrid. Gráficas Versal, 1962, págs. 93, 94, 125.

 (10) GRANDE, Félix. Memoria del Flamenco. Madrid. Espasa Calpe. Colección Austral, 1979, págs. 194‑201.

 (11) GRANDE, Félix. Memoria del Flamenco. Madrid. Espasa Calpe. Colección Austral, 1979, págs. 292‑295 No hemos podido consultar el libro de MOLINA FAJARDO, Eduardo: El flamenco en Granada. Teoría de sus orígenes e historia. Granada. M. Sánchez, Editor, 1974.

 (12) ALVAREZ CABALLERO, Angel. Gitanos, payos y flamencos en los orígenes del flamenco. Madrid. Editorial Cinterco, 1988, pág. 107.

 (13) ALVAREZ CABALLERO, Angel. Gitanos, payos y flamencos en los orígenes del flamenco. Madrid. Editorial Cinterco, 1988, pág. 109.

 (14) ALVAREZ CABALLERO, Angel. Gitanos, payos y flamencos en los orígenes del flamenco. Madrid. Editorial Cinterco, 1988, pág. 114.

 (15) DOMINGUEZ ORTIZ, Antonio; VINCENT, Bernard: Historia de los moriscos. Vida y tragedia de una minoría. Madrid, Alianza Editorial, 1984, Pág. 90.

 (16) CARO BAROJA, julio. Los moriscos del Reino de Granada. Madrid. Ediciones Istmo, 1976, pág. 82.

 (17) DOMINGUEZ ORTIZ, Antonio. Los moriscos granadinos ante de su definitiva expulsión. M. E. A. H, XII‑Xlll, 1963‑1964, págs. 113‑128.

 (18) LOPEZ MARTINEZ, Celestino. Mudéjares y moriscos sevillanos. Sevilla. Tipografía Rodríguez, Giménez y Compañía. 1935, pág. 32.

 (19) CARO BAROJA JULIO. Los moriscos del reino de Granada . Madrid, Ediciones IStmo, 1976, págs. 245 y 248.

 (20) DOMINGUEZ ORTIZ, Antonio. Historia de los moriscos, Págs, 260

 (21) DOMINGUEZ ORTIZ, Antonio. Historia de los moriscos, Págs, 247 y 250.

 (22)Voyage en Espagne d'un ambassadeur marocain. París, 1884.

 (23) MARQUEZ VILLANUEVA, Francisco. El problema morisco (desde otras laderas). Madrid. Editiones Libertarias, 1991.

 (24) DOMINGUEZ ORTIZ, Antonio. Historia de los mariscos, págs. 115 y 119.

 (25) DOMINGUEZ ORTIZ, Antonio. Historia de los moriscos, pág. 117.

 (26) DOMINGUEZ ORTIZ, Antonio. Historia de los mariscos, págs. 141 y 142.

 (27) VINCENT, Bernard. Les bandits morisques en Andalousie. RHMC, XXI, juillet‑septembre, 1974, págs. 389‑400.

 (28) GARCIA‑ARENAL, Mercedes. Los moriscos. Madrid. Editora Nacional, 1975, págs. 30‑31.

 (29) SANCHEZ, Ma. Helena, Ios gitanos españoles. Madrid Castellote, 1977, págs. 373‑391.

 (30) Para comprender el espíritu, el ambiente de la época véase DOMINGUEZ ORTIZ, Antonio: La Sevilla del siglo XVII. Universidad Sevilla, 1984 y AGUILAR PIÑAL, Francisco: Historia de Sevilla. Siglo XVIII. Universidad de Sevilla, 1989
 


 

AVIZORA.COM
Política de Privacidad
Webmaster: webmaster@avizora.com
Copyright © 2001 m.
Avizora.com