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La necesidad de un proyecto de paliogenesis. Para que el estado no se parezca a Herodes y Belem sea Belén En relación a la vida intrauterina y al ethos normativo que la cultura Argentina ha configurado a través de sus tradiciones orales, de sus prescripciones jurídicas y de las diversas deontologías de los colegios profesionales, cabe afirmar - como es de esperar - que no existe una particularidad‚ ética ni jurídica, que haga que nuestro país tenga una identidad propia y distinta en relación a otros países occidentales. En el derecho penal argentino, el aborto es penalizado como delito, con excepción de dos casos: el aborto eugenésico y el ordenado si el embarazo es producto de una violación en mujer idiota o demente, en tal caso se requiere el consentimiento de quien sea su representante legal. (art. 86 Cód. Penal) Desde el punto de vista ético se observa, en términos muy generales, dos perspectivas morales: a) una moral que goza de cierto consenso en la ética civil, o "moral hegemónica" y b) una moral que podríamos denominar "moral de periferia".
Belem, para esta teología ya no evoca en nada a su homónimo: Belén donde una vida pudo salvarse de la violencia de Herodes gracias al cuidado que recibiera de sus progenitores, un grupo de personas excluidas (pastores) y los animales (que le brindaron calor). Advertimos que en Argentina, en materia de sepsis neonatal, no se supervisa la excelencia que trata esta dolencia, hay una escasa solidaridad social. Y las estrategias concretas en salud reproductiva no son parangonadas ni ponderaradas con rigor científico. Hace unos años, el CEDES (Centro de Estudios de Salud) hizo un estudio entre 500 médicos del área metropolitana sobre el impacto del aborto en los hospitales públicos. El estudio detectó que 55 mil mujeres tienen que internarse por año por complicaciones originadas en los abortos. Las leyes contra el aborto mantienen el perfil restrictivo. La ley permite tres excepciones: cuando corre peligro la vida y la salud de la madre —no sólo la vida—, cuando se trata de una mujer violada y cuando es atentado al pudor de mujer demente. Actualmente, se tiende a unir estas dos excepciones en una y se interpreta la excepción en caso de violación a mujer demente. En realidad, la razón de la distinción es que una demente puede no discernir sobre su situación, algo que sí puede hacer una mujer violada. Hubo un caso en Trelew de una criatura con problemas mentales violada en la que hubo presiones de las posturas antagónicas para llevar a termino ese embarazo o interrumpirlo inmediatamente. El caso Romina vuelve a enfrentar a grupos que dicen defender la vida con otros que dicen ser proeleccion, llevándonos a replantearnos no sólo la cuestión del aborto, sino otras como la prevención primaria y secundaria del embarazo, y fundamentalmente cómo evolucionar para cuidar la vida viable.
Para propender a la prevención primaria y secundaria, deberemos focalizar
nuestros esfuerzos en quienes terminan sus días en situación de mistanasia,
que es la muerte infeliz provocada por abandono integral (social, económico,
psicológico, afectivo y podríamos sumarle del propio estado). Mi propuesta no es ir al pasado, a los años sesenta, cuando comercializaron la “píldora” que iba por arte de magia a terminar con los embarazos no deseados; sino avanzar hacia un futuro más promisorio, sirviéndonos de los avances habidos en la emergentología, los derechos humanos, la bioética y la medicina paliativa y lo que en cada lugar pueda hacer con la unión de estos sectores. Una cosa es la planificación familiar, munir de anticonceptivos en sus diversas formas a los hospitales públicos, salas de primeros auxilios, otorgar educación necesaria al respecto, o promover la educación para una procreación responsable y otra muy diferente es hacerse cargo de la situación concreta del embarazo que ya está en curso y no es deseado.
En el primer ejemplo se está previniendo una situación futura e incierta; en
el segundo, se está actuando concretamente ante la realidad insoslayable del
sufrimiento humano, de quien padece dolor físico y espiritual, sumado al
dolor que provoca la indiferencia y discriminación social. Muchos dirán que toda esta cuestión quedaría zanjada con la despenalización del aborto. Más allá de mi personal posición que como sacerdote mantengo en defensa de la vida, temo que quienes pretenden despenalizar el aborto, caigan en los mismos abismos que cayeron en lugares donde se legisló a favor de la eutanasia: en forma contraproducente estos países dedicaron menos recursos de su presupuesto anual a la medicina paliativa y al carecer de adecuada asistencia domiciliaria y suficiente analgesia, muchos ancianos se encontraban propensos a solicitar la eutanasia activa. Sin entrar, entonces, en el tema profundo de la penalización o no del aborto, pero de cara a la realidad, sabiendo que hay en nuestro país muchas jóvenes que – como Romina – toman decisiones terribles e irreversibles, que tiñen su vida de culpa para siempre, intentaremos encontrar una solución que evite caminos extremos, alejándonos de las discusiones idénticas e inversas de los grupos pro-choice y pro-life. Diré que hoy no hay ortogénesis (buenos nacimientos) sin planificación responsable, educación sexual, un estado que favorezca la natalidad en nuestros países despoblados y una intención clara de proveer calidad asistencial experticia humana y profesional que sobretodo garanticen la excelencia con las personas desesperadas. Es importante que en situaciones dilemáticas, tanto bioeticistas, como emergentistas y especialistas en medicina paliativa, aúnen esfuerzos para resolver los cuidados clínicos pertinentes sociales y espirituales de toda vida en riesgo. Ninguna comunidad filosófica o religiosa, puede – en materia de prevención primaria o secundaria de sufrimiento humano – arrogarse la última palabra y debe buscar – no imponer – su estrategia, dialogando para arribar a los máximos consensos. En materia de ortogénesis, después que hayan nacido las Unidades de Cuidados Palio genéticos en todo el país, será otro momento para debatir la razonabilidad o irracionalidad de la penalización o despenalización del aborto. Entre tanto, muchos teólogos señalaremos que esas discusiones son baladíes, o bizantinas, porque desde los años 90 ya no se piensa en controlar el dolor humano desde posturas judicializables o medicalizadoras, y sí desde nuevas estrategias que contengan ambas posturas. La emergentología fue la primera que descubrió al paciente mistanásico y el derecho fue el primero en darse cuenta de los derechos personalísimos y cómo el estado puede cometer homicidio por omisión al desatender y no brindar concreta protección a los individuos que padecen un abandono tal que genera un dolor espiritual (y hasta físico) intolerable. La medicina paliativa reconciliada con lo espiritual y social en esta última década descubrió que el verdadero control de los síntomas y el dolor espiritual en su máxima escala no era algo reservado sólo a los pacientes oncológicos, sino también a situaciones de pobreza y de precariedad moral de madres, fetos, y familias poliproblematizadas. Con el desarrollo de estas áreas: bioética clínica con derechos humanos, medicina paliativa y emergentología, con un estado subsidiario y garante de los derechos humanos sobretodo personalísimos, es por allí donde pasa el nuevo paradigma para pensar la ortogénesis.
Esto a mi modo de entender no es mirar al pasado, sino hacernos cargo del
presente y del futuro; incluso intuyo que por el respeto y la sensibilidad
social con que se implican otras iglesias y otros credos humanistas y
ecologistas, servirá para crecer en la comunión ecuménica |
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