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Hambre y Pobreza - 1 / Hunger and Poverty

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. Las elites y los pordioseros
. Occidente gasta más en comida para perros que en la lucha mundial contra el hambre
.
El Hambre es nuestro escándalo
. En Argentina 1 de cada 4 niños trabaja para comer
.
Datos de la pobreza en Latinoamérica 09/2002

250111 - Medidas urgentes para evitar hambruna mundial

El Hambre es nuestro escándalo - Entrevista de Margarita Riviere a Jean Ziegler

Sociólogo y político suizo, Jean Ziegler no acaba su denuncia con El oro nazi o contando lo que nadie dice sobre las mafias rusas. Ahora levanta ampollas en el mundo enriquecido con su libro sobre el hambre. 17/12/2002

"No consigo comprender cómo es posible que, al inicio del nuevo milenio y en un planeta tan rico, haya tantos seres humanos que sigan muriendo de hambre", pregunta Karim a su padre. Y su padre -que es Jean Ziegler, sociólogo y político suizo, autor de libros polémicos como El oro nazi, casado con la ciudadana egipcia Wédad Zénié- le responde: "Millones de seres humanos mueren de hambre cada año porque no tienen los medios económicos -u otros- para acceder a una alimentación suficiente. Porque hoy, que somos seis mil millones de personas en el planeta, se podría alimentar, según dice la FAO [Organización para a Alimentación y a Agricultura de Naciones Unidas], al menos al doble de la población del mundo".
Karim, que hoy tiene 26 años, entendió perfectamente cuando tuvo lugar esta conversación que recoge el último libro del polémico Ziegler -El hambre en el mundo explicada a mi hijo (Muchnik Editores)-, que ahora la gente no tendría, pues, por qué morir de hambre. "¡Pero se mueren! ¡Cinco mil cada día! ¡Yo he visto las víctimas!", clama el profesor Ziegler desde su minúsculo y desordenado despacho en la novísima sede de la muy antigua Universidad de Ginebra. Fotos de Che Guevara, de Salvador Allende, máscaras indígenas y objetos exóticos, papeles, plantas, carpetas y muchísimos libros apenas dejan sitio. Este sociólogo del tercer mundo, abogado, doctor en ciencia política, católico, ex diputado del parlamento helvético, actual miembro de la Internacional Socialista, que ha vivido en diversos países africanos y viaja constantemente a los lugares más miserables de la tierra, gesticula con énfasis: "¡El hambre es el escándalo de nuestra época!".

Tiene 66 años y se indigna como cuando tenía 20. Suele volcar su indignación vital en libros traducidos a muchos idiomas que explican lo que nadie dice sobre las mafias -Los señores del crimen (Planeta)- o sobre los suizos -Suisse lave plus blanc (Suiza lava más blanco), no traducido al español-. Su investigación sobre los pagos de los bancos suizos al régimen de Hitler levantó un escándalo mundial en 1997 y le ha valido al menos cinco demandas internacionales, pero él continúa revelando lo que sigue descubriendo.
Incansable y vital, ahora ha puesto en marcha una campaña en toda regla contra el secreto bancario suizo: "El secreto bancario, definido por la ley federal suiza, puede levantarse si se prueba que el dinero durmiente en la cuenta es de origen criminal", asegura. Dentro de esa categoría incluye el dinero de la corrupción y la evasión fiscal. Su particular guerra contra los banqueros suizos y el secreto bancario tiene raíces profundas en su propia vida de católico, socialista y europeísta, de experto en dinero y en hambre. "Mi vida es una pura contradicción", comienza, "debería explicárselo".

Pregunta. Adelante, pues.
Respuesta. Nací en Berna por casualidad, mi padre era juez en Interlaken. Es un gran misterio por qué nacemos aquí o allí, en esta u otra época, por qué con este cuerpo y no con otro. Hay casualidades. En 1964, Che Guevara vino a Ginebra como jefe de la delegación cubana en la Conferencia del Azúcar y yo, que era muy joven, fui su chofer durante casi dos semanas. El último día, antes de que se fuera, me armé de valor y me atreví a decirle: "Comandante, quiero ir con usted a Cuba". Eran las cuatro de la mañana, se veían todas las luces de Ginebra y los anuncios de las joyerías y de los bancos y él me dijo: "Has nacido en el cerebro del monstruo; es aquí donde tienes que trabajar y combatir". Él era una persona más bien fría, pero con una ironía conmovedora y me dejó impresionado; creí que me tomaba por un pequeño burgués del que nadie necesita nada, me humilló. Si hoy miro hacia atrás veo que tenía toda la razón. Creo que he ayudado a la humanidad más desde las entrañas del monstruo.

P. ¿Sigue siendo comunista?
R. Si, pero en el sentido en que Marx habló de la revolución de los modos de producción, porque estoy convencido de que este capitalismo que vivimos nos lleva a la selva. Vivo en el país más rico del mundo, cuya única materia prima es el dinero de los demás.

EL DINERO DE LA SANGRE

P. Como un gran banco.
R. En Suiza hoy trabajan 107.000 personas en el sector bancario, no se puede cuantificar lo que hay aquí; sólo en fortunas privadas extranjeras hay más de tres billones de dólares. Un dinero que hace a este país, según el Banco Mundial, el más rico del mundo, por delante de Kuwait o de los Emiratos Árabes. Lo cual no quiere decir que no haya también mucha pobreza, desde luego. Esta riqueza llega por tres vías: el capital en fuga del Tercer Mundo, que es el dinero de la sangre, hay por ejemplo cuatro mil millones de francos suizos de Mobutu mientras en el Congo los niños mueren de hambre y de epidemias. Llega también, para blanquearse, mucho dinero de la criminalidad organizada; Roldán, por ejemplo. Y, en tercer lugar, está el dinero gris que es el de la evasión fiscal de Europa entera. Esto es la cueva de Alí Babá. Y yo no quiero vivir en un país cuyo bienestar está pagado por la sangre de los niños de Nicaragua o por las mujeres humilladas de Tailandia que trabajan muchísimas horas por semana...

P. Pero es el dinero, no el hambre, el que acaba moviendo al mundo.
R. El dinero es la forma del poder más clara.

P. Al estudiar el hambre y la miseria observa, pues, el poder.
R. Yo me pregunto el por qué de las cosas y me doy cuenta de que el papel del Estado es totalmente ficticio en comparación con el de las multinacionales. Hoy las doscientas sociedades mayores del mundo gobiernan más del 27% del comercio mundial. Este capitalismo salvaje ha creado unas oligarquías muy poderosas...

P. El siglo XXI no le parece mejor.
R. Hace doscientos años, la Revolución Francesa lanzó un modelo de civilización basada en la solidaridad, la justicia social, los derechos del hombre y la libertad; fue el tiempo de las luces. Esto fue el principio de algo que hoy está en peligro. La comida nos da ahora mismo buenos ejemplos: vea lo que pasa con las vacas locas; se alimentó a unos hervíboros con esas harinas animales, volviéndolos carnívoros. Ahora las grandes multinacionales alimentarias patentan genes, plantas y organismos vivos para crear (OGM) Organismos Genéticamente Modificados, como el maíz transgénico que es mucho más resistente, permite mejores cultivos y también proporciona muchos más beneficios económicos. Pero este maíz transgénico es un ser completamente diferente cuyos efectos sobre el organismo no conocemos aún: harían falta al menos veinte años para saberlo. ¿Sabe lo que decía Kant? Él decía que las luces eran "la ruptura del tiempo" . Tras doscientos años de esa cultura que, con sus limitaciones, buscó la democracia, lo de ahora es la jungla; una verdadera ruptura. El mundo ha cambiado, desde luego, y es una suerte que haya desaparecido la Unión Soviética, pero el capitalismo más salvaje se ha extendido por toda la tierra, gracias también a un serie de revoluciones tecnológicas. Este banco que estamos viendo contacta con su sucursal de Tokio a la velocidad de la luz, trescientos mil kilómetros por segundo: ha nacido el ciberespacio, que permite la administración financiera del mundo. Todos los días se intercambian, según la media de 1999, más de 6.000 millones de dólares y de éstos sólo el 15% se refiere a intercambios comerciales, a la economía real; el resto es economía virtual...

P. Si la economía es virtual, entonces el dinero no existe...
R. El dinero está en el mundo en que vivimos, en el mundo real. Y todos, empezando por los gobiernos europeos, que son mayoritariamente socialdemócratas, aceptan esta civilización que tiene un sólo valor: el beneficio económico. Todos los demás valores, como el tener un trabajo estable, o el buscar la justicia, resultan arcaicos frente a esta defensa de la libertad total del capital, que representa la idea de esa mano invisible y mágica que todo lo arregla, incluidas las desigualdades. Naturalmente, no es verdad que las cosas sucedan así. En Brasil, por ejemplo, tuvieron 4,8% de crecimiento el año pasado y al mismo tiempo todos los indicadores sociales fueron negativos: tienen más hambre, más analfabetismo, más epidemias. Es evidente que este desequilibrio se produce porque el control de los flujos económicos está en muy pocas manos, en las de estas reducidas oligarquías transnacionales. Cada día mueren de hambre 5.000 personas. Es lo que yo llamo el genocidio silencioso. Y 825 millones están amenazados de malnutrición. Pero la FAO dice que la agricultura actual podría dar de comer a 12.000 millones de personas. Este es el estado del mundo de unas Naciones Unidas que subvencionan a grandes industrias cuando compran leche en polvo para estos niños hambrientos. ¡Más de dos mil millones de personas no disponen de agua potable! Es la locura.

P. ¿Qué propone ?
R. La insurrección de las conciencias. Lo que se ha hecho en la conferencia de Porto Alegre. Habría que controlar a las multinacionales, oponer a la globalización del capital la globalización de los derechos democráticos. Esta posibilidad ya la han comenzado los desheredados del mundo, y deberíamos escucharles más


DATOS DE LA POBREZA EN LATINOAMÉRICA. Septiembre del 2002

Argentina: 53% de la población vive bajo la línea de la pobreza.

Colombia: Cerca del 60% de la población es pobre.

Venezuela: 45,5% de los venezolanos viven en condiciones precarias.

México: 54 millones de pobres (54% de la población).

Bolivia: 58,6% de la población es pobre

Chile: 21% de los chilenos son pobres

Brasil: 22% de la población vive en condiciones de pobreza.

El Salvador: 44,5% de la población vive con menos de US$2 al día y 21% con menos de US$1.

Honduras: 45,1% de los hondureños sobrevive con US$2 diarios y 24,3% lo hace con US$1.

Fuente: CEPAL, Banco Mundial, BID e INE latinoamericanos


Occidente gasta más en comida para perros que en la lucha mundial contra el hambre Informe Worldwatch Institute 2004 / Mas ricos, más gordos, pero no más felices Fuente Periodista Digital

Más de 1.700 millones de habitantes del planeta conforman la categoría global de la «clase consumidora». En el reverso de la moneda figuran los 2.800 millones de personas que sobreviven con menos de dos dólares al día. Y un dato: los occidentales gastamos al año en comida para mascotas 17.000 millones de dólares, frente los 19.000 millones que se destinan a la lucha mundial contra el hambre. Son algunas de las conclusiones del informe El Estado del Mundo 2004, elaborado por el Worldwatch Institute y consagrado por entero a los excesos de la sociedad de consumo

El apetito consumidor que existe en el planeta no sólo ha perjudicado por igual la vida de ricos y pobres, sino que mantiene un ritmo insostenible, según el Informe Worldwatch.

El consumismo, que se ha extendido por el mundo debido a la creación de mayor riqueza y la globalización, acarrea graves consecuencias para los ricos y no contribuye a resolver los problemas de los sectores más indigentes, según el informe.

El Instituto Worldwatch (WI) indica que "las enfermedades del consumismo", entre ellas la obesidad, han afectado gravemente a los sectores de mayores recursos.

"El mundo consume productos y servicios a un ritmo insostenible, con resultados graves para el bienestar de los pueblos y el planeta", destaca el informe.

Agrega que más de 1.700 millones de personas ingresaron durante gran parte del siglo pasado a la "clase consumista" y adoptaron dietas, sistemas de transporte y estilos de vida hasta ahora limitados a Europa, América del Norte y Japón.

"El aumento del consumo ha ayudado a atender necesidades básicas y a crear fuentes de empleo", dijo el presidente del Worldwatch Institute, Christopher Flavin, al dar a conocer el informe

"El mundo consume productos y servicios a un ritmo insostenible, con resultados graves para el bienestar de los pueblos y el planeta"

"Pero en este siglo, el apetito consumidor sin precedentes destruye los sistemas naturales de los que todos dependemos y hace aún más difícil que los pobres satisfagan sus necesidades básicas", añadió

"Los mayores índices de obesidad y deuda personal, escasez crónica de tiempo y degradación ambiental son síntomas de un consumo excesivo que reduce la calidad de vida para mucha gente", agregó.

El informe afirma que el gasto para la adquisición de bienes y servicios se cuadruplicó desde 1960 y en 2000 fue de más de 20 billones de dólares.

Además, sólo un 12 por ciento de la gente que vive en Norteamérica y Europa occidental es responsable del 60 por ciento de ese consumo, mientras que los que viven en el sudeste asiático o en Africa al sur del Sahara representan sólo un 3,2 por ciento.

Según los directores del proyecto, Lisa Mastny y Brian Halweil, en las últimas décadas el consumismo de los más ricos, y ahora de las clases medias, ha ido más allá de la intención de saciar necesidades o incluso ansias.

Además, el fenómeno aumenta en el mundo en desarrollo debido a la globalización, que ha permitido que millones de personas entren en el consumismo al proporcionar la tecnología y el capital para producir y distribuir bienes de consumo.

Para el Worldwatch Institute, el ejemplo clásico de país consumista es Estados Unidos, donde hay más automóviles que personas autorizadas para conducirlos.

Pero esto no significa que los estadounidenses sean más dichosos, ya que sólo un tercio de ellos dijo que vive "muy feliz".

Esa cifra es casi igual a la de 1957, cuando sólo disfrutaban de la mitad de su riqueza actual.

El creciente consumo en el mundo industrializado y en los países en desarrollo es más de lo que nuestro planeta puede soportar, señala el Worldwatch Institute.

Los bosques, las tierras agrícolas, las selvas y los territorios vírgenes disminuyen para dar espacio a la gente, las casas, los centros comerciales y las fábricas, señaló.

Según Halweil, el consumo no es intrínsecamente negativo. En estos momentos en el mundo hay casi 3.000 millones de personas que sobreviven con menos de dos dólares diarios.

En China, la demanda consumista ha estimulado la economía, creado fuentes de empleo y atraído la inversión externa, señaló

Pero para que no se alteren estos beneficios, el Instituto Worldwatch propone reformas tributarias para dedicar más impuestos a reparar los daños al ambiente, normas para impedir la incineración y mejorar la calidad y durabilidad de los productos, así como la responsabilidad personal

"Sería una tontería subestimar el desafío que significa controlar el marasmo del consumismo", señaló Flavin.

Sin embargo, advirtió que ante el costo de no controlar este apetito, es clara la necesidad de encontrar respuestas.

"En última instancia, atender necesidades básicas, mejorar la salud humana y apoyar un mundo natural que nos alimente a todos hará necesario que controlemos el consumo y que el consumo no nos controle a nosotros", dijo Flavin


Las elites y los pordioseros - Osvaldo Bayer Página 12 280204

Hace poco escribíamos que el famoso rey de Inglaterra Enrique VIII echó la culpa de todos los males de la sociedad británica a los pordioseros. Y los mandó a ahorcar. Setenta mil en poco tiempo. Venía esto al caso por nuestra increíble discusión sobre los piqueteros. Hemos dado ahora con un documento honesto, no escrito ni por un agitador obrero, ni por un miembro de algún partido de los trabajadores, ni siquiera por algún discípulo de Kant. Es un escrito reciente del filósofo norteamericano Thomas Pogge que enseña filosofía en la Columbia University. Es un trabajo científico, pero sencillo, claro, que no admite tergiversaciones. Detalla las terribles cifras del hambre. Indiscutibles. Y dice sin ninguna búsqueda de notoriedad que “el hambre masiva en los países del Sur (y la Argentina está al Sur del Sur) no es simplemente el destino sino la consecuencia del actual ordenamiento del mundo”. Algo que sabemos todos y lo hemos escuchado mil veces en discursos presidenciales, en cátedras de derechos humanos, en las discusiones sin término de Naciones Unidas, en organizaciones religiosas. Sí, sí. Pero ahí está. Y al profesor Pogge no le importa repetir. Porque todo lo viejo que dice es absolutamente nuevo y urgente.
Nos comienza acusando. Dice que el peor crimen que ha cometido la humanidad hasta ahora nos sigue paso a paso. Es la pobreza mundial. Y nosotros nos ocupamos, pero al mismo tiempo miramos para el lado contrario. Y ahora viene el espanto.

La Segunda Guerra Mundial causó cincuenta millones de muertos. Un absurdo que sólo se puede intentar superarlo yendo al Muro de los Lamentos y ponerse a llorar a los gritos.
Para no aprender nada. Fueron muertas cincuenta millones de personas como nosotros, como los niños de al lado, como los viejos de la plaza. Pero ahí no nos detenemos. Ahora vienen los verdaderos muertos por nuestra crueldad, desidia y codicia: desde la terminación de la Guerra Fría en 1989 murieron alrededor de 270 millones de seres humanos por cuestiones de pobreza. Dos tercios de los cuales fueron niños. Niños más jóvenes de cinco años. Por año se van juntando en esta pirámide monstruosa 18 millones más. Muertos de hambre. La culpa la tienen los piqueteros, la culpa la tienen los pordioseros según el rey de reyes Enrique VIII. Bueno, basta. No, por favor, en el trabajo está todo demostrado de acuerdo con estadísticas oficiales y a estudios de las llamadas organizaciones de elites.
La mitad de todos los seres humanos que vive en la actualidad está debajo del límite de pobreza de dos dólares por día, que hoy corresponde al poder de compra de mil dólares por año en Estados Unidos. Pero hay más todavía. Aprendámoslo para ir comprendiendo la política que nos domina: una mitad de la humanidad vive en promedio un 30 por ciento debajo del límite de un dólar por día como límite de pobreza.
Este tendría que ser el tema de los sermones dominicales de todas las iglesias y de todas las sesiones de cuerpos colegiados del mundo. Mata más que la guerra de Irak y no sale en los titulares. Sí, el hambre aparece de vez en cuando en algún concurso fotográfico, premiado por la cara de increíble sufrimiento de los niños, nuestros niños.
Lo dicen los informes de las organizaciones mundiales de la salud. Ochocientos millones de seres humanos están mal alimentados en forma crónica. Mil millones no tienen agua limpia para beber. Por ejemplo, 2400 millones no tienen instalaciones sanitarias.

Los funcionarios mundiales se han propuesto que hasta el año 2015 van a impedir la muerte de 9 millones de pobres
por hambre.

Nos dice el profesor Pogge que no se trata de seguir publicando estadísticas sino de hablar de nuestra dureza de corazón y nuestra falta absoluta de querer dar una solución al problema. Es la misma línea absolutamente egoísta del ser humano cuando aplicó el colonialismo, la esclavitud y el genocidio de pueblos. Hoy el sistema declara a la desigualdad como ley suprema que domina las relaciones internacionales. Y la venta de armas por los países más poderosos de la Tierra. Allí donde hay hambre, hay armas de las más modernas cualidades vendidas por los países que dominan las economías de esos países explotados. ¿Qué ha hecho Naciones Unidas sobre el comercio increíble de la venta de armas? Todo se mezcla, todo es producto de la misma causa: hambre, armas, dictaduras, golpes de Estado, labor de los organismos de informaciones, consorcios, globalización de la injusticia. Hambre.
El científico preocupado por los pobres señala que el desarrollo de la pobreza en el mundo se debe, sin discusión, a la construcción del orden que lleva a eso. En la conformación de ese orden dominan los Estados ricos, que pese a toda la teoría del comercio libre exigen la seguridad de sus masivas subvenciones y de las aduanas protectoras, como lo demostró claramente Cancún. Las mafias dirigentes de los pequeños países pueden obtener aquí y allá a veces pequeñas concesiones. Pero los intereses de los pobres no están representados por nadie o permanecen sin ser contempladas como principio del sistema (porque la culpa, y ya lo decía Enrique VIII, la tienen los pordioseros; en la Argentina, los piqueteros. Y el que no lo crea, que escuche las poderosas emisoras argentinas y los canales televisivos, toda una fuente de sabiduría en el orden sociológico). El profesor Thomas Pogge lo remarca, dice textualmente: “Los pobres son los culpables, así se dice, cuando son gobernados sus países por tales mafias. Se exige a menudo good governance en los países pobres. Pero el ejercicio del poder corrupto y represivo está condicionado por factores globales”.

Materias primas y armas: como decíamos, esos dos son los factores esenciales de nuestra globalización con el tercer mundo. Los pequeños países dominados brutalmente venden sus materias primas y compran armas para mantenerse en el poder. El abuso del poder es el que hace nacer la pobreza. “Pero queda en claro la culpabilidadd de los países ricos”, dice Pogge. Está claro y es indiscutible que “la pobreza del mundo podría combatirse y hacerla desaparecer mediante un ordenamiento justo del mundo”. Y en sus palabras finales, es definitivo: “De esta manera, somos los que producimos –se refiere a Estados Unidos y a su sistema– la pobreza mundial no sólo de una manera pasiva sino evidentemente activa. Mediante el sostén de un injusto sistema mundial, que podía preverse y podía impedirse, y al no hacerlo reproducimos la miseria, la inimaginable miseria de la pobre mitad de la humanidad”.
Y se ve en todo. Cada vez se quiere ganar más. Lo vemos hasta en los aviones de pasajeros. Cada vez las diferencias son más grandes. Sillones para elefantes en la primera clase y en la tercera, los pasillos cada vez más estrechos para hacer entrar cada vez más butacas. Los carritos de comida han quedado reducidas a lo que llamábamos antes changuitos, para no hablar de las comidas y el vino en vasos. Todo sigue al modelo. El trabajo del profesor Pogge tiene una foto: niños de Lubango, Angola, viven en cajas de cartón una sobre otra. Los llamaríamos cartoneros. Investiguemos bien porque a lo mejor los culpables de nuestra república cartonera fueron los piqueteros. Todo tiene un origen común que lleva finalmente a destruir esta sociedad argentina. ¿Acaso el general Bussi no fue un buen alumno de Enrique VIII y ordenó hacer desaparecer a los mendigos y vagabundos de Tucumán? Por ahí está la cosa, profesor Thomas Pogge. Por ejemplo, en el plan tan bienvenido en Estados Unidos y Alemania de las universidades de elites. Marchemos con las elites y terminemos con los pordioseros. Seamos bien occidentales y cristianos


En Argentina 1 de cada 4 niños trabaja para comer. Más de 1 millón y medio de niños en esta situación - Pablo Calvo - Clarín - 040404

M
irko toca un acordeón en la calle Florida, la peatonal de los apurados. Toca mal, pero no es su culpa. No nació para la música. Dos hombres lo controlan a distancia. Uno tiene acento eslavo y el otro traduce, pero hablan de lo mismo, de cómo se repartirán las propinas que genera ese fueye sin alma y sin compás.

Los fines de semana, 18 chicos hacen lo mismo. Y ninguno respira si no pide permiso con la mirada a la mujer que lo vigila. Algunas amamantan a bebés, candidatos a vivir de La Cumparsita apenas puedan soportar en sus muslos el peso del acordeón.

Las leyes dicen que los niños deberían tener un solo trabajo: ser niños. Pero en el país hay más de un millón y medio de chicos que trabajan para poder comer. Es uno de cada cuatro chicos argentinos, ya que la cifra de niños de entre 6 y 14 años supera los seis millones. Es probable que sean muchos más, dado que los últimos datos oficiales son viejos, de 1998, es decir que no contemplan el daño social que provocó la crisis del 2001.

La orquesta esclava de Mirko envuelve de notas desafinadas un puesto de flores de Retiro, seleccionadas esa misma madrugada por Juan y sus hermanos, en un mercado de Avellaneda. Son tres, en edad escolar, pero en la necesidad imperiosa de acoplarse al diario plan de supervivencia. En vez de mochila, carretilla. En vez de cuadernos, pétalos y espinas.

Los chicos son utilizados para múltiples tareas. Hornean ladrillos, atan verdura en los mercados de abasto, cosen zapatos, los lustran, recogen los frutos de la tierra, fabrican ropa y helados, limpian autos o casas, buscan tesoros en la basura. "Argentina dejó de ser un país de prevención del trabajo infantil, porque la pobreza lo convirtió en un país en riesgo", dice María del Pilar Rey Méndez, a cargo de la campaña oficial contra el empleo de niños.

Ningún gobierno hizo hasta ahora un censo sobre el verdadero volumen del trabajo infantil. "Las cifras disponibles no reflejan toda la magnitud del problema, debido a la invisibilidad de labores, como el trabajo doméstico, y de formas intolerables, como la explotación sexual", dice la directora local de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Ana Lía Piñeyrúa.

Tampoco hay un mapa que ayude a identificar las regiones más críticas del país.

En Puerto Madero, las frutillas y las moras suelen estar deliciosas. Alicia ni sabe que su copa de "frutos del bosque" cuesta 14 pesos, lo mismo que gana Chuli en todo un mes por recogerlos cerca de El Bolsón, donde gasta sus rodillas de bailarina imposible. La nena, de 9, verá pasar cosechas enteras de cerezas, guindas y corintos antes de terminar la primaria, si es que antes no se le cansa su mirada celeste.

Las manos de Lucho también están curtidas. Debe ser por eso que los malabares con las pelotitas no le salen. Prueba otra vez, pero.... tampoco. No importa, la exhibición termina y él sale disparado a buscar monedas. El semáforo es su amparo y su guillotina. Mientras manda el rojo, corre el tiempo sagrado de la recaudación. Pero el amarillo le da el ultimátum para volver al refugio de la vereda. Y el verde lo expone al riesgo de las ruedas.

—¿Cuánto juntás por día?— le pregunta Clarín en 9 de Julio y Venezuela.

—Si llego a 20 pesos, me dejan volver a casa— confiesa el payaso.

Lucho es víctima de la explotación tarifada: necesita esa canti dad para que el mayor que lo explota deje de molestarlo ese día. Lo que junta hoy, lo pierde en la cuenta bancaria de su futuro.

"Es evidente que hay más chicos que trabajan. Pululan como hongos después de la lluvia. Pero no se puede salir a condenar el trabajo infantil cuando los padres no tienen trabajo y sus hijos no tienen para comer. No hay que olvidar la pésima distribución de la riqueza que tiene este país. Hay que analizarlo bien, porque muchas veces, cuando un chico trabaja, nos está enseñando lo que es la dignidad", dice Alberto Morla
chetti, director del hogar Pelota de Trapo.

El Congreso no profundizó el tema en el reciente debate sobre la ley laboral. Pero allí se advierte que no hay inspectores suficientes para detectar casos de explotación infantil y que faltan sanciones ejemplares para los empresarios que abaratan sus costos mediante la contratación de chicos. Faltan incluso mecanismos de rescate inmediato cuando la Unidad de Monitoreo de Inspección detecta a un chico explotado.

"Conmueve constatar a diario situaciones de explotación de los menores de 14 años, como venta callejera, limpieza de parabrisas, comercio ambulante, recolección de frutas o de algodón en diversas zonas del país", advierte la senadora nacional Marcela Lescano (UCR—Formosa), en un proyecto donde reclama una "campaña de esclarecimiento" sobre el tema "con énfasis en las obligaciones y recaudos que deben tener los empleadores al momento de ofrecer o contratar empleo".

Dice el Pacto de San José de Costa Rica: "Los Derechos del Niño no podrán ser suspendidos ni derogados en ningún momento, sea cual fuere la magnitud de la emergencia". Aquí, la crisis le ganó la carrera a las respuestas del Estado. Pasaron siete años y tres meses desde la adhesión del país al Programa Internacional de Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC). La Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (CONAETI), creada en 1997, comenzó a funcionar a fines de 2000. Y entre el decreto de creación y la primera reunión pasaron cuatro meses. En 20 años de democracia, tampoco hay una ley específica sobre trabajo infantil.

El Gobierno nacional lanzó una campaña de concientización —junto a los países del Mercosur—, con el lema "Trabajar es cosa de grandes. No al trabajo infantil". Anunció que se enseñarán los derechos laborales en la secundaria. Y firmó un convenio con UNICEF para controlar el uso de fondos para la infancia.

Nada de eso alcanza para que María abandone su puesto de cuidacoches en la Costanera Norte, entre el agua chocolate del Río de la Plata y el predio Tierra Santa, lugar de resurrección.

—¿Te da la gente?.

—Y...algo es algo— se conforma.

El trabajo le roba al chico tiempo para jugar, para ir a la escuela, para soñar, para desplegar la fantasía y la creatividad. Documentos oficiales explican que el trabajo infantil actúa como un mecanismo de reproducción social de la pobreza, porque el chico que no estudia y no se desarrolla en plenitud llegará al futuro extenuado, sin brazos para defender a sus hijos, que también encallarán en el empleo precoz.

"Para saber cómo será la Argentina dentro de 20 años —dice un comunicado de UNICEF— tan sólo hace falta ver las condiciones en las que se encuentran hoy sus niños, niñas y adolescentes".
Y la OIT advierte que los chicos que trabajan están más expuestos a morir, a quedar desnutridos, a sufrir invalidez, a repetir de grado o a no aprender nunca a leer y escribir


Situación en el mundo

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que alrededor de 246 millones de niños en todo el mundo son explotados y forzados a trabajar por tiempo completo.

Esta cifra equivale a uno de cada seis menores de edad en el planeta.

A pesar de haber firmado convenciones contra el trabajo infantil, muchos países no lograron ni erradicar ni disminuir esta tendencia.


 

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