1006 - Red Voltaire - Como lo demuestra la situación mundial, el terrorismo
aparece allí donde se exacerban las contradicciones, donde se produce un
cambio en las relaciones sociales o un cambio de régimen, donde aparece
una inestabilidad política, económica o social, donde se libera algún
potencial agresivo, donde aparece la decadencia moral, donde triunfan el
cinismo y el nihilismo, donde se legaliza el vicio y donde prolifera la
delincuencia.
Es la
globalización la que
crea las condiciones para esos fenómenos extremadamente peligrosos. Es
en ese marco que se produce el nuevo trazado del mapa geoestratégico
mundial, que se redistribuyen los recursos del planeta, que se deshacen
las fronteras de los Estados, que se hace pedazos el derecho
internacional, que se borran las particularidades culturales, que la
vida espiritual se empobrece...
El análisis de la esencia
del proceso de globalización, y de las doctrinas políticas y militares
de Estados Unidos y de ciertos países, prueba que el terrorismo
contribuye a concretar un dominio mundial y la sumisión de los Estados a
una oligarquía global. Eso significa que el terrorismo no es un ente
independiente de la política mundial sino simplemente un instrumento, un
medio para instaurar un mundo unipolar con un centro único de dirección
mundial, un pretexto para borrar las fronteras nacionales de los Estados
e instaurar el dominio de una nueva élite mundial. Precisamente esa
élite constituye el tema clave del terrorismo mundial, es su ideólogo y
su «padrino».
El blanco principal de la
élite mundial es la realidad natural, tradicional, cultura e histórica,
es el sistema existente de relaciones entre Estados, el orden mundial
nacional y estatal de la civilización humana, es la identidad nacional.
El terrorismo internacional
actual es un fenómeno que combina el empleo del terror por parte de
estructuras políticas estatales y no estatales como medio de alcanzar
sus objetivos políticos mediante la intimidación, la desestabilización
social y sicológica de la población, la anulación de la voluntad de
resistencia de los órganos del poder y la creación de condiciones
propicias para la manipulación de la política del Estado y la conducta
de sus ciudadanos.
El terrorismo es el arma
utilizada en un nuevo tipo de guerra. Al mismo tiempo, el terrorismo
internacional, en contubernio con los medios de difusión, se convierte
en el sistema de gestión de los procesos globales. Es precisamente la
simbiosis entre los medios y el terror lo que crea las condiciones que
permiten imprimir giros a la política internacional y modificar la
realidad existente.
Si analizamos en ese
contexto lo sucedido el
11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos,
podemos llegar a las siguientes conclusiones:
1. Los organizadores de
aquellos atentados son los círculos políticos y los círculos de negocios
que tenían interés en desestabilizar el orden mundial y disponían de los
medios necesarios para financiar la operación. La concepción política de
ese acto maduró allí donde aparecieron tensiones en la administración de
los recursos –financieros y de otro tipo. Hay que buscar las razones de
los atentados en la coincidencia de intereses del gran capital a nivel
transnacional y global, en los círculos que no están satisfechos con el
ritmo del proceso de globalización o la dirección que toma ese proceso.
A diferencia de las guerras tradicionales cuya concepción determinan
políticos y generales, los iniciadores fueron esta vez oligarcas y
políticos sometidos a éstos.
2. Únicamente los servicios
secretos y sus jefes actuales o en retiro –pero que mantuvieron
influencia dentro de las estructuras estatales– tienen la capacidad de
planificar, organizar y dirigir una operación de tal envergadura.
Generalmente son los servicios secretos quienes crean, financian y
controlan las organizaciones extremistas. Sin apoyo de los servicios
secretos ese tipo de estructuras no puede existir –y mucho menos
efectuar acciones de tal envergadura dentro de países particularmente
bien protegidos. Planificar y realizar una operación de esa escala es
extremadamente complicado.
3.
Osama bin Laden y «Al
Qaeda» no pueden ser ni organizadores ni ejecutantes de los atentados
del 11 de septiembre. No disponen ni de la organización requerida para
ello ni de los recursos intelectuales o los cuadros necesarios. Por
consiguiente, hubo que crear un equipo de profesionales y los kamikazes
árabes son figurantes utilizados para enmascarar la operación.
La operación del 11 de
septiembre modificó el curso de los acontecimientos en el mundo en la
dirección que habían escogido los oligarcas internacionales y la mafia
transnacional, o sea quienes aspiran a controlar los recursos naturales
del planeta, la red mundial de información y los flujos financieros. Esa
operación favoreció también a la élite política y económica de Estados
Unidos que aspira también a la dominación global.
La utilización del término
«terrorismo internacional» apunta a los siguientes objetivos:
. enmascarar los verdaderos
objetivos de las fuerzas desplegadas a través del mundo en la lucha por
la dominación y el control;
. desviar los reclamos de los pueblos hacia una lucha de objetivos
indefinidos contra un enemigo invisible;
. destruir normas
internacionales fundamentales, alterar la concepción de términos como:
agresión, terror estatal, dictadura o movimiento de liberación nacional;
. privar a los pueblos de su
legítimo derecho a la resistencia armada contra la agresión y a la
acción contra el trabajo de zapa de servicios extranjeros de
inteligencia;
. establecer la renuncia a
la defensa prioritaria de los intereses nacionales, transformar
objetivos en el plano militar mediante un deslizamiento hacia la lucha
contra el terrorismo, violar la lógica de las alianzas militares en
detrimento de una defensa conjunta y que favorezca la coalición
antiterrorista;
. resolver problemas
económicos mediante una fuerte imposición militar que tome como pretexto
la lucha contra el terrorismo.
Para luchar eficazmente
contra el terrorismo internacional es necesario tomar las siguientes
medidas:
. confirmar ante la Asamblea
General de la ONU los principios de la Carta de las Naciones Unidas y
del derecho internacional como principios que todos los Estados están
obligados a respetar;
. formar una unión
geoestratégica de civilización (tomando quizás como base la Organización
de Cooperación de Shangai, en la que se agrupan Rusia, China, Kazajstán,
Kirguizistán, Tayikistán y Uzbekistán) con una escala de valores
diferente a la de los atlantistas; elaborar una estrategia de desarrollo
de los Estados, un sistema de seguridad internacional, otro modelo
económico y financiero (lo cual significaría asentar de nuevo el mundo
sobre dos pilares);
. vincular (bajo la égida de
la ONU) las élites científicas a la elaboración y promoción de los
conceptos filosóficos del Ser Humano del siglo XXI;
. organizar la interacción
de todas las confesiones religiosas del mundo, en nombre de la
estabilidad del desarrollo de la humanidad, de la seguridad y del apoyo
mutuo.