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. Terrorismo Norteamericano
.
La economía de EE.UU.. estaba caída antes que las Torres Gemelas

 

Ramiro Vinueza (Director del quincenario alternativo OPCIÓN/ ECUADOR) - Terrorismo Norteamericano. Estados Unidos busca salir de su crisis

 

Cuando el polvo de Las Torres Gemelas inundaba el cielo de Nueva York, cuando aún no se sabía el número de víctimas y el mundo miraba atónito el macabro espectáculo que nos presentaron las grandes cadenas televisivas, George W Bush declaró la guerra. La llamó ‘justicia infinita’, ‘libertad duradera’, pronto encontró un culpable: “el terrorismo”, Con una eficiencia que no la tuvieron para prevenir los atentados del 11 de septiembre encontraron un blanco a atacar, Bin Laden y Al Qaeda; y arrasaron en su brutal y cobarde estilo a Afganistán. Luego de ocupar ese país y fracasar en la captura de Bin Laden, se proponen otro objetivo: eliminar a Saddam Hussein y ocupar Irak.

En los primeros momentos, luego de los atentados, todo el mundo era sospechoso; solo quedaban libres aquellos que se inscribieran sin más reflexión en esta nueva cruzada imperialista. En realidad, el gobierno estadounidense había encontrado -quién sabe si por casualidad- el mejor pretexto para aplicar planes concebidos con anterioridad para su expansión y dominio de los mayores recursos petroleros del mundo, y afirmar así su supremacía sobre las demás potencias imperialistas.

Considere por ejemplo que:

.
Aunque los gobiernos de Israel y
EE.UU. consideran que los palestinos son terroristas, para otros son luchadores por la libertad que se oponen a la ocupación de su tierra natal.
. De igual manera, India amenazó con ir a la guerra con Pakistán si no reprimía el terrorismo. Los grupos que India considera terroristas son vistos por muchos pakistaníes como luchadores por la libertad, trabajando para librar a Cachemira de la opresión por parte de India
. Mientras que los estadounidenses suelen ver al terrorismo como algo inherente a regímenes y organizaciones extranjeros, muchas personas en todo el mundo ven a
Estados Unidos como un Estado terrorista

.
Estados Unidos mantiene una alianza con Arabia Saudita, a pesar de lazos inequívocos que la ligan a los eventos del 11 de septiembre
. Osama bin Laden y otros muyahidines afganos en una época fueron llamados por Ronald Reagan “el equivalente moral de los padres fundadores de nuestra patria” (refiriéndose a EE.UU)

 

La carrera de los norteamericanos por ganar la posesión de zonas estratégicas, de afirmar sus áreas de influencia y sus mercados, se explica por la aguda crisis que sufre todo el sistema imperialista en la que, la única salida, es ganar la delantera arrasando violentamente con países y pueblos; y arruinando a sus competidores.

La economía mundial se encuentra en franca recesión, Japón enfrenta su cuarto período recesivo en menos de diez años, el endeudamiento de sus principales bancos tiene en serio riesgo al sistema financiero. Alemania, considerada el motor de la economía de la Unión Europea, presenta en el último año una declinación de su economía; con un sector manufacturero en recesión, un desempleo récord que alcanzó los 4 millones de personas en el mes de julio. En Italia, Reino Unido y Francia, la producción industrial en declive no es diferente. Lo tigres de la economía asiática Corea del Sur, Malasia Indonesia, Taiwán, Filipinas, no logran salir de la crisis desde 1997, enfrentan un agudo endeudamiento externo y se avizora la quiebra de sus bancos.

Para algunos analistas, la particularidad de este momento es que la recesión se  presenta simultáneamente en todas las economías de los países capitalistas más desarrollados.

Para América Latina, las cosas son aún peores. Argentina, que en la última década aplicó a rajatabla el neoliberalismo, se debate en una abrumadora crisis, la mayor de sus historia, con una pobreza que alcanza al 50% de su población. Brasil, que cuenta con un gobierno que ha generado expectativas, es víctima de la presión y especulación financiera internacional y amenazan con desestabilizar al gobierno si pretende cortar los hilos de la dependencia hacia la banca internacional. En México, el Tratado de Libre Comercio (TLC) ha desencadenado un grave proceso recesivo y ha arrasado con la agricultura mexicana, ante la avalancha de exportaciones de los productos agropecuarios norteamericanos altamente subsidiados. El desempleo aumenta y el PIB per cápita no alcanza siquiera los niveles alcanzados antes de 1994. Los demás países sufren una apabullante pobreza que se extiende al África y Asia

La economía de EE.UU.. estaba caída antes que las Torres Gemelas

El debilitamiento de la economía norteamericana no es producto, ni parte de los atentados del 11 de septiembre, aunque sí contribuyeron a ahondarla. A finales del año 2000 se registró este debilitamiento y la economía entró en franca recesión por tres trimestres consecutivos en el 2001, salvo una leve recuperación el cuarto trimestre. La recesión se acentuó durante todo el año 2002 y dura hasta hoy. La inversión en las plantas de producción está ausente, el consumo también disminuyó; la reducción de las tasas de interés que tenía el propósito de abaratar el costo del dinero y estimular el consumo y la inversión han tenido poco efecto por el temor a una previsible peor situación. La reducción de impuestos ha favorecido a los grandes monopolios y los sectores más ricos, los cuantiosos subsidios  de cientos de millones de dólares a las compañías de aviación afectadas por la reducción del transporte y el turismo, han sido casi inútiles, ya que empresas como United y American Airlines tienen muchas dificultades económicas.

El destape de los trucos contables de las más grandes empresas norteamericanas ha demostrado que no solo son un fraude mayúsculo ha puesto en evidencia la corrupción al más alto nivel, sino que expresan las mayores bancarrotas en la historia de EE.UU. Estas multimillonarias travesuras de esconder pérdidas y presentar ganancias falsas llevaron a la quiebra a millones de socios e inversionistas, muchos de ellos trabajadores y sectores provenientes de los sectores medios de la población, que perdieron sus empleos y pensiones.

Algunas empresas quebradas

Enron quebró el 21 de diciembre del 2001 con un monto de 63.400 millones de dólares; La Kmart lo hizo el 22 de enero del 2002 con 17000 millones de dólares; la Global Crossing ese mismo mes y año con 25.500 millones de dólares; la NTL en mayo del 2002 con un monto de 16.800 millones; ADLPHIA en junio con un monto de 24.400 millones de dólares; la WORLCOM lo hizo en julio con 103.800 millones de dólares.

El desempleo en EE.UU. llegó a su nivel más alto en diez años: 5,9%. Los pocos empleos se generaron en el sector estatal a consecuencia del incremento de los gastos militares, destinados a operaciones en el extranjero y a la seguridad interna. Asimismo las únicas empresas que han visto crecer sus acciones son las de la industria bélica, que reciben jugosos contratos como la Boeing, General Dynamics y Northrup Grumman.

Al enorme presupuesto militar de 396 mil millones de dólares, que representa el 36% de los gastos militares de todo el mundo, se le añadió 32 mil millones de dólares más. Con lo cual

el gobierno de Bus, al aumentar los gastos militares y al mismo tiempo reducir los impuestos a las grandes corporaciones imperialistas, ha provocado otro efecto negativo: un creciente déficit fiscal.

Salvar la crisis yanqui a cualquier precio

Lanzar ‘ataques preventivos’ (guerras) contra enemigos económicos y políticos, utilizar el chantaje, la presión y la manipulación para mantener y afianzar su dominio han caracterizado ahora y siempre a la política norteamericana.  La ofensiva proteccionista quedó refrendada por la Ley Agrícola, aprobada en mayo del año pasado y que regirá la política agrícola estadounidense durante los próximos diez años, entregando multimillonarios subsidios por alrededor de 18 mil millones de dólares anuales -a la que ya es ahora la agricultura más protegida del mundo. Subsidios que protegerán a productos como el trigo, maíz, soya, algodón y maní, rubros en los cuales EE.UU.. tiene liderazgo en las exportaciones. Se han restablecido precios de sustentación que antes habían sido eliminados. Solo como ejemplo, se estima que los productores de soya recibirán en los próximos años, 4 mil millones de dólares anuales por este concepto.

Contradiciendo los pronunciamientos yanquis sobre el ‘libre comercio’, estas medidas fueron rechazadas por otros productores agrícolas como Canadá, Alemania, Argentina y Brasil.

De igual manera se anunció un incremento de hasta un 30% en las tarifas de acero importado, que llevó a una guerra comercial con la Unión Europea; impuso tarifas contra las maderas importadas del Canadá y se negó a eliminar la exención de impuestos, que permite a grandes multinacionales yanquis no pagar ningún tributo sobre sus utilidades obtenidas en sus operaciones fuera de su territorio. En la última década han tenido millonarios beneficios por esta exención;  empresas como la Boeing, con 1 207 millones de dólares; General Electric, 1 155 millones de dólares; Motorota, 551 millones; Caterpillar, 433 millones y Monsanto, 199 millones de dólares.

Desde antes de 1999, la apertura del comercio mundial no era factible por medio de las rondas de negociaciones. La retórica del libre comercio ha desaparecido de la gran prensa estadounidense y de otros países capitalistas, poniendo en evidencia la intensa guerra comercial ínter imperialista.

Frente a las medidas impuestas por EE.UU., otros veinte países impusieron medidas anti-dumping con el fin de proteger su propia producción; de las 343 medidas en este orden, Estados Unidos lleva la delantera con 79 leyes anti-dumpig, seguidos de cerca por la Unión Europea y Canadá.

Sin embargo, a América Latina se le sigue exigiendo ‘el libre comercio’ y la aplicación del ALCA, que de consumarse, acabaría con la poca producción agrícola e industrial nacionales, convirtiendo a nuestros países en colonias norteamericanas incapaces de producir ni siquiera sus propios alimentos. El TLC, al igual que el ALCA, no es un acuerdo de libre comercio sino una imposición anexionista y un seguro para las inversiones norteamericanas  frente a sus competidores mundiales como la Unión Europea.

El control del petróleo y la militarización del mundo

La creciente militarización de la economía norteamericana, el gigantesco presupuesto militar, la instalación de bases militares en Centro y Sur América, en Asia; los numerosos destacamentos en varios países del orbe, la gigantesca movilización de tropas previstas para el medio oriente (100.000 hasta la actualidad) están llevando a una   militarización del Planeta. 

Hoy está muy claro que el pretexto de la lucha contra el terrorismo es un plan para el control de las principales fuentes energéticas del mundo, que incluyen las fuentes de agua y oxígeno como la amazonía y, por supuesto, el petróleo. Hay que entender entonces que los países ubicados en el llamado “eje del mal” y otros que en un segundo momento pueden entrar en éste, son objetivos militares y políticos en los cuales Washington ha puesto la mira.

El control militar de Asia central y Afganistán son claves para el dominio de la importante cuenca petrolera del Mar Caspio. Son empresas principalmente norteamericanas y británicas las que desde hace tiempo han invertido en proyectos de extracción y oleoductos petroleros; por ello se explica el apoyo incondicional de Gran Bretaña a la agresión en Afganistán, que de una rápida y duradera victoria, está constituyéndose en un fracaso militar y político, sólo Kabul está en manos de las fuerzas de ocupación, en el resto del país los focos de resistencia armada persisten. Karsai, jefe de gobierno impuesto, solo sobrevive gracias a una enorme guardia personal integrada por fuerzas militares, élite norteamericanas. Los objetivos mínimos por los cuales se justificó el ataque no se cumplieron, ni capturaron ni dieron muerte a Bin Laden, ni lo hicieron con el jefe del gobierno talibán.

El ataque a Afganistán solo fue el primer paso de la ofensiva militar que hoy se prepara para atacar a Irak.

La disputa por el petróleo tiene grandes dimensiones e involucra en el conflicto a otros grandes países capitalistas, que pueden ser afectados de quedar el control del petróleo solo en manos de los norteamericanos. El asunto tiene grandes repercusiones, ya que según el Departamento de Energía de Estados Unidos (noviembre 2002) la demanda mundial de crudo se incrementará en 61% durante los próximos 25 años, en este lapso de tiempo la dependencia estadounidense del energético se incrementará de 55% a 68%. En 20 años, Estados Unidos importará 2 de cada 3 barriles de petróleo que consume. Actualmente el 55% de la importación petrolera norteamericana se lo realizan de cuatro países: Arabia Saudita, Canadá, México y Venezuela.

Según el investigador Manuel Castells, una guerra contra Irak beneficiaría a las grandes empresas petroleras norteamericanas, de dos formas: en el corto plazo provocará un aumento sustancial del precio del petróleo, favoreciendo a estas empresas que tienen almacenado petróleo, esto afectará gravemente la economía mundial. Expertos que hicieron cálculos para el Centro de Estudio Estratégicos e Internacionales señalaron que “vislumbran una dramática alza de hasta 80 dólares por barril y un retorno a los 40 dólares durante un período extendido”.

En el largo plazo, la apertura a la explotación del petróleo irakí para las empresas estadounidenses y para aquellas cuyos países participen en la destrucción de Sadan Hussein, tendrá un enorme beneficio potencial. Este control debilitaría también a al OPEP que hoy controla el 38% de la producción mundial. Teniendo el control del petróleo de Irak, en la postguerra los norteamericanos tendrían manos libres para presionar políticamente países como Arabía Saudíta y someter a su control directo los flujos petroleros de esa zona. De esta manera, con la producción petrolera de Irak, Arabía y Kuwait en sus manos, las multinacionales norteamericanas podrán definir los precios y controlar la oferta mundial de combustible.

Desde 1998, cuando Saddam Husein expulsó a los llamados ‘inspectores de armas de destrucción masiva”, Europa y Rusia incrementaron sus relaciones económicas con Irak, a tal punto que en círculo diplomáticos se hablaba –hasta principios del 2002- de la supresión de las sanciones contra Irak. Varios países, entre ellos Francia, Rusia y China, han emprendido proyectos de negociación con Irak para explotar su petróleo. La declaratoria de Washington de guerra contra Irak pretende revertir esa tendencia, apoderándose por la fuerza de ese país y arrebatándoles a otros países la oportunidad de aprovecharse del petróleo irakí, a menos que apoyen la guerra so pena de quedar fuera del reparto. La actitud de Geoge W. Bush es el chantaje y la amenaza, ¡“Decídanse ya, no queda mucho tiempo”¡ declaró como un ultimátum, y quien no este en esa línea tendrá que encarar la superioridad norteamericana.

La imposibilidad de que Sadan Hussein renuncie -como se ha sugerido- y la decisión de EE.UU. de acabar con él a como de lugar, hace preveer que la invasión y la masacre al pueblo irakí se producirá. La ONU y a las reglas internacionales son inútiles en estos propósitos. Las negociaciones en la ONU no buscan parar la guerra, se trata de una macabra y vulgar transacción entre las potencias capitalistas en la que se discuten los intercambios de favores a recibir entre los implicados. El veto Bélgica, Rusia y Francia persigue asegurar el pago de lo que les debe el gobierno irakí (Rusia 8.000 millones de dólares y Francia 20.000) y quieren garantías que  sus ventajosos contratos petroleros con Irak sean respetados. China busca seguridad de que la guerra no se extenderá para Irán su principal proveedor de petróleo. De todas maneras Bush y Blair han dicho que atacarán, aplaudidos por Berlusconi y Aznar.

Esta guerra lejos de consolidar al imperialismo norteamericano y dado las condiciones de crisis económica, política y moral en la que se debate todo el sistema capitalista mundial lo debilitará aún más, las ondas expansivas de las bombas sobre Irak estremecerán a todo el globo y estaremos ante la dialéctica entre horrores sangrientos y oportunidades enormes en la que la resistencia y la lucha de los pueblos por su liberación cobren protagonismo.

Es inevitable otra agresión en Medio Oriente

Irán, 1953... El Primer ministro Mossadegh es derrotado en una operación conjunta entre Estados Unidos e Inglaterra. Mossadegh había sido electo por una amplia mayoría en el Parlamento pero cometió el ‘gravísimo’ error de encabezar un movimiento para nacionalizar una compañía petrolera británica, la única compañía petrolera que operaba en Irán. El golpe restaura al Sha, con poderes absolutos, dando inicio a un periodo de represión y tortura que dura 25 años (con respaldo indirecto yanqui), en los que se restaura la propiedad extranjera de la industria petrolera, concediéndose a los británicos y los estadounidenses el 40 % respectivamente y a otras naciones el 20 % restante.

Casi cuarenta años más tarde... Irak, 1990: Bajo el pretexto de liberar a Kuwait de la invasión iraquí, Bagdad sufre implacables bombardeos por más de 40 días y noches, que devasta su infraestructura; 177 millones de libras de bombas caen sobre la gente de Irak, en la más concentrada arremetida aérea en la historia del mundo... Irak era la más fuerte potencia militar en el mundo árabe. Pero, además, es el  país con las segundas reservas de petróleo más grandes del mundo: 113.000 millones de barriles (después de Arabia Saudita). -El gobierno norteamericano estima que puede obtener otros 220.000 millones de barriles aún no descubiertos, de forma que el total de las reservas iraquíes cubriría las importaciones de petróleo de Estados Unidos por un siglo-.

Como vemos, no es casualidad que las áreas de intervención del ejército norteamericano en los últimos años, en Medio Oriente y el mundo, casi siempre han guardado relación con las áreas de abastecimiento energético (entre ellas el petróleo), que tanta importancia tienen para ese país: su sistema de vida consume el 60% de energía que se produce en todo el planeta.

Las proclamas de Estados Unidos por la defensa de la libertad y la democracia, que le han servido de pretexto para intervenir en distintos escenarios, no son más que excusas para defender sus intereses económicos, políticos y geopolíticos, entre otros, que fortalecen su papel hegemónico en gran parte del mundo: los monopolios petroleros de Gran Bretaña y Estados Unidos controlan el 70% del petróleo producido en el Medio Oriente, los países de la región apenas controlan el 25%, entre ellos Irak.

Los ‘guardianes de la paz’ y su ‘justicia petrolera infinita’

Según el Informe del National Energy Policy Development Group de mayo de 2001, actualizado por el International Energy Outllook del Departamento norteamericano de Energía correspondiente al año 2002, casi el 70% del volumen total del consumo tendrá que provenir de la importación, lo que equivale a decir que el nivel de dependencia exterior de EE.UU. en materia de petróleo es superior a los dos tercios de sus necesidades.
Para satisfacerlas deberán privilegiarse, según el informe, cuatro zonas de producción: Medio Oriente, el Mar Caspio, África subsahariana y Colombia-Venezuela-México. Pero esas cuatro áreas tienen en común los limitados medios financieros de que disponen para aumentar su capacidad extractiva y, sobre todo, su gran inestabilidad política y un sentimiento general de hostilidad hacia Estados Unidos. Todo ello empuja a una intervención norteamericana permanente que garantice el orden en esos países, asegure el funcionamiento de sus industrias petrolíferas bajo control yanqui, por supuesto, y confirme la persistencia y regularidad en el suministro.

Esta convergencia y confusión entre exigencias y objetivos económicos petrolíferos y militares, da cuenta de la extrema militarización de la política y de la economía norteamericanas, de la obsesión por su superioridad tecnológica y su invulnerabilidad bélica, la amalgama de guerra convencional y de acciones ilegales y clandestinas, y el trazado múltiple y preciso de sus intervenciones militares últimas (Afganistán y el Cáucaso, Irak y el golfo Pérsico, Colombia y Venezuela) prueban que la “guerra total e indefinida” no es una figura retórica, sino la condición imprescindible para que guerra y petróleo cumplan su destino común en el marco de una política exterior que los hace indisociables.

Una cruzada imperial por el petróleo

La Marina estadounidense patrulla el Golfo Pérsico, la Fuerza Aérea sobrevuela Irak y los satélites espían en todas partes. Hay tropas yanquis en Sudán, Somalia, Bahrain, Arabia Saudita, Turquía y Egipto. Los buques de guerra han llevado más de mil barcos en el este del Mediterráneo en el último año, todo esto ‘en busca de terroristas’.

Las armas nucleares yanquis amenazan las ciudades árabes e iraníes. Sus armas y asesores apuntalan odiados lacayos y déspotas, como Hosni Mubarak, de Egipto, los monarcas de Arabia Saudita, los militares de Turquía y el servil rey de Jordania. La presencia y dominación estadounidense es un hecho constante que define la vida y el sufrimiento de los pueblos de la región, incluidos los palestinos (sin embargo, el pueblo árabe día y noche bombea petróleo para reforzar el control de un imperio global). ¿Ha habido siquiera un momento en los últimos 50 años en que Estados Unidos no haya estado metido en Palestina? Israel está armado hasta los dientes por Washington. Tiene los más modernos tanques, fusiles, aviones caza,; tiene la más alta tecnología y recibe billones de dólares de ‘ayuda’ al año.

Durante los 10 años del ‘proceso de paz de Oslo’, Estados Unidos ha buscado imponer un ‘acuerdo’ a los palestinos que los deja en un ‘miniestado’ desarmado, neutralizado y dependiente económicamente. Exige una ‘solución’ que le dé a Israel ‘fronteras seguras’ pero deja a los palestinos en ghettos rodeados por los tanques israelíes. Y todo esto para asegurar un aliado israelí en su afán de dominio en Medio Oriente, en su afán de dominio de las reservas energética más grandes del mundo.

Las contundentes falsedades de Powell

El envío de los inspectores de armas es una argucia más para obtener apoyo internacional. En los informes presentados no se ha encontrado más que viejos misiles destruidos, y notas que científicos iraquis tenían para dar clases, sin embargo para obsesión guerrerista de Bush, como no encuentran nada es muestra ocultan algo.

Frenética fue la búsqueda de pruebas ante el fracaso de los inspectores de armas. Prestos, los servicios de inteligencia británicos se los dieron. Colin Powell aseguró que el “Reino Unido había elaborado un buen documento, que describe “admirables detalles. El mundo expectante escuchó el informe ante el Consejo de Seguridad, entre ellos  Ibrahim al Marshi un joven estudiante californiano de 29 años  que había realizado una investigación un década atrás. “Al principio me sentí halagado, pero luego sorprendido de que no me citaran” porque “incluso dijeron mis errores” señaló el ex estudiante al periódico The Times. Ante la denuncia de que el informe presentado era un plagio y que las informaciones databan de hace 12 años nadie respondió, era difícil ya que incluso Tony Balir había citado el documento plagiado. Gran trabajo y eficiencia mostró el servicio secreto britanico llamado M16, no debe ser fácil cruzar el Atlántico y buscar en las bibliotecas de las universidades norteamericanas viejos trabajaos estudiantiles que se ajusten como soporte para provocar una guerra.  Powell,  Zorro del Desierto, quien fue jefe del estado mayor del ejército norteamericano, combatió contra los vietnamitas y dirigió la invasión yanqui a Granada en 1983 ‘ peleando contra los obreros de la construcción cubanos internacionalistas” fue burlado. Pero pese al bochornoso informe y la ausencia de pruebas concluyentes la guerra va

Datos:

-         En 1991 Irak quedó devastado: fueron 42 días de bombardeos; se arrojaron 88.500 toneladas de explosivos, de una potencia equivalente a siete veces y media la bomba de Hiroshima.

-         El embargo de más de 12 años, ha provocado la muerte de 800.000 niños.

-         Scout Ritter, ex marine de la guerra del Golfo y durante siete años jefe de inspectores de la UNSCOM, señaló reiteradas veces, a finales de 1998, que el desarme en Irak era del 90 al 95%.

-         La operación bélica destinada a imponer en Irak un gobierno títere, incluso la restauración monárquica, significará ocupar el país 15 años, con 75.000 soldados de EE.UU. y 35.000 británicos.

-         Según la CBSNews.com, y un oficial anónimo del pentágono, la fuerza aérea de Estados Unidos lanzarán entre 300 y 400 cohetes cruceros (cruise misiles) en el primer día de guerra, llamado ‘A Day’.

-         El Plan de Batalla se llama "Shok y Sobrecogimiento" (Shock and Awe). Este ataque nunca había sido contemplado, es un concepto realizado por la Universidad Nacional de Defensa.

-         El petróleo representa el 40% de las fuentes de energía global, con el gas natural y el carbón, suman el 85%.

-         Los países industrializados que requieren el 64% del petróleo mundial diario -unos 46,8 millones de barriles- apenas producen 22, menos de la mitad de lo que necesitan.

-         Al contrario, la OPEP produce el 41% del petróleo diario, 30 millones de barriles; la mayoría para naciones compradoras.

        El 85% de las reservas identificadas están en el Medio Oriente, América Central y del Sur, África y la Antigua Unión Soviética.

-         En la última década, la tasa de crecimiento del consumo creció en 15%, mientras el crecimiento de las reservas lo hizo en apenas 3,4%.

-         Las empresas petroleras estadounidenses y británicas, antes controlaban el 60% del petróleo mundial, hoy su poder no supera el 20% del mercado mundial, la guerra les permitiría recuperar esa supremacía.

-         Los costos previstos de la guerra, según la Oficina de Presupuesto del Congreso Norteamericano, alcanzarían entre 55 mil y 60 mil millones de dólares. Pero si se incluyen costos posguerra de la ‘reconstrucción y el mantenimiento de la paz’, podría resultar una cifra entre 120 mil millones a 1 billón de dólares.

-         Si hacemos una comparación: el total de gastos militares de Estados Unidos significa casi 27 veces la deuda externa ecuatoriana

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