131211 - Glenn
Greenwald -
Salon/Information Clearing House - Traducido
del inglés para Rebelión por Germán Leyens
El FBI
anunció ayer que ha obtenido un acta de procesamiento contra Faruq
Khalil Muhammad ‘Isa, un ciudadano iraquí de 38 años, que está
actualmente en Canadá, cuya extradición solicita
EEUU El titular
en el Comunicado de Prensa del
FBI
suministra la historia básica: “Presunto
terrorista
acusado en Nueva York del asesinato de cinco soldados estadounidenses”. La demanda
criminal previamente presentada con autenticación suministra los
detalles:” ‘Isa está acusado de “suministrar apoyo material a una
conspiración terrorista” porque supuestamente apoyó un ataque en 2008
contra una base militar estadounidense en Mosul que mató a cinco
soldados estadounidenses. En otras palabras, si
EEUU invade y
ocupa tu país, y respondes defendiéndolo contra el ejército invasor –la
máxima definición de un “objetivo militar, no civil”– eres un…
terrorista.
La demanda, en su primer párrafo, resume la acusación de terrorismo
contra ‘Isa:
“Sharif Sayfildin, junto con otros, mientras estaba fuera de
Estados Unidos, conspiró
a sabiendas e intencionalmente para matar, adrede, deliberadamente,
maliciosamente y con premeditación y alevosía, a uno o más nacionales de
EEUU a saber:
personal militar de
EEUU, mientras
esos nacionales de
EEUU se
encontraban fuera de
EEUU.
(Ver:
¡636 000 millones de dólares!... Para matar. Estados Unidos)
Al decir “fuera de
EEUU,” el
gobierno quiere decir: dentro de
Irak, el país de ‘Isa.
La mayor parte de la queja detalla conversaciones que ‘Isa sostuvo
supuestamente por Internet, mientras estaba en
Canadá, con varios
tunecinos que querían iniciar ataques suicidas contra soldados
estadounidenses en
Irak; no se afirma que haya organizado el ataque en
Mosul sino solo que otorgó aliento político y religioso (la red de la
que supuestamente formaba parte también realizó un ataque suicida contra
una comisaría de la policía iraquí, aunque la supuesta participación de
‘Isa se limita al ataque a la base militar de
EEUU en la que
murieron los cinco soldados junto con varios iraquíes, y la acusación de
terrorismo se basa solo en las muertes de los soldados estadounidenses).
(Ver:
Los nueve términos propagandísticos orwellianos que definen el Estado de
Guerra de EE.UU.)
En un esfuerzo por presentarlo como un demencial terrorista fanático, la
demanda incluye la siguiente descripción de las conversaciones que tuvo
mientras lo vigilaron:
38. La vigilancia electrónica ha revelado numerosos casos en el período
entre abril de 2009 y la actualidad en los cuales el acusado expresó
cólera ante la invasión estadounidense de
Irak y el deseo
de vengarse de
Estados Unidos.
Por ejemplo:
a. En una conversación telefónica con su madre el 19 de octubre de 2009,
el acusado declaró: “Si un enemigo penetra tu país, madre, nadie debiera
seguir excluido, grande o pequeño, todos tienen que alzarse y combatir,
mujer, hombre, niño, niña, cualquiera y todos, ¿comprendes?”
b. En una conversación telefónica con su madre el 9 de noviembre de
2009, el acusado habló del “enemigo infiel” que entra a un país musulmán
y declaró que es responsabilidad de todos combatir a ese enemigo.
Mencionó la yihád y preguntó: “¿Sabes madre que la muerte de un mártir
tiene 7 características: Primero recibe perdón por todos sus pecados,
luego llega a ver su propio sitio en el Paraíso… también llega a tener
70 vírgenes? El acusado agregó que su mayor deseo es morir como un
mártir”
(Ver:
Hijos, nietos y familiares
de represores enfrentaron al juez Lorenzetti, de Argentina)
¿No es exactamente el modo de pensar que tendría más o menos cualquier
persona del mundo si un ejército extranjero invade su país y procede a
ocuparlo brutalmente durante los siguientes ocho años?, ¿no es su deber
solemne combatirlo? Por cierto, ¿no es exactamente la mentalidad que
llevó a algunos jóvenes estadounidenses a alistarse tras el ataque del
11-S y los aclamaron como héroes?: «nos atacaron en nuestro suelo y por
ello ahora queremos combatirlos».
No obstante, cuando es
Estados Unidos el
que invade y ataca, se supone que todos los que consideren este hecho
con burla, horror y disgusto serán -esos primitivos terroristas
religiosos fanáticos que no respetan la vida humana– porque la única
reacción saludable, normal, civilizada, que alguien debe tener ante una
invasión, la ocupación y la destrucción de su país es gratitud, o por lo
menos una aquiescencia pasiva. Cualquier otra cosa, por definición, lo
convierte en terrorista. Existe un derecho inherente de
Estados Unidos a
invadir u ocupar a quien desee y solo un terrorista resistiría (Vean una
vívida expresión [de humor negro] de este derecho patológico imperial,
en esta especulación casual de un profesor de derecho en Cornell de que
Irán puede haber cometido un “acto de guerra” si derribó el
drone
estadounidense que penetró su espacio aéreo y
sobrevoló su suelo sin permiso: “si es verdad, como afirman los iraníes,
que el
drone
no cayó por accidente sino fue derribado por medios
electrónicos iraníes, ¿no es ya de por sí un acto de guerra?”).
(Ver:
Los drones hacen que la
guerra sea demasiado fácil)
Una cosa es condenar las acciones de ‘Isa por motivos morales o éticos:
supongo que se podría decir que el deber solemne de todo iraquí es
tratar respetuosamente a los invasores estadounidenses como visitantes
apreciados (aunque no invitados), o por lo menos ceder a las tropas
invasoras estadounidenses el monopolio de la violencia. Pero es algo
enteramente distinto calificar a alguien que decide ofrecerles
resistencia de “terrorista” y procesarlo con acusaciones que significan
cadena perpetua (en contraste: un soldado israelí mató ayer a un
manifestante palestino en una pequeña aldea de Cisjordania, de la que
una gran parte de tierra ha sido confiscada por los colonos israelíes,
disparándole en la cara una granada de gas lacrimógeno a una distancia
relativamente corta, mientras un avión israelí atacaba una casa civil en
Gaza y mataba a un padre, a su joven hijo y hería a otros niños;
actos de este tipo, o los innumerables actos de matanza imprudente o
incluso deliberada de civiles por parte de los estadounidenses, nunca
deben considerarse terrorismo).
(Ver:
La ONU, un grave peligro para la
autodeterminación de los pueblos)
Pocas cosas ilustran mejor la extrema carencia de significado de la
palabra terrorismo que el hecho de que se aplique a un ciudadano de un
país invadido por ofrecer resistencia al ejército invasor y apuntar a
objetivos puramente militares (y está lejos de ser la primera vez que
iraquíes y otros acusados de resistencia a los militares invasores de
Estados Unidos
han sido considerados formalmente como terroristas por haberlo hecho).
En la medida en que la palabra significa algo operacionalmente, es: el
que se opone efectivamente a la voluntad de
Estados Unidos y
sus aliados.
Este tópico es tan vital porque esta palabra sin significado, libre de
definición –terrorismo– impulsa tantos de nuestros debates y políticas.
Virtualmente cada debate en el que participo incluye rápida y
prominentemente a defensores de la política gubernamental que invocan la
palabra como una especie de elixir mágico que cierra el debate: por
cierto, el presidente
Obama tiene que asesinar ciudadanos sin proceso debido: son
terroristas; por cierto tenemos que quedarnos en
Afganistán:
tenemos que detener a los terroristas; el
Presidente Obama no solo tiene razón cuando mata gente (incluidos
civiles) utilizando
drones, sino que además se justifica
que alardee e incluso bromee al hacerlo, porque son terroristas; por
cierto a algunos hay que mantenerlos en prisión sin acusarlos: son
terroristas, etc. etc. Es una palabra que no significa nada y al mismo
tiempo y lo justifica todo.
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