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Cuando se iniciara este sistema de cultivo, sus defensores destacaban el
no laboreo del suelo, el menor uso de agroquímicos y de costo de labores
que implicaba como grandes beneficios.
Pasados ya casi diez la situación ha producido una desertificación
biológica de los suelos argentinos y a vistas de la reciente inundación
inusitada de la cuenca del Río Salado en Santa Fe, parecería que se está
desarrollando un inmenso proceso de devastación, erosión y desertificación
estructural de los suelos sometidos al sistema de siembra directa y
cultivo de soja RR. (5)(6)
La no roturación del suelo, que pudo ser vista en un principio como una
práctica benéfica, terminó -en el marco de este sistema y del ecosistema
de los suelos que afecta- produciendo compactación, acumulación excesiva
de residuos orgánicos que no pueden ser mineralizados, disminución de la
temperatura del suelo (lo cual trae aparejado la disminución de la
fijación de nitrógeno por la soja y por ende la necesidad de fertilizarla
con Nitrógeno). También produce modificaciones en la microflora y
microfauna del suelo (el uso continuo de herbicida destruye la vida
bacteriana del suelo permitiendo la proliferación de hongos que modifican
la química de la mineralización de la materia orgánica, destruyendo la
fertilidad natural de nuestros suelos). La macrofauna del ecosistema de
cultivo es brutalmente afectado por este sistema de contaminación química
continua del suelo: las gaviotas y otras aves desaparecen por la ausencia
de roturación, lo mismo que las liebres por envenenamiento y ausencia de
rastrojo verde, las perdices ponen huevos estériles, las lombrices (de
fundamental acción benéfica para el suelo) son destruidas por el uso
masivo de agroquímicos, habiéndose observado efectos dañinos hasta en
ñandúes y siendo de público conocimiento la desaparición masiva de
pájaros, cuises, mariposas y otros integrantes habituales del ecosistema
en los lugares de aplicación masiva de este sistema de destrucción de los
componentes del ecosistema y su transformación en un sustento inerte de
una producción minera semiindustrial. Este sistema devasta la
biodiversidad del ecosistema agrícola.
Pero el uso continuado de herbicidas e insecticidas, produce también la
aparición de súper-malezas resistentes a dicho herbicida, lo cual obliga a
aumentar las dosis del mismo y cuando esto ya no es posible, a utilizar
otros herbicidas como 2-4-D, Atrazina, Paraquat, Diquat y otros productos,
los cuales son mayoritariamente cancerígenos, altamente tóxicos y
contaminantes del suelo y las napas de agua.
El sistema de producción en la Argentina está tan fuera de control que las
pulverizaciones aéreas con estos productos de altísima peligrosidad -la
mayoría de ellos prohibidos (o fuertemente restringidos) en sus países de
origen- han destruido los cultivos hortícolas, los cinturones verdes que
rodeaban ciudades y pueblos, las producciones apícolas, los montes
frutales y forestales, produciendo pueblos fantasmas, la emigración masiva
de pequeños productores a las villas de emergencia de las grandes ciudades
y una inaudita concentración de la tierra.
Se ha llegado a extremos como Ituzaingó en la Ciudad de Córdoba, donde las
fumigaciones han producido casi sesenta casos de cáncer en niños y
mujeres, encontrándose restos de agrotóxicos en análisis químicos de los
tanques de agua de las viviendas y graves afecciones alérgicas y
pulmonares en los niños, los días que los aviones fumigan los agrotóxicos
literalmente sobre ellos.
Este sistema de producción es el que está generando una agricultura sin
agricultores, basado en un suelo sin suelo, desde el punto de vista
biológico.
Un sistema de dominación
El sistema se difunde como una plaga pues encaja a la perfección -es
más es parte estructural del mismo- en el sistema de saqueo y devastación
nacional instaurado por el modelo de Cavallo-Menem.
El cultivo de la soja RR se difunde masivamente pues es susbsidiada de
hecho por las políticas generadas desde el poder económico dominante. La
alta tasa de rentabilidad bruta de la soja RR, está vinculada al altísimo
precio del gas oil, desde que Repsol decidió no producirlo más en el país
sino importarlo, lo cual encarece cualquier cultivo que pudiendo competir
con la soja, no se realice por siembra directa. El alto costo de la
maquinaria para hacer siembra directa obliga a trabajar en grandes
extensiones de tierra obligando a la concentración de la tierra, ya fuera
por venta, arriendo o abandono. Pero implicando siempre el desarrollo de
un sistema de producción sin agricultores.
El otro elemento es el bajo costo relativo del Round-up en el mercado de
herbicidas, teniendo en cuenta que el propio Monsanto realiza ventas en
negro para abaratarlo y que ahora hay un Round up de origen chino más
barato que el de Monsanto. Cabe señalar que en los EE.UU., lugar de origen
de la soja RR, la misma ocupa solo el 40% de la producción de soja y que
el estado regula su expansión mediante el precio del herbicida y de la
semilla. Parece que el estado argentino es mucho más pronorteamericano que
el propio estado yanqui.
¿Pero que beneficio trae la soja al sistema económico para ser tan
subsidiado por el sistema económico devastador que rige en la Argentina?
Pues, produce divisas para pagar deuda externa, es decir su producción no
es necesaria para el pueblo argentino sino para los acreedores externos de
la fraudulenta deuda externa, recientemente legitimada por el gobierno
nacional ante el FMI.
La devastación de la población del Tercer Mundo
La soja transgénica no es apta para consumo humano sin embargo en un
gesto demagógico y quasi criminal los grandes productores de soja (Grupo
Grobokopatel 70.000 has; Carlos Reutemann 40.000 has, etc.) ofrecieron
regalar soja RR a los comedores populares, para mitigar el hambre de los
millones de pobres que el modelo económico genera. Luego de felicitarlos
el gobierno de Duhalde debió emitir un comunicado de la Secretaría de
Salud prohibiendo el uso de soja en la alimentación de niños menores de
cinco años y a mujeres embarazadas, advirtiendo sobre los peligros de su
uso masivo en la alimentación. Por supuesto dicha comunicación fue apenas
difundida para cubrir las espaldas de los Duhalde, pero reconoce lo que va
siendo un secreto a voces y es que la soja tanto transgénica como la
común, no es apta para consumo humano en forma directa, pues afecta
gravemente la salud.
La soja posee un alto contenido de fitoestrógenos (isoflavonas) que
equivalen a consumir dos pastillas anticonceptivas por día, lo que está
produciendo graves alteraciones en el desarrollo de la sexualidad de los
jóvenes alimentados con 'soja solidaria' adelantando el inicio de la
menstruación y la diferenciación sexual en las niñas y produciendo rasgos
feminoides en los varones. Pudiendo afectar la capacidad reproductiva de
la población en el futuro.
La soja afecta gravemente el metabolismo del Calcio y la vitamina D,
produciendo raquitismo en niños alimentados por ella, así como
osteoporosis en adultos. También produce una grave deficiencia de Zinc.
En las poblaciones de Oriente de donde la soja es originaria, la misma no
es consumida en forma directa, ni en forma frecuente, sino que es
fermentada largo tiempo transformada en subproductos y consumida dos o
tres veces al año.
Al mismo tiempo desde China se reporta que zonas que han estado sometidos
al monocultivo de soja (no transgénica) han resultado afectadas por una
desertificación casi irrecuperable.
Más allá de toda especulación conspirativa, resulta muy difícil eludir la
visión de que estamos enfrentando una verdadera política implementada por
una de las principales multinacionales del mundo -miembro conspicuo del
complejo militar-industrial norteamericano- y que puede concluir con la
desertificación masiva de la tercera llanura más fértil de la tierra,
histórica competidora del 'Corn Belt' norteamericano, liquidando por
varios caminos la histórica autonomía alimentaria de la población humilde
de la Argentina, que permitió la casi no existencia del hambre en nuestra
historia, hoy vigente en niveles escandalosos y masivos en la república
sojera monsantiana.
La imposibilidad del chacarero de poseer su propia simiente, la
eliminación de cultivos enteros, junto a la desaparición de sus semillas,
la destrucción de producciones de lenta acumulación como la ganadera o la
tambera, y la dependencia absoluta y creciente de la producción obligada
de soja RR, ha destruido la autonomía agraria argentina instalando una
total colonización de nuestro sistema agropecuario, manejado por las
multinacionales cerealeras ante la ausencia o la presencia cómplice del
Estado nacional.
Por último cabe la especulación hacia nuestro destino como nación soberana
pensado en el doble efecto de la desertificación creciente de nuestros
suelos y en los efectos que sobre la salud reproductiva de la población
puede producir la ingesta de soja. Resulta difícil no pensar en una
política deliberada de destrucción y dominación del otrora granero del
mundo.
(1).- Clarín 30-09-03
(2).- INDEC- Censo Agrario Nacional, 2001.
(3).- Adolfo Boy -Implicancias del uso de 2-4- D, Glifosato y otros
herbicidas
(4).- Adolfo Boy Mitos y Verdades sobre la soja
(5).- Tesis de Maestría : Chris Van Dam- Director: Gonzalo Bravo, PhD
Salta, marzo de 2002.
(6).- Alberto Marcipar -Una Cuestión de Elección - agosto 2003-
Conferencia en la UNR- Docente de Tecnología Inmunológica.
(7).- Gallo Mendoza - Los Productos con Material Transgénico- Trangénicos
y fracaso del Modelo Agropecuario -Publicación del GRR -Setiembre 2001-
(8).- Estado en Construcción - Grupo de Reflexión Rural - Abril 2003
II.-¿Que son los cultivos transgénicos?
Se denominan organismos transgénicos, en este caso cultivos, a organismos
biológicos obtenidos por medio de ingeniería genética, en los cuales se ha
agregado a un organismo que se desea modificar, uno o varios genes
provenientes de especies no emparentadas y que le confieren al receptor
alguna nueva particularidad.
En el caso de la Soja RR se le han añadido genes que el confieren
resistencia al herbicida Round up. en el caso del Maíz Bt y Algodón Bt los
genes añadidos confieren a los cultivos resistencia al ataque de insectos.
Los cultivos transgénicos fueron autorizados para su salida del
laboratorio a la producción en los EE.UU., por el presidente Reagan, en su
política de apertura total de la economía norteamericana a las grandes
corporaciones, pese a la oposición de los organismos estadounidenses de
control ambiental, que aun hoy consideran peligrosos a los cultivos
transgénicos. Sólo EE.UU., Canadá, Argentina y ahora Brasil permiten los
cultivos trangénicos.
China que los autorizaba los ha restringido. Europa prohibe su cultivo,
aun cuando compra granos transgénico para alimentar el ganado.
La discusión respecto de los trangénicos gira en torno a que los mismos
alteran de manera definitiva los mecanismos de la selección natural,
rompiendo barreras biológicas que la misma estableció a lo largo de
millones de años. Tal el caso de introducir genes de un animal en un
vegetal, o de una bacteria en un vegetal, etc., es decir mecanismos que no
se realizarían normalmente en la naturaleza. Los graves peligros a que
estos organismos pueden someter al ecosistema global no pueden ser medidos
en los tiempos de la evaluación de un cultivo, siquiera de un corto
período, pues actúan y afectan procesos ecológicos encadenados que pueden
tardar décadas, o siglos en manifestarse pero que afectarán gravemente al
ecosistema.
También se cuestiona el carácter no preciso de la adición de ADN extraño
al receptor, siendo que además del carácter a modificar, se pueden alterar
otros que no se conocen hasta que sus efectos se hacen presentes.
Por último un hecho no menos grave, radica en que la manipulación,
investigación desarrollo y comercialización de los cultivos trangénicos es
manejado y controlado por un grupo de corporaciones multinacionales que no
tienen otro objetivo que priorizar ganancias aun al costo de la salud de
la población mundial o de destruir el equilibrio ecológico. Una de las
últimas investigaciones de la empresa Monsanto produce un maíz cuyo grano
aborta en la segunda generación para impedir a los campesinos su libre
resiembra.
III.- Las madres del barrio de Ituzaingó en Córdoba, lucha contra la
muerte
El barrio de Ituzaingó, en las afueras de Córdoba, es como una herradura
rodeada de cultivos de soja, donde además se agregan transformadores y
líneas de alta tensión de la empresa EPEC. De repente las madres del
barrio descubrieron que en las casas más cercanas a los cultivos y sus
fumigaciones y a los transformadores se produjeron 60 casos de cáncer -un
50% por encima de la media nacional- mayoritariamente en niños y mujeres,
la mayoría en Ituzaingó-anexo la zona más pobre del barrio. También se
producían graves afecciones a la piel, alergias respiratorias y graves
malformaciones en los nacimientos.
Luego de luchar contra la indiferencia de las autoridades y la represión
de los productores, que ponen gente armada para 'cuidar' las fumigaciones
de las protestas de los vecinos, comenzaron a tener repercusión en Buenos
Aires y luego en Córdoba obligando al gobierno a actuar. Los análisis
detectaron graves contaminantes en los tanques de agua, el suelo e incluso
el aire. EPEC retiró los transformadores con PCB chorreante. Finalmente el
gobierno puso vigilancia policial las 24 horas, pero las empresas
productoras de soja fumigan exactamente 'cuando se produce el cambio de
guardia' o de noche mientras la policía señala que no puede actuar 'por
falta de equipos y órdenes para violar la propiedad privada'.
Sorprendentemente los médicos que fueron enviados por el gobierno al
barrio y convalidaron las denuncias de las madres fueron obligados a
renunciar a sus trabajos. El escándalo llegó al Congreso Nacional donde se
descubrió que desde la convertibilidad todo el control ambiental está
desarticulado y sin posibilidades serias de ser efectuado.
(*) Ing.Agr. genetista- Ex docente de la UBA. Miembro del Grupo de
Reflexión Rural
Artículo publicado por la revista Enfoques Alternativos, Octubre de 2003 |